Latin America and Asia (Fall 2018) Español

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El desarrollo en el noreste de Asia. Una perspectiva desde América Latina

Por Víctor López Villafañe

Después de cuatro décadas de estudiar a la región del noreste de Asia, principalmente integrada por China, Japón y Corea del Sur, me gustaría destacar lo que considero han sido las principales diferencias y lecciones que el rápido desarrollo de estos países puede ofrecer a la región de América Latina.

El noreste de Asia: una región con tres poderes.

Después de la segunda guerra mundial, primero Japón, luego Corea del Sur y finalmente China desde 1978, se fueron convirtiendo en potencias económicas mundiales. En la actualidad, China es la segunda economía mundial, Japón la tercera y Corea del Sur la onceava. Todas ellas eran economías atrasadas hace 70 años y su despegue y crecimiento económico ha sido excepcional en la historia mundial; y no sólo eso, sino que a su vez se convirtieron en motores para el crecimiento y desarrollo de toda la región asiática, por su comercio e inversiones mutuas.

En América Latina, Argentina fue considerada un poder emergente a principios del siglo XX con grandes posibilidades de convertirse en ese mismo siglo en una potencia mundial, suceso que no aconteció. A propósito; recuerdo aquel famoso chiste atribuido a S. Kuznets cuando le preguntaban sobre la clasificación de los países. Decía que había los desarrollados y los subdesarrollados, más Japón y Argentina. Estos dos aparte, porque nadie se explicaba por qué Japón, con tantas limitaciones de recursos era un país desarrollado, y Argentina con abundancia de recursos era subdesarrollado.

México y Brasil, los otros dos grandes países del continente, tuvieron crecimientos espectaculares entre 1950 y 1970 que llevó a clasificarlos como los grandes milagros económicos de América Latina, pero luego este crecimiento se detuvo como producto de sus altos endeudamientos que los condujeron, con el resto del continente a lo que se conoció como la década perdida entre 1980 y 1990. Posteriormente sufrieron de crisis financieras recurrentes. A pesar de todo esto, y debido a su enorme potencial, estos dos países siguen figurando como potencias medias en el sistema mundial.

Podemos imaginar, los grandes países de América Latina, a diferencia de Japón, China y Corea del Sur, no pudieron contribuir al desarrollo interno del continente. El comercio exterior y las inversiones principales siguieron proviniendo del extranjero. El caso mexicano es aleccionador. Es una economía grande, pero es una plataforma de comercio de grandes compañías de Estados Unidos, de Asia y Europa, quienes realizan sus inversiones aprovechando la cercanía al mercado americano, y los bajos salarios pagados a los trabajadores mexicanos. Así los intentos de integración de América Latina que han existido hasta la fecha han adolecido de esta falla, de no contar con economías propias de la región capaces de dinamizar y reestructurar las plataformas industriales y tecnológicas en toda la región como sucedió en el este de Asia. La mayoría de los países de América Latina y el Caribe siguen siendo muy dependientes de la venta de recursos y materias primas, y ello ha dado lugar a nuevos debates como el del neoextractivismo como formas de evolución pero dentro del marco de la explotación de los recursos naturales como medio esencial de toda la operación económica.

Lecciones del noreste de Asia.

Como podemos imaginar existen varias e importantes lecciones para América Latina. Me parece que una de ellas consistió en la intensidad con la que Japón, Corea del Sur y luego China han llevado a cabo sus políticas de industrialización. No sólo en todos los casos tuvieron altos promedios, -más que en México y Brasil, y otros países de América Latina -pudiendo lograr que amplias masas de población urbana y rural se convirtieran en los trabajadores de sus nuevas industrias. Con el tiempo, estas nuevas industrias se fueron transformando generando un ciclo de cambio y desarrollo tecnológico acorde a los desafíos que exigían estos procesos de restructuración. La absorción de empleo fue muy grande y posteriormente, ante las exigencias del cambio industrial y tecnológico, los salarios de los trabajadores aumentaron, creando un círculo virtuoso, pudiendo aumentar sus exportaciones a la vez que creaban un mercado interno dinámico.

En cambio, el crecimiento industrial que fue importante en algunos países de América Latina, como México y Brasil, en las etapas de desarrollo de América Latina de las posguerra, no pudo ser tan intenso para evitar que poblaciones marginales en el campo y en las ciudades surgieran como producto del cuello de botella generado por insuficiencias en el desarrollo rural e industrial. El caso de México vuelve a destacarse cuando la estrategia industrial puso el acento en la inversión extranjera y el comercio internacional como palancas para convertir a México, - decían los líderes de ese tiempo-, en una potencia económica. Así, aún bajo el TLCAN desde 1994, la migración de trabajadores a Estados Unidos se aceleró dramáticamente como efecto del aumento del desempleo rural. Casi un millón y medio de empleos se perdieron en las zonas rurales de México entre 1994 y 2004. Otros migrantes se fueron de las ciudades por las bajas remuneraciones en busca del sueño americano. Los salarios que se pagan a los trabajadores son muy bajos, y en eso reside básicamente la ventaja comparativa mexicana y en gran parte por ello, el mercado interno vive con un cuello de botella permanente. Por otro lado, los niveles de pobreza en general se mantuvieron como en el pasado, sin que estas nuevas estrategias pudiesen amortiguarlo.

Creo que el caso mexicano, ha sido un ejemplo de lo acontecido en diversos grados en toda América Latina. Ante los ojos de muchos países de América Latina, el experimento del TLCAN fue visto como una gran promesa de que el libre comercio con Estados Unidos haría de México una potencia al estilo de las del este de Asia. No fue así, porqué la integración se hizo sin estrategias y políticas previas para fortalecer los factores industriales, tecnológicos y de recursos humanos para favorecer los efectos hacia adentro de la economía mexicana. México es una potencia exportadora, pero fundamentalmente de empresas extranjeras que fabrican en México y exportan a los Estados Unidos. Debemos recordar que los países asiáticos se convirtieron en potencias exportadoras a los mercados mundiales sin necesidad de acuerdos comerciales, y que estos se firmaron posteriormente.

Sin política industrial, que fue totalmente abandonada en América Latina en las últimas décadas, las economías del continente no pudieron establecer interconexiones en sus industrias nacionales, ni entre estas, que en muchos casos no existían, y las empresas extranjeras que dominaban el sector de las exportaciones. Así, no pudieron generarse efectos positivos en el crecimiento económico, en el empleo, y la transferencia tecnológica fue limitada. Como consecuencia, en la mayoría de los países latinoamericanos la dependencia de los precios internacionales del petróleo y otras materias primas sigue siendo determinante de su crecimiento económico. Por lo tanto, el poder de control y manejo de las economías sigue los ciclos de precios a escala mundial. El continente sigue siendo, como demuestra la actual relación económica con China, una región proveedora de recursos naturales al mercado mundial.

La etapa del desarrollo industrializador con sustitución de importaciones en América Latina se realizó sin desarrollo tecnológico autóctono y esta fue otra clