El "desconocido" feminismo de la Amazonía

La mujer uchunya como nueva conciencia para América Latina

Por Luis Miguel Hoyos Rojas

Los Uchunyas son una comunidad indígena del pueblo shipibo en Ucayali, Perú. Como cualquier sociedad latinoamericana, tienen diversos problemas, entre estos, la amenaza del desarrollo económico neoliberal, pues se enfrentan a una empresa de palma aceitera que opera en sus tierras ancestrales. Las mujeres Uchunyas contaron al mundo a través de la emisora Deutsche Welle (DW) en 2019 que ellas reconocen su cultura originaria, no desprecian el rol de género asignado que vino con aquella y la concepción de género, a diferencia del feminismo marxista hace referencia a la ayuda mutua y cooperación igualitaria.

“(…) cada tarde, al terminar las labores, se organizan partidos entre los vecinos, las mujeres, juegan al vóleibol, aunque algunos hombres también se les unen y las mujeres pueden jugar con los hombres”.

Ellas también tienen una concepción distinta de la igualdad que, aunque se entiende (o podemos entender) desde roles y distribución de la responsabilidad, no denuncia la supresión de la mujer de los procesos sociales y productivos, porque como dicen: “ha sido así desde milenios” y no insisten por ahora, en un cambio estructural: “Ellas se creen y son iguales que los hombres”.

“(…) Una mujer Uchunya puede hacer lo que quiera, hay varias que hacen otras cosas”. (Judit Zangano, anciana de la comunidad)

Muchas transformaciones desde 1970 han reconocido la igualdad de la mujer como “principio”. Sin embargo, las mujeres seguían siendo humilladas, violentadas, asesinadas, invisibilizadas y en gran parte de América Latina, eliminadas de la memoria histórica.

Esta es la ambigüedad: La “igualdad frente a la ley”, conquista del “feminismo liberal” y el valor último del liberalismo la “autonomía”, no eran la cotidianidad de las mujeres. Este contexto impulsó las luchas feministas contra regímenes y movimientos que amparados en la “igualdad”, fueron represivos: Un ejemplo es las «FARC-EP» (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que siendo entonces defensores de la “igualdad social” bajo postulados bolivarianos, marxistas y leninistas, controlaban la sexualidad de las mujeres.

 

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ONAMIAP implementa la Escuela de Formación Política para Mujeres Indígenas. Cortesía de ONAMIAP

La ausencia no intencional

Aunque la lucha de 1970 tuvo una influencia directa del feminismo liberal esta no emergió imitando estrictamente la experiencia estadounidense y europea. En América Latina se caracterizó por dos contextos especiales, la identificación de un tipo ideológico de mujer, “La moderna”, y la integración de “mujeres intelectuales y de clase media, quienes fueron totalmente visibles como movilización política. Esta unión de mujeres en su mayoría socialistas y radicales, con otras de sectores populares activas contra la opresión, dio origen al “feminismo popular latinoamericano”. Miles de jóvenes militantes de izquierda e intelectuales de la igualdad en Brasil, Perú, Ecuador, México y Chile, se convirtieron en las fervientes feministas de 1970, y a menudo asumieron la doble militancia: Activas tanto en partidos políticos como en grupos de mujeres como sucedió en Colombia con las activistas María Cano y Betasabé Espinosa. La lucha fue importante, pero olvidó la existencia de otras mujeres: la “Indígena” que no eran para la época identificadas con la idea de la modernidad, aunque si eran una presencia colectiva oculta en la Amazonía.

Con esto no negamos las narrativas que explican que desde antes de 1970 existieron “activismos de mujeres indígenas” como parte de la lucha feminista. Los “procesos organizativos de la Amazonía ecuatoriana”, cuya codirección estuvo en manos de mujeres indígenas entre 1960 y 1970 lo comprueban. Pero afirmar que la influencia de la mujer Indígena fue tan notoria y visible como el movimiento Suffragistde Nueva York o el feminismo popular, es desconocer el gran contexto de la mujer Indígena latinoamericana: Desde antes y en el especifico 1970, la mujer presente en seis de los nueves países que integran la vasta región de la Amazonía, no tenía acceso al español o portugués, como hasta hoy tenían otra conciencia del mundo y desconocían la teoría política traída de Europa y Estados Unidos. La mujer indígena no se integró a la lucha feminista de 1970 no por ser pasiva e invisible sino porque se le hizo, al no identificarla con la postura ideológica de la época. La monocultura del derecho, la teoría política y el modelo de desarrollo de aquel entonces, más preocupados por comprender en que consistía la relación del sujeto con el Estado moderno, fueron saberes alejados de ellas, convirtiéndose en procesos de traducción y diálogo intercultural inexistentes. Así planteado, no se puede negar que la lucha feminista tuvo un objetivo histórico distinto, pero no equivocado: Reivindicar ideas políticas y derechos otorgados por la modernidad a la mujer, lo que no significó un abarcamiento de la realidad Indígena amazónica.

