Cuidados de Largo Plazo en Chile

Las Caras de la Dependencia

Por Pablo Villalobos Dintrans

Chile está viviendo una etapa de acelerado envejecimiento poblacional. La frase se repite una y otra vez en cursos, seminarios y discursos. A pesar de esto, no siempre parece tan claro por qué esto es un problema.

Una de las visiones dominantes al respecto ha sido la económica. Desde esta perspectiva, el problema reside básicamente en el aumento de la "dependencia" en el país, término usualmente entendido como la razón entre la población inactiva (mayores de 65 años y menores de 15 años) y la población laboralmente activa. Usando este punto de vista, el aumento de la "dependencia" plantea un problema, ya que cada vez una fracción más reducida de la población deberá financiar a los miembros "improductivos" de la sociedad. El problema, entonces se plantea como uno de "pérdida de productividad" y "exceso de gasto"; en consecuencia, la discusión se restringe al financiamiento de pensiones y la contención de costos en salud.

Desde una perspectiva diferente, la "otra dependencia" -o dependencia de cuidados- aborda estos mismos temas, al entender la temática de los cuidados como parte de una discusión más amplia sobre la seguridad social. La "otra dependencia" refiere a una condición en la cual una persona ha perdido su capacidad funcional a un punto donde no puede desarrollar sus actividades de la vida diaria por su propia cuenta. En otras palabras, un dependiente es alguien que requiere de la ayuda de otra persona para poder vivir.

Esta otra definición de dependencia también se relaciona al envejecimiento, aunque ambos términos no son sinónimos; existen dependientes que no son personas mayores y, al mismo tiempo, hay muchas personas mayores que son autovalentes (sin dependencia). Sin embargo, en el actual contexto de transición demográfica, se espera que el envejecimiento poblacional sea el principal motor en el aumento de la dependencia, y el consecuente aumento en las necesidades de cuidados de largo plazo.

Los cuidados de largo plazo son acciones ejercidas para ayudar a una persona con dependencia a vivir su día a día. Si bien hoy existen muchos países que han implementado sistemas de cuidados de largo plazo que han permitido responder a las crecientes necesidades de cuidados de la población, en otros países, como Chile, la respuesta de política para enfrentar el tema ha sido reactiva y escasa, tanto en cobertura como alternativas: la principal herramienta a la fecha ha sido la promoción de establecimientos de larga estado, que actualmente ofrece servicios a una reducida fracción de la población. El grueso de la tarea ha sido asumido por las propias familias, quienes se han hecho cargo de sus dependientes al interior de sus hogares, con escaso o nulo apoyo de la sociedad.

 

kfd
Cartel ofreciendo servicios de cuidados para personas mayores en Santiago.

Este artículo ahonda en esta problemática, enfatizando la necesidad que tiene hoy el país de buscar esquemas que le permitan hacer frente a los desafíos del envejecimiento, de una manera sistémica y sustentable. El país ha respondido de forma fragmentada a un problema que, hasta la fecha, parecía excepcional; hoy requerimos nuevas soluciones a estos cambios.

 

¿Hay poesía en el envejecer?

Chile es tierra de poesía y poetas. Los únicos premios Nobel que tiene el país son galardonados en el área de la Literatura, ambos en poesía. Gabriela Mistral fue premiada en 1945; 27 años después, en 1971, Pablo Neruda recibió la misma distinción. Otros nombres inundan la cultura nacional y engrandecen el espacio literario chileno: Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Jorge Tellier, Gonzalo Rojas, y Raúl Zurita. Todos poetas.

En el año 1931 nace Raúl González Figueroa. Como otros antes y después de él, Raúl vino a engrosar las filas de escritores y poetas del país. Entre los años 50 e inicios de la década del 2000 escribió seis libros de poesía más un libro de cuentos. Por su obra Angélica y las mariposas, del año 1972, recibió el Premio Municipal de Poesía.

Raúl González Figueroa podría haber sido parte del listado de ilustres poetas del país, reconocidos por sus obras. Sin embargo, la razón de su reconocimiento reciente se debe a otras razones.

Libros publicados por Raúl González Figueroa.
f

En junio de 2016, parte de la obra del poeta comenzó a circular en diversos medios de comunicación. En particular, un fragmento de su libro El espejo de los días publicado en 1978 fue reproducido en los periódicos locales:

 "Recordar es volver a encontrar/ nuestro cuerpo olvidado/ nuestro cuerpo/ que mañana/ también será un recuerdo/ flotando en la memoria

Este bello verso de uno de sus poemas no fue reproducido en las páginas culturales de los diarios, sino en las policiales. Su nombre, junto con el de otras dos personas mayores, salieron a la luz pública como producto de una investigación policial.

