Escuelas de perdon y reconciliación (Spanish version)

Construyendo paz

Por Leonel Narváez Gómez

El tema del perdón y la reconciliación es de cierta forma nuevo. Hoy en el mundo, diversos especialistas estudian el tema en diferentes universidades. La sicología ignoró ese tema durante mucho tiempo y hace poco se ha dado importancia a los procesos personales de perdón y reconciliación. Durante años el perdón fue tenido como monopolio del clero y de las iglesias. En Bogotá, Colombia se viene popularizando una experiencia de perdón y reconciliación interpersonal denominada ESPERE, Escuelas de Perdón y Reconciliación, como un aporte importante a la construcción de paz en Colombia.

Con él me encontré pocas veces, pero fueron encuentros bastante significativos. Recuerdo que en una ocasión tratando de insinuarle que los odios y rencores afectan primeramente a la persona que los tiene me respondió: “Aterrice cura...el que la hace que la pague!”...Era Manuel Marulanda, alias Tirofijo, jefe máximo de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) mientras con rabia hacía memoria de miembros de su familia cruelmente asesinados durante la violencia de los años cincuentas.

Se le apodó Tirofijo porque sabía vengarse disparando sin fallar. Todas las veces que lo encontré me dejaron perplejo las expresiones contrarias en su rostro. Por un lado, expresiones llenas de odio y de rencor hacia el gobierno oficial. Pero por otro lado, unos ojos en los que se veía la nostalgia por la paz y la tranquilidad en su vida. En Génova (Quindío) donde nació, todavía comentan los más viejos: se lo comió la rabia y las ganas de vengarse!

Esas palabras de “aterrice cura” siguenresonando todavía en mi mente. Será que de verdad, la venganza es una necesidad humana o más bien, una ceguera colectiva? Será que el perdón es posible? Será que la reconciliación tiene algún sentido? Cómo lograr el perdón y la reconciliación sin que se sacrifique la verdad y la justicia? Castigar no es otra forma de cometer injusticias?

Me inquietaba que las ciencias sociales poco o nada se hubiesen preocupado por un tema tan cotidiano y complejo. Entendía muy bien que para el caso de la violencia en Colombia no bastaba la paz política sino que era necesario también construir la paz social. Cómo hacer entonces para popularizar el perdón y la reconciliación y hacer que no quedara como privilegio de adeptos a iglesias o de personas que podían pagar los altos costos de sicólogos y siquiatras?

Los estudios de violencia normalmente le dan más peso a las causas objetivas (carencias socio-económicas y políticas) que a las causas sujetivas (ajuste de cuentas, manejo de emociones y entre ellas, las rabias, los odios, rencores y deseos de venganza). Se ignora que con frecuencia la rabia de ser pobre empobrece más a la persona. No se trata para nada de anestesiar la conciencia social, sino de encontrar formas constructivas para lograr la justicia y la paz.

Menos aún, se trata de olvidar pues el olvido del dolor es imposible. Se trataba de recordar pero con otros ojos. De hecho, las rabias y rencores individuales terminan acumulándose con el tiempo, no se olvidan, y peor aún para el desarrollo comunitario, las rabias y los odios son también colectivos, étnicos e intergrupales.

En la encrucijada de estas reflexiones, entendí que el perdón y la reconciliación no podían continuar como monopolio de las iglesias y de los sacerdotes, por el contrario, era necesario convertirlos en elemento indispensables de la vida cotidiana. Por muchos años nos habían enseñado a practicar el perdón y la reconciliación vertical (con Dios) y olvidamos el perdón y la reconciliación horizontal (con nuestros vecinos).

En la Universidad de Harvard, con el apoyo de expertos de varias disciplinas, en al año 2000, logramos concretar la propuesta de las Escuelas de Perdón y Reconciliación—ESPERE, pensando que mientras gobierno e instituciones—con razón—se preocupan en nuestro país por alcanzar la paz política, en el drama de conflicto y violencia que vive Colombia, se hacen necesarias otras iniciativas para construir la paz social en la base de la sociedad colombiana.

Miles de colombianos que han sufrido la crueldad de la violencia, guardan, rabias , odios, rencores y deseos de venganza. Las víctimas, al no elaborar positivamente sus rabias y odios, como lo demuestran estadísticas recientes en el caso de Bogotá, corren alto riesgo de convertirse en victimarios.

