Aprendizaje en tejeduría

Lenguaje, cognición y cambio cultural en una comunidad Maya en Chiapas

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Por Linda Abarbanell

La madre de Alonso está cernida sobre mí. Ocasionalmente toma las riendas, mostrándome por ejemplo, contando cada hebra, "p'ej" (uno), luego "cheb... oxeb..." Quiero ver todo el patrón a la vez, delante de mí, pero me enseña como tejer una fila a la vez, hilito por hilito, como dice la frase en español. 

Se siente agradable pasar el tiempo a solas con las demás mujeres. Ellas hablan muy poco español, lo cual es beneficioso para mi tseltal, una lengua maya que se habla en Tenejapa, un municipio rural que se encuentra en los Altos de Chiapas. Me encuentro aquí para estudiar cómo los hablantes de tseltal se comunican las direcciones y ubicaciones y si esta manera de expresarse tiene algún efecto sobre su cognición espacial. Es decir, ¿puede el idioma que hablamos realmente dar forma a nuestros pensamientos de tal manera que los hablantes de diferentes idiomas lleguen a tener perspectivas mundiales radicalmente diferentes? Por siglos muchos han estado fascinados por esta posibilidad, conocida como relatividad lingüística o la hipótesis de Whorf, y su propuesta sigue siendo una fuente de acalorado debate.

Figura 1. El altar familiar en Tenejapa.

Las lecciones de tejeduría generan curiosidad entre los niños que entran y salen del recinto familiar, jugando en el patio abierto. Son los muchos hijos de los once hijos de la madre de Alonso—es decir, sus nietos. No me dirijo a la madre de Alonso por su nombre (he usado nombres inventados para todos en Tenejapa, incluyendo a Alonso, para proteger su privacidad). La madre de Alonso, mi maestra, la llamo simplemente jme'tik, un término de respeto para una mujer, la matriarca de esta familia que he llegado a considerar como mi familia putativa. Cuando mencioné por primera vez que quería aprender a tejer, ella se amarró su telar de cintura, mostrando sus habilidades. Me acordó de la primera vez que la vi como participante en uno de mis estudios. En aquel momento, no sabía que era la madre de Alonso. Así como ahora, se sentó con orgullo, con su espalda derecha, su cabeza alta, mirándome con sospecha mientras yo le mostraba cómo funcionaba la mesa giratoria hecha a base de Tinkertoys. En el medio del aparato, un pato de hule estaba unido encima de un carrete para marcar la distinción entre izquierda y derecha, frente y atrás. De cada lado del carrete salían cuatro varillas de madera con cajas idénticas, cuadradas con tapas, en sus extremos. Oculté una moneda adentro de la caja a la izquierda del pato mientras me miraba la madre de Alonso. Mientras que yo giraba el aparato la señora se tapó los ojos, hasta que el pato y las cajas estuvieron en una nueva orientación. Después, la madre de Alonso se destapó sus ojos y le pedí que me encontrara la moneda. Así como a muchos otros hablantes Tseltal de la población adulta, no tuvo éxito. Aunque pudiera parecer algo sencillo, los participantes necesitan estar atentos al lado izquierdo y derecho del pato y poder diferenciar entre los lados antes y después de que haya rotado el pato. ¿Me pregunto si acaso el idioma pudiera estar involucrado con el desarrollo de estas habilidades? 

Comúnmente, los hablantes de tseltal no utilizan palabras como "izquierda" y "derecha" al hablar de ubicaciones y de direcciones. En vez de usar una perspectiva o marco de referencia centrado en el observador, prefieren utilizar un marco centrado en el ambiente basándose en cualquier punto de referencia, desde la ubicación de una silla o un río hasta el pendiente general, cuesta arriba/cuesta abajo, de su terreno. Hace más de dos décadas, investigadores afiliados al Instituto Max Planck de Psicolingüística (Max Planck Institute for Psycholinguistics), trabajando con más de 20 idiomas incluyendo tseltal de Tenejapa, encontraron que existe una correlación impresionante entre el marco de referencia que las personas utilizan habitualmente en sus idiomas y sus soluciones en ciertas tareas espaciales. Como ejemplo, los participantes pueden ver una fila de animalitos de juguete colocados sobre una mesa delante de ellos de manera izquierda-a-derecha, o cuesta arriba-a-cuesta abajo, dependiendo de la perspectiva de uno. Luego se voltean 180° y caminan a otra mesa donde se les entregan los animalitos y se les pide que los coloquen para que el arreglo sea "igual." Crucialmente, al voltearse, sus lados izquierdo y derecho de los participantes giran con ellos, mientras que los ejes derivados del ambiente como cuesta arriba/cuesta abajo no. Los hablantes de idiomas como tseltal recrearon el arreglo desde una perspectiva centrada en el ambiente, mientras que los hablantes de idiomas como inglés rotaron el arreglo con su propio izquierdo/derecho.  

