Las sombras de la industria extractiva y el difícil camino de la mujer indígena

por Nelly Luna Amancio

Leslie Searles retrata a una mujer preparando yuca, el alimento básico. Foto por Leslie Searles.

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Un detalle fue el primer signo de los nuevos tiempos para las mujeres que viven alrededor del proyecto gasífero más importante del Perú, en la amazonía del Cusco: las indígenas machiguengas dejaron de cosechar el tubérculo más tradicional de su dieta familiar, las yucas. ¿Para qué iban a sembrarlas si ahora podían comprarlas o reemplazarlas por arroz en las decenas de tiendas que aparecieron con la instalación del proyecto Camisea? “Si falta yuca se compra”, decía Eulalia Andrés Incacuna, indígena de la comunidad de Kirigueti, el 2006, cuando por primera vez recorrímos las comunidades aledañas al proyecto dos años después de que iniciara las operaciones.

 La modificación de la dieta alimenticia de las comunidades indígenas advertía el inicio de los cambios asociados a las nuevas formas de intercambio económico que trajo el proyecto gasífero en Perú, operado por Pluspetrol. Nueve años después, los indicadores que actualmente reportan los puestos de salud de la zona revelan nuevos y más crónicos impactos en mujeres y niños: la desnutrición y las enfermedades de transmisión sexual como el VIH se han incrementado, el consumo de alcohol va en aumento y se traduce en casos de violencia contra la mujer.

A pesar de las millonarias regalías entregadas al Estado Peruano, las estadísticas revelan que la calidad de vida de la población indígena, y en especial de las mujeres y niños, ha empeorado.

 La industria extractiva en la Amazonía se ha incrementado en las últimas décadas, ¿cuál es su impacto en la vida de las mujeres indígenas? La viceministra de Interculturalidad del Perú, Patricia Balbuena, sostiene que para la mujer el asunto es aún más complicado porque “les está costando reacomodarse a las nuevas relaciones productivas que traen estas actividades, y esto, finalmente, influye en las relaciones de género”. Los hombres son contratados por las empresas y usan sus sueldos para adquirir bienes que desplazan a las mujeres de sus rutinas tradicionales”, dice la viceministra, abogada experta en temas de género, desarrollo y población.

 Los hombres ya no cazan, ni pescan, ni se dedican a la agricultura. Se altera la economía familiar. Se pasa de una economía no monetaria a otra monetaria, con todos los impactos sociales que esto supone. En su investigación “Ideas de progreso en los trabajadores asalariados indígenas: el caso de los machiguengas y el Proyecto del Gas de Camisea", la socióloga Cynthia del Castillo advierte un hecho que ha trastocado la vida comunal indígena: el consumo de alcohol. “Las tensiones que se observan a partir del testimonio de los entrevistados tienen que ver con la apropiación de nuevas prácticas y actitudes a partir del ingreso monetario. Nos referimos al consumo desmedido de cerveza. El hecho de que no todos los entrevistados se mostraran dispuestos a conversar sobre el tema, hizo visible la tensión y, paradójicamente, el consciente ocultamiento hacia el tema”.

 HIDROCARBUROS Y TERRITORIO 

Lo que ocurre en la selva del Cusco se repite, con matices, en otras regiones amazónicas de Sudamérica. La creciente demanda de hidrocarburos en el mundo impulsó en los últimos 15 años nuevas actividades de exploración y explotación de gas y petróleo en territorios de la Amazonía habitados por alrededor de dos millones de indígenas (la mitad de ellas mujeres). En estas regiones del Perú, Colombia, Bolivia, Brasil y Ecuador existen actualmente 81 lotes de hidrocaburos en explotación y otros 246 sobre los que hay interés para la extracción. Juntos ocupan 1,08 millones de kilómetros cuadrados: 15% de toda la Amazonía.

 El Perú es uno de los países con mayor superficie de Amazonía lotizada para la industria extractiva: se estima que el 80% de las concesiones de hidrocarburos se encuentran superpuestas a tierras tituladas de comunidades indígenas, lo que ha generado conflictos sociales con la población local. En algunas regiones, como Loreto, afectadas por la contaminación de décadas de explotación petrolera, han sido las mujeres indígenas las que de manera organizada han explicado sus quejas y demandas a funcionarios de las Naciones Unidas. “Ellas han expresado que la contaminación les afecta en particular por los cambios ocasionados en la calidad y disponibilidad de agua y los efectos negativos sobre la salud de su familia”, señala el informe del 2014 del relator para pueblos indígenas, James Anaya.

 Los impactos sociales que traen consigo la industria extractiva en las mujeres indígenas son complejos. “La contaminación del agua es una de las principales preocupaciones para la mujer indígena. Con la pérdida de la calidad del recurso ellas han visto reducida sus posibilidades de garantizar la salud a su familia”, dice el antropólogo de la Universidad Católica del Perú, Óscar Espinosa, que desde hace unos meses investiga el impacto de la explotación petrolera en dos comunidades de la región Amazónica del Bajo Marañón.

