Colapso estatal y reacción rápido

Agenda para la Paz

Por Pauline Baker y John Ausink

En 1992, Boutros Boutros Gali lanzó su conocida Agenda para la Paz. Esta coincidió con el comienzo de un viraje de las Naciones Unidas tendiente a ampliar sus funciones para afrontar los conflictos internos que se multiplicaban en el mundo tras el fin del “orden bipolar”. En su Agenda, el Secretario General de Naciones Unidas señalaba que “la cohesión de los Estados está siendo brutalmente amenazada por disputas étnicas, religiosas, sociales, culturales o lingüísticas”. Como respuesta, planteaba la necesidad de una diplomacia preventiva tendiente a “impedir que las disputas existentes escalen hacia conflictos y, en el caso de que éstos tengan lugar, limitar su expansión”. Y, añadía, que una diplomacia preventiva solamente se puede construir si existe un “reconocida red de sistemas de alarma temprana”.

Como respuesta a esta solicitud de Naciones Unidas, surgieron distintos grupos de trabajo orientados a construir una serie de indicadores fiables para detectar cuándo un Estado se encuentra en riesgo inminente de colapsar. Se buscaba, ante todo, construir instrumentos de “alarma temprana” para movilizar recursos de la comunidad internacional con objeto de impedir que se siguieran extendiendo estos desgarradores episodios de derrumbe estatal. Los grupos más importantes que trabajaron en este sentido fueron: el Conflict Early Warning Systems (CEWS), un proyecto investigativo del Consejo Internacional de Ciencias Sociales (ISSC); dos organizaciones no gubernamentales con sede en Londres: International Alert y el Forum on Early Warning and Early Response (FEWER); adicionalmente, en 1994, siendo vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, constituyó un equipo de trabajo con la misma perspectiva denominado el State Failure Project.

Baker y Ausink (1996), por ejemplo, detectaron nueve rasgos en común en tres naciones (Somalia, Sierra Leona y Sudán) en las cuales el Estado estuvo al borde del colapso o sufrió un derrumbe total: una fuerte presión demográfica, un movimiento masivo de refugiados, un crecimiento económico ligado a segmentaciones étnicas, una larga tradición de venganzas y represalias, una honda deslegitimación del Estado, una severa crisis económica, un progresivo deterioro o eliminación de los servicios públicos, una incapacidad manifiesta para implementar las normas legales y, por último, unos aparatos de seguridad operando como una suerte de “estados dentro del estado”.

 

This is an excerpt from Pauline Baker and John Ausink's “State Collapse and Ethnic Violence: Toward a predictive model”, Parameters US Army War College Quarterly, V. XXVI.