Figura 2. Los santos Indígenas en la iglesia en Tenejapa. Las marcas en el cristal son de personas que hacen la señal de la cruz.

Uno pudiera pensar que una solución izquierda/derecha en este caso sería fácil ya que los participantes están utilizando su propia perspectiva, a diferencia de la tarea de la mesa giratoria que requiere el seguimiento de la perspectiva del pato. Pensadores desde Immanuel Kant al psicólogo Jean Piaget han argumentado que esta perspectiva egocéntrica centrada en el observador es el resultado natural de nuestra cognición encarnada. Sin embargo, los investigadores de Max Planck, y algunos aún hoy en día, argumentaron que el marco de referencia que utilizan los hablantes en su idioma pudiera realmente reestructurar su cognición espacial no-lingüística. Penélope Brown y Stephen Levinson, en su artículo de 1992 sobre 'izquierda' y 'derecha' en Tenejapa, propusieron que la ausencia de un marco de referencia de izquierda/derecha en su idioma acabó por dejar en un "hueco conceptual" en la conceptualización espacial izquierda/derecha de los Tenejapanecos. En años más recientes, investigadores como Daniel Haun y colegas han sugerido que una perspectiva izquierda/derecha sólo se puede construir a través del lenguaje, con la perspectiva centrada en el ambiente siendo nuestro estado predeterminado de herencia evolucionaria. Sin embargo, los psicólogos Peggy Li y Lila Gleitman argumentan que hay una explicación alternativa que también es factible para los resultados que obtuvieron de Max Planck: Dos cosas pueden ser "iguales" en muchos sentidos. Las tareas eran de interpretación abierta de modo que se pudieran resolver ya sea con una perspectiva centrada en el observador o centrada en el ambiente. Puede ser que los participantes simplemente habían interpretado el mandato de "hacerlo igual" de acuerdo con la forma en que su comunidad de hablantes normalmente habla sobre ubicaciones y direcciones. Es decir, ¿podrían los resultados anteriores haber sido un efecto del uso habitual del idioma de los participantes en su interpretación de una tarea tan abierta?

Llegué a Tenejapa en el verano de 2004 con un arsenal de tareas hechas para contestar esta pregunta. Tenejapa se encuentra ubicada sobre un lote rectangular de 99.4 km cuadradas con una inclinación que desciende desde aproximadamente 2,700 metros en el sur hasta 700 metros en el norte. Al bajar, se siente como se eleva la temperatura y se ve el cambio en la vegetación. Años atrás, muchas familias eran dueñas de terreno tanto en las áreas más frías de cuesta arriba como de las áreas más calientes de cuesta abajo, pasando parte de cada año cultivando sus cosechas en los terrenos de cuesta abajo. La distinción cuesta arriba/cuesta abajo fue tan marcada que llegó a definir el eje principal centrado en el ambiente que los Tenejapanecos utilizan para referencia espacial. Aún cuando se habla de un espacio reducido, un Tenejapaneco podría pedirle que "pase el tenedor al cuesta abajo del tazón". Tseltal tiene palabras para "izquierda" (xin) y "derecha" (wa'el), pero tradicionalmente estas se usaban únicamente para las partes del cuerpo y no se extendía su uso para describir áreas dentro de un entorno. Según los informes, las asimetrías izquierda/derecha, por lo general, carecían de énfasis dentro de una comunidad donde muchos adultos mayores de 35 años aún tienen poca educación formal y habilidades de lectura. A diferencia de frente/atrás, izquierda/derecha es una asimetría sutil. Los niños que hablan inglés tardan años en adquirir estos términos, aún muchos adultos los confunde seguido. ¿Será factible entonces que los Tenejapanecos perciben su "mundo inclinado", así como lo describieron Brown y Levinson, de una manera tan radicalmente diferente?

Figura 3. El tapiz tejido por la autora durante las lecciones de tejido, producido en un telar de cintura tradicional.

