Chile y la pandemia

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Por Lucía Dammert

La experiencia en DRCLAS como Custer Visiting Scholar fue excepcional, asistir a interesantes debates sobre el futuro que se está construyendo, acceder a una de las mejores bibliotecas del mundo, respirar el aire universitario nuevamente, escuchar a los alumnos de Berklee en sus múltiples presentaciones artísticas, un lujo. Además, conocí a un grupo de excelentes personas y profesionales que, al igual que yo, habían obtenido la oportunidad de estar un semestre de estudios en Harvard. Verónica Figueroa Huencho y Mauricio Duce, ambos de Chile; Luz Horne de Argentina, Beatriz Jaguaribe de Brasil, y Juana García Duque de Colombia terminaron siendo parte de una aventura que jamás podríamos haber imaginado. Tuve el privilegio además de estar acompañada de mi hija, Camila Bertranou, que terminando sus estudios universitarios, tomaba esta oportunidad para su propio desarrollo personal y profesional. 

Cuando llegue a Cambridge, el coronavirus era una enfermedad lejana, como otras epidemias del pasado parecía haberse instalado principalmente en Asia. Las cosas cambiaron muy rápidamente, empezaron los contagios, el paso a las clases on-line, y los cierres de las instalaciones universitarias, nuestras oficinas y finalmente la biblioteca. Decidimos volver, luego de solo dos meses en Cambridge la pandemia la pasaríamos cerca a la familia y los amigos. 

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Mauricio Duce, Veronica Figueroa y Lucía Dammert frente al río Charles.
Mi hija Camila y yo, junto con Verónica y Mauricio,  tomamos el vuelo a Santiago el 20 de marzo, no exentos de cambios de itinerario, cancelaciones y bastante incertidumbre sobre el regreso. Las cuatro horas de espera en JFK fueron literalmente eternas. Fuimos un equipo que regresaba, cuatro que con diversas necesidades y emociones nos apoyamos para un proceso que sin duda no fue fácil para ninguno. Mientras esperamos, la TV mostraba el debate político norteamericano. Vimos al Presidente Trump, con declaraciones que agradecían a las grandes empresas por el apoyo que empezarían a dar de forma inmediata para terminar con la amenaza. También al Gobernador Cuomo, reconociendo que la crisis que se venía sobre el país y especialmente sobre Nueva York tendría profundas consecuencias. El mensaje era al menos contradictorio, y visto en retrospectiva la irresponsabilidad de algunas decisiones políticas seguramente serán analizadas en la crisis humana que atraviesa Nueva York, y Estados Unidos hoy. 

He viajado múltiples veces, nunca como esta vez donde todos mirábamos con ansiedad las mascarillas, la desinfección, el mismo aire que respiramos. El silencio solo cambiaba por las conversaciones de preocupación, íntimos recuerdos de viaje interrumpidos, familias separadas y expectativa para el aterrizaje. Tuvimos suerte de subir a uno de los últimos vuelos que salieron a Chile desde Nueva York. 

Llegamos y volvimos al pasado. 

Ese día solo habían 434 casos de contagio conocidos por las autoridades y pocos hospitalizados, según los datos oficiales, hicimos las dos semanas auto-impuestas de cuarentena preventiva. No fueron pocos los que consideraron que era una exageración de nuestra parte, al final del día, es claro que a muchos les cuesta pensar en el otro, en la posibilidad de cuidarse para cuidar al otro como una decisión vital. 

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Photo by Patricio Cortés

Han pasado ya seís semanas desde nuestro regreso. Al igual que el resto de América Latina, Chile enfrenta la pandemia desde múltiples frentes. A diferencia de países como Perú o Argentina, en Chile no se ha decretado cuarentena generalizada, sino específica en algunos barrios o distritos, y al parecer no está aún entre los planes del gobierno una decisión en esa dirección. Los centros comerciales están cerrados y hay toque de queda desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana. No son pocas las voces que reclaman con fuerza la necesidad de una cuarentena para la región metropolitana (la de mayor concentración de población) o incluso nacional. La respuesta gubernamental ha sido la definición de cuarentenas especificas a nivel territorial, partiendo por aquellas comunas (distritos) que tenían la presencia de más casos. Las mismas se ubican en los sectores de mayores niveles socioeconómicos, los que trajeron el virus de Europa, Estados Unidos y Asia. Luego de varias semanas, la presencia del virus y la enfermedad se ha distribuido por el territorio, los contagios son comunitarios y la ansiedad ha ido aumentado. 

La pandemia ha desnudado la desigualdad de nuestros países. La cuarentena de los sectores más acomodados se enfrenta con el encierro de los más pobres e incluso la precaria clase media. Los mismos sectores que reclamaron en las calles el año pasado, hoy sufren las consecuencias de una crisis sanitaria que traerá profundas transformaciones económicas y sociales en el mediano plazo. Los colegios públicos y privados han cancelado las clases presenciales y se han trasladado a la modalidad “online”. Creíamos que el internet era un producto básico, pero en realidad miles son los niños y jóvenes que no pueden conectarse, que carecen de las herramientas básicas para cumplir con la rutina del estudio a distancia. Sin mencionar el ajuste para profesoras y profesores que han tenido que reinventarse para consolidar mecanismos pedagógicos a distancia. La desigualdad brota por las cuatro esquinas de una foto de precariedad y dificultad educativa profunda. 

La carga de las mujeres es enorme en esta pandemia. Encargadas de buena parte de las labores del hogar, así como de las tareas del cuidado y contención de niños y abuelos; la preocupación por la duración de las restricciones aumenta. De igual forma, a pesar que las denuncias han disminuido por violencia machista y en general de problemas al interior de los hogares, existe preocupación por las dificultades que miles de mujeres viven encerradas con sus victimarios. De hecho, el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género reveló que las llamadas al fono de ayuda para las mujeres que lo necesiten puedan recibir la asesoría necesaria en estos casos, aumentaron en el mes de abril 2020 en 70%. 

