Camila Rice-Aguilar: La Revolución Virtual en Tiempos de COVID: Una nueva era para los jóvenes activistas en Chile

Camila Rice-Aguilar es una estudiante de tercer año en Brown University, donde estudia Relaciones Internacionales con un enfoque en América Latina y el Caribe. Al crecer como nicaragüense-estadounidense, ha desarrollado un interés particular en la migración, los derechos humanos y los movimientos de resistencia social. Actualmente está explorando estas áreas de estudio en Santiago de Chile.

Click here to read the article in English.

 

Por Camila Rice-Aguilar

Es la mañana del 8 de marzo, y estoy parada en medio de un mar de mujeres. El sol se refleja en prendas de múltiples colores. Las banderas ondean entre cientos de puños levantados. Metal y plástico brillan en las siluetas de los instrumentos como si el mar estuviera lleno de chispas. La energía es palpable; la siento en mis pies y en mi garganta, una resonante ola de música y voces juntas. Amanda sonríe mientras tira su capucha sobre su cabeza. Me entrega un pañuelo verde garabateado con las palabras “Aborto Libre, Seguro, ¡y Gratuito!" haciendo un gesto para que me cubra la cara. En este momento nos sentimos poderosos, livianas y sin cargas. 

R-A1

El Día Internacional de la Mujer en Chile fue un evento extraordinario para presenciar. A lo largo del país, se realizaron numerosas manifestaciones y actividades para poner de relieve la desigualdad entre los géneros, el derecho al aborto libre y seguro, la violencia contra la mujer, y las luchas de los grupos interseccionales. La marcha de Santiago fue una de las mayores manifestaciones de los derechos de la mujer en el mundo. Las autoridades chilenas insistieron en que sólo 150.000 mujeres marcharon ese día. De hecho, había casi dos millones de nosotras en las calles del centro de Santiago. Nunca me hubiera imaginado estar en ese mar de mujeres cuando decidí llevar mis estudios a Chile.

 

El Estallido Social de 2019

Las movilizaciones del Día Internacional de la Mujer reflejan un aspecto importante del masivo levantamiento social que se produjo en Chile el año pasado. El 18 de octubre de 2019, los estudiantes de secundaria iniciaron una de las mayores revueltas sociales de la historia del país. En respuesta a otro decreto del gobierno para aumentar las tarifas de tránsito, los estudiantes se dirigieron a las estaciones de metro, organizando la evasión masiva de tarifas saltando los torniquetes y, en algunos casos, destruyéndolos. Como represalia, el gobierno envió a los militares a las calles de Santiago por primera vez desde el fin del régimen de Augusto Pinochet en 1990. Los intentos brutales de la policía de contener la revuelta con fuerza condujeron a más violencia; se quemaron estaciones de metro y de gasolina, se saquearon supermercados y cientos de personas resultaron heridas. Al anunciar un estado de emergencia y toque de queda militar para todo el país, el presidente chileno Sebastián Piñera declaró: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso…que no respeta a nada ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite…incluso cuando se indica perdida de vidas humanas.”

RA2

El uso excesivo de la violencia por parte de la policía y el ejército ha demostrado el patente desprecio del Estado por los derechos humanos. Amnistía Internacional informó que las fuerzas de seguridad chilenas mantienen una agenda clara para desalentar a los manifestantes utilizando cualquier medio necesario, incluso la tortura y la violencia sexual para reprimir la disidencia pública.  Aunque el total de víctimas varía, informes de febrero de 2020 reportan 36 muertos, más de 40.000 encarcelados, miles de heridos y 427 con mutilaciones oculares (pérdida de uno o ambos ojos a manos de la artillería policial).

Más allá de una simple reacción al aumento de las tarifas de tránsito, la revuelta de 2019 demostró una erupción social que tardó años en producirse en respuesta a la desigualdad económica y social desenfrenada del país. Con la consigna, "Chile despertó", los manifestantes reclaman una reforma integral y un mandato fundamental: la nueva redacción de la constitución de 1980 escrita por el expresidente Augusto Pinochet. Esta nueva constitución democrática abordaría y protegería derechos esenciales como el acceso asequible a la educación, los servicios de salud, el agua y la seguridad social de calidad; al mismo tiempo, establecería la plataforma para reformar las instituciones policiales y militares para prevenir nuevas violaciones de los derechos humanos. El gobierno de Piñera aceptó renuentemente realizar un plebiscito el 26 de abril de 2020.

ra3

 