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Cortesía de derechosinfrontera

La indignación de las Uchunya

Boaventura de Sousa Santos, profesor en la Universidad de Wisconsin-Madison, explica la «Indignación» como un movimiento que permite identificar algo nuevo, pero ausente, y que comprende reivindicaciones que hacen personas que no son militantes de ningún grupo social. Un tipo de “protesta oculta pero presente”, que al hacerse visible casi siempre sin la mediación de estructuras políticas tradicionales como partidos y movimientos, da existencia a personas que habitualmente no son consideradas actores políticos.

Si bien el feminismo de 1970 logró denunciar la opresión y desigualdad de la mujer, esta lucha no encajaría como “Indignación” según los términos de Boaventura. Pues la voz feminista de los ‘70 se concentró en señalar la desviación de la igualdad a partir de una incidencia política organizada que logró cambios significativos y temporales. Desde este sentido, la lucha de 1970 se aparta como veremos, de la experiencia de las mujeres Uchunya de la Amazonía.

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Luisa Mori González, lideresa indígena en la comunidad de Santa Clara de Uchunya. Cortesía de DW/E, Anarte 2019

El machismo es un problema social y los pueblos indígenas no son la excepción. A diferencia de las luchas feministas, la indignación de las Uchunyas no nace de la resistencia al machismo como generador de exclusión social, tampoco del debilitamiento de ellas al interior de la cultura feminista actual. Su indignación no exige las mismas reivindicaciones de la modernidad, sino que protesta para que sus derechos salgan de la sombra de la llamada “ciudadanía inclusiva” a la que fueron relegadas (no intencionalmente) por los movimientos feministas del pasado. Es decir, que los modelos de dominación—económicos, políticos y sociales—que llegaron a través de las modernizaciones salgan de la Amazonía. Protestan para que América Latina entienda que las reivindicaciones actuales, legitimas para la conciencia de otras mujeres, no son aptas para entender su identidad Indígena. Porque la tan anhelada igualdad, punto culminante del Estado liberal donde el patrimonio, la propiedad y el trabajo son aspectos claves e incluso retomados por el moderno derecho constitucional económico, no tienen para ellas el mismo sentido. Como veremos, las mujeres Uchunya parecen haber trascendido de la igualdad a la conciencia de la autonomía, sin la mediación del Estado moderno.

“(…) Las mujeres indígenas siempre hemos sido unidas, acompañamos a [nuestros] hombres. Tenemos una sola voz. En el pasado lucharon nuestros abuelos, tíos y tías. Si no hubiéramos hecho eso no tuviéramos tanto territorio. En ese tiempo la colonización se llevaba nuestros territorios. Logramos la legalización de territorios en Pastaza. Hoy en día las mujeres tenemos un papel importante. Algunos compañeros que organizan marchas cambiaron de idea y trataron de negociar el territorio, algo ajeno a nuestras creencias ancestrales. Las mujeres en cambio seguimos luchando y tenemos mentalidad de defender nuestra “pachamama”, que no se venda ni explote” (Zoila Castillo Tuti, mujer indígena de la Amazonía ecuatoriana, “Taller Género y Participación Política”, Puyo, Ecuador. 25 de septiembre, 2018).

