Cuba: Una Década de Desarrollo Turístico

Por Orlando Gutiérrez Castillo y Nélida Gancedo Gaspar 

El desarrollo económico alcanzado en el siglo XX se ha caracterizado por el crecimiento del sector terciario de la economí­a. Especialmente, a partir de los años cincuenta, el turismo ha contribuido de manera importante a ello. Favorecido por el florecimiento económico postbélico, la modernización de los medios de transporte y de las comunicaciones en general, el sector turístico ha pasado a ser uno de los de mayor crecimiento en gran cantidad de países, en particular, en ví­as de desarrollo.

El turismo ha experimentado una constante expansión en la economía mundial con tasas de crecimiento promedio anuales de 4.5 por ciento durante la segunda mitad del siglo XX. Esto ha conducido a que, en la actualidad, ocupe el primer puesto entre los grupos de exportación mundiales, por delante de partidas tradicionales tan importantes como el petróleo y la industria automovilí­stica, así­ como otras no tan tradicionales como la electrónica. En 1996, los ingresos procedentes de este sector representaron el 8% del total de exportaciones mundiales y más del 35% de las exportaciones de servicios. También es generalmente aceptado el hecho de que, a pesar de las turbulencias del presente, el turismo será el sector de mayor crecimiento a nivel mundial en las dos primeras décadas del siglo XXI.

Ante estas realidades, y teniendo en cuenta la crí­tica situacón creada a partir del derrumbe del socialismo en Europa del Este, Cuba asume el turismo internacional como uno de los ejes básicos en la redefinición de su estrategia económica a partir de los años 90. Cabe destacar, en este sentido, que a partir del triunfo revolucionario de 1959, esta actividad- que habí­a alcanzado un importante desarrollo, aunque con serias distorsiones sociales, al concebirse en un marco de juego, vicio y prostitución- prácticamente desaparece debido, en parte, a la pérdida del principal mercado emisor como resultado de las restricciones impuestas por el bloqueo norteamericano y, por otra parte, porque en lo sucesivo la estrategia de desarrollo económico y social no concebí­a a esta actividad como clave en el futuro del paí­s.

La necesidad de concentrar un grupo importante de inversiones en actividades generadoras de ingresos en moneda libremente convertible en el corto plazo se refleja en la Resolución Económica aprobada por el V Congreso del PCC en 1997. En ella se plantea que los principales sectores que generan divisas deben garantizar crecientes aportes netos al país para posibilitar el financiamiento de otras importantes actividades. También se declara explí­citamente el papel que debe jugar el turismo en el futuro económico del paí­s, destacando su misión como captador de divisas frescas y definiendo metas concretas a alcanzar para el año 2000: lograr el arribo de más de dos millones de turistas y obtener más de 2 600 millones de dólares de ingresos.

Así­, el turismo, en el transcurso de diez años de desarrollo sostenido, se ha convertido en el sector más dinámico de la economí­a cubana. En él se ha concentrado una cuarta parte de las inversiones efectuadas en el paí­s y, como resultado, ocupa el primer lugar en cuanto a aportes de ingresos corrientes a la Balanza de Pagos, cerrando la década con un impresionante 43 por ciento de participación.

En el lapso de un decenio, el turismo ha dejado de ser una actividad coyuntural para convertirse en un factor estructural de la economí­a cubana. Pocas veces en la historia económica internacional se ha producido un tipo de transformación estructural tan dinámica. Diez años atrás, entre el 70 y el 75 por ciento de los ingresos a la Balanza de Pagos provení­a del sector azucarero, mientras que el turismo apenas aportaba un 6 por ciento. Ibrahim Ferradaz, ministro cubano del Turismo, al referirse a los principales rasgos de esta transformación señala que "en los últimos diez años, el sector multiplicó por ocho los ingresos brutos, quintuplicó el número de visitantes, triplicó el número de habitaciones en instalaciones turí­sticas y duplicó los puestos de trabajo".

El logro de los resultados obedece al diseño e implementación de una estrategia de desarrollo del sector. Esta se ha orientado a consolidar la competitividad estructural del turismo mediante la utilización de factores naturales, sociales y culturales heredados, así­ como la elaboración y ejecución de polí­ticas gubernamentales tendientes a la creación de ventajas competitivas sostenibles en el largo plazo.

