El desarrollo en el noreste de Asia. Una perspectiva desde América Latina

Por Víctor López Villafañe

Después de cuatro décadas de estudiar a la región del noreste de Asia, principalmente integrada por China, Japón y Corea del Sur, me gustaría destacar lo que considero han sido las principales diferencias y lecciones que el rápido desarrollo de estos países puede ofrecer a la región de América Latina.

El noreste de Asia: una región con tres poderes.

Después de la segunda guerra mundial, primero Japón, luego Corea del Sur y finalmente China desde 1978, se fueron convirtiendo en potencias económicas mundiales. En la actualidad, China es la segunda economía mundial, Japón la tercera y Corea del Sur la onceava. Todas ellas eran economías atrasadas hace 70 años y su despegue y crecimiento económico ha sido excepcional en la historia mundial; y no sólo eso, sino que a su vez se convirtieron en motores para el crecimiento y desarrollo de toda la región asiática, por su comercio e inversiones mutuas.

En América Latina, Argentina fue considerada un poder emergente a principios del siglo XX con grandes posibilidades de convertirse en ese mismo siglo en una potencia mundial, suceso que no aconteció. A propósito; recuerdo aquel famoso chiste atribuido a S. Kuznets cuando le preguntaban sobre la clasificación de los países. Decía que había los desarrollados y los subdesarrollados, más Japón y Argentina. Estos dos aparte, porque nadie se explicaba por qué Japón, con tantas limitaciones de recursos era un país desarrollado, y Argentina con abundancia de recursos era subdesarrollado.

México y Brasil, los otros dos grandes países del continente, tuvieron crecimientos espectaculares entre 1950 y 1970 que llevó a clasificarlos como los grandes milagros económicos de América Latina, pero luego este crecimiento se detuvo como producto de sus altos endeudamientos que los condujeron, con el resto del continente a lo que se conoció como la década perdida entre 1980 y 1990. Posteriormente sufrieron de crisis financieras recurrentes. A pesar de todo esto, y debido a su enorme potencial, estos dos países siguen figurando como potencias medias en el sistema mundial.

Podemos imaginar, los grandes países de América Latina, a diferencia de Japón, China y Corea del Sur, no pudieron contribuir al desarrollo interno del continente. El comercio exterior y las inversiones principales siguieron proviniendo del extranjero. El caso mexicano es aleccionador. Es una economía grande, pero es una plataforma de comercio de grandes compañías de Estados Unidos, de Asia y Europa, quienes realizan sus inversiones aprovechando la cercanía al mercado americano, y los bajos salarios pagados a los trabajadores mexicanos. Así los intentos de integración de América Latina que han existido hasta la fecha han adolecido de esta falla, de no contar con economías propias de la región capaces de dinamizar y reestructurar las plataformas industriales y tecnológicas en toda la región como sucedió en el este de Asia. La mayoría de los países de América Latina y el Caribe siguen siendo muy dependientes de la venta de recursos y materias primas, y ello ha dado lugar a nuevos debates como el del neoextractivismo como formas de evolución pero dentro del marco de la explotación de los recursos naturales como medio esencial de toda la operación económica.

Lecciones del noreste de Asia.

Como podemos imaginar existen varias e importantes lecciones para América Latina. Me parece que una de ellas consistió en la intensidad con la que Japón, Corea del Sur y luego China han llevado a cabo sus políticas de industrialización. No sólo en todos los casos tuvieron altos promedios, -más que en México y Brasil, y otros países de América Latina -pudiendo lograr que amplias masas de población urbana y rural se convirtieran en los trabajadores de sus nuevas industrias. Con el tiempo, estas nuevas industrias se fueron transformando generando un ciclo de cambio y desarrollo tecnológico acorde a los desafíos que exigían estos procesos de restructuración. La absorción de empleo fue muy grande y posteriormente, ante las exigencias del cambio industrial y tecnológico, los salarios de los trabajadores aumentaron, creando un círculo virtuoso, pudiendo aumentar sus exportaciones a la vez que creaban un mercado interno dinámico.