Desde el año 2002, en 59 Barrios de las zonas más violentas y conflictivas de Bogotá, Colombia, se vienen implementando las Escuelas de perdón y reconciliación—ESPERE. La columna vertebral de este proyecto es la capacitación de animadores. Ellos son el alma y nervio de esta iniciativa. El animador proviene de organizaciones de base sociales, políticas, religiosas, culturales o es una persona con interés de contribuir a superar las dificultades que la convivencia en sociedad promueve entre grupos e individuos.

En el año 2002 se capacitaron y entrenaron en metodologías de perdón y reconciliación 180 animadores barriales, quienes a partir del momento de culminación del entrenamiento, inauguraron escuelas barriales de Perdón y Reconciliación. Estas escuelas están conformadas por 10-15 personas que después de una motivación personal por parte del animador, deciden empezar el camino del perdón y la reconciliación.

Para tal fin, se diseñó una metodología de 10 módulos que ocupan aproximadamente 80 horas de trabajo (8 horas por cada módulo). El animador con la gente escogida, se reúne en casas privadas, en salones de colegios, en las instalaciones de las iglesias, en los salones comunales o en los lugares acordados y replica la experiencia que El mismo ha vivido anteriormente durante la capacitación. Se trata entonces de un ejercicio de grupo, donde la sabiduría acumulada de los participantes se convierte en un apoyo valioso para aquellos individuos que han sido víctimas de violencias de diverso tipo.

Hasta ahora, las ciencias sociales ha trabajado laudablemente en la línea de resolución de conflictos, mediación, arbitración y similares. De hecho existe un material teórico de gran valor y personas entrenadas en tal sentido. Sin embargo, falta todavía llegar al corazón de las personas para tocar aquellos espacios en donde efectivamente se resuelve y se motiva la convivencia duradera. La capacitación de las ESPERE busca pues llegar a esos espacios del corazón de las personas. Es allí donde nace la violencia y por lo mismo es allí donde puede volver a nacer la concordia y la paz. Los participantes a las ESPERE, básicamente aprenden a elaborar sus rabias, a transformar los odios y rencores, y en fin a promover acciones concretas que lo lleven, no ya al escalamientos de la violencia,, sino al perdón y reconciliación.

Los diez módulos mencionados están cuidadosamente pensados para facilitar el camino difícil y complejo del perdón y de la reconciliación. Esos 10 pasos son:

  1. Motivación y y acuerdos de total privacidad
  2. De la oscuridad ala luz
  3. Decido perdonar
  4. Miro con ojos nuevos
  5. Comparto el dolor
  6. Acepto el otro en mi
  7. Construyo la verdad
  8. Garantizo justicia
  9. Acuerdo un pacto
  10. Organizo la celebración

Estos diez módulos de trabajo, están estructurados dentro de una común partitura o ruta: Ambiente seguro, Motivación básica, Presentación de caso, Inspiración teórica, Compromiso y Ritual. Estos módulos y partitura están cargados de una fuerte concentración simbólica, en donde los colores, los aromas, la música, los rituales, el juego, las representaciones y los pactos juegan un papel importante.

Sin pretender que las ESPERE sean una cura milagrosa, se comienzan a notar cambios significativos en la transformación de los conflictos familiares y barriales. Se percibe ya reducción de la violencia intra-familiar y se nota un marcado fortalecimiento de las relaciones personales y comunitarias.

Las personas que hacen la Escuela de perdón y reconciliación se percatan de cambios importantes en su propia realidad: recuperan el significado de vida, el sentido de seguridad y la pertenencia a la comunidad. Para concluir el curso de las 80 horas de la Escuela de perdón y reconciliación normalmente se prepara la celebración de la memoria y de la restitución en donde las personas que han sido víctimas de algún tipo de violencia o injusticia tienen oportunidad de hacer memoria pública de su tragedia, de recibir reconocimiento de su dolor junto con una restitución, la mayoría de las veces simbólica, por parte de la comunidad barrial.

Los Animadores de las ESPERE, comienzan a recibir ahora el apoyo de practicantes universitarios, especialmente de ciencias sociales, para proveer apoyo más profesional a aquellas personas que han sufrido traumas más complejos. A este servicio se le ha dado el nombre de consultorios de paz.

