Identidad Musical

La búsqueda de un sonido entre dos aguas

Por Carlos Averhoff Jr. 

Permítanme comenzar por mencionar que no acostumbro a hablar de mí mismo. Mucho menos a escribir y expresarme con palabras. Mi forma de expresión, inclusive en los silencios, son las notas musicales. Pero, allá vamos: al ritmo de clave cubana y de Swing americano.

Mi nombre es Carlos Averhoff, Jr. Soy un músico cubano. Soy saxofonista, compositor y educador. Mi vida, desde que tengo uso de razón, ha sido la música. Y quizás inclusive desde antes. Si es real lo que se dice que desde el vientre de la madre se escuchan y se interiorizan sonidos, pues entonces la música también formó parte de mi gestación. Acompañado del eco de cuando se escuchan sonidos bajo el mar, me llegaba el saxofón de mi padre, Carlos Averhoff. Mi padre, también saxofonista cubano que durante su carrera tuvo el privilegio de compartir escenario como miembro integrante de la prestigiosa orquesta de Jazz del pianista cubano Chucho Valdes Irakere, inculco en mí el tesón, la disciplina, el rigor más implacable y la certeza que solo largas e incansables horas de estudio, rinden logros.

Por sinsabores de la vida y de la realidad cubana, mi padre dejó la isla en mi adolescencia temprana. Me hice hombre en su ausencia. Me hice músico con él en la distancia. Pero con su ayuda descubrí a los grandes maestros del Jazz analizando minuciosamente y con una curiosidad casi científica, diseccionando cada nota, cada arpegio y cada frase, los casette tapes que me enviaba de grabaciones de músicos americanos. Como yo, muchos musicos cubanos nos educamos en el idioma del Jazz a fuerza de guataca u oreja - como diríamos en Cuba.

Mi pedigrí, por así llamarlo, fue involuntario. En el seno del hogar crecí en la música, por razones ajenas a mi control. Se podría decir que casi por inercia. El país que me dio cuna, también me formó, pues para el cubano es inevitable escaparse de la música. La música nos forma, nos moldea, nos da nuestra identidad. Mi formación musical, académicamente hablando, tuvo lugar en las escuelas estatales de la isla: el Conservatorio de Música Manuel Saumell, la escuela Amadeo Roldan y por poco tiempo, el Instituto Superior de Arte. Mi entrenamiento inicial fue fraguado dentro del género del clásico y el instrumento que desarrolle en ese entonces, fue el saxofón alto.

Los recuerdos de esa época son muchos y gratos. Se sabe que la educación artística en Cuba es ejemplar. Pero tal vez no tanto que la dinámica alumno-maestro es puramente de respeto y rigor – al menos dentro de las artes. El estudiante es un fiel devoto de la palabra y el conocimiento del pedagogo, y el esfuerzo en el aula y fuera de la misma, es incuestionable. A mis maestros cubanos de esa época, los señores Juan Felipe Tartabul, Francisco Javier Lara,  Javier Salva y Jorge Luis Almeida les debo lágrimas, sí, pero igualmente muchas sonrisas.

También por un juego del destino a la edad de 19 años tome en mis manos el saxofón tenor. Mi escuela había sido invitada a Canada a un viaje de intercambio cultural entre estudiantes y necesitaban un tenorista. Desde entonces no ha habido retorno, aunque toco otros saxofones. En el tenor encontré mi identidad, mi voz. En él se materializa quien soy, mi temperamento y personalidad. Y buscando precisamente una identidad y una voz, dejé la isla hace poco menos de una década. El deseo de estudiar el lenguaje del Jazz americano en su esencia más pura y estricta, me trajo a Boston donde se me otorgó una beca en Berklee College of Music. Allí culminé mis estudios con honores para continuar, al año siguiente, los estudios de maestría en el New England Conservatory of Music (NEC). Años de sacrificio y retos, pero sobre todas las cosas, años de descubrimientos.

Fue durante mis clases con renombrados pedagogos del género que entendí que sin “hacer la tarea” de estudiar la base, y cementar fundamentos claves del idioma del Jazz americano, no se puede pretender hacer fusión. Sin ahondar en la historia no se pueden generar nuevos sonidos. Seria como construir un edificio sin cimientos. En Berklee, grandes maestros y amigos como Ed Tomassi, George Garzone, Frank Tiberi, Bill Pierce y una de mis influencias, Greg Osby, me llevaron a explorar desde la esencia del Swing hasta la libertad jazzística o el llamado Free Jazz. Luego, Jerry Bergonzi, a quien admiraba desde Cuba, fue uno de los maestros que mientras estudiaba mi postgrado en NEC, solidifico mi inspiración y conocimiento para buscar y desarrollar un sonido propio,.

Indudablemente todos somos productos de nuestra infancia. La cultura que nos vio nacer, por la que anduvimos durante los pasos formativos, esas experiencias de la niñez y la adolescencia, guían caminos, ¿pero definen? En mi caso fue mi hambre por estudiar el lenguaje del Jazz puro lo que me llevo a explorar mas alla de la musica cubana y buscar, por otras agua, cómo hacerme de mi propio idioma musical.

Mi música es un resultado de mis vivencias como cubano, como inmigrante, como estudiante del Jazz americano, quien a su vez es un fiel admirador de las tradiciones afro-cubanas. Con mi ensemble iRESI, trato con notas musicales de desarrollar un sonido, un enfoque y una identidad distintiva. Las composiciones en mi primer album como lider, tambien titulado iRESI, se han nutrido de una amalgama de influencias: el Jazz contemporáneo y de vanguardia, la música clasica y afrocubana, y la Timba, genero danzable surgido en los noventa. En ellas pretendo resumir conocimientos que me han tocado hasta la fibra de la creación y de la expresión artística.

Indagando como compenetrar elementos de las dos culturas – la cubana y la americana - he desarrollado una nueva técnica musical. Por sus siglas en inglés – M.A.R.I. Melodic and Rhythmic Independence – incorpora un elemento interactivo y percutivo a mi interpretación y composicion. Para ejecutarla toco un instrumento de percusion menor con mi pie izquierdo, mientras simultáneamente interpreto frases melódicas con el saxofón. Con la incorporación de M.A.R.I. intento agregar colores y sonoridad tradicional al llevar la clave cubana y otros ritmos africanos a mi música, sin intervenir con el sonido del tipico quarteto de Jazz.

¿Cómo crea un músico que emigra su identidad? ¿Dónde encontré yo la mía? En mi opinion, descubrir una identidad propia lleva perseverancia y paciencia. Criticos de Jazz dicen de mi musica que navega por dos aguas – que funde la tradición cubana y el Jazz contemporáneo. La describen como ingeniosa, apasionante, mística, audaz, visionaria, visceral, expresiva y majestuosa. Solamente al oírla podrá usted crear su propia opinión. Queda, a través de estas, invitado.

Carlos Averhoff Jr. es un saxofonista cubano, compositor y pedagogo. Se graduó con honores de las escuelas Berklee College of Music y el New England Conservatory of Music. Su primer álbum como líder iRESI, palabra Yoruba que significa la luz o espíritu de cada ser humano, explora sus raíces afrocubanas al mezclarlas con el sonido contemporáneo del Jazz de vanguardia. Aclamado por la crítica, la música de Carlos es un testimonio de su exploración personal y su genio como compositor e interprete. www.carlosaverhoffjr.com

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