En cambio, el crecimiento industrial que fue importante en algunos países de América Latina, como México y Brasil, en las etapas de desarrollo de América Latina de las posguerra, no pudo ser tan intenso para evitar que poblaciones marginales en el campo y en las ciudades surgieran como producto del cuello de botella generado por insuficiencias en el desarrollo rural e industrial. El caso de México vuelve a destacarse cuando la estrategia industrial puso el acento en la inversión extranjera y el comercio internacional como palancas para convertir a México, - decían los líderes de ese tiempo-, en una potencia económica. Así, aún bajo el TLCAN desde 1994, la migración de trabajadores a Estados Unidos se aceleró dramáticamente como efecto del aumento del desempleo rural. Casi un millón y medio de empleos se perdieron en las zonas rurales de México entre 1994 y 2004. Otros migrantes se fueron de las ciudades por las bajas remuneraciones en busca del sueño americano. Los salarios que se pagan a los trabajadores son muy bajos, y en eso reside básicamente la ventaja comparativa mexicana y en gran parte por ello, el mercado interno vive con un cuello de botella permanente. Por otro lado, los niveles de pobreza en general se mantuvieron como en el pasado, sin que estas nuevas estrategias pudiesen amortiguarlo.

Creo que el caso mexicano, ha sido un ejemplo de lo acontecido en diversos grados en toda América Latina. Ante los ojos de muchos países de América Latina, el experimento del TLCAN fue visto como una gran promesa de que el libre comercio con Estados Unidos haría de México una potencia al estilo de las del este de Asia. No fue así, porqué la integración se hizo sin estrategias y políticas previas para fortalecer los factores industriales, tecnológicos y de recursos humanos para favorecer los efectos hacia adentro de la economía mexicana. México es una potencia exportadora, pero fundamentalmente de empresas extranjeras que fabrican en México y exportan a los Estados Unidos. Debemos recordar que los países asiáticos se convirtieron en potencias exportadoras a los mercados mundiales sin necesidad de acuerdos comerciales, y que estos se firmaron posteriormente.

Sin política industrial, que fue totalmente abandonada en América Latina en las últimas décadas, las economías del continente no pudieron establecer interconexiones en sus industrias nacionales, ni entre estas, que en muchos casos no existían, y las empresas extranjeras que dominaban el sector de las exportaciones. Así, no pudieron generarse efectos positivos en el crecimiento económico, en el empleo, y la transferencia tecnológica fue limitada. Como consecuencia, en la mayoría de los países latinoamericanos la dependencia de los precios internacionales del petróleo y otras materias primas sigue siendo determinante de su crecimiento económico. Por lo tanto, el poder de control y manejo de las economías sigue los ciclos de precios a escala mundial. El continente sigue siendo, como demuestra la actual relación económica con China, una región proveedora de recursos naturales al mercado mundial.

La etapa del desarrollo industrializador con sustitución de importaciones en América Latina se realizó sin desarrollo tecnológico autóctono y esta fue otra clave en la diferencia con el este de Asia en donde como ha señalado Bruce Cumings se formaron burocracias autoritarias fuertemente orientadas a la industrialización endógena y a la promoción del sector exportador. Así, las industrias nacionales latinoamericanas fueron desarrolladas pero no pudieron ser competitivas en los mercados internacionales y casi en todos los países, la tecnología avanzada fue llevada por las empresas extranjeras a través de inversiones en plantas industriales y no se establecieron estrategias para aprender y transferir estas nuevas tecnologías a las empresas locales, como sucedió en Japón (más por medio de la adquisición de licencias y patentes de uso tecnológico) y Corea del Sur. China se encuentra desde hace décadas aprendiendo y transfiriendo nuevas tecnologías a sus empresas nacionales, lo que hoy constituye uno de los puntos de conflicto con los Estados Unidos.