Las tareas que diseñamos Peggy Li, Anna Papafragou, Lila Gleitman y yo, aunque basadas en aquellas hechas por Max Planck, dejan en claro cuál perspectiva queríamos que los participantes usaran, ya sea centrada en el observador o centrado en el ambiente. Cuando comparamos la tasa de equivocaciones de los participantes a lo largo de dos condiciones comparables, encontramos que los hablantes de tseltal pueden con facilidad utilizar ambas perspectivas e incluso para algunas tareas tenían más facilidad con la perspectiva centrada en el observador—por lo menos para aquellas tareas que se basaban en la perspectiva egocéntrica de los participantes. Más recientemente, Peggy Li y yo hemos encontrado que cosas como la distancia entre las mesas y los grados de rotación de los participantes pueden influir en cual perspectiva se les hace más fácil a los distintos grupos lingüísticos. Pero tal vez el Tenejapa que encontré era diferente al Tenejapa que había sido documentado más de una década antes.

Gracias a los programas de desarrollo nacional, prácticamente todos los niños ahora asisten a la escuela al menos hasta cumplir su primaria donde aprenden el español. Mientras tanto, una población en rápido crecimiento rápido, el agotamiento de los recursos de la tierra, y un aumento en las necesidades del consumidor han conllevado a poca sostenibilidad en la estructura de subsistencia agrícola. Muchos jóvenes ya no desean asumir los papeles y responsabilidades del pasado. Los hombres jóvenes migran a las zonas urbanas de México y los Estados Unidos y les envían remesas a sus familias. Regresan, trayendo consigo nuevos bienes y costumbres. El cambio cultural es lento, sin embargo se filtra como la lluvia goteando a través de un agujero en el techo de aluminio por encima de mi cabeza.  

Figura 4. La madre de Alonso, tejiendo en el patio familiar.

A veces mientras estoy tejiendo, miro hacia el altar familiar en la esquina de la sala y de repente parece algo ordinario con lo cual he vivido toda mi vida—las flores de seda descoloridas y los retratos de los santos, las cruces de madera talladas a mano y la bandeja de velas forjada de aluminio, atrapando la parafina que gotea silenciosamente debajo de llamas azules. No estoy segura, sin embargo, si me estoy adaptando a su cultura o si mi cultura ha subsumido la suya. Alonso y yo hablamos de muchas cosas ese primer verano. Me hizo muchas preguntas sobre los Estados Unidos. Me dijo que no estaba casado, pero pronto aprendí que aquella mujer joven sentada en el patio con sus tres hijas chiquitas era su esposa. "Tal vez le dio pena contarte de su vida", me dijo Marco, su hermano menor. Pasaron dos años hasta que pudiera regresar a Tenejapa, y Alonso no estaba allí. Me había esperado el verano anterior, antes de irse a los Estados Unidos a trabajar, así que trabajé con Marco en su lugar. La siguiente vez, Marco también se había ido. Su hermana mayor, María, me preguntó tímidamente si trabajaría con una mujer. Más que ser un asistente de investigación, ha sido mi comadre, mi amiga.

Con la ayuda de María, he llevado a cabo muchos estudios a través de los años. Las evaluaciones de la comprensión y el uso del lenguaje izquierda/derecha me han quitado la inquietud de que el lenguaje haya cambiado completamente. La mayoría de los adultos aún no usan estos términos de manera espontánea. Los niños han incorporado los términos españoles izquierda y derecha en su discurso tseltal, pero la mayoría sigue confundiendo cuál lado es cual y a veces incluso pueden extender su uso al eje frente-atrás. No me queda duda que el lenguaje está cambiando al igual que la cultura—solo que es difícil evaluar exactamente cómo y qué tan rápido. Estos cambios presentan una oportunidad para la investigación. En un estudio, utilicé la variación esperada en la exposición a “izquierda” y “derecha” para comparar tres grupos de niños de Tenejapa, de entre 10 a 12 años de edad, en la tarea de la mesa giratoria con cual los adultos tuvieron dificultades: niños hablantes de tseltal que viven en una área rural, niños hablantes de tseltal que viven en el centro municipal que es un poco más urbano, y niños cuya lengua materna es el español, también del centro, pertenecientes a la pequeña población de familias mestizas que han vivido allí por generaciones.

Figura 5. El centro municipal, o lum, visto desde un paraje o subdivisión periférica de Tenejapa.

