Escuelas de Perdón y Reconciliación


The t-shirt reads “life is more important than anything else.” Photo by Donna Decesare

Un proyecto de la memoria en América

By Leonel Narváez Gómez

La geografía del continente americano está atravesada por relatos de violencia, de dolor y de injusticia. La memoria ingrata en el recuerdo de pueblos, culturas y personas, amerita propiciar espacios de encuentro para exorcizar los fantasmas de la memoria distorsionada por el odio, el resentimiento y la urgencia de venganza generados por la colonización y el exterminio, por diferencias cosmológicas y aún por relaciones con dioses diferentes. Tanto trauma acumulado individual y colectivamente, demanda sanación como exigencia sine qua non es posible el desarrollo de personas y de pueblos.

Cuando el dolor del pasado vivido petrifica el caminar, se dificulta el porvenir. Es preciso interpretar el pasado y el presente con un claro propósito, aprender de las lecciones de la historia superando los peligros de la memoria no inventariada que invita a la retaliación y a la muerte. No puede la vida florecer enraizada en los oscuros y a veces escondidos laberintos de la rabia y del odio.

La memoria de la América hoy es fragmento de la inequidad. América Central débil y quebradiza como su geografía ha decidido por generaciones migrar hacia el norte, como aves, manadas de salvadoreños, guatemaltecos, nicaragüenses entre otros, arrastran el dolor del desalojo de sus verdes geografías para avanzar por el norte de sus territorios en una primera etapa de migración hacia el sur del México Chiapateca, primera escala de migraciones familiares que más tarde continuaran norte arriba buscando la capital o las fronteras para introducirse como gusanos por las troneras de la emigración ilegal en pos del sueño, que ya no es sueño, americano.

Los Andes, vestidos de verde esmeralda abren sus puertas a la memoria en la esquina de una Colombia que a fuerza de violencia es verde oliva en los campos sembrados de masacres. En la vecina Venezuela, la memoria del Libertador inspira día a día el espíritu de una no muy bien comprendida en sus alcances para el conjunto de América Latina “Revolución Chavista”. El cóndor se hace socialista y muchos en América no comprendemos al Ecuador y la Bolivia. Como Brasil, Argentina y Chile se desprenden del conjunto del tercer mundo, concediendo los australes, lugares significativos a la mujer en la conducción de sus naciones.

Sanar la memoria es un trabajo de hoy para el futuro. Es un viaje de la responsabilidad y de la ética actual hacia el mundo del mañana. Los relatos o narrativas que los pueblos construyen acerca de su historia como los relatos de los individuos, las familias y los vecindarios determinan la orientación de sus acciones. La memoria de América recrea las gestas de la colonización e independencia. En los parques, San Martín, Washington y Bolívar sostienen las representaciones centenarias de gestas independentistas a lo largo y ancho de la “América Nuestra”. Desde el pasado estos prohombres inspiran día a día las empresas sociales de los pueblos americanos.

Sanar la memoria es un trabajo del presente, si por memoria comprendemos el legado recordable que el presente hace al futuro. Somos responsables de la identidad que el pasado construido en tiempo presente legará por siglos a las generaciones venideras. Es un ejercicio de resignificación y de esperanza. Cultivar la memoria es entonces ardua empresa de la actualidad.

La integración Americana será el reto para una “Red Latinoaméricana de la Memoria Nueva” que nos permita ir más allá de de esas “Venas Abiertas” que Galeano tan dolorosamente describió. Es un propósito para la construcción de una memoria actual que proyectándose en el futuro constituya redes de comunicación e indagación, sociedades de intercambio y reconocimiento que permitan la reconciliación de los espíritus milenarios que confluyendo en América trajeron el mundo a nuestras tierras.

Somos memoria global donde la Pachamama baila ritmos africanos e irlandeses. Donde el jaguar y la anaconda entrelazan sus cantos con ritmos árabes. Donde los aromas turcos e itálicos amenizan las cocinas españolas y portuguesas. Somos mundo en reconciliación y la memoria que legaremos al futuro dependerá de los trabajos que por el encuentro realicemos. Somos también memoria tóxica del despojo y la indignidad, de la rabia y la injusticia.

Escribimos desde un rincón de la América llamado Colombia. Hemos trabajado en los últimos años en un proyecto de “Sanación de la Memoria” llamado Escuelas de perdón y Reconciliación –ESPERE-. Creadas por la Fundación para la Reconciliación, son lugares de encuentro, donde la diversidad cultural, política, religiosa y económica de los pueblos, cultiva la memoria y la palabra. Allí, las versiones oficiales de los acontecimientos en las historias individuales y colectivas son reconstruidas en la perspectiva del reencuentro, de la verdad, de la justicia, de la reparación y el compromiso con la no repetición de los hechos violentos y las causas que los anidan.

Las ESPERE, comprenden la necesidad de avanzar en América en la constitución de pactos que hagan visibles los esfuerzos universales por dar cabida en las mentes y los corazones de pueblos y gentes en el mundo de caminos alternos al odio y a la retaliación, de profundizar las venas del perdón y de la reconciliación, de la construcción de agendas de la memoria ingrata para encontrar en la memoria grata caminos de esperanza, convivencia y paz. Es lo que Desmond Tutu predica por el mundo: sin perdón y sin reconciliación no hay futuro!


Leonel Narváez Gómez
 es sociólogo, sacerdote misionero de la Consolata en Colombia, M.Phil.Universidad de Cambridge y Th.M de la Universidad de Harvard. Es Fundador de la Fundadcion para la Reconciliación. Ganador de la Mención de Honor PREMIO UNESCO EDUCACION PARA LA PAZ 2006. Las Es.Pe.Re (Escuelas de Perdón y Reconciliación) se desarrollan actualmente en 8 países del Continente.

This article discusses the role of reconstructing memory to obtain peace and reconciliation. The author is a Colombian Catholic priest. He received his M.Phil degree in rural sociology from the University of Cambridge in England and his Masters in Theology from the Harvard Divinity School.