Cierres por Covid

Cuando la cancelación de la escuela significa el regreso a una zona de guerra

Por Mneesha Gellman
Fotos por Mneesha Gellman

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Ir a la escuela puede ser peligroso para algunos estudiantes. Las aulas y los campus, así como el tránsito hacia y desde ellos, pueden ser espacios de violencia física, inclusive de violencia y acoso de pandillas. Los silencios o la tergiversación de las identidades de las minorías en los programas escolares actúan como formas de violencia más sutiles, pero no menos nefastas. Sin embargo, para los estudiantes de una escuela secundaria en Oaxaca, México, la escuela era un refugio de la política violenta que constituye una forma de guerra civil en sus pueblos de origen, hasta que Covid-19 los envió a casa. 

La familia de Lupita (un seudónimo) vio su asistencia al Bachillerato Integral Comunitario Numero Uno (BIC1 en adelante), en San Pablo Guelatao, en la cordillera de la Sierra Juárez de Oaxaca, como un escape de la violencia de su comunidad de origen en la Sierra Sur de Oaxaca. BIC1 es parte de un sistema de 48 escuelas en todo el estado, principalmente ubicadas en comunidades rurales e indígenas mayoritarias, que ofrecen planes de estudio orientados a la cultura indígena junto con los requisitos de educación estatales y nacionales. Dichos planes de estudio incluyen dos años de clases obligatorias de idiomas indígenas, uno de los únicos sistemas de escuelas secundarias en México donde tales clases están disponibles.

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Arte público del Dia Internacional de la Mujer, 8 de marzo, 2020, Oaxaca de Juárez, Oaxaca, México

En BIC1, el 60 por ciento del alumnado está compuesto por estudiantes de un solo municipio en la Sierra Sur, Santiago Amoltepec, a más de nueve horas de distancia. Amoltepec, una comunidad mixteca predominantemente indígena, ha estado sujeta a conflictos sobre la autoridad gubernamental y el control de recursos durante años, manifestándose como enemistades entre familias y grupos políticos. Grupos similares a pandillas de facciones rivales llevan a cabo asesinatos selectivos entre sí. Foráneos (los y las estudiantes como Lupita son referidos así por compañeros de escuela), alquilan habitaciones a las familias de Guelatao y viven solos durante todo el año, excepto los descansos de verano e invierno cuando regresan a casa. Muchos foráneos trabajan para familias locales en los campos o en las tiendas los fines de semana o después de la escuela. Dependen de esos ingresos, junto con las becas del gobierno, para pagar las tasas escolares, las comidas y el alquiler. Entre los 14 y los 18 años, los y las estudiantes de Sierra Sur, incluida Lupita, tienen muchas otras opciones de escuela secundaria más cerca de casa. Pero BIC1 representa un plan de estudios basado en los valores indígenas en una parte generalmente tranquila del estado de Oaxaca, donde las familias saben que sus hijos pueden estar lejos de la violencia que consume la región de Amoltepec mientras avanzan su educación y sus identidades indígenas.

 

Investigando la educación, documentando la violencia

Mi investigación durante los últimos años se ha centrado en la política de educación para estudiantes indígenas de secundaria en Oaxaca, México, y comparativamente, en el norte de California. Documento cómo las políticas educativas han forzado la asimilación de los estudiantes minoritarios a las normas de las mayorías dominantes: mestizos en Oaxaca y blancos en California. Particularmente miro cómo los estudiantes indígenas se resisten a las políticas y prácticas de genocidio cultural. No me propuse documentar cómo la migración interna de Oaxaca impacta la experiencia escolar, ni cómo Covid-19 la interrumpió, pero historias como la de Lupita se conectan a una matriz más amplia sobre culturas de discriminación en la escuela que se superponen con violencia política, étnica y de género en las comunidades.

A través de una metodología colaborativa, bastante novedosa para mi disciplina de la ciencia política, aunque practicada ampliamente por académicos en otros campos, he estado trabajando con partes interesadas, incluidos maestros, administradores y líderes indígenas, para evaluar la importancia del acceso al idioma indígena en las escuelas públicas. Específicamente, estudio el papel que desempeña el sector de la educación formal, es decir, las instituciones que componen las escuelas con credenciales, en la formación de la identidad juvenil y la participación cívica, cultural y política. En otras palabras, mi investigación considera cómo la escolarización transforma a los jóvenes en los adultos en los que se están convirtiendo. Al igual que muchos investigadores, Covid-19 volcó los planes que cuidadosamente había hecho para la colaboración e información de las comunidades con las que trabajo. Los directores de las escuelas ahora deben centrarse en mantener a sus alumnos comprometidos con el aprendizaje en línea, un desafío para las aldeas rurales e indígenas con acceso limitado al Internet, y a la vez deben procurar la supervivencia de los y las estudiantes, asegurando que todavía reciban las becas que los alimentan.

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Colegio Superior Para La Educación Integral Intercultural de Oaxaca, Calenda (Desfile) Dia Internacional de la Lengua Materna, 19 de febrero, 2020, Oaxaca de Juárez, Oaxaca, México

Las ofertas curriculares, el contenido de los medios educativos y la capacidad del maestro para ser culturalmente relevante influyen en la identidad y participación de los jóvenes. Lo mismo ocurre con otras variables como el entorno familiar, escolar y comunitario, el estado socioeconómico, los niveles de trauma, la salud mental y las historias de migración. Lo que mi investigación muestra es la forma en que el acceso a las clases de idiomas indígenas, por ejemplo, las clases de idiomas indígenas multilingües en BIC1 que facilitan la investigación de los estudiantes de sus propios idiomas patrimoniales, aumenta el bienestar de todos los estudiantes. Este aprendizaje en el aula, que valida la resistencia de los jóvenes a la asimilación mestiza, promueve la autoestima de los hablantes. También aumenta la competencia intercultural y el interés en ser aliados de aquellos no indígenas que, sin embargo, están conectados con su cultura. Lupita, cuya lengua materna es mixteco, se inscribió en la clase de idioma indígena creada para facilitar la investigación de los estudiantes en un idioma de su elección, junto con estudiantes que hablan chinanteco, zapoteco y los que ya perdieron el idioma indígena en sus familias. Cada uno obtuvo algo diferente de la clase, pero el acceso a la clase tuvo un efecto universalmente positivo en sus propias identidades.

Muchas personas ahora están familiarizadas con el papel genocida de los internados para niños indígenas en países como Estados Unidos, Canadá y Australia, y se observan efectos similares en los y las estudiantes de pueblos indígenas que asisten a escuelas de internamiento en México. He documentado que el abuso físico generalizado por hablar lenguas indígenas en las escuelas públicas en México afectó a casi todos los más de ochenta estudiantes que entrevisté en cuatro escuelas de Oaxaca. También he evidenciado y escrito sobre cómo los estados confían en las prácticas asimilacionistas de las escuelas para formar futuros ciudadanos como parte de la democratización. Las aulas y el material educativo, como los libros de texto, son sitios donde los mitos sobre la construcción de la nación se transmiten de generación en generación. Las escuelas refuerzan las ideas dominantes sobre los grupos internos y los grupos externos, y dan forma a las normas y expectativas de lo que significa pertenecer a la sociedad.

Incluso en escuelas como BIC1, donde todo el cuerpo estudiantil se identifica como descendiente indígena hasta cierto punto, las jerarquías sociales operan para clasificar a los y las estudiantes de acuerdo con los grados de indigeneidad, con elogios para aquellos que son más altos, más blancos y hablan mejor español, mientras se burlan de aquellos que son más bajos, más oscuros y a veces hablan español con acento por ser "demasiado indígenas".

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Bachillerato Integral Comunitario Número Uno, delegación estudiantil, Calenda (Desfile) Dia Internacional de la Lengua Materna, 19 de febrero, 2020, Oaxaca de Juárez, Oaxaca, México

Aunque a menudo la burla toma la forma de bromas ligeras o incluso el coqueteo, los estudiantes que reciben estos comentarios, en la confidencialidad de las entrevistas anónimas, informan sentirse heridos por los comentarios y buscan mejorar su integración al grupo.

Ser molestado por el grado de visibilidad indígena puede parecer desviarse bastante de la experiencia de Lupita de huir de Amoltepec para ir a la escuela secundaria, o de las repercusiones de regresar a su pueblo debido al Covid-19, pero todo está conectado. En Amoltepec, como en muchas comunidades en todo México, las divisiones de poder político y su acceso a recursos se dividen tanto en líneas raciales como en lealtades familiares u otros marcadores de identidad.

El partido político dominante de México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ha cultivado durante mucho tiempo caudillos locales, o hombres fuertes, y les ha brindado apoyo paramilitar para dirigir la política local, inclusive el control de los recursos locales, a su favor. Tal apoyo tiende a operar a lo largo de líneas basadas en la identidad racial o indígena, con aquellos que están más asimilados culturalmente del lado del PRI. Dichas dinámicas son ampliamente conocidas en Oaxaca, donde casos como el de los Triqui, quienes buscan de autonomía de San Juan Copala, o el de activistas ambientales en Calendaria Loxicha han llevado a asesinatos para obstaculizar sus reclamos o protecciones de los recursos naturales.

 

El impacto de Covid en los estudiantes migrantes internos

Lupita estaba encantada de estar en BIC1, donde, como lo expresó, al menos no temía por su vida, y su beca le permitió comer sin quitarle comida a sus hermanos. Y la mayoría de las veces, estaba absorta en sus estudios, aprendiendo álgebra junto con la agronomía, aprendiendo cómo convertir un jardín de moras en un negocio generador de ingresos. Estudió su propio idioma mixteco junto con el inglés en sus clases de idiomas, y estaba interesada en la utilidad de ambos. A Lupita se le hacía fácil manejar los insultos verbales: le resbalaban y por eso los soportaba, no había problema. Ver a un familiar morir por las balas disparadas por miembros de la comunidad opositora en su ciudad natal, eso fue mucho más difícil.

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Entrada a San Pablo Guelatao, Oaxaca, México

Las escuelas de Oaxaca, como las escuelas en gran parte de México, cerraron sus puertas físicas a mediados de marzo de 2020. Los estudiantes comenzaron la conversión al aprendizaje en línea, y los estudiantes como Lupita se mudaron a su hogar, un entorno físico mucho más incierto que el internado en Guelatao. Estuve en Oaxaca como becaria Fulbright García-Robles de EE. UU. de enero hasta marzo de 2020. Se suponía que mi beca iba a ser hasta junio, pero después del aviso del 19 de marzo de Nivel 4 No Viaje del Departamento de Estado de EE. UU., Fulbright canceló todos los programas en todo el mundo y retiró a los Fellows de vuelta a sus países de origen. Covid-19 ha sido devastador para tantas personas en todo el mundo, por lo que no me detendré en mi propio dolor de haber interrumpido el trabajo de campo. Ahora necesito construir un plan para compartir las historias que ya me fueron confiadas. Pero durante mi propio distanciamiento social, me di cuenta de que todavía tenía más de una docena de formularios de permiso completos de los estudiantes de BIC1 para participar en las entrevistas. Revisé el permiso de mi Junta de Revisión Institucional para modificar la metodología y poder hablar con ellos a distancia.

Comprometerse con los y las estudiantes a través de la tecnología de comunicación por Internet es mucho más difícil que acercarse a ellos en la escuela e invitarlos a hablar. El Internet en la aldea de un estudiante era tan malo que decidimos hacer la entrevista por chat, ya que el audio y la demora por WhatsApp hicieron que la conversación fuera insostenible. Otro estudiante solo tenía una línea telefónica chirriante con un retraso grave, por lo que era imposible tener una idea del lenguaje corporal o las expresiones faciales en las que generalmente confío para mantener las conversaciones a buen ritmo. Los estudiantes de BIC1 confían en WhatsApp para intercambiar tareas regulares con sus maestros, haciendo todo lo posible a veces para obtener una señal. Sin embargo, los seis estudiantes que entrevisté remotamente se sintieron seguros de que podrían terminar el año escolar de esta manera.

A pesar de su viabilidad temporal, la historia de Lupita es que el cierre de escuelas de Covid-19 la ha hecho sentir menos segura. Esta es una historia para muchos en América Latina, los Estados Unidos y otros lugares. Hay muchos problemas compartidos con los estudiantes en todo el mundo, incluyendo la falta de recursos económicos y la dificultad de concentrarse en sus estudios y objetivos en medio de las necesidades de su familia. Y hay algunos puntos brillantes, como su capacidad para pasar tiempo con su abuela, una hablante mixteca, y practicar con ella lo que había estado estudiando en BIC1 en su clase de lengua indígena. Pero el contexto de violencia en Amoltepec distingue su experiencia de desplazamiento por Covid-19 de otras, y aún se me hace difícil olvidarla después de haber terminado nuestra entrevista.

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Senalización hacia BIC1

El sector educativo formal de K-12 en México sufre de varios problemas. Es corrupto, no educa al nivel que debería, y ciertamente no ha cumplido la promesa de educación bilingüe e intercultural para niños indígenas que se presenta en papel. De hecho, los sistemas de educación formal en México y los Estados Unidos perpetúan el genocidio cultural, y las pocas desviaciones curriculares como el acceso al idioma indígena son un medio de resistencia. Para los estudiantes de la Sierra Sur de Oaxaca, que encontraron su camino a BIC1 en busca de una educación secundaria libre de violencia, ser enviados de regreso a su comunidad de origen debido a Covid-19 los ha puesto en peligro una vez más. Nadie sabe cuánto tiempo pasará antes de que puedan regresar a la escuela y a la seguridad.

 

Mneesha Gellman es profesora asociada de ciencias políticas en Emerson College, donde también dirige la Iniciativa de la Prisión de Emerson. Su manuscrito en proceso es Jóvenes de Cultura: Resistencia indígena y supervivencia del idioma en México y Estados Unidos.