La preocupación por el destino de la economía está en centro de los debates políticos. Si bien múltiples comercios están siendo afectados de forma estructural por la carencia de demanda, algunos otros como centros comerciales, cines y grandes tiendas han sido cerrados. Los pronósticos son abrumadores en una sociedad donde el trabajo independiente representa un porcentaje importante de la población. Las pequeñas y medianas empresas están mayoritariamente usando las herramientas diseñadas por el gobierno que les permiten mantener el vínculo laboral con los trabajadores, pagando cotizaciones pero no el salario. Este último es aportado por las cuentas del seguro de desempleo, básicamente de los ahorros del trabajador para situaciones de crisis. De hecho, más de 66,000 empresas se habían acogido a este mecanismo, es decir más de 515,000 trabajadores están en esta precaria situación. A las que se suman los más de 299 mil despidos principalmente de grandes empresas. Día a día se sabe también de grandes empresas solicitando apoyo del Estado para evitar quiebras y despidos masivos, no deja de sorprender algunas voces que antes apoyaban un Estado pequeño y la importancia de la “mano invisible” del mercado para solucionar cualquier problema; hoy pidiendo apoyo financiero estatal para sobrevivir. 

 Se teme un estallido social al final de la pandemia, o cuando los elementos mas complejos de la misma se visualicen en el desempleo, la imposibilidad de atención sanitaria o el colapso del sistema carcelario. En los últimos días hemos visto el aumento de conflictividad social en algunos sectores del país que continúan reclamando por cambios estructurales, así como medidas específicas para enfrentar la pandemia y la crisis económica. 

Si bien hubo encuentros y desencuentros iniciales entre los especialistas, el gobierno formó un consejo asesor (cuyas actas y resoluciones están online) que públicamente ha ido colaborando y también debatiendo, algunas decisiones del gobierno. De igual forma, diversas organizaciones de la sociedad civil y expertos han estado atentos a la información entregada, reconociendo que la vigilancia epidemiológica es clave para la toma de decisiones. Un ejemplo son los informes y propuestas de Espacio Público (www.espaciopublico.cl). Este proceso ha aportado en la generación de mejores sistemas, aunque lejos de perfectos, para poder diagnosticar el problema y sobretodo su presencia territorial.  El Ministerio de Salud ha ido tomando medidas como la obligatoriedad del uso de mascarillas o el desarrollo de testeos. Estamos frente a un proceso de prueba y error permanente. 

Al 1 de Mayo el recuento es detallado, han fallecido 245 personas, hay 18,435 contagiados y más de 189,000  tests realizados; solo entre el 1 y 2 de Mayo aumentaron en 1,427 los contagiados alcanzando el número más alto desde el inicio de pandemia, lo que muestra que estamos lejos del final de la crisis. Como ya todos sabemos, la magia está en la capacidad de testeo y trazabilidad de los contagiados. El gobierno y los especialistas están trabajando para aumentar la capacidad del sistema de salud, esperando que las semanas de mayor complejidad que deberían estar entre fines de abril e inicios de mayo, no colapse la oferta de camas de cuidados intensivos o de ventiladores artificiales. Estamos encima de la curva, no está claro si se aplana o se posterga o en definitiva no la podemos ver con claridad pero hay un acuerdo general que lo peor está por venir. 

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Photo by Patricio Cortés

En paralelo la presión pública y privada por buscar cierta normalidad que permita reabrir negocios, permitir movimiento de la economía y potenciar espacios de trabajo es evidente. Se debate la posibilidad de reabrir colegios y centros comerciales en un breve plazo por ejemplo como señales de cierto “logro”.  También la presión de especialistas nacionales y extranjeros que plantean el peligro de abrir espacios sin tener capacidad real de testeo y trazabilidad. 

Chile, enfrentará el desafío de la pandemia con un telón de fondo muy claro. Las masivas manifestaciones ciudadanas del año 2019 reconocieron la necesidad de cambiar partes importantes del modelo económico. En especial transformar la salud que está privatizada, las pensiones que se mueven al ritmo de la bolsa y no aseguran mínimos de subsistencia, en general cambiar el rol subsidiario del Estado definido así por la Constitución. La postpandemia (si esto es posible de lograr) será un momento turbulento también, uno donde el mundo político se verá obligado a reconocer la necesidad de transformaciones estructurales.  

Volvimos a un Chile en transformación. La estadía en Harvard fue corta pero importante. Contrario a todo lo que tenía planificado, esta experiencia me mostró que las mejores lecciones se aprenden cuando estamos abiertos a escuchar diferencias, a salir de nuestros espacios de tranquilidad, cuando la critica es constructiva y finalmente cuando reconocemos que todo puede cambiar de un minuto a otro. Confio que las buenas decisiones nos permitan enfrentar la pandemia con el menor costo humano posible y establezcan las bases de una nueva conversación sobre los pilares mismos de nuestros sistemas democraticos. 

 

Lucía Dammert fue DRCLAS Custer Visiting Scholar en la primavera de 2020. Dammert es Profesor Titular de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile. Ha publicado artículos y libros sobre participación comunitaria, seguridad ciudadana, conflictividad social y temas urbanos en revistas nacionales e internacionales. En el plano de la gestión pública  ha participado de programas de seguridad ciudadana en diversos países de la Región. Es parte del Consejo Asesor en Temas de Desarme del Secretario General de Naciones Unidas para el periodo 2017-2020 siendo la única  representante de América Latina.