Corona, Crisis y Creatividad en Cuba

Un panorama incompleto desde la isla en tiempos de pandemia 

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Por Rainer G. Schultz

Cada noche, cuando miro por la ventana de mi casita todo parece más tranquilo, hasta silencioso. En Cuba es muy inusual. De hecho, una de las cosas que más extraño desde que me mudé de Harvard a La Habana es la tranquilidad. Normalmente se escuchan gritos, música o el sonido de animales que han ruralizado las ciudades desde la crisis económica de los años noventa. La bulla de los carros, camiones y guaguas que andan con motores museables. Luego están los olores, el olor a humedad, a gasolina cruda, a ajo frito, a café de la bodega mezclado con chícharos, a flores, al mar, a cubanía. 

La última vez que escuché un silencio comparable fue cuando se murió Fidel Castro, el 25 de Noviembre de 2016. Le siguieron nueve días de conmemoración oficial. En aquellos días no se podía ir a tomar bebidas alcohólicas ni poner música en público. Y se trabajaba menos –aunque obviamente por otras razones. 

Ahora, sesenta días después del primer caso de coronavirus detectado en Cuba, ha vuelto esta tranquilidad. Pero es una tranquilidad diferente, más insegura, más intranquila. En algunas partes de la ciudad incluso parece como si no hubiese cambiado nada. Muchas personas están en la calle a pesar de las medidas de control y aislamiento social impuestas. Las colas son inmensas. Sobre todo en las mañanas, cuando abren las tiendas. Aunque eso sí, ahora todos están con nasobuco, versión criolla. De lo contrario se ponen multas, como en otros países. Los nasobucos aquí están hechos en casa, por empresas estatales o por el nuevo sector privado que reinventa sus actividades en los tiempos de la pandemia. Reflexionando sobre el por qué personas adultas, que a diario escuchan mensajes solicitándoles que respeten las orientaciones y se protejan, ¿ignoran todo esto y hacen exactamente aquello que sin remedio los infecta? La respuesta que dio el intelectual cubano Victor Fowler era que “ la distancia social (una realidad sin abrazos, palmadas, estrechones de mano, besos amistosos o toda forma de proximidad física) es una definición que a los cubanos nos cuesta trabajo no ya aceptar, sino simplemente entender.

No se sabe hasta cuándo durará este nuevo periodo especial en tiempos de pandemia (el último, de los años noventa estalló en una profunda crisis económica y social cuando se desintegró el campo socialista y Estados Unidos reforzó las sanciones hacia Cuba), ni de qué vivirá el país si los turistas dejan de viajar y los cubanos en el exterior dejan de enviar remesas; o si las sanciones de los Estados Unidos se ponen aún más severas en los tiempos electorales venideros. Una esperanzas del país son los médicos cubanos que ahora ayudan en el mundo. Más dos mil médicos y trabajadores de la salud han viajado a más de veinte países en respuesta a la pandemia, en total, hay casi 37,000 en 67 países del mundo. Como se describió en los periódicos del mundo, es una diplomacia médica exitosa, que ayuda al presupuesto estatal, incluyendo la educación gratuita de los mismos médicos. También es una ayuda solidaria real, al exponer su propia vida para salvar la de otros, y en tierras lejanas. Trump trata de criminalizar esta fuente de ingreso a toda costa, ejerce presión a los nuevos gobiernos aliados en la región. Brasil, Bolivia y Ecuador ya expulsaron la colaboración médica cubana de sus territorios. Y es por eso también que el gobierno estadounidense aún prohíbe a sus ciudadanos viajar libremente a la isla y ha restringido las remesas que se pueden enviar legalmente a Cuba.

Cada noche a las 9 cuando termina el noticiero diario yo salgo con mi familia cubana a la calle y agradecemos a los y las trabajadores(as) de la salud con un aplauso. Una acción cívica que nació en algunos barrios y luego se coordinó a nivel nacional. El escuchar y ver las palmadas de mis vecinos me da una sensación de comunidad, de compartir un sentimiento, una aspiración, una esperanza. Para mí el aplauso de las 9 es también agradecer no solamente a los médicos y enfermeras que están en primera línea sino también a todos aquellos que garantizan con su trabajo diario el bienestar de nosotros, quienes por diferentes razones nos quedamos en casa. Los que producen, los que procesan y distribuyen alimentos, los que recogen los desechos, los que producen la energía, el transporte necesario, la tecnología para poder comunicarnos, también reciben sus merecidos aplausos. 