Otros investigadores han encontrado que no es hasta alrededor de los 10 años de edad que los niños hablantes de inglés tienen éxito con una tarea parecida sobre la perspectiva no-egocéntrica izquierda/derecha. Casualmente, en esta misma edad empiezan a debidamente usar el lenguaje izquierda/derecha en forma no-egocéntrica (“pásame el tenedor a su izquierda”). Al poner a prueba tres grupos de niños de la misma edad con su variación esperada en la adquisición del lenguaje izquierda/derecha, esperábamos desenredar la contribución del lenguaje del desarrollo cognitivo general en promover su éxito en tareas de toma de perspectiva. A diferencia de los adultos, quienes pudieran desconocer el aspecto pragmático de algo parecido a una tarea escolarizada, todos los niños asistieron a la escuela. Los dos grupos del centro incluso estaban en las mismas clases y hasta tenían promedios similares. De hecho, nuestros resultados dieron las variaciones previstas de la comprensión de “izquierda” y “derecha” de los niños; y, aunque no forzosamente, esta comprensión correlacionó con su desempeño en la tarea de la mesa giratoria. De hecho, cuando entrenamos a niños que inicialmente no alcanzaron un cierto criterio correcto en la tarea en aplicar etiquetas izquierda/derecha a los lados del pato y a sus cajas, esto mejoró su desempeño por encima de un grupo de control. Los marcos de referencia espaciales en el idioma tal vez no reestructuran radicalmente la percepción espacial básica y encarnada, pero pueden ayudar a los hablantes a representar y a manipular relaciones espaciales que no son directamente dadas como la perspectiva izquierda/derecha de alguien más. 

¿Qué sucede cuando se topan dos idiomas que tienen sistemas muy diferentes para representar relaciones? ¿Estarán estos mundos entretejidos como el tapiz que se está formando debajo de mis manos, sus patrones complejos codificando los restos de una antigua cosmología maya? Los niños hablantes de tseltal jugando en el patio, viendo a una extranjera aprender una artesanía que muchos de ellos nunca aprenderán, eventualmente aprenderán su izquierda y derecha y esto podría ayudarles a tomar la perspectiva izquierda/derecha de otra. Pero ¿qué perspectiva se pierde? Los niños que participaron en mis estudios estaban familiarizados con los términos en español izquierda y derecha, pero pocos conocían sus equivalentes en tseltal, xin y wa'el. ¿El mundo inclinado que los acompañaba también se había ido? La última vez que estuve en Tenejapa, Alonso recientemente había fallecido. He visto a otros allí envejecer y morir antes de su tiempo, consumidos por alcohol, pobreza y la alienación que proviene de siglos de opresión por una cultura más dominante. La muerte de Alonso, sin embargo, fue dura. Había estado peleando con su esposa una noche cuando, emborrachado, se cayó de las escaleras en su propia casa. María y yo, acompañadas de su padre, tomamos rumbo al pequeño cementerio, o panteón para que pudiera presentar mis respetos. “Alonso,” dijo su padre, apuntando a la losa de hormigón a nuestros pies. Asenté con la cabeza, pero me sentí entumecida. El señor tomó las velas que se había traído y las soldó a la losa con su propia cera. Encendiéndolas, comenzó a cantar en la cadencia del rezo tradicional en tseltal. Pocas personas saben rezar de esta manera. No existe ninguna guía, ningún patrón escrito—se transmite, no se enseña. A medida que rezaba empezó a caer la lluvia, se mezclaba junto con mis lágrimas, manchando la tierra.  

Figura 6. Un maizal tradicional, o milpa, y una casa en un paraje rural en Tenejapa.

Figura 7. Una vista de una casa rural y milpa, con los picos sagrados de Mukul Ajaw y Ch’in Ajaw en la distancia.

Me demoré dos meses tejer un tapiz de 20 x 43 centímetros de tamaño. Se sienta ahora, orgullosamente, en mi estante. 

 

Linda Abarbanell, Ed.D. (Harvard, 2010), es Profesora Asistente de Psicología en la Universidad Estatal de San Diego (San Diego State University), Valle Imperial. Ella estudia la relación entre el lenguaje, cultura y cognición en Chiapas, México y en la frontera entre Estados Unidos y México. Se espera que su primer libro, Los Derechos Reproductivos de las Mujeres Mayas: Prejuicios, Pobreza y Políticas Públicas, se publique el próximo año.