Es importante anotar que el animador originariamente es escogido por la Junta de Acción Comunal del Barrio y por lo mismo es la misma Junta del Barrio la que provee todos los apoyos necesarios para que el mencionado animador pueda ejercer su trabajo en la mejor forma posible.

Para garantizar la sostenibilidad de las ESPERE existe un equipo de profesionales que facilita lazos de comunicación e integración entre las diversas ESPERE, hace seguimiento continuo, edita un boletín informativo mensual, provee material didáctico y en fin, proporciona refuerzo teórico y metodológico. Creemos que la sostenibillidad de los proyectos que se vienen desarrollando es un aspecto fundamental de la estrategia de las ESPERE. De hecho, una de las fortalezas de las ESPERE la constituye hoy el desarrollo de metodologías para el seguimiento, acompañamiento y consolidación de los procesos en que están involucradas, generando una cultura de la responsabilidad en el tiempo y en el espacio de las dinámicas sociales e individuales que se promueven.

Las ESPERE con el tiempo comienzan a especializar sus servicios. Hoy en día existen ya las ESPERE para jóvenes, para niños, para grupos parroquiales, para sacerdotes y religiosas.

A nivel de ciudad, las ESPERE están hoy en día agrupadas en 14 localidades. En cada una de ellas existe un coordinadorque cumple funciones de animación, apoyo y gestión.

La práctica cotidiana ha permitido la apropiación y desarrollo de herramientas conceptuales y metodológicas cada vez más mejoradas, que empiezan a ser usadas por otras instituciones que desde otras perspectivas trabajan por la paz. Próximamente en asocio con REDEPAZ—la red colombiana más grande de iniciativas para la Paz—por un lado, y con la Conferencia Episcopal Colombiana, por otro, se comenzará a ofrecer este servicio también en otras ciudades del país privilegiando aquellas que poseen los más altos índices de criminalidad y violencia.

Las estrategias de convivencia y la seguridad ciudadana han tenido por siglos, un marcado énfasis racional y policivo. Las ESPERE quieren ofrecer un paradigma diferente diseñado tecnologías de trabajo comunitario sustentadas en el fortalecimiento de la inteligencia emocional.

Sin querer desconocer la discusión de enfoques y teorías que existen sobre crecimiento de la violencia homicida en Colombia (ineficiencia de la justicia producto de una des-institucionalización generalizada, pobreza dramática de la gran mayoría de los colombianos, influencia perniciosa del narcotráfico, incremento de la criminalidad organizada, y aspectos actitudinales, entre otras) en las ESPERE, se ha optado por abordar tres ejes o dinámicas tanto individuales como colectivas en el trabajo del perdón y la reconciliación: el problema del control de las emociones, la carencia de mediadores institucionales en la comunidad y el desconocimiento de técnicas para la transformación de conflictos.

Con frecuencia el crimen y la violencia aumentan porque no existen o no funcionan instituciones mediadoras. Se fortalecen entonces, instituciones mediadores de corte negativo (grupos subversivos, pandillas juveniles, bandas organizadas de delincuencia común). El capital social de la paz se convierte entonces, en capital social de la violencia. En este sentido las ESPERE constituyen gradualmente un capital social positivo que sirve de institución mediadora tanto para laprevención de los comportamientos violentos como para negociación asertiva de conflictos.

Ciertos paradigmas comienzan a hacer parte del lenguaje cotidiano de las ESPERE. Se ha entendido que contra la irracionalidad de la violencia es necesario proponer la irracionalidad del perdón, que las ciudades se construyen de adentro hacia fuera, que perdonar no es olvidar sino recordar con otros ojos, que sin reconciliación no hay futuro, que los odios y rencores tienen graves efectos somáticos y sicológicos, que la verdad y la justicia son elementos indispensables de la reconciliación, y finalmente que la compasión y la ternura deben recuperarse como elementos básicos de una cultura de paz.

Algún día posiblemente me encontraré de nuevo con Tirofijo y esta vez seré yo quien con respeto le diga: Aterrice, Don Manuel: sin perdón y sin reconciliación no habrá futuro. Ni para Usted, ni para nadie!!!

 

Leonel Narváez Gómez is a Colombian Catholic priest. He received his M.Phil degree in rural sociology from the University of Cambridge in England and his Masters in Theology from the Harvard Divinity School. He has participated very closely in the peace negotiations with the leftist guerrillas in Colombia. He can be reached at leonel_narvaez@post.harvard.edu.

 

See also: Colombia, Education