Cómo COVID ha afectado al estallido social

La pandemia de Covid-19 ha cambiado todo. Poco después de la Marcha de las Mujeres, mi familia anfitriona y yo entramos en cuarentena. Mientras el resto de la capital se fue vaciando lentamente, nosotras fuimos ajustando nuestras rutinas diarias. Ya no pasábamos por la estación de metro por las mañanas ni nos uníamos a los cacerolazos de la tarde en un parque del barrio. Permanecíamos dentro de los límites de nuestro patio acotado, aparte del ocasional y estresante viaje al supermercado más cercano.  Si salíamos de la casa era con máscaras blancas, ya no para proteger nuestras identidades, sino para proteger la salud de nuestra familia y nuestra comunidad.

ra4

Mi hermana anfitriona, Amanda, tiene diecisiete años y está terminando su último año de secundaria en Manuel de Salas, una institución educativa reconocida por su personal y alumnado progresista. Durante los últimos dos años, ha participado en una multitud de manifestaciones, asambleas, talleres, huelgas, paros, tomas y fugas sobre temas relacionados con los derechos de las mujeres, los derechos de los indígenas, la educación, el medio ambiente, la promoción de una nueva constitución y más. Amanda representa a uno de los miles de jóvenes chilenos que están decididos a cambiar el panorama social y económico del país. Criados con valores de justicia social y servicio a los demás, estos estudiantes muestran un profundo sentido de responsabilidad en luchar por el cambio social, como muchos de sus padres lo hicieron bajo la dictadura de Pinochet. La participación de los estudiantes y su percepción de la actual lucha social enfatiza lo que la madre de Amanda afirma regularmente, que "los estudiantes son el germen de la movilización".

Con las clases ahora en línea y la región metropolitana bajo la ley de cuarentena, el activismo social diario de Amanda y sus compañeros se ha transformado drásticamente. Antes del confinamiento, las comunidades trabajaban físicamente juntas para difundir información y recursos. En los barrios de Santiago surgieron comisiones y organizaciones autoconvocadas. Los vecinos realizaban asambleas en áreas públicas para hablar de los problemas y acontecimientos sociales, informándose mutuamente sobre las diferentes formas de participar en el movimiento social y cómo ayudar a los manifestantes que eran víctimas de abusos policiales. Los que tenían conocimientos especializados compartían abiertamente sus capacidades con sus comunidades mediante talleres y mítines presenciales. Estos esfuerzos comunales ponen de relieve un elemento fundamental del proyecto social actual: en una sociedad con un gobierno apático -regulado por la desigualdad, el individualismo y los principios de lucro- las redes de comunicación y de apoyo comunitario son fundamentales.

Desde que entramos en la cuarentena, Amanda ha expresado su profunda ansiedad sobre el futuro de su país. A sus ojos, el virus COVID-19 sólo ha exacerbado los niveles de desigualdad y la marcada injusticia dentro de las instituciones nacionales. El sistema de salud--ya ampliamente criticado--está sobrecargado y fallando, el desempleo está aumentando, las tasas de violencia doméstica están aumentando y los chilenos de bajos ingresos se ven obligados a seguir exponiéndose al virus para mantener vivas a sus familias. Sin los beneficios o servicios adecuados para sobrevivir a la crisis, Amanda teme por el sustento de su pueblo. Además, el gobierno de Piñera ha utilizado la pandemia como excusa para posponer el plebiscito, dejando en suspenso las esperanzas de una nueva constitución.

 

Mantener el estallido social a pesar del virus

A pesar de las adversidades aumentadas por la pandemia, el estallido social en Chile perdura. La solidaridad dentro del movimiento es fuerte, y la unidad de diversos actores mantiene el impulso para que el levantamiento prospere, ya sea bajo la represión del Estado o con una pandemia. En lugar de un frente físico, el activismo se ha trasladado al interior de la casa y casi completamente en línea.

En esta nueva era del estallido social, la tecnología y las redes sociales están jugando un papel más vital que nunca. Los medios de comunicación social han demostrado ser una herramienta poderosa para organizar y movilizar a los manifestantes, especialmente a través de las plataformas de Instagram y Twitter. Amanda mantiene una comunicación constante dentro de su propia red de activistas en Instagram para estar al día en las noticias y distribuir información sobre los esfuerzos de movilización actuales. A través de estos medios en línea, la gente continúa realizando talleres virtuales y programas de capacitación, así como promoviendo los negocios familiares, campañas populares y ollas comunes.

