El proyecto “Hecho en China 2025”: impulso del Estado hacia la transformación industrial con alcance global

Por Renato Balderrama

 

Autosuficiencia china en nuevas tecnologías

 

“Made in China 2025” (MIC 2025) es una estrategia nacional anunciada por el Consejo de Estado Chino en mayo de 2015 con el objetivo central de aumentar, consolidar y balancear la industria de manufactura de China para convertir a este país en una potencia mundial con capacidad de influencia en los estándares internacionales y cadenas de suministro, así como ser líder de la innovación a nivel internacional. De igual forma, a través de la modernización de su estructura productiva, el gobierno central busca revertir los efectos de la desaceleración económica en el mediano plazo. Este plan, elaborado por el Ministerio de Industria y Tecnologías de Información (MIIT, por sus siglas en inglés), tiene objetivos muy específicos prospectados no solo hacia 2025 sino hacia 2049, año en que se cumplirá el 100 aniversario de la fundación de la República Popular China.

 

En pocos años, China no solo se convirtió en la “fabrica del mundo”, también se convertirá en el mejor ecosistema de emprendimiento e innovación a nivel global compitiendo hombro con hombro con Estados Unidos, los dos epicentros más importantes de creación de Startups y Spinoffs más valiosas del globo. Y desde nuestra geografía es importante saber ¿dónde quedará América Latina?, ¿Qué está haciendo la región para no quedar fuera de la Revolución 4.0? América Latina se desindustrializó, sobre todo países como Perú, Chile, Argentina y Colombia. Decidieron robustecer su sector primario principalmente para la exportación a Asia, sin embargo no apostarón a diseñar estrategias con el fin de hacer uso de tecnologías de punta para hacer más rentable y agregar valor a sus exportaciones.

 

Mario Castillo, jefe de la Unidad de innovación y nuevas tecnologías de la CEPAL, comenta que “la región no hizo el catching-up durante la tercera revolución, y por eso el tema hoy es debatir cuáles son las políticas públicas que deben crearse para aprovechar la nueva ola de desarrollo”. Según el último reporte de Blomberg 2018 sobre el índice global de innovación, en el ranking de las cincuenta países más innovadores del mundo no aparece ni uno sólo de América Latina, en cambio aparecen Sudáfrica, Tunez y Marruecos.

 

La mayoría de los países de América Latina, en especial su sector privado, sigue viendo a China como un mercado para exportar materias primas y, quizás en algunos casos, atraer inversión para desarrollo de infraestructura, sin embargo ningún país está diseñando estrategias para aprovechar los ecosistemas de emprendimiento que se han desarrollado en ciudades como Beijing, Shanghai y Hangzhou, donde se encuentra no sólo gran parte del talento humano global, sino un gran porcentaje de los emprendedores más exitosos del orbe. Lo que está perdiendo hoy América Latina al no saber ni enteder el MIC 2015 es el costo de oportunidad de no estar aprovechando la tecnología y el capital para emprendimiento de la cual China dispone y que, como lo explicaremos, es su prioridad para las próximas décadas. Ya no se trata de ver cómo exportamos a China, sino como diseñamos patentes en China para después manufacturar en el Sudeste y Sur de Asia a través de las redes chinas de negocios y de ahí vender para todo el mundo.

 

Si bien se ha considerado que el plan MIC 2025 es una iniciativa inspirada por el plan lanzado en Alemania de “Industria 4.0”, la visión china es más amplia en el sentido que se enfoca en temas de calidad, consistencia en los productos terminados, seguridad, protección al medio ambiente, entre otros, que son considerados retos estratégicos para el desarrollo del país. El plan MIC 2025 no es un esfuerzo aislado, sino que pertenece a una serie de políticas interconectadas que buscan incrementar la innovación local a través de las denominadas “industrias estratégicas emergentes” que se incluyen en el 13º Plan Quinquenal (2016 – 2020), un nuevo Plan de Ciencia y Tecnología, y diversos planes de desarrollo regionales.