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Trabajadores esenciales en Cuba: los comunales con sus nasobucos criollos (foto del autor)

Este minuto de aplauso también ayuda a reflexionar. A imaginarse el sentir de los enfermos y las doctoras, sus familias, su miedo—y su esperanza. En Cuba, un país con un culto al heroísmo el hecho de que el noticiero nacional hiciera un reportaje enfocando en el miedo que los médicos sienten y que este miedo sea algo normal, humano, puso en evidencia que hasta las maneras de narrar las historias se están cambiando. 

Este minuto de aplauso también ayuda a reflexionar. A imaginarse el sentir de los enfermos y las doctoras, sus familias, su miedo y su esperanza. En Cuba, un país con un culto al heroísmo, el hecho de que el noticiero nacional hiciera un reportaje enfocado en el miedo que los médicos sienten y que este miedo fuera visto como algo normal, humano, puso en evidencia que hasta las maneras de narrar las historias se están cambiando. 

 

El Dr. Durán: el símbolo de la medicina cubana

La televisión y la radio siguen siendo los espacios principales de comunicación en este país. Hay ocho canales nacionales y 17 regionales, incluso algunos municipales. Todos son públicos, o como se dice también, estatales. No hay comerciales y sí hay una orientación política, educativa, más o menos directa. Cada día en toda Cuba, a las 9 de la mañana se escucha la voz del doctor Francisco Durán García, jefe de Epidemiologia del Ministerio de Salud Pública. Este hombre canoso de Santiago de Cuba, donde dirigía exitosamente un sanatorio de pacientes del sida y que ha trabajado en misiones médicas cubanas en Angola, le da una cara a la batalla cubana contra la enfermedad. Su voz es tranquila, seria, grave. El doctor representa la ciencia en el país. Y también la esperanza. Si hubiese encuestas públicas en Cuba, apostaría mi casa a que la inmensa mayoría de los cubanos tienen confianza en este hombre, en su mensaje y sus alertas. Y, a través de él, en la respuesta epidemiológica de Cuba hacia este nueve virus que enfermó el mundo. 

Recién, leí un reportaje sobre su persona.  Su humildad. Caminando cada día al trabajo en jeans y una camisa sencilla, sin corbata ni chaqueta, aunque sí con una bata médica que lleva su nombre y la banderita de Cuba. Cada día se sienta pacientemente a compartir la información y a responder preguntas en su conferencia de prensa. Después sale caminando por La Rampa, aquella zona de La Habana que en tiempos normales se llena de gente. 

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El Doctor Francisco Durán, la cara visible de la respuesta cubana al coronavirus (imagen tomada de: Cubavisión)

 

En las primeras semanas de la pandemia, las conferencias de prensa se hacían con periodistas, luego con periodistas con nasobucos, después con menos periodistas, y ahora sin periodistas presentes, pero con preguntas de ellos hechas previamente por internet. Esa nueva modalidad también abrió la posibilidad a la población de hacer preguntas a los especialistas que trabajan en el equipo de Durán por correo o por teléfono. Estas conferencias de prensa son también una forma de educación popular sobre la epidemia, sus orígenes, síntomas y posibles tratamientos. Es un espacio sobrio, tranquilo, sin comerciales, sin la necesidad de destacar o ganar puntos en la publicidad o las elecciones. Se hace referencia a estudios y medidas de otros países, y se acompaña la información luego por internet

 

El Internet y la nueva forma de gobernar 

En este año, 7.1 millones de cubanos, o 63% de la población tiene acceso a internet, según cifras oficiales. De ellos casi cuatro millones por celular y más de siete millones están activos en las redes sociales (aunque muchos no tienen ingresos suficientes para mantener el saldo todo el tiempo). Sólo en diciembre de 2018 se inició el servicio de internet por los celulares. Esta innovación ha sido una pequeña revolución cultural. Ya desde antes, con la creciente conectividad en la isla por medio de cientos puntos públicos de wifi se había roto el monopolio de la prensa estatal impresa. Pero ahora las personas se levantan y se enteran de las noticias de otra forma. Necesariamente más transnacional y más diversa. Aunque claro, la mayoría de los ciudadanos, igual que en otros países, no lee las revistas académicas y la prensa investigativa, sino que se informa a través de Facebook, y noticias sensacionales. Esta forma de consumo de información lleva al efecto Dunning-Kruner, caracterizado por la abundancia de personas poco conocedoras de una materia que se perciben a sí mismas como expertas tras informarse superficialmente o, como tradujo el politólogo cubano Rafael Hernández, de “epidemiólogos por cuenta propia, que pululan en redes y publicaciones electrónicas”. 