Así entendido, la igualdad (de momento) no se discute en los mismos términos que conocemos. Tienen una concepción distinta, definitivamente “extraña” para la modernidad. Indudablemente su concepto de igualdad da un vuelco a nuestras concepciones feministas, incluyendo la lucha de 1970 que evidentemente no enseñó a esta comunidad el sentido de la “igualdad”. Su experiencia parece no alcanzada por ningún feminismo clásico, pues el patrón conceptual que usan para entender la “igualdad”, es el objeto del deseo que la teoría feminista moderna no ha logrado como realidad universal. En esta comunidad también hay otra indignación silenciosa, las voces de mujeres que al igual que los feminismos que conocemos, denuncian la violencia:

“(…) A veces hay varones que tienen todavía ‘ese machismo’ y, cuando se dan a los licores, hay maltrato contra las mujeres” (Luisa Mori, lideresa de la comunidad)

La lucha contra este flagelo es un proceso real, ellas lo viven en la Amazonía usando sus propias costumbres, entre esas la apelación al diálogo y la comunicación “entre iguales”. Este es un dato revelador, porque como “ausentes de la sociedad moderna” lejanas de las distintas construcciones que Gramsci llamó “sociedad organizada”, entendieron que no necesitaban movimientos sociales para construir conciencias civilizatorias entre los miembros de su comunidad capaces de mitigar la violencia.

“(…) La jefatura de la comunidad uchunya puede ser liderada por mujeres, no hay veto, [pero] tal situación generaría un castigo de los espíritus de los ancestros”.

“(…) Hay mujeres “jefas o agentes municipales, pero para eso hay que organizarnos y saber bien cómo llevar esa carga”. (Luisa Mori, lideresa de la comunidad)

Desde la profundidad de la Amazonía se levantan no para denunciar la invisibilidad económica o para erradicar un “patrón de normalidad” que generó dependencias. Alzan su voz para reclamar que sea escuchada su protesta de erradicación de la violencia y los prejuicios femeninos Indígenas, a partir de sus procesos organizativos. Para que la presencia de agentes externos como ONG´s, importantes para la formación de sus liderazgos, no se convierta en un instrumento que intervenga sus conciencias históricas. Este tipo de protesta es bastante controversial, sobre todo porque las luchas feministas desde el siglo 20, insisten en cambios de la mujer a partir de perspectivas modernas. Siendo américa latina una región donde el “gender mainstreaming” ha sido el principal enfoque para medir y evaluar los cambios modernos que requiere la igualdad de géneros.

 

¿Otro feminismo?, otras conciencias para américa latina.

Las mujeres Uchunya buscan la preservación de su autodeterminación social e histórica.

"Yo sola no voy a poder sacar a todas las mujeres. La situación geográfica de aislamiento también es un obstáculo para la movilización colectiva. Pero, tenemos que salir”, proclama la lideresa. Si ellas no pueden hacerlo solas, otras vendrán en su ayuda”.

Esta es una nueva experiencia feminista. Las Uchunya al quitar el foco de la desigualdad, porque para ellas “ser igual” es algo natural, plantean una relectura del feminismo que paso a explicar en los siguientes términos: Si el paradigma de la discriminación es erradicado como lo más importante de la teoría de los géneros enfrentados, y es reemplazado por una conciencia que acepta y permite (sin mayores enfrentamientos), la diferencia como fruto de la diversidad, y esta se acepta como realidad, porque permite que hombres y mujeres puedan hacer lo mismo, podríamos ver lo realmente importante y que parece que las Uchunya, vieron desde siempre: Identificar en que niveles sociales se está ejerciendo la autonomía o visto desde otro punto, si la autonomía como principio de la igualdad para ambos géneros se esta cumpliendo en la individualidad del ser. Si, parecerá una concepción feminista liberal, pero se aparta de esta porque no centra el foco en la necesidad de negar la diferencia entre hombres y mujeres para proponer un modelo que replantee el acceso a la igualdad. La experiencia de las Uchunya se preocupa por hacer de la autonomía el bien más importante a perseguir (no la lucha contra la discriminación) por tanto en este esquema, la mayor injusticia es la falta de autonomía de la mujer, porque la igualdad es indiscutible. Algo que se aparta de los feminismos liberal, radical y marxista, quienes denuncian la “discriminación” de la mujer como la mayor injusticia social, y la autonomía como el resultado esperado. Por esta razón las Uchunya protestan indignadas contra la violencia machista en la Amazonía, pero a partir de ellas mismas, porque su problema es la pérdida de autonomía que a veces es amenazada por las luchas modernas que de manera forzosa (a veces) intentan imponer un único “sujeto feminista”. Las Uchunya con un “feminismo de la indignación” abogan por su independencia y autonomía, por nunca perder la igualdad. Las Uchunya que hasta hoy dejaron de ser desconocidas para el resto del mundo, presentan una nueva conciencia constitucional de la mujer con su concepto de la igualdad.

