El camino hacia una cobertura universal en México

Por Rocío López Iñigo

En la última década México ha dado pasos de gigante en la carrera por una cobertura sanitaria universal. En 2012 el objetivo se dio por cumplido, gracias sobre todo a la implementación del programa nacional Seguro Popular. Introducido en 2003, este programa ofrece cobertura a más de 50 millones de personas que antes se encontraban excluidas del sistema de salud. Pretende evitar también el empobrecimiento extremo causado por gastos médicos repentinos. Los resultados analizados a unos años de su puesta en marcha son a priori positivos. Y sin embargo, en las zonas rurales del país todavía hay muchas familias que se enfrentan a una atención primaria deficiente, carente de recursos y de personal médico cualificado.

Las medidas diseñadas en el marco del programa ignoran muchas veces el contexto de las zonas más marginadas, donde existen numerosos obstáculos que dificultan el acceso real a los servicios sanitarios. La movilización de recursos -humanos, equipo médico, medicinas- a las pequeñas comunidades es todavía un desafío. Existen clínicas en las pequeñas comunidades, pero no hay profesionales que las atiendan. El médico visita la zona un par de veces a la semana, a veces de manera irregular. Debe cubrir entonces a decenas de personas, sin conocer su historial médico y apenas su nombre. Esto dificulta el seguimiento correcto de los pacientes, su diagnóstico y tratamiento. En muchas ocasiones, estos deben andar varias horas para descubrir que el médico faltó o para recibir una mala atención (poco profesional, que exige gastos extra o errónea en el diagnóstico). Otras veces son atendidos únicamente por pasantes, estudiantes de medicina recién egresados que carecen de la experiencia necesaria para llevar una clínica. Según datos consultados, el 82% del total de las clínicas de atención primaria administradas por la Secretaría de Salud en zonas rurales son atendidas únicamente por estos pasantes. Se calcula que atienden a un total de 10 a 15 millones de mexicanos sin apenas supervisión o apoyo profesional. Esto se traduce en una pésima atención a los ciudadanos y una desagradable experiencia para los estudiantes, que se exponen a numerosos problemas y peligros.

En Chiapas, una organización de jóvenes médicos intenta aliviar la situación. Compañeros en Salud (CES), brazo de Partners In Health en México, fue creada con el fin de acercar todos estos recursos infrautilizados y coordinar todos los esfuerzos en una misma dirección: garantizar el derecho fundamental del ser humano a unos servicios sanitarios de calidad. Daniel Palazuelos, profesor en Harvard Medical School y médico externo adscrito al Brigham and Women Boston Hospital coincidió en el año 2010 con Hugo Flores, médico egresado del Tecnológico de Monterrey y actual director de la organización. Junto a Lindsay Palazuelos, licenciada de la universidad de Brown y experta en gestión y desarrollo de proyectos, diseñaron un modelo de atención primaria de calidad, basado en un apoyo eficiente a las clínicas de la zona. El proyecto parte de la formación y supervisión constante de los pasantes, quienes reciben las herramientas y orientación necesaria para afrontar los casos más complicados de las comunidades. Reciben visitas regulares de supervisores, suministro adecuado de medicamentos y materiales o apoyo de especialistas de todo el mundo. Además, una vez al mes, los pasantes acuden a un curso en el que aprenden las implicaciones políticas, sociales e históricas de la enfermedad y profundizan en las causas de la inequidad en la entrega de servicios de salud.

Este apoyo a los estudiantes se traduce en una mejor atención a los vecinos de las comunidades, a los que también se guía en la navegación del no siempre tan fácil sistema sanitario. CES además invierte en programas adaptados a las necesidades de las comunidades, como el de salud mental o el pionero en formación de trabajadoras comunitarias. Estas mujeres se forman en salud y  acompañan a los enfermos crónicos durante su tratamiento. Actúan como vínculo entre médico y paciente para garantizar una comunicación efectiva y evitar malentendidos.

Actualmente CES trabaja en 8 clínicas de la Sierra Madre de Chiapas, aunque su área de influencia indirecta se calcula en unas 25000 personas. Su modelo de fortalecimiento, provisión de servicios de salud de alta calidad, educación en salud e investigación y continua mejora de la calidad convierten a esta joven y pequeña organización en una semilla para el cambio. Su propuesta está basada en la evidencia y constante análisis de resultados, además de la búsqueda de recursos sostenibles que aseguren su desarrollo en el tiempo. Compañeros en Salud ofrece alternativas exitosas, que sin duda podrían ayudar a minimizar las diferencias entre las políticas públicas sobre el papel y la realidad de miles de mexicanos.

Rocío López Íñigo es candidata para Erasmus Mundus MA Global Studies del EMGS Consortium. Ha vivido y trabajado como periodista en Argentina y México. Vive actualmente en Alemania y espera continuar con un PhD en relaciones internacionales.