El 28 de abril de 2016, fue notificada la muerte de tres personas mayores en una casa de reposo del sector sur de Santiago. Las investigaciones para esclarecer las causas de estas muerte mostraron que, en todos los casos, existían signos de desnutrición y malos cuidados. La información publicada por distintos medios de comunicación reveló que, Raúl González Figueroa habría estado nueve días sin comer previo a la fecha de su muerte. Tampoco había recibido los medicamentos que supuestamente le debían ser administrados. Raúl González Figueroa llevaba varios meses viviendo en esta residencia. Padecía de Alzheimer, enfermedad que lo hacía dependiente de cuidados. Requería ayuda para realizar incluso las actividades más básicas de la vida diaria, entre ellas, comer.

Su muerte volvió a encender las alarmas respecto de la realidad en la que viven muchas personas, principalmente personas mayores, que han perdido su autonomía y requieren de ayuda para vivir sus vidas, especialmente aquellos que viven institucionalizados.

Las malas condiciones de vida de personas mayores institucionalizadas en Chile no iniciaron con la muerte de Raúl González Figueroa. Lamentablemente, tampoco acabaron allí. De tanto en tanto, la prensa nacional publica una que otra noticia relacionada con el tema: establecimientos clandestinos, hogares en malas condiciones, maltratos, y muertes.

Todos estos casos debieran servir para que la sociedad reflexione respecto de la manera en que el país enfrentará el aumento en necesidades de cuidados de largo plazo en los próximos años. Esta reflexión debiera incluir estrategias sobre cómo asegurar la calidad de las instituciones de cuidados -hogares como en el que murió Raúl- pero también pensar en la magnitud de este cambio demográfico y la necesidad de contar con diversos esquemas -más allá de la institucionalización- para ofrecer cuidados de largo plazo a personas con dependencia. Nuestro país debe brindar oportunidades a las personas que requieren de cuidados, especialmente considerando el rápido envejecimiento poblacional, de forma que vivan con una buena calidad de vida. Envejecer con poesía.

 

¿Quién cuida a los cuidadores?

Si bien la institucionalización ha sido tradicionalmente vista como la respuesta (en algunos casos única) de política pública para lidiar con el tema de los cuidados de largo plazo, existe en todos los países -y Chile no es la excepción- un esquema que constituye la columna vertebral de los cuidados de largo plazo: los cuidadores informales.

Los cuidadores informales son un pilar fundamental de la estructura de cuidados: en Chile más del 90% de las personas que brindan servicios de cuidados son cuidadores informales, usualmente un familiar que vive en la misma casa con la persona a la que brinda estos servicios. La historia de Ana (un personaje ficticio) ayuda a ejemplificar qué significa ser un cuidador informal en el país.

Ana tiene 55 años. Por los últimos ocho años ha estado cuidando de su madre que, debido a su condición de salud, tiene cada vez más problemas para poder vivir sola.

En un principio, Ana pensó que los problemas de salud de su madre no eran tan graves. Decidió seguir trabajando a tiempo completo y poner mayor atención a la rutina de su madre quien, desde hacía ya varios años, vivía sola sin mayores complicaciones. Con el tiempo, la condición de su madre se fue agravando y su necesidad de cuidados se volvió cada vez más evidente. El tema se volvió apremiante, al punto que Ana y sus hermanos decidieron que ella ya no podía seguir viviendo por propia cuenta. Los hermanos discutieron sus posibilidades; todos tenían sus propias familias y trabajos. Todos se consideraban familias de clase media: todos vivían una vida decente, aunque lidiando permanentemente con su situación económica y sus crecientes deudas. Una posibilidad era enviar a su madre a un hogar privado -las llamadas senior suites-, pero entre las variables económicas y emocionales (a Ana y otro de sus hermanos no le parecía que su madre debiera terminar sus días en un asilo), acordaron que ésta no era una buena opción. La alternativa de un hogar público tampoco les gustaba; habían oído demasiadas noticias sobre sus malas condiciones y problemas. Además, ya que la muchos de estos hogares usan variables económicas como criterio de selección, probablemente tampoco podrían optar a ellos. En esta situación, la única alternativa posible era que alguno de ellos se hiciera cargo del cuidado de su madre, y la llevara a vivir a su casa. La situación generó un quiebre entre Ana y sus hermanos, quienes manifestaron su imposibilidad de hacerse cargo del tema, por lo que Ana terminó tomando la responsabilidad del cuidado de su madre.

df
El vínculo en la díada dependiente del cuidador.

Ana dejó de trabajar, lo cual generó un impacto inmediato en las finanzas de su hogar. Si bien sus hermanos la ayudan económicamente, la condición de su madre genera cada vez más gastos. Ella y su marido tienen dos hijos, pero ahora viven en un hogar con un solo sueldo. En promedio, Ana dedica 16 horas al día a actividades relacionadas a los cuidados de su madre, repartiendo su tiempo entre la preparación de comidas, aseo de la casa, acompañarla, darle sus medicamentos, alimentarla, vestirla y desvestirla, llevarla al baño, entre otras. Ana dice que le gustaría volver a trabajar, pero esa alternativa está cerrada de momento. Desde que empezó a cuidar de su madre no ha tenido vacaciones; los pocos días que ha tomado para poder salir con su marido y sus hijos, terminaron siendo un problema más que un alivio, ya que ella no quería dejar sola a su madre y temía que le pasara algo en su ausencia. Estas situaciones, sumadas al hecho que su madre se mudó a vivir en su hogar, han empeorado su relación de pareja.

Los últimos dos años, Ana ha comenzado a resentir este estilo de vida. Hoy, ella misma se siente cansada y enferma. Cada vez tiene menos paciencia y se queja de su situación con mayor frecuencia. Todo esto sólo hace que se sienta mal consigo misma, ya que ella realmente ama a su madre. Ana siente que su salud física y mental han empeorado, pero tampoco tiene tiempo para ver a un médico. Hoy, se debate en permanentes pensamientos respecto de la muerte de su madre. Ana está deprimida. Cada cosa que hace y deja de hacer la hunden más y más en su estado. Siente que ella y su madre están comenzando a parecerse cada vez más.

La historia de Ana es real. Sin embargo, Ana no existe. La descripción de su vida corresponde a la que podríamos encontrar en un cuidador cualquiera en Chile. De hecho, Ana es, estadísticamente, el cuidador informal promedio del país. Su historia, aunque ficticia, refleja la situación actual de los cuidadores informales en Chile. Los datos muestran una realidad que hoy permanece invisible a ojos de la sociedad y los hacedores de política. Los cuidados se consideran un tema privado, que ocurre al interior de los hogares. En consecuencia, existe poca información sobre los cuidadores informales. Sin estadísticas, el problema es difícil de apreciar y las soluciones difíciles de diseñar.

 

Hacia una respuesta integral

Las historias de Raúl y Ana muestran una faceta del envejecimiento que conocemos, pero desde la perspectiva pública nos negamos a aceptar. Ambos casos, reflejan la forma en que, hasta hoy, el país se ha hecho cargo de las personas que requieren cuidados de largo plazo, planteando una disyuntiva entre institucionalización e informalidad.

Los casos de Ana y Raúl pueden ser vistos como casos aislados, situaciones extremas. Sin embargo, sabemos que, debido al acelerado proceso de envejecimiento poblacional que experimentará el país, estas situaciones pasarán de ser la excepción a transformarse en una realidad cada vez más común.

Nuestra sociedad ha lidiado hasta hoy con el tema del cuidado de las personas con dependencia en base a esfuerzo, amor y voluntad. El aumento significativo de las personas con necesidades de cuidados de largo plazo y el cambio en la estructura poblacional del país nos obligan a pensar hoy en soluciones más eficaces, eficientes y sostenibles en el tiempo. En esta línea, debemos avanzar hacia la implementación de un sistema nacional de cuidados de largo plazo, que permita coordinar las diversas iniciativas de política pública que han ido surgiendo a lo largo del tiempo. Adicionalmente, este sistema debiera permitir la expansión de la actual oferta de servicios, rompiendo con la disyuntiva entre institucionalización e informalidad que existe hoy, y avanzando hacia un un sistema que provea un “continuo de cuidados” y opciones para las distintas necesidades de las personas en el país.

rg
Actividades de formación para cuidadoras

Lo anterior, no solo con el objetivo de brindar una mayor cobertura a las personas con necesidades de cuidados en Chile, sino también para ofrecer, a dependientes y cuidadores, alternativas que les permitan optar por el esquema que más les acomode y recibir un apoyo que hoy no tienen, para vivir sus vidas con dignidad. El amor, esfuerzo y voluntad de miles de familias seguirá presente; un sistema de cuidados de largo plazo no pretende convertirse en el reemplazo de los afectos personales, sino en un reconocimiento de la sociedad a un tema que, veamoslo o no, nos afecta a todos.

 

Pablo Villalobos Dintrans es consultor internacional en temas relacionados con políticas públicas y salud pública. Tiene formación como economista y un doctorado en salud pública de Harvard ‘18. En la actualidad, su área de investigación se enfoca en sistemas de salud y políticas de cuidados de largo plazo.