 

El MIC 2025 contiene nueve tareas estratégicas: alentar la innovación; promover el uso de manufacturas integradas, digital y centrada en alta tecnología; fortalecer la base industrial general; mejorar la calidad de los productos y crear marcas globales chinas; enfocar los esfuerzos en la aplicación de métodos de fabricación ecológicos; reestructurar las industrias para mejorar la eficiencia y la producción; mejorar las industrias de servicios de manufactura y fabricación orientadas a los servicios; globalizar las industrias manufactureras chinas; y realizar innovaciones tecnológicas en 10 sectores considerados prioritarios y de alto valor agregado.

 

Los diez sectores que se designaron como prioritarios para desarrollar son: equipo marino avanzado y buques de alta tecnología; trenes y equipos avanzados; maquinaria agrícola y tecnología; equipo de aviación y aeroespacial; productos biofarmacéuticos y equipo médico de alta gama; circuitos integrados y nuevas tecnologías de información; equipo electrónico de alta gama; maquinaria de control de fabricación de alta gama y robótica; vehículos de energías nuevas; materiales nuevos y avanzados.

 

La propuesta del MIC 2025 es una de las iniciativas del gobierno central para incentivar la creación de innovación indígena (local) y autosuficiencia en sectores considerados como estratégicos para el desarrollo y liderazgo del país a nivel internacional. De forma general, se puede considerar que el plan MIC 2025 busca dos objetivos: primero, la sustitución gradual de tecnología extranjera en la industria nacional; segundo, la decisiva presencia de tecnología de origen chino a nivel internacional. Por ejemplo, una de las metas principales es incrementar la participación de proveedores chinos en el mercado doméstico para “componentes centrales básicos, así como materiales básicos importantes” en 40 por ciento para el 2020 y hasta 70 por ciento para 2025. De igual forma, se detallan metas concretas para ciertos segmentos: 40 por ciento de los procesadores para teléfonos inteligentes en el mercado chino tendrán que ser producidos por firmas locales para 2025, así como 70 por ciento de los robots industriales y 80 por ciento de equipo relacionado con la generación de energías renovables. Ahora bien, los recursos económicos destinados para la implementación del MIC 2025 también son importantes: el Fondo de Manufactura Avanzada es de alrededor de CNY 20 mil millones (EUR 2.7 mil millones) y el Fondo Nacional de Circuitos Integrados recibió CNY 139 mil millones (EUR 19 mil millones). Además de estos fondos centrales, los gobiernos provinciales cuentan con diversos mecanismos financieros orientados hacia la capitalización de estas industrias. Para dar una idea de la comparación en términos de financiamiento federal que el gobierno alemán destinó al programa de Industria 4.0, es de EUR 200 millones. Tan sólo a nivel federal, los recursos financieros del gobierno chino sobrepasan de forma significativa la iniciativa alemana de manufactura inteligente.

 

Los fondos se han destinado para coordinar el apoyo financiero para las empresas nacionales para innovar, generalmente en forma de préstamos y subsidios para investigación y desarrollo; para establecer 40 centros de innovación hacia 2025 para desarrollar la Integración de tecnologías de información en la manufactura; para construir 1,000 fábricas verdes hacia 2020 para mostrar mejores prácticas de emisiones; para alentar la autosuficiencia mediante la importación de no más del 20% de los insumos en 2025; y para promover la investigación y desarrollo indígena en sectores tales como aeronaves, vehículos de nuevas energías y equipos médicos.


Disrupción industrial a nivel internacional

 

Si bien el MIC 2025 tiene un enfoque altamente interno en el sentido de fortalecer la capacidad de modernización e innovación de las industrias nacionales, a través de la proclamación del fomento de la denominada innovación indígena, el objetivo paralelo de China es la expansión internacional en dos dimensiones.

