El cuerpo (y la danza) en la era del Coronavirus

Desde Colombia….

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Por Álvaro Restrepo

"Ninguno de nosotros deseaba nacer. Nos disgustaban los rigores de la existencia, los anhelos insatisfechos, las injusticias consagradas del mundo, los laberintos del amor, la ignorancia de los padres, el hecho de morir y la asombrosa indiferencia de los vivos en medio de la sencilla belleza del universo. Temíamos la dureza de corazón de los seres humanos, pues todos nacen ciegos y pocos llegan a aprender a ver." - Ben Okri (Nigeria), El Camino Hambriento

 

Escribo esta reflexión sumido, como todos, en la más absoluta perplejidad, tratando de imaginar cómo van a ser los días de la 'post pandemia' para quienes sobrevivan (¿sobrevivamos?) ... Para nadie es un secreto que son aún más dolorosas y traumáticas las posguerras que las guerras mismas. Y eso nos han dicho: que estamos en guerra, contra un enemigo invisible, contra una fuerza asesina incontrolable que se ha desatado enloquecida en todos los confines del mundo...y en todos los confines de nuestros confinados y aterrados cuerpos. Diana Uribe nos invitaba el otro día a que no nos dejemos vencer: decía que son sólo nuestros cuerpos quienes padecen el encierro y no nuestras mentes/espíritus. Pero para quienes no vemos una escisión entre el cuerpo físico, el cuerpo mental y el cuerpo espiritual, esta prisión del miedo, de la incertidumbre, de las noticias, de las verdades y postverdades, de las fakenews trumpianas, de las estadísticas y de los mapas del horror, la idea de Diana nos sirve de flaco consuelo: cada uno, con su tapabocas y con su espada de Damocles en la mirada, se pregunta desde lejos y con profundo temor y desconfianza: "¿Serás tú o seré yo el próximo? No te acerques demasiado.

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Photo by BBC

La Naturaleza nos ha puesto a todos en jaque: ¿pero es que acaso no lo veíamos venir? La arrogancia infinita de los seres humanos, que nos auto proclamamos hace siglos como reyes y reinas de la creación, se desmorona estruendosamente y se convierte en obligada y humillada humildad: no es un terremoto, ni un tsunami, ni una hecatombe planetaria la que nos ha postrado de rodillas: la amenaza viene desde adentro, desde lo más profundo y lo más remoto de nuestras propias células: nosotros mismos engendramos el mal y nos lo estamos inoculando unos a otros. Es un combate cuerpo a cuerpo en el que no hay vencedores...todos somos víctimas, todos perdedores. "A veces se gana y a veces se...aprende." Esperemos a que esta pandemia asesina nos enseñe la lección...para siempre.

 

El distanciamiento social y el concepto japonés del MA*

Al inicio de la década de los 80, durante mi época de estudiante de danza en Nueva York (en pleno surgimiento de esa otra pandemia, el SIDA) conocí, gracias a mi maestro coreano Cho Kyoo Hyun, el concepto japonés de MA, una idea que se relaciona, en su cultura, con todos los aspectos de la vida: el MA se describe como una pausa en el tiempo y un intervalo o vacío en el espacio. Pero no se trata de un vacío negativo: por el contrario se entiende como una "nada preñada". Es una dimensión cargada de energía y de sentido: en música, es el silencio entre las notas y los sonidos; en arquitectura, el espacio entre las columnas; en pintura, el vacío alrededor de la figura; en la poesía, lo que no se dice o que se dice entrelíneas, lo tácito, lo que está implícito; en la conversación, es el intervalo entre las ideas y las palabras; en el teatro, las pausas dramáticas entre los parlamentos; en la danza, la preparación antes del movimiento, los matices y la suspensión y, por último, la resonancia, el eco, cuando se llega a la quietud. Para un bailarín la quietud no es ausencia de movimiento. Por el contrario, la quietud (la inmovilidad) es la quintaesencia del movimiento: es el movimiento puro. En las relaciones sociales, interpersonales, el concepto de MA también está presente: en el Japón el distanciamiento social (incluso antes del brote del Coronavirus) ya estaba bastante arraigado en su cultura: se trata de la burbuja de privacidad, intimidad a la que cada ser humano tiene derecho. El MA se define también como un vacío lleno de posibilidades: como una promesa que aguarda ser cumplida.