Pero tiene también un efecto positivo, crítico, político y emancipador. La presencia diaria de los gobernantes cubanos en la televisión e internet caracterizó, según Hernández, al nuevo estilo de gobierno que tomó posesión en abril de 2018: “este acontecimiento ha expuesto más sus personas, maneras de razonar, discursos, defectos y cualidades que los de ningún otro gabinete del que pueda tener memoria la inmensa mayoría de los cubanos”. Por eso, la epidemia crea también un “contexto inédito de comunicación política entre instituciones/dirigentes y comunidad/ciudadanos”. 

 

La creatividad cultural  

La enorme creatividad cultural en Cuba en tiempos de coronavirus es otra faceta importante de la situación actual a destacar. Y la humildad con que se presenta: como ya no hay espectáculos públicos, los jóvenes del ballet cubano Acosta Danza presentan breves videos de coreografías filmadas desde sus casas; los músicos, incluyendo ganadores del Granmy como Omara Portuondo cantan desde la casa –transmitido por internet y también, como no todos pueden pagar el internet permanente, se transmite por televisión–. Pero sin debates de hacia dónde va el dinero y quién gana y se beneficia. Simplemente cultura pública. Escritores leen sus libros para escuchar desde la casa para quienes no pueden acceder a sus textos. Otros ponen sus publicaciones ahora online, gratis. Hasta los museos cubanos están ofreciendo visitas virtuales. Aún no tan sofisticadas como en otros países, pero es un comienzo. En cierto sentido Cuba ahora recupera el tiempo que ha perdido antes –por varias razones– en el mundo virtual. En este sentido la crisis se convierte también en oportunidad. 

 

¿Amazon cubano?

Para evitar las largas colas –que son el tema permanente de cada hogar cubano– se ha dado un paso grande, pero aún insuficiente hacia el comercio virtual. Y sin Jeff Bezos. El internet cubano hasta hace muy poco no era comercial. No se podía comprar nada directamente online. En Cuba no hay tarjetas de crédito (pero sí de débito). Darle al internet un uso económico equivale a otra revolución. Estas, aunque anden con prisa, toman su tiempo. Aparte de la escasez generalizada y ante necesidades básicas como la comida, artículos de higiene y petróleo para el transporte no se han desarrollado aún las plataformas digitales necesarias ni la coordinación para la venta a nivel nacional. Para los críticos eso da otra razón de sobra para calumniar al sistema cubano. Para los optimistas es otro paso hacia la modernización del país. Se podría trabajar más con los muchos talentos que tiene el país, sobre todo en el sector privado –informáticos, taxistas y demás– que podrían cooperar con el Estado para agilizar un servicio necesario en tiempos de pandemia. El Estado cubano está consciente de los problemas, dispuesto a considerar nuevas formas de gestión y cooperación. Hay un debate público sobre las deficiencias y lo que debe mejorar. Y hay muchos talentos trabajando en circunstancias muy difíciles para mejorarlo. Pensar en nuevas formas de cooperación entre el sector público y el privado, del cual dijo el presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel: “tenemos buenas experiencias en estos momentos de la pandemia” y explicó “cómo, de una manera más rápida, más decidida, más organizada, implementamos un grupo de cuestiones que están pendientes”.  Pero es una tarea pendiente que ahora, en tiempos de pandemia, se está enfrentando. La nueva Constitución cubana, aprobada por plebiscito en 2019, reconoce explícitamente en su artículo 22 tanto la propiedad privada, la estatal, como la mixta, pero deja “lo relativo a su ejercicio y alcance” a leyes futuras. O sea, hay un marco legal y una voluntad política que puede permitir una mayor y más eficaz cooperación entre el sector estatal y el privado. 