 

Primero, a través de la adquisición acelerada de tecnología de punta mediante la compra y/o fusión, así como la inversión en empresas extranjeras, principalmente en Europa y Estados Unidos. Dichas operaciones vienen tanto de empresas para-estatales como de empresas privadas chinas que buscan tener acceso a soluciones tecnológicas que les llevarían décadas producir por sí mismos. Algunos analistas sostienen que, de seguir esta tendencia, en el largo plazo, China podría obtener el control sobre la mayoría de los segmentos rentables de las cadenas de suministro globales y redes de producción. Lo anterior, puede producir tensiones entre los países altamente desarrollados en materia tecnológica con China derivado de la necesidad de proteger sus industrias nacionales de fusiones y/o adquisiciones que consideren estratégicas para cada país, como se ha visto reflejado en la creciente tensión entre China y Estados Unidos ante posibles adquisiciones de empresas estadounidenses dedicadas a la producción de micro-procesadores y/o equipo de infraestructura de redes por capital de origen chino.

 

Segundo, a través del esfuerzo que hace el gobierno central para apoyar a que sus grandes conglomerados tecnológicos tengan una presencia importante a nivel global como proveedores de bienes y servicios, compitiendo con otras empresas globales y/o regionales. Este esfuerzo no es nuevo, dado que, desde finales de la década pasada, el gobierno chino ha tenido una actitud propositiva para la internacionalización de sus empresas. Lo que sí es diferente en esta ocasión es la capacidad de movilización tanto de recursos financieros como de crecimiento exponencial que las empresas de tecnología chinas puedan tener como agentes de cambio, e incluso, disruptores, en otras latitudes.

 

Ambos factores han propiciado inquietudes de diversos países y empresas globales que buscan tener mayor acceso al mercado chino como proveedores de productos y servicios en las industrias enunciadas en el MIC 2025, además de reservas a las cláusulas de transferencia de tecnología a empresas locales que buscan establecer operaciones en ese país. El argumento central de las Cámaras de Comercio de Estados Unidos y la Unión Europea en China, entre otros actores internacionales, es que este plan podría tener ciertas connotaciones proteccionistas que generen obstáculos a las normas del comercio internacional y les impida incursionar y/o crecer de forma justa y competitiva en el mercado chino. Estados Unidos ha sido uno de los primeros países en reaccionar de forma frontal ante este hecho. La administración del Presidente Donald Trump anunció hace unos meses una serie de barreras arancelarias en productos e inversiones de origen chino en empresas relacionadas con sectores estipulados en el plan “Hecho en China 2025” bajo argumentos de seguridad nacional, reciprocidad comercial, entre otros. La respuesta del gobierno de China no se hizo esperar y, según la mayoría de los analistas, estas acciones pueden propiciar una guerra comercial con implicaciones globales. Las repercusiones en las cadenas productivas y flujos de capital están por verse, pero es una realidad que las industrias de alta tecnología tendrán grandes retos regulatorios crecientes a nivel internacional.


Con la implementación del MIC 2025 no queda la menor duda de que China ha puesto en el centro de su desarrollo económico futuro a la economía del conocimiento que genere alto valor agregado y alta competitividad. El papel que juega el gobierno central como motor para la generación de ecosistemas de innovación a través de la planeación y el financiamiento del MIC 2025 ha tenido efectos paralelos en la creación de diversos clústeres de innovación regionales en áreas complementarias de la nueva economía: FinTech, Inteligencia Artificial, Movilidad Autónoma, Big Data, Internet de las Cosas, Ciudades Inteligentes, entre otras. Los polos de desarrollo tecnológico se han concentrado, como en la primera ola de industrialización y apertura económica de China hace casi 40 años, en las zonas costeras: Shenzhen, Hangzhou, Shanghai, Wuxi, Nanjing, y en la capital, Beijing. Sin embargo, también se han generado iniciativas y políticas regionales de innovación importantes en el oeste (Chengdu y Chongqing) y en el sur (Hainan) de China. No es atrevido considerar que el MIC 2025 busca la autosuficiencia en materia de nuevas tecnologías derivado de su importancia estratégica en el siglo XXI.

 

Ante este escenario de abundancia de capital, tecnología y talento del lado chino, ¿cuál será la estrategia tanto de las economías desarrolladas como de las economías emergentes para generar políticas públicas orientadas a reforzar la ciencia y la tecnología nacionales, evitar el aumento de la brecha digital y por ende, el rezago en términos de desarrollo económico y competitividad en el futuro cercano?