En sus primeras indagaciones, Espinoza ha encontrado varios casos de estrés y cuadros severos de angustia en las mujeres indígenas. “Las hemos entrevistado y hemos notado que muchas presentan estos problemas. A varias se les ha comenzado a caer incluso el cabello. No existe para ellas un tratamiento adecuado”, dice. Las mujeres dirigentes de las zonas impactadas asocian la contaminación petrolera al incremento de casos de cáncer y los nacimientos de niños con malformaciones. La incertidumbre y la falta de respuestas incrementa su angustia.

EL AVANCE SILENCIOSO DEL VIH

El ingreso de nuevas actividades económicas en las comunidades indígenas que durante años permanecieron abandonadas por el Estado y aisladas del contacto con áreas urbanas, aceleró el intercambio comercial y la migración de sus habitantes hacia las ciudades, sobre todo de los hombres. Como resultado de estos nuevos procesos, a mediados de la década del 2000 se reportaron los primeros casos importados de VIH en población indígena amazónica. Aunque es difícil conocer durante estos años el impacto cuantitativo a nivel regional (porque varios países no tienen las cifras desagregadas por pertenencia étnica), informes locales señalan que su prevalencia va en aumento.

 En las comunidades aledañas al proyecto Camisea, el primer caso de VIH reportado oficialmente data del 2010 y este año, la red de salud local, detalla que existen 11 casos en las comunidades nativas ubicadas dentro del área de influencia del proyecto gasífero. Mario Tavera, asesor del viceministerio de Salud Pública del Perú, opina que no se puede atribuir el incremento del VIH solo la industria extractiva, “hay una serie de factores adicionales, como la migración y el intercambio económico que deberían ser tomados en cuenta en los estudios de impacto de todos los proyectos”. 

Sin embargo, Carlos Torres Huarcaya, epidemiólogo de la zona de influencia de Camisea, explica que los casos son importados por “los jóvenes indígenas que han empezado a frecuentar centros de diversión nocturna instalados en otros poblados, atraídos por las grandes concentraciones de empleados y obreros desde el inicio de la explotación gasífera”.

 Las distancias geográficas y las malas condiciones de infraestructura de los puestos de salud dificultan un eficiente y oportuno diagnóstico. El jefe del programa indígena de la Defensoría del Pueblo, Daniel Sánchez, reconoce las debilidades del Estado: “El sistema de salud no está preparado para atender los casos de VIH en las poblaciones indígenas de la Amazonía. Se debería tener una estrategia específica, que considere intérpretes y una mayor presencia del Estado”. La mitad de los casos diagnosticados corresponden a mujeres gestantes cuyos resultados se conocieron luego del control prenatal. Solo cuatro pacientes reciben actualmente el tratamiento antiretroviral.

ALCOHOLISMO Y VIOLENCIA FAMILIAR

Uno de los impactos sociales asociados a las nuevos industria extractiva es también el incremento del consumo de alcohol. En las comunidades próximas al Proyecto Camisea la cerveza reemplazó al masato, la bebida tradicional de los pueblos indígenas en la selva cusqueña. Las cajas de cerveza se amontonan en el puerto fluvial y en las tiendas. Las improvisadas bodegas-cantinas las venden a cualquier hora del día. La red de salud local señala que aunque no se ha hecho seguimiento a las enfermedades asociados al alcoholismo, el consumo de cerveza es evidente todos los días.

No existen estudios locales sobre violencia familiar y alcoholismo en poblaciones indígenas de la Amazonía, pero la mayoría de mujeres indígenas asocia el maltrato familiar al consumo de alcohol.

La viceministra peruana advierte con preocupación la ausencia de estudios antropológicos sobre el impacto de la industria extractiva en las mujeres indígenas. “No hay una dimensionamiento real acerca de este impacto a partir de la incorporación de economías monetarias en los sistemas tradicionales de género, y las rupturas que podrían generarse”, advierte Patricia Balbuena.

¿Qué hacer, entonces? Los Estudios de Impacto Ambiental (EIA) deberían incorporar mayor indicadores sobre los impactos sociales. “El monitoreo de los proyectos extractivos inciden en los recursos naturales y la contaminación, pero no en el impacto social”, sostiene Óscar Espinoza.

 Son escasos los estudios sobre el impacto de la actividad extractiva en la mujer indígena. En la tesis de Cynthia del Castillo insiste en la necesidad de “un estudio más profundo para tomar nota de las apreciaciones de las cónyuges en cuanto al “progreso” que sus esposos dicen estar viviendo. La mirada desde el individuo que no sale de su comunidad, que se queda al cuidado del hogar, que apoya a su esposo en el negocio emprendido, que no tiene las mismas oportunidades que el cónyuge, puede variar en comparación a los ideales de vida del varón machiguenga”.

Sin estudios, el acompañamiento del Estado peruano con las comunidades impactadas se vuelve deficiente, sobre todo porque existen evidencias de que las mujeres y los niños están pasando a una situación más precaria a la que tenían en el sistema tradicional.

Nelly Luna Amancio. Periodista especializada en la cobertura de conflictos, ambiente y derechos humanos. Es editora y fundadora de Ojo-Publico.com, portal dedicado al periodismo de investigación, análisis de datos y nuevas narrativas digitales. Contacto: nellyluna@jo-publico.com