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Cubanos en la calle y haciendo cola con nasobuco. El comercio virtual—ahora en fase piloto— puede ayudar a la necesaria distancia social (foto de Rainer Schultz)

 

De pandemia a panacea: el debate económico  

Para desatascar las reformas en marcha y poder mejorar la situación socioeconómica del país, como propuso recién el economista cubano Oscar Fernández, hay dos problemas fundamentales: las sanciones punitivas de los Estados Unidos y el desacuerdo sobre el alcance y la cronología de las reformas pendientes en Cuba para alcanzar su verdadero potencial, o como diría Fidel Castro: cambiar todo lo que debe ser cambiado.  

Es también por eso que el presidente Obama en su último año y poco antes de visitar Cuba llegó a la conclusión y dijo públicamente: “quiten el embargo!”, porque hace un daño increíble, no sólo a la economía sino también a la mentalidad. 

Cuba es un país de contradicciones: envía médicos a países de Europa y no tiene resuelto el problema del salario o la comida en su propio país. Claro, hay dos factores clave: Como he descrito en otro lugar, la isla nunca en su historia –desde la colonización europea– ha vuelto a ser autosuficiente en su alimentación. Y es víctima de las sanciones más abarcadoras que tuvieron desde su inicio en 1960 como objetivo declarado por el gobierno estadounidense crear “disatisfacción económica, sufrimiento, hambre y desesperación” como la manera más eficaz de “desalinear la población de la revolución”. También es cierto que muchas de las medidas que se han tomado a lo largo de la historia para diversificar y mejorar la producción nacional no han dado los resultados productivos y sostenibles deseados. 

Ahora, durante la pandemia, tiene lugar un debate interesante entre economistas cubanos dentro y fuera de la isla: cómo aprovechar esta crisis para mejorar el país y su economía? El riesgo es enorme. Pero también existe una gran oportunidad, o como dijo el economista cubano Omar Everleny citando a Raúl Castro, “debemos montarnos en este tren y no bajarnos más”, o sea, llevar a cabo las reformas anteriormente anunciadas ahora más que nunca. Dicho de otra forma: “la implementación de la conceptualización del modelo económico y social, de los lineamientos y de las bases para el plan nacional de desarrollo económico hasta 2030”.

 Hay un cúmulo de reformas anunciadas, pero no realizadas, distorsiones enormes por los diferentes sistemas de cambio de moneda, subsidios a las empresas públicas ineficientes que protegen a los trabajadores de desempleo y los efectos de precios impuestos por el Estado crean distorsiones importantes en la economía cubana. 

Hay un consenso en que se debe descentralizar más, desburocratizar e institucionalizar más el marco de la actividad económica no estatal, o sea, cooperativa y privada, incluyendo pequeñas y medianas empresas. 

La diferencia está en el rol y la dimensión que puede o no alcanzar el sector privado y las limitaciones que le impone el Estado. ¿Cuán grandes pueden ser las medianas empresas? ¿Qué rol puede y debe tener el capital extranjero en las actividades del país? Los gobernantes temen al choque neoliberal, de privatizaciones masivas y liberalización radical, que llevó a mucha gente al desamparo. Argumentan que los países que mejor han podido enfrentar la crisis actual han sido aquellos con un Estado capaz de intervenir y dirigir e invertir, y un sector de salud pública robusto. El objetivo declarado es alcanzar un “socialismo próspero y sostenible”, del siglo xxi, con una sociedad informatizada, con una economía mixta, pero manteniendo la prioridad en el sector público para proteger a los perdedores de los efectos desiguales del mercado. Pero ¿cómo llegar a esta meta en medio de la pandemia? En unas declaraciones recientes el presidente Díaz-Canel dijo: “No estamos negando al sector privado, pero es un complemento de la economía estatal, y realmente en lo que hemos ido implementando, le hemos dado más libertad al sector privado que al estatal". El ejecutivo dijo que está centrado ahora en "ir desatando" el sector estatal "sin frenar al sector privado".