Cuentan que el 27 de octubre de 1492 el almirante Cristóbal Colón arribó a Cuba por la costa nororiental del paí­s y que, vislumbrado por su belleza, exclamó: "¡Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto!". Y se convirtió, de hecho, en el primer turoperador de la Isla. Indiscutiblemente, Cuba, como destino turí­stico, cuenta con una serie de atributos heredados que representan un importante punto de partida para el desarrollo turí­stico. Sus bellezas naturales (playas, atractivos submarinos, paisajes campestres y de montaña, reservas ecológicas, todos aún muy por debajo de su capacidad sustentable de explotación), así­ como su clima son sólo una parte de ellas, que se complementan con su ubicación y fácil acceso por ví­a aérea y marí­tima, además de su importante patrimonio histórico y cultural.

Importantes elementos se han incorporado a este caudal de atractivos del paí­s en los últimos cuarenta años de Revolución: población educada, culta y solidaria, altos í­ndices de salud a niveles de paí­ses del primer mundo, reconocido prestigio como potencia deportiva, clima social seguro y voluntad de conservación del medio ambiente. Asimismo, la infraestructura creada en carreteras, aeropuertos, redes eléctricas y de comunicaciones incorporan otro grupo de atractivos que potencian producto turí­stico cubano.

Este grupo de indiscutibles ventajas heredadas ha sido complementado con elementos de polí­tica económica y mecanismos de apoyo gubernamental. Ello ha posibilitado explotar estas ventajas y consolidar un posicionamiento del sector en el mercado internacional, especialmente dentro de la región del Caribe, donde ya ocupa la segunda plaza receptora de turistas.

PILARES DE LA ESTRATEGIA DE DESARROLLO TURISTICO

La polí­tica gubernamental de definir sectores clave y situar al turismo como una prioridad en cuanto a inversiones ha jugado un papel decisivo en este sentido. En un contexto de crisis económica, Cuba "apostó" al turismo. Entre 1990 y 1999 se invirtieron más de 3 500 millones de dólares en el sector, pasándose de 12 mil habitaciones destinadas al turismo internacional a más de 35 mil. También se destinaron importantes recursos a obras de infraestructura de apoyo como aeropuertos, pedraplenes para el acceso a cayos de interés turí­stico y otras facilidades. De esta forma, se adoptan importantes decisiones en materia de estructura económica, lográndose una transformación de la misma de una esencialmente material-productiva a una de servicios, al consolidarse el turismo como "locomotora" de la economí­a cubana.

Por otra parte, una vez definido como sector clave de la economí­a, al turismo se le asignó un papel más importante en la reanimación del resto de los sectores. Esto constituyó -y aún constituye- un verdadero reto: cómo contribuir al desarrollo y consolidación de sectores económicos internos poco competitivos sin perder su propia competitividad estructural. Sin embargo, la utilización del factor demanda turí­stica se ha sustentado en un principio básico: no se fuerza a ninguna entidad turí­stica a comprar productos nacionales a menos que no sean considerados competitivos. No se garantiza protección gubernamental a los productores nacionales en sus ví­nculos con las organizaciones empresariales del turismo.

Todo ello ha generado un ambiente competitivo alrededor del sector, el cual ha mostrado importantes avances. Si en 1990 sólo el 18 por ciento de las compras del sector eran de procedencia nacional, al cierre del 2000 esta proporción ascendí­a a un 61 por ciento. A partir de la incorporación de diversos sectores económicos a la dinámica del turismo se han logrado recuperar o crear unos 198 mil puestos de trabajo.

El desarrollo y expansión del sector ha tomado en consideración la amplia participación de factores externos. La insuficiencia de recursos financieros, la carencia de canales de acceso a los mercados, así­ como la falta de experiencia en el manejo de operaciones dentro del sector condujeron a la necesidad de desarrollar un grupo de alianzas de diferente í­ndole con entidades extranjeras. A más de una década, se han creado 26 empresas mixtas en el sector. Además, al cierre del 2000 la mitad de la planta hotelera del paí­s se encontraba administrada por 17 cadenas hoteleras internacionales bajo la modalidad de contratos de administración.

El interés de empresas extranjeras por invertir en el sector turí­stico cubano ha ido en ascenso, sobre todo después de la creación del Ministerio del Turismo en 1994 y de la aprobación de la Ley No.77 de 1995 para la Inversión Extranjera. Francisco Camps, ejecutivo del grupo hotelero Sol Meliá, considerado el mayor socio extranjero en el sector con operaciones en 20 hoteles en el archipiélago cubano, destacó en una entrevista reciente que Cuba "tiene mucho futuro en este campo y nos gusta este tipo de retos".

