Lima, la ciudad policentrica

Combis y caros dominan las calles de Lima, una ciudad ya no conocida por su centro. Photo de Oscar Malaspina. 



Por Aldo Panfichi

Son las 6 am y los paraderos de las combis de los conos de Lima son un hervidero de gente que pugna por conseguir un asiento y prepararse para el largo viaje que los llevara a Lima centro.  Micaela trabaja en un Starbucks de la Av. Arequipa y todos viajan apretados a los gritos de “suben, suben, que al fondo hay sitio”.   La combi avanza entre bocinazos, insultos de los otros choferes por malas maniobras, y uno que otro niño que canta o toca un instrumento para pagar su pasaje camino al colegio

Primero bajan señoras y dueños de pequeños negocios a lo largo de la Av. Perú. Luego los obreros de las fábricas del parque industrial de la Av. Argentina. Por fin en la Av. Venezuela, empiezan a bajar los jóvenes, primero de las academias preuniversitarias; más adelante en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; pero la combi  se despeja casi completamente en la Universidad Católica, la privada, a dónde cada vez más estudiantes de la emergente Lima Norte se dirigen. Pocas cuadras adelante, en los distritos de Pueblo Libre y Jesús María, personas de la tercera edad, la mayoría empleados jubilados suben y bajan del carro con dificultad y algunos pasajeros les ceden el asiento. Al final de la Av. Cuba Micaela grita “ baja, bajan”, saltando entre las bolsas de mercadería que llevan señoras que subieron antes que ella, y que  se dirigen al viejo barrio de la Victoria, al emporio comercial de Gamarra con el producto de sus talleres informales y el trabajo familiar.  

Todos desconocidos, irrumpidos de cuando en vez por alguien que sube a venderles golosinas.  Tal vez a varios de ellos Micaela los haya atendido en el Starbucks, a otros tantos les haya comprado ropa idéntica a la de las grandes marcas, y a varios se los haya cruzado en la universidad. En la combi nadie se mira pero todos se miran (de reojo).  

 II

La literatura académica sobre las ciudades latinoamericanas del siglo XX, muestra a Lima, la otrora colonial “ciudad de los reyes”, como un caso extraordinario de crecimiento producto de sucesivas olas migratorias de campesinos provenientes de las alturas de los Andes. La imagen dominante es la de una urbe dicotómica, donde una mayoritaria población migrante rodea la ciudad histórica habitada por limeños que se encierran en sus propios espacios crecientemente amenazados (Golte and Adams 1987). Una ciudad desconectada entre el área central y sus zonas de expansión, y donde los espacios públicos son ignorados. En ese sentido se impone la lógica de vivir separados, ya sea por muros, rejas, guardias privados, o hacer difícil el acceso de otros grupos al propio.   

Hoy esta imagen de Lima organizada por la dicotomía centro-periferia es evidentemente obsoleta ya que no da cuenta de la actual dinámica de la ciudad. La investigación reciente y la información disponible sugieren nuevas pistas de análisis.  La primera que Lima continúa siendo una ciudad de inmigrantes, aunque el peso demográfico de este segmento es cada año menor. En 1940 constituían un tercio de la población y en 1972 el 40 %. Desde entonces empezó lentamente a disminuir hasta llegar al 34% el 2007 (INEI, 2007).  Los nuevos inmigrantes, aquellos llegados a la ciudad entre 1993 y el 2007, son un porcentaje aun menor: solo el 6.0 %, pero sobre todo tienen características propias que lo diferencian de las migraciones previas. En efecto, a diferencia de la migración campesina de los años 60 y 70, formada por jóvenes hombres con baja educación y calificación laboral, la migración de hoy la forman jóvenes, mayormente mujeres (52%), en edad de trabajar y con un nivel alto de educación (30% con educación superior y 45% con secundaria completa) (INEI 2007). Los nuevos inmigrantes se ubican preferentemente en los distritos centrales de Lima y del Cono Este, en donde abundan los centros de estudio (academias, institutos, universidades) y las nuevas oportunidades laborales del sector servicios (Pontolillo 2011). Podríamos decir, entonces, que la migración a Lima de la primera década del siglo XXI está constituida por jóvenes calificados en busca de mayores oportunidades de educación y empleo en el sector moderno de la economía urbana. 

La investigación reciente muestra, además, que en las últimas décadas Lima  ha dejado de estar organizada en torno a un centro y se ha pasado a formar una ciudad policéntrica, con cuatro centros consolidados[1] y otros en proceso de afianzamiento[2]” (Gonzales y Del Pozo 2012).  Esto constituye un cambio histórico ya que el centro limeño desde su fundación en 1535 concentró el poder político y económico del país entero. Lima Centro continua siendo un gran eje articulador de las otras Limas, pero ahora se hace visible un entramado complejo de articulaciones, relaciones y tránsitos entre ellas. Los limeños se trasladan grandes distancias para estudiar, trabajar o cambiar de lugar de residencia.

La movilidad produce reacomodos ocupacionales. Lima Centro y Lima Este, concentran la población con mayor nivel educativo, mejor calificación laboral, y mayor capacidad de consumo. En efecto, en Lima Centro habita el 56% de los empleados públicos, el 45% de los profesionales y solo el 16% de los obreros, mientras en la emergente Lima Este reside el 22% de los empleados públicos, el 21% de los profesionales y el 26% de los trabajadores en servicios. Una situación intermedia pero en rápido proceso de cambio ocurre en Lima Norte, considerada actualmente como el lugar donde se forja la nueva clase media limeña.  En Lima Norte se encuentran el 19% de profesionales, el 23% de técnicos de nivel medio, el 21% de empleados de oficina, pero también el 26% de obreros

En el lado opuesto está Lima Sur y Lima Oeste, con los migrantes de mayor edad y más tiempo de residencia en la capital, menor grado de educación, y menor capacidad de consumo. Lima Sur tiene al 37% de obreros, 18% trabajadores no calificados, y solo el 5% de los empleados públicos y 8% de profesionales. Lima Oeste, por su lado, solo tiene el 7% de profesionales, el 11 de empleados y el 10% de obreros (INEI 2007).