Según la Comisión Económica para América Latina, CEPAL la economía en la región disminuye un mínimo de 5-6% para el año 2020. El pronóstico de la Organización Mundial del Turismo UNWTO es que el turismo puede perder entre un 60 y 80% en este año y no se recupera hasta el 2021. Cuba es un país de turismo. En una presentación reciente para el programa de estudios cubanos en la Universidad de Harvard el economista cubanoamericano Carmelo Mesa-Lago explicó que la economía cubana depende en primera instancia de la exportación de los servicios profesionales (en 2015 ca. 8 billones de dólares), luego las remesas (en 2018 ca. 3.7 bio USD) y en tercera instancia del turismo (en 2018 ca. 2.9 bio USD). Mientras que la administración de Obama reconoció públicamente la impresionante ayuda que los médicos cubanos prestan en lugares con pocos recursos, como en la campaña contra el Ébola, el gobierno de Trump sabe que estos ingresos (y los del turismo y las remesas) son esenciales para la sobrevivencia del sistema social y político de la isla, y por lo tanto está perjudicándolo con todas las medidas posibles y es mucho más agresivo en reducirlas. Por lo tanto, el economista cubano Ricardo Torres recomienda para la elaboración de respuestas del estado cubano a la actual crisis, debe observar la situación de partida de los hogares, que es muy diferente del panorama de hace tres décadas y “concebir un esquema universal de protección del ingreso y el consumo de las familias”, entre otras medidas sociales teniendo en cuenta las vulnerabilidades del país. 

Las elecciones en Estados Unidos están previstas para noviembre. Si los estadounidenses reeligen a Donald Trump se puede esperar más presión económica y una política más agresiva hacia Cuba. Aunque también hay quienes dicen que si Trump visitó a Corea del Norte para llegar a un “mejor acuerdo”, tal vez los antiguos casinos de los hoteles cubanos y los nuevos campos de golf en la isla le provocan deseos de cambiar de ideología a negocio. Como candidato en 2016 lo declaró así públicamente. Si gana el candidato demócrata se puede esperar que vuelva a la política de acercamiento y cooperación—a pesar de las diferencias políticas de las dos naciones. 

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Pronósticos de la curva evolutiva de contagios en Cuba. La curva roja representa el peor caso, la azul el pronostico mas favorable. Actualmente los números de nuevos infectados (línea negra) están por debajo del pronostico favorable. Fuente: Granma

 

Mientras, el logro de resultados positivos en el control de la pandemia en Cuba ha sido más favorables que los pronósticos, gracias a las estrictas medidas, las encuestas sistémicas en todos los hogares cubanos por estudiantes de medicina, los exámenes sistemáticos y el aislamiento forzado. Hasta ahora se reportan 77 fallecidos en Cuba, 98.8% de los casos hospitalizados se recuperan favorablemente y ya más del 60 por ciento de las personas infectadas se recuperaron. El Doctor Durán admitió que no quería compartir esta noticia porque teme “el relajo” de sus compatriotas. Se reporta que la curva de nuevos contactos ya está en declive y que en pocas semanas debe haber una tasa de transmisión mínima. El pronóstico para el panorama económico cubano no es tan favorable. Los factores externos son adversos. Pero los debates públicos siguen siendo sobre la necesidad de cambio, reforma e innovación más a largo plazo, incluso existe la propuesta de emancipación de una economía dependiente del turismo (la cual fue en realidad inicialmente una respuesta de emergencia durante la caída del campo socialista). También existe el deseo de una menor dependencia de la ayuda exterior optando por una política de desarrollo, basada en biotecnología y medicina, agricultura productiva y sostenible, informática y pequeña industria, lo cual es una señal de esperanza. Después del debate sobre el coronavirus volverá con más fuerza el debate económico sobre cómo salvar y mejorar el país. Y claro que el internet producirá muchos economistas por cuenta propia con recetas para salvarlo. Algunas de estas recetas vendrán de Washington. Otras de Beijing. El diálogo será interesante y necesariamente internacional. 

 

kjnnRainer G. Schultz es historiador y director del Consortium for Advanced Studies Abroad (CASA) en La Habana en cooperación con la Casa de las Américas, del cual Harvard es miembro. Obtuvo su doctorado en Historia de América Latina en la Universidad de Harvard con su trabajo sobre la transformación del sistema educativo en Cuba. Ha vivido, investigado, enseñado y publicado en y sobre Cuba por los últimos 20 años. Ha sido coordinador del programa de estudios cubanos en Harvard de 2012 al 2015. Es también investigador asociado al Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefellerschultz@fas.harvard.edu