La polí­tica de formación y desarrollo de los recursos humanos constituye otro pilar de la estrategia de desarrollo turí­stico. Especial atención se le ha brindado a lo que sin dudas constituye la más importante y vital de nuestras ventajas estructurales: el factor humano. Como es conocido, Cuba cuenta con una alta disponibilidad de mano de obra con un notable nivel de preparación, en condiciones de capacitarse rápidamente para desarrollar una eficaz y eficiente labor en cualquier campo.

El sistema turí­stico cubano ya contaba con un grupo de centros educacionales para la formación de sus recursos humanos, fruto de la obra continuada de la Revolución en materia de formación y desarrollo de su capital humano. En 1994 se decidió integrar todos estos centros en un sistema único de formación de recursos humanos, FORMATUR, que hoy dí­a lo conforman 22 centros docentes a lo largo y ancho del paí­s, donde matriculan anualmente 16 mil trabajadores del sector para formarse en diferentes especialidades. Miguel Figueras, asesor del Ministerio del Turismo, comentaba que "en cinco años de funcionamiento, por este sistema han pasado 75 mil trabajadores y resulta fácil comprender el alcance del mismo si se tiene en cuenta que el sector cuenta en la actualidad con 87 mil efectivos".

Adicionalmente, como parte de la propia estrategia de desarrollo se ha consolidado un conjunto de principios de gestión que han contribuido a reforzar la competitividad estructural del sector. Entre ellos se pueden señalar los siguientes:

  • La existencia de un nuevo enfoque respecto a la estructura organizativa de dirección. Desde su creación en 1994, el Ministerio del Turismo se concibió como un organismo central de nuevo tipo. Sus funciones se concentran la dirección y control de la polí­tica turí­stica del paí­s, la cual se encamina a potenciar la competitividad global del sector, garantizando su rentabilidad y sustentabilidad en el tiempo. Para lograr esta misión fue concebido con una extrema racionalidad en sus estructuras. El sistema empresarial bajo su mando se organiza a partir de un sistema de cadenas hoteleras y de infraestructura extrahotelera con un total de 18 entidades subordinadas.
  • La concepción de que no existen monopolios. Las seis cadenas hoteleras (Cubanacán, Gran Caribe, Islazul, Horizontes, Gaviota y Habaguanex) compiten entre sí­ por el mercado turí­stico, cada una con sus especificidades, grado de especialización en diferentes segmentos y cierta tendencia a la diferenciación del producto. Carlos Lage, Vicepresidente del gobierno cubano, se ha referido recientemente a las ventajas de la combinación de estos dos enfoques al señalar que ello ha permitido "instaurar una polí­tica general para todos, bien definida ante cada variante, que en el caso de nuestro paí­s es perfectamente viable por la unidad del sistema turí­stico, donde la competencia entre unos y otros sólo puede ser en cuanto a calidad".
  • Se garantiza máxima autonomí­a de gestión dentro del sistema empresarial, basada en el hecho de que el turismo es un negocio. Ello demanda un servicio de óptima calidad y un estricto control de costos para generar utilidades. La actividad que no genere utilidades deberá reconvertirse o, sencillamente, cerrarse.
  • Amplia utilización del "outsourcing", partiendo del criterio de que las entidades turí­sticas no son especialistas en todo, por lo que es necesario subcontratar aquellos servicios que no son decisivos en la cadena de agregación de valor para concentrarse en aquellos que sí­ definen los niveles de eficacia en la actividad.

Como se puede apreciar, la estrategia de desarrollo del turismo en Cuba se ha sustentado en la combinación de un grupo de factores, entre los que se destacan la utilización de recursos heredados, el diseño e implementación de polí­ticas y la aplicación de nuevos enfoques de gestión ajustados a las condiciones concretas del paí­s. Todo ello ha conducido a un grupo de logros, como se ha expuesto en la primera parte del trabajo. Sin embargo, el desarrollo ulterior del turismo en Cuba debe considerar importantes aspectos, asociados a la solución de equilibrios estructurales básicos dentro del sector y a otros importantes retos que deberán enfrentarse para dar continuidad efectiva a la estrategia trazada.

RETOS PARA EL DESARROLLO DEL SECTOR

La oferta del producto turí­stico cubano se ha concebido buscando, como elemento clave, el logro de una demanda estable y equilibrada a fin de garantizar un flujo continuo de turistas a lo largo de todo el año, la elevación sistemática de la duración media de la estancia y un alto í­ndice de repetición de las visitas. Uno de los mecanismos más certeros para asegurar estos resultados es lograr la diversificación del producto.