III

Con distintos ritmos y particularismos en toda la ciudad se despliega con inusitado dinamismo diversas iniciativas emprendedoras, grupos con identidades propias, y se ocupan masivamente los espacios públicos disponibles. Sin embargo, la movilidad y os encuentros no están exentos de tensiones, recelos, e incluso de conflictos. La coexistencia entre grupos desiguales reproduce además formas de segregación a nivel local, mas aun cuando existen diferencias marcadas de ingreso y nivel de consumo (Peters and Skop, 2007). Precisamente la conflictividad que preocupa tanto a las autoridades y a la opinión pública proviene de esta situación. No es anomia o la ley de la selva como alarmistamente se lee en los titulares de la prensa amarilla, sino de una interacción tensa y accidentada entre individuos que disputan bienes y oportunidades pero que se necesitan para intercambiar, recorrer la ciudad, e incluso para movilizarse políticamente. Los limeños cruzan fronteras, puentes y laberintos todo el tiempo. 

Los espacios públicos y los lugares de educación, comercio y entretenimiento que se han extendido en estos últimos años, son los espacios de encuentro e interacción entre los limeños.  La mayoría de estos ya nos mayoritariamente migrantes sino descendientes de segunda, tercera e incluso cuarta generación de inmigrantes. Allí están las numerosas lozas deportivas (para la práctica de fulbito y voleibol) de los barrios populares que inauguran alcaldes y políticos en busca de votos, los mercados de productores de alimentos de las distintas regiones del país, los modernos Mall con tiendas de marca y “food courts” como el emblemático Maga Plaza, los conglomerados comerciales de pequeñas empresas como Gamarra o el parque industrial de Villa El Salvador, e incluso los mercados de objetos robados, de contrabando o de procedencia informal como Las Malvinas o la Cachina donde reina la economía delictiva.

En suma, frente a la imagen desactualizada de una Lima fragmentada entre un centro moderno y una periferia atrasada, recoge la noción de ciudad policéntrica, con distintas Limas heterogéneas dentro de la metrópoli y sin un solo centro. La mayor parte de sus habitantes han nacido en la ciudad aunque la nueva migración es de jóvenes educados en busca de mejores oportunidades educativas y laborales.  No obstante ellos pertenecen a múltiples micro-sociedades cohesionadas por vínculos de clase, parentesco, barrio, educación, y estilos o aspiraciones de vida.  Micro-sociedades en los que la confianza entre sus miembros convive con la desconfianza  a otros grupos, al estado o a las autoridades. Sin embargo, a pesar de los recelos, los limeños del siglo XXI con mucha vitalidad callejera diariamente construyen y transitan puentes entre estas micro-sociedades, como nos muestra Micaela en su recorrido con la combi todos los días.     

RECUADRO: MEGA PLAZA

Un caso paradigmático del nuevo dinamismo de la ciudad es el Centro Comercial Mega Plaza, ubicado en Lima Norte, hasta hace poco considerado una zona pobre y periférica. Fue fundado en el año 2002, en medio de la incredulidad de muchos pero hoy 40 000 personas lo visitan diariamente, y las ventas lo colocan por sus ventas como el segundo o tercero en la capital. Pero no es un centro comercial como cualquier otro mall latinoamericano. Mega Plaza conecta culturalmente bien con una población con estilos de vida y consumo impregnados de herencias culturales regionales pero también identificadas con la modernidad y la tecnología propia del capitalismo global. 

Cuenta con un diseño arquitectónico que muestra los locales de las principales tiendas de retail ubicados alrededor de una plaza central, que evoca las plazas de las ciudades provincianas como el espacio público por excelencia donde todos confluyen y circulan. En ella se presentan los principales grupos musicales de Cumbia andina, amazónica, o norteña.   Además, cuenta con un Food-Court donde la oferta gastronómica brinda porciones generosas y mezclas innovadoras como 'pollo a la brasa con papa a la huancaína' o 'cuy broaster con choclo', y una versión criolla de fast food con anticuchos de corazón, mollejas y rachi (tripas e intestinos). Todo servido con Inca Kola o Kola Real. Junto a ella además se ubica el local de Golden Gym más grande de toda la ciudad.

Por su parte, en las calles contiguas se sitúan restaurantes étnicos de distintas regiones del Perú, locales de Western Union donde se reciben las remesas que envían los parientes del exterior, Cajas Municipales de ahorro y crédito  que ofrecen préstamos con bajos intereses y Notarias para legalizar las transacciones. Además, alrededor de Mega Plaza surgen tiendas o locales comerciales cuyos productos provienen del emporio textil de Gamarra en La Victoria, o del parque industrial de Villa el Salvador en Lima Sur. Así, la demanda de los clientes que provienen de distintos puntos de la capital puede ser cubierta por numerosas empresas familiares,  y su dinamismo produce un efecto arrastre a otras zonas de la ciudad. 

Definitivamente el éxito de Megaplaza refuerza la idea que desde la antigua “periferia” han surgido otras Limas con nuevos sectores medios pujantes y progresistas que le han cambiado el rostro a esta ciudad. 

Aldo Panfichi is Professor and Chair, Department of Social Sciences, Universidad Católica del Perú. He was a 2002 Visiting Scholar at DRCLAS.

Noelia Chávez, who assisted with this article, has a degree in Sociology from Universidad Católica del Perú.

See also: Peru, En español