“(…) Yo hago lo mismo que mi marido: me voy a la chacra [pequeña finca], me traigo mi yuca y mi plátano, me voy a cortar mi leña, pienso que mi esposo y yo, al menos, estamos ahí los dos [somos iguales], no soy yo la única que se queda en casa con los hijos”. (Pamela Espinosa, mujer indígena)

La lucha silenciosa de estas mujeres pone al limite la teoría política, porque evidencia que el gran problema no es simplemente la articulación de partidos políticos con movimientos sociales, y como eso se canalizan para que el Estado otorgue derechos. Si no, la inclusión de un tercer concepto “las presencias colectivas” de aquellos sujetos que como ellas, invisibles desde la política tradicional, están ahí evolucionando a nuestras espaldas. Esta experiencia feminista desvirtúa el “egocentrismo constitucional moderno”, porque la experiencia de la mujer Uchunya construye también cambios civilizatorios que nuestra modernidad no ha producido. Como, por ejemplo, la “igualdad de géneros” que no es una realidad global y desde el discurso feminista, es todavía una teoría de las libertades más básicas de la mujer. La narrativa de estas mujeres permite entender otras formas, desde la importancia de comprender a la naturaleza como parte de nuestra conciencia y su rol en la productividad de los géneros,

“(…) La mayoría de los hombres de esta comunidad se dedican a la caza, la pesca y el cultivo de las tierras, pero nosotras también lo podemos hacer y lo hacemos cuando queremos. Solo que disfrutamos el cuidado y custodia de nuestros hijos y hogar”.

Hasta desarrollar una conciencia económica donde la propiedad y la tierra, realidades presentes en nuestras cartas constitucionales, no sean entendidas solo como aspiraciones capitalistas, sino como medios que permiten un acceso al desarrollo, pero nunca más importantes que los hombres y las mujeres. Las Uchunya también dan lecciones a las teorías de desarrollo económico, porque su conciencia es coherente y consecuente con los recursos naturales objeto de explotación. Por ejemplo, son defensoras del “Sumak Kawsay” o simplemente, “buen vivir” que no es más que un paradigma donde la vida en plenitud, guarda un equilibrio con la armonía y el desarrollo, un concepto que ya fue incorporado en cartas constitucionales de Ecuador y Bolivia. La experiencia de indignación de estas mujeres o “feminismo de la indignación” redefine nuestras perspectivas, porque presenta una distinta definición de los bienes sociales y no sacrifica la igualdad de los hombres y mujeres. Hay preguntas como: ¿Pueden la vida y el desarrollo de los géneros coexistir pacíficamente?, ¿Cómo la igualdad es un camino para el desarrollo? ¿Cómo se construye una autonomía insustituible? tan importante como el agua, el aire y la tierra a quienes ellas dan igual importancia.

“(..) Las mujeres en cambio seguimos luchando y tenemos mentalidad de defender nuestra ‘pachamama’, [la Madre Tierra] que no se venda ni explote” (Zoila Castillo Tuti, mujer indígena).

Entender esta experiencia exige un cambio de conciencia, incluso otro conocimiento y este no puede ser como dice Boaventura, la “monocultura del derecho y la política” actual. La experiencia de las mujeres «Uchunya» es una invitación abierta a revisar nuestras perspectivas, pensar en nuevos horizontes, pero también a revisar nuestros cánones socio-políticos. Como ellas, debemos llegar al nivel de conocimiento de que no hay mayor derecho que ser autónomamente libres, que la igualdad no necesita más justificación que aquella que dice que “lo somos” y que ninguna verdad social puede sustituir nuestras diferencias. Sería interesante aprender de ellas todo lo que oculta la Amazonía, pero también como superar la dicotomía entre igualdad o autonomía y como las dos se convierten en la culminación máxima del ser humano.

 

Luis Miguel Hoyos Rojas es Doctorando en Derecho (PhD Law), Universidad Carlos III de Madrid (España). Tiene una Maestría (LL.M) de la Facultad de Derecho de Harvard University (2012). Contacto: hoyoslm@gmail.com