Una vez que el modelo de sustitución de importaciones se agotó en América Latina, la respuesta fue el endeudamiento externo, lo que se hizo en gran escala en México, Brasil y Argentina durante la década de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado, lo que posteriormente condujo a crisis financieras y bajo crecimiento. Japón pudo realizar su crecimiento industrial con financiamiento producto de su ahorro interno, mientras que Corea del Sur se endeudó casi en los niveles de los grandes países de América Latina. La diferencia en el caso coreano es que los recursos del endeudamiento se destinaron preferentemente a sus industrias exportadoras con lo que pudieron pagarlas y mantener su crecimiento. China por su parte ha llevado a cabo su desarrollo económico con grandes y permanentes inyecciones de crédito local que provienen principalmente de su ahorro local. Las deudas de América Latina en gran parte no fueron destinadas a la promoción de industrias exportadoras, sino a industrias básicas como petróleo, electricidad y gastos gubernamentales, con la enorme posibilidad de que un gran porcentaje de esta deuda se haya ido por el canal de la corrupción, que es un mal endémico en toda la región.

Relaciones entre Asia y América Latina.

Desde el llamado Galeón de Manila que realizó comercio regular entre las dos regiones entre 1565 y 1815, y quizá los primeros migrantes de Asia en suelo mexicano, las relaciones se han mantenido latentes y muy dinámicas en las últimas décadas entre el final del siglo XX y las primeras de este siglo XXI. Las migraciones de Asia, principalmente provenientes de Japón y China se han constituido en grupos importantes en casi todos los países del continente. La población de origen japonés asentada en Brasil, por ejemplo, es la más numerosa fuera de Japón, y en muchos países los barrios chinos se destacan ahora por el respaldo que la presencia de China tiene a lo largo de la región. Grupos de migrantes coreanos y de otras naciones de Asia igualmente han llegado en los últimos tiempos a asentarse a territorios de América Latina como prueba del dinamismo que existe del intercambio entre las dos regiones.

Las inversiones y el comercio han crecido notablemente en los últimos años. Japón ha tenido una presencia económica importante desde el final de la segunda guerra mundial y China con su enorme potencial económico actual se ha convertido en un socio de primer orden para muchos países de América Latina. En la actualidad el comercio total de Asia ocupa ya el segundo lugar después de los Estados Unidos para la región de América Latina y el Caribe.

Sin embargo lo que se destaca en la relación económica de América Latina con China y su aceleración en los últimos años, así como la escala de su inversión. Lo anterior queda reflejado con algunos datos. En el año 2008 el comercio total era ya de 143 mil millones de dólares y en 2017 este fue de más de 250 mil millones de dólares. El comercio ha crecido en estos años a una tasa cercana al 15% anual y de conservarse estos niveles de crecimiento comercial, en los próximos diez años los mercados de América Latina serían de enorme importancia para el comercio mundial de China.

Además, en estos años, la penetración comercial de China fue decisiva no sólo para hacer más resistente a las economías de muchos países del sur del continente frente a la crisis económica mundial, sino que este país pasó a convertirse en un socio de primera magnitud, desplazando en muchos casos a Estado Unidos como el socio principal. Este fue el caso de Chile y de Brasil. Para Argentina, Costa Rica, Perú y Cuba, el mercado de China paso a convertirse en el segundo mercado de sus exportaciones. El problema principal, como hemos mencionado, consiste en el hecho de que todos los países de América Latina, están aumentando su comercio con China de manera desigual, basado principalmente en las ventas de materia prima y energía y recibiendo las importaciones en forma de manufacturas de China, lo que coloca al continente latinoamericano en la posibilidad de repetir un nuevo ciclo de dependencia.

 

Profesor Emérito del Tecnológico de Monterrey. Realizó sus estudios sobre China y Japón en la Universidad de Tsukuba, Japón, entre 1977 y 1979. Entre sus mayores distinciones se encuentra la conferida por el gobierno de Japón en el año 2017,“ la Orden del Sol Naciente en grado de Rayos de Oro con Collar de Listón” por sus contribuciones al estudio de la región de Asia-Pacífico. Actualmente es profesor de la Universidad Autónoma de Zacatecas. villafane16@gmail.com