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Álvaro Restrepo SOL NIGER. Photo by Ruven Afanador

Un poema japonés nos lo explica de manera clara:

 

"Las paredes y las puertas forman la casa,

sin embargo,

lo que define la esencia de la casa,

es el espacio entre ellas". *

 

Durante los años 2007-2011 EL COLEGIO DEL CUERPO concibió y puso en marcha, para el sistema educativo de Cartagena, el "Proyecto MA: mi cuerpo, mi casa" con recursos del Fondo para el Desarrollo Social de Japón (JSDF), a través del área de Educación del Banco Mundial. Esta iniciativa, dirigida sobre todo a niñ@s y jóvenes en situación de vulnerabilidad extrema (desplazamiento / pobreza histórica) pretendía brindarles herramientas para blindarlos contra las múltiples amenazas que se ciernen sobre ellos en estas zonas desfavorecidas. Se trataba de hacerlos conscientes de su cuerpo como un hábitat sagrado de dignidad y de respeto: su cuerpo como un espacio/tiempo (MA) en el que pudieran descubrir otras nociones de riqueza para ell@s completamente desconocidas: el silencio, la escucha, la quietud, la privacidad, la intimidad, la ética / estética del cuidado, la higiene, entre otras. Muchos de estos niños vienen de entornos donde no existen estas posibilidades y oportunidades: la violencia intrafamiliar, el ruido, la promiscuidad, el hacinamiento, la insalubridad, las adicciones, el abuso y transmisión de enfermedades de índole sexual, entre muchos otros flagelos, son el pan diario de estas comunidades. Una idea tan sofisticada y necesaria como el MA japonés, les aportó una nueva visión sobre sus vidas. A través de técnicas de relajación, meditación, respiración, concentración y otros lenguajes del arte, complementado todo esto con talleres teóricos dictados por expertos, el tema de la educación del cuerpo físico, mental y espiritual se introdujo en el currículo. **

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"Walled City streets" por kzoop está bajo la licencia CC BY-NC-ND 2.0

En estos días oscuros, en que el distanciamiento social se impone como el único antídoto efectivo para detener la propagación del virus, viene a mi mente el MA japonés. En las colas de los supermercados, las conversaciones entre vecinos, las manos que no podemos estrechar y los abrazos que no podemos darnos, empezamos a sentir la fuerza del vacío y la soledad de la condición humana: cada uno en su burbuja de vida y de muerte ¡solo! frente a su destino. Este es un MA (negativo), impuesto de manera violenta por una realidad que no podemos detener ni modificar.

Para quienes trabajamos con el cuerpo, como herramienta y lenguaje primordiales, los tiempos que se avecinan, mientras logramos dominar a la bestia, son de una incertidumbre escalofriante. ¿Cuándo nos podremos volver a tocar? ¿Cuándo las gotículas de saliva o de sudor de mi vecino (o partner de danza) dejarán de ser una amenaza? ¿Cuándo podremos compartir de nuevo en un escenario nuestro trabajo con cientos de espectadores que acudan masivamente a vernos?

¿Recuperará nuestro cuerpo algún día la confianza en el cuerpo del otro? ¿Podremos volver a percibirnos como células sanas en un cuerpo social, ya no asustado y solitario, sino corresponsable y solidario? La danza, como forma de comunicación corp/oral en la era del Covid 19, tendrá que encontrar poesía en el distanciamiento: los espacios y tiempos de un MA obligado, donde tendremos que crear a partir de la ausencia, la soledad y el presentimiento. Jean Genet nos lo dijo ya - de manera profética - en un texto imprescindible Para un funámbulo: “...sin embargo, no bailas para nosotros sino para ti, no es una puta lo que venimos a ver al circo, sino a un amante solitario que se salva y se desvanece sobre un alambre...y siempre en la región infernal. Es esa soledad la que nos va a fascinar.”

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* We can visually identify with the meaning of Ma from its Japanese kanji symbol.

 

Ma combines door df and sun nm

Together these two characters depict a door through the crevice of which the sunlight peeps in.

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**Ver documental Proyecto MA: https://www.youtube.com/watch?v=gl9RXIUKh1Q&t=350s

 

Álvaro Restrepo es fundador y director desde 1997 de El Colegio del Cuerpo en Cartagena de Indias, Colombia. El bailarín colombiano, coreógrafo y pedagogo es uno de las pioneros de la danza contemporánea en Colombia. En 2016 participó en la conferencia de Integración Social a través de las Artes (SITA) en Harvard (HGSE Arts in Education / Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos). Durante esta visita también fue profesor invitado en el Harvard Dance Center.