ra6

En esta época de crisis, se rescata nuevamente el valor de la comunidad. De la necesidad vuelve a surgir la importancia de la acción colectiva, que “el pueblo ayude al pueblo.” Los estudiantes entienden que la presencia física en las calles pone en peligro a sus familiares y a la comunidad en general. Aunque las marchas y mítines no son factibles ahora, existen otras oportunidades para apoyar a los nuevos emprendimientos populares, mantener a flote los negocios locales y promover comités y talleres virtuales. Por ejemplo, en las horas que siguieron al nombramiento de la exalcaldesa y periodista Macarena Santelices como Ministra de la Mujer y Equidad de Género el 5 de mayo, el hashtag #NoTenemosMinistra inundó los medios sociales. Los manifestantes no sólo criticaron su conexión con su tío abuelo, Pinochet—un reconocido perpetrador de abusos de derechos humanos—sino que también cuestionaron la nominación de una política conservadora sin conocimiento o experiencia previa en el campo de los derechos de la mujer. Han surgido respuestas similares de campañas y talleres feministas para abordar el tema de los derechos de la mujer durante la pandemia. Además de los talleres virtuales, los estudiantes de secundaria han realizado campañas de vídeo y texto para boicotear el regreso prematuro a las clases presenciales, temiendo por la salud de sus familias. Los estudiantes universitarios también han organizado algunos "paros reflexivos" en los que el alumnado se declara en huelga, reemplazando las clases en línea con talleres sobre cuestiones sociales pertinentes, frecuentemente acogidos por los profesores.

 

Mirando hacia un futuro post-pandemia

Con un futuro incierto y sin un final previsible para la crisis de Covid-19, mantener el movimiento social en Chile es más importante que nunca. Amanda y sus compañeros planean seguir utilizando este tiempo de encierro para propagar campañas de resistencia virtual y recuperar su fuerza mental y física en preparación para las consecuencias aún desconocidas de la pandemia. El fortalecimiento de la red de solidaridad y la prestación de apoyo intercomunitario tanto emocional como financiero brindará a Chile una base más sólida para salir de la pandemia preparado para hacer cumplir un programa de reforma estructural.

Mientras tanto, los chilenos necesitan que el Gobierno mejore sus servicios sociales y amplíe el apoyo asistencial. Con el creciente desempleo, el gobierno debe proporcionar suficiente ayuda económica para aliviar la crisis financiera, como por ejemplo proporcionar pagos recurrentes a las familias de bajos ingresos y respaldar a los grandes empleadores para evitar más despidos. Además, el gobierno de Piñera debe comprometerse a convocar un plebiscito lo antes posible.

ra7

Una vez fuera de la cuarentena, creo que los estudiantes continuarán jugando un papel fundamental en la organización y liderazgo del levantamiento social. Amanda me ha mostrado lo vital que es su generación para movilizar a la población y darles incentivos para actuar. Con su experiencia tecnológica y su familiaridad generacional con los medios sociales, los estudiantes son un activo invaluable para el activismo virtual y la organización de base. Una vez que se levanten las leyes de cuarentena, preveo que la gente saldrá a las calles con nueva energía y agenda que tenga en cuenta las acciones del gobierno, o la falta de ellas, durante esta crisis. La necesidad de reforma ya no se puede ignorar, especialmente con la amplificación de la desigualdad como resultado de Covid.

Es difícil creer lo vacías que están las calles ahora cuando pienso en la Marcha del Día Internacional de la Mujer con Amanda. Nunca esperé cuán dependiente se volvería el movimiento de la tecnología, pero ha demostrado ser esencial para mantener conectadas las redes de activistas. De cara al futuro, imagino que los medios de comunicación social se utilizarán para difundir información y organizar acciones en persona, combinando el activismo virtual con la movilización física. Amanda continuará como participante activa en la revuelta social, dirigiendo proyectos comunitarios y talleres educativos con sus compañeros. Con sólo 17 años, ella ha dedicado una cantidad incomprensible de energía física y mental para organizar y exigir una reforma social en Chile. Ante un desastre mundial, no agoniza por su propio bienestar, sino por el de su pueblo. Con esto me ha mostrado la potencia de la acción colectiva, el apoyo comunitario y la determinación. En mi propio activismo fuera de Chile, me propongo incorporar estos ideales de abnegación y dedicación, así como utilizar plataformas en línea para consolidar los esfuerzos del activismo y fortalecer las redes de solidaridad. Tengo esperanzas en el futuro del estallido social de Chile con líderes como Amanda liderando la carga. Una pandemia mundial no la ha disuadido ni a ella ni al movimiento del que forma parte, y confío en que la cuarentena no marcará el fin de la lucha por una calidad de vida decente para todos los chilenos.