Diversificar el producto turí­stico significa, desde el punto de vista de la oferta, aprovechar al máximo las posibilidades geográficas, económicas, sociales y culturales para llegar a todos los segmentos de mercado y a la mayor cantidad de mercados emisores de turistas. Ello permite evitar oscilaciones bruscas de la demanda según el perí­odo del año que puedan poner en peligro la estabilidad macroeconómica, pero, a la vez, demanda que todo el paí­s se convierta en actor y beneficiario del turismo. De ahí­ que tres de los equilibrios básicos por los que se trabaja en el sector se refieran a la estabilidad temporal, el equilibrio espacial y el equilibrio en los mercados emisores.

A pesar de las bondades del clima, que pudiera contribuir favorablemente al logro de una estabilidad temporal, las estadí­sticas muestran que el turismo en Cuba no está exento de cierta dosis de estacionalidad. Existe un grupo de factores que han incidido en esto: la dependencia significativa de mercados como el europeo y canadiense, con preferencias marcadas en huir del crudo invierno del norte y refugiarse en zonas cálidas; el temor a temporadas ciclónicas de mayor actividad, así­ como el excesivo calor de los meses de verano en el paí­s.

La estacionalidad, caracterizada por perí­odos de alta y de baja turí­stica, introduce importantes barreras al desempeño eficiente del sector. El propio Vicepresidente Lage se ha referido a que en perí­odos de baja "el problema capital del creciente negocio del turismo es, desde el punto de vista económico, saber enfrentar esta estación en la que es más bajo el número de turistas y, por tanto, se elevan los costos y se disminuyen las utilidades".

Sin embargo, probablemente el factor que más haya incidido desde el punto de vista de la oferta sea el concebir como producto turí­stico por excelencia el de sol y playa, desestimando otros productos atractivos que pudieran posibilitar una mayor estabilidad de los flujos de turistas y, a la vez, una mayor agregación de valor. Por esta razón es que resulta necesario diversificar la oferta turí­stica lo más posible, ofreciendo diferentes opciones atractivas durante todo el año, a partir de la adecuada utilización de las propias ventajas, heredadas o creadas, a disposición del paí­s.

Entre las ofertas que pudieran resultar atractivas se encuentran las asociadas con la cultura y las tradiciones del paí­s. La historia, la arquitectura, la música, el cine y la plástica, entre otras, son manifestaciones que pudieran agregar valor a un producto turí­stico más acabado, integrado y sostenible.

El turismo de salud constituye otra opción significativa que se sustenta en el reconocido prestigio internacional de la ciencia medica cubana, lo que concede una ventaja competitiva en el área. El principal exponente de esta vertiente turí­stica es la Compañí­a Servimed perteneciente al Grupo Corporativo Cubanacán S.A., la que está vinculada con cinco hoteles, 23 hospitales, 11 clí­nicas internacionales y un complemento de ópticas y farmacias. En la actualidad este segmento ocupa un 2 por ciento de la oferta turí­stica y, aunque no se aspira a crecimientos espectaculares en los próximos años, el potencial existente es amplio y las posibilidades de agregación de valor resultan significativas.

La educación y el deporte constituyen fuentes importantes de desarrollo de productos turí­sticos especializados. A tenor con los logros alcanzados por el paí­s en estas dos esferas de la vida social, representan importantes ventajas a explotar con alto potencial de agregación de valor. Asimismo, el ecoturismo puede erigirse en un producto turí­stico interesante si se tienen en cuenta las importantes reservas del paí­s en esta esfera.

Una de las debilidades que presenta el producto turí­stico cubano en la actualidad es su alto grado de concentración en dos polos, La Habana y Varadero, los que generan el 70 por ciento del ingreso global del sector. Es por ello que entre los objetivos principales de la estrategia de desarrollo del turismo se encuentra el de lograr una distribución equilibrada de la demanda desde el punto de vista espacial. Con el logro de una mejor distribución del flujo de turistas por todo el territorio nacional, el sector puede actuar como corrector de los desequilibrios regionales. Ello, sin embargo, no debe conducir a la promoción indiscriminada de la actividad turí­stica en los diferentes territorios, pues no serí­a recomendable en materia de efectividad de los recursos invertidos.

En este sentido, se han identificado ocho regiones principales a lo largo del paí­s, denominadas polos turí­sticos, en los que debe concentrarse la estrategia de diversificación territorial del producto turí­stico cubano. Hasta la fecha se han destinado alrededor de 700 millones de dólares en inversiones de infraestructura para el desarrollo de estos polos. La polí­tica de diversificación territorial se sustenta en evitar la dispersión desmesurada de los recursos.

Además del desafí­o que implica la diversificación del producto turí­stico, existe un grupo de retos adicionales que deberán enfrentarse como parte del proceso de expansión y desarrollo del turismo en la economí­a cubana. La elevación de la eficiencia económica del sector es uno de ellos. A pesar de su reducción significativa respecto a perí­odos anteriores, aún se registra un grupo de entidades turí­sticas que generan pérdidas por un monto de 35 millones de dólares. En tal sentido, ha sido planteado por varios directivos del sector que la reducción de los costos de explotación sin afectar la calidad del servicio y la elevación de la eficiencia del proceso inversionista constituyen los ejes principales en esta dirección.

Otro reto importante a enfrentar es el balance entre la capacidades hoteleras y extrahoteleras. Durante la década de los 90 se hizo un marcado énfasis en la construcción de capacidades hoteleras como elemento central del proceso inversionista concentrando en ellas el 73 por ciento de las inversiones. Así­ a finales de 1999 se habí­an construido unos 60 hoteles, llevando la planta hotelera del paí­s a la segunda más importante de la región del Caribe. El 27 por ciento restante se destinó a obras de infraestructura (11.3 por ciento a aeropuertos y 5.6 a pedraplenes), quedando para el desarrollo de capacidades extrahoteleras vinculadas con la restauración y la recreación sólo un 13.8 por ciento. Todo ello ha generado un desequilibrio que provoca una pérdida de diversidad en los atractivos turí­sticos.

En este sentido, el desafí­o del sector consiste en aminorar los ritmos de crecimiento inversionista en la planta hotelera y acelerar las inversiones en la red extrahotelera, si se tiene en cuenta que, a pesar de los limitados recursos invertidos en ella, genera aproximadamente el 18 por ciento de los ingresos turí­sticos. Ello presupone un cambio de mentalidad en la concepción de los negocios turí­sticos: Si en un principio lo más importante fue crecer en cuanto a número de turistas mediante la oferta predominante de paquetes ?all inclusive?, en estos momentos es necesario repensar el producto turí­stico nacional y decidir si continuar creciendo de forma desmedida en la planta hotelera o desarrollar ofertas adicionales mediante el desarrollo de la red extrahotelera.

Por último, el desarrollo del turismo en los paí­ses insulares como Cuba depende en alto grado del transporte aéreo. En el Caribe, el centro aéreo regional de los vuelos regulares se encuentra en Miami, al cual Cuba no puede acceder por barreras que impone el bloqueo económico norteamericano a la Isla. Es por ello que uno de los desafí­os que tiene que enfrentar el paí­s es la reconceptualización de su transportación aérea, partiendo de que la prioridad y la razón de ser de la aviación civil en Cuba es el desarrollo del turismo.

LA EXPERIENCIA CUBANA

El desarrollo del turismo en Cuba, al cabo de una década de duro bregar, es una realidad, así­ como la consolidación del sector como factor estructural de la economí­a. El crecimiento sostenido de su participación en el PIB es sorprendente y poco usual en la historia económica internacional. En la arena internacional, el posicionamiento alcanzado en el contexto caribeño es calificado de espectacular por muchos especialistas cuando evalúan las posiciones cimeras logradas dentro de la región en el escaso margen de un decenio.

Cabe destacar que este crecimiento se diferencia sustancialmente de la situación de los demás paí­ses caribeños e, incluso de otros polos turí­sticos dentro del Tercer Mundo. Los factores asociados al bloqueo económico de los Estados Unidos generan un contexto especial al respecto que Cuba ha sabido sortear de forma inteligente.

La estrategia de desarrollo del sector ha presentado, adicionalmente, otras particularidades como son la definición de prioridades, la utilización del efecto arrastre de otros sectores de la economí­a a partir de la demanda agregada del sector, la incorporación de agentes externos al proceso de desarrollo con caracterí­sticas especí­ficas, así­ como una marcada atención al desarrollo de sus recursos humanos.

Como resultado de la implementación de esta estrategia se han puesto de manifiesto, a la par con los logros alcanzados, ciertos desbalances, dificultades y deficiencias que se erigen en retos para el desarrollo perspectivo del sector. Entre ellos, cabe destacar los relacionados con el logro de los equilibrios espacial, temporal y el de mercados emisores. Por otra parte, aparecen otros retos que constituyen aspectos claves a considerar en la estrategia futura del sector. En tal sentido emergen los problemas asociados a la elevación de la eficiencia económica, el balance en cuanto a destinos de inversión y el desarrollo del tráfico aéreo.

Todo ello converge a un planteamiento esencial: El sector turí­stico cubano, después de vencer una etapa de expansión sin precedentes, se enfrenta al desafí­o de elevar su capacidad competitiva con importantes oportunidades que pueden ser aprovechadas, así­ como un grupo de ventajas indiscutibles que pueden apalancar este proceso. Existen importantes retos a enfrentar, especialmente la permanente amenaza del brutal bloqueo económico norteamericano que le imprime un sesgo sui generis a su desarrollo. Por otro lado, las debilidades asociadas a factores objetivos y subjetivos tendrán que apoyarse en una estrategia coherente en la que se involucre adecuadamente el uso del capital humano del paí­s como recurso económico principal.

EN EL NUEVO MILENIO, CUBA SIGUE "APOSTANDO" AL TURISMO

Tras los efectos provocados por los lamentables sucesos del pasado 11 de septiembre y la no menos lamentable guerra que estos han desencadenado, el ministro Ferradaz ha planteado en una conferencia de prensa que "Cuba espera con optimismo la temporada alta del turismo" que comienza en diciembre del 2001. A pesar de lo deprimido que se encuentra el mercado turí­stico internacional en la actualidad, considera que existen "dos elementos fundamentales que avalan esa visión positiva: Cuba es un destino turí­stico con altí­simos niveles de seguridad, lo cual constituye uno de los valores más apreciados por quienes visitan nuestro archipiélago y, por otra parte, el mercado que más limitaciones posee es el estadounidense y este no ejerce incidencias grandes en nuestras temporadas turí­sticas".

Tras plantear los necesarios ajustes tácticos que ha tenido que efectuar el paí­s para enfrentar la actual depresión, Ferradaz destacó que "lo ocurrido no interfiere el grupo de importantes construcciones en marcha". Ello confirma que el turismo continuará siendo uno de los sectores clave de la economí­a cubana. Se seguirá "apostando" a las excelentes perspectivas del sector en el paí­s que, como señalara el Presidente Fidel Castro, se sustentan en "su riqueza ecológica, clima de seguridad pública, social, moral y por su cultura e historia".

Se han trazado un grupo de pautas en la definición de los rasgos del tipo de producto turí­stico que Cuba, como destino, se empeña en desarrollar. El propio Presidente Fidel Castro se ha referido a esto en los siguientes términos: "El turismo sexual no se admitirá aquí­ jamás, ni drogas, ni cosas por el estilo. No es un turismo de juego; es un turismo sano, y ese es el que queremos, ese es el que promovemos, porque hoy sabemos que en el mundo una de las preocupaciones fundamentales de los turistas es la seguridad y estamos en condiciones de darla. Tenemos un pueblo hospitalario, un nivel de educación alto y creciente; es decir, estamos en condiciones de brindar estos servicios turí­sticos y, a la vez, cooperar con los paí­ses del Caribe".

No se trata, por tanto, de aprovechar una oportunidad de carácter cortoplacista asociada al factor "curiosidad" que pudiera despertar Cuba ni tampoco de asumir un "mal necesario" en el seno de una sociedad socialista, versiones manejadas por algunos analistas al vislumbrar la impresionante dinámica del sector. Se trata, pues, de un desarrollo estratégico, asociado a la creación de un nuevo concepto de turismo sustentable desde el punto de vista de sus dimensiones ecológica, económica y social. 

Orlando Gutiérrez Castillo es profesor del Centro de Estudios de la Economí­a Cubana de la Universidad de La Habana y consultor gerencial en empresas e instituciones cubanas, algunas de ellas pertenecientes al sector del turismo. Durante los últimos cinco años ha desarrollado investigaciones sobre el desempeño turí­stico en la Isla. Ha publicado diversos artí­culos sobre este tema tanto dentro como fuera de Cuba.

Nélida Gancedo Gaspar es profesora de la Facultad de Economí­a de la Universidad de La Habana. Ha desarrollado diversas investigaciones sobre el impacto del turismo en la economí­a cubana. Ha publicado diversos artí­culos y presentado ponencias en eventos cientí­ficos sobre este tema tanto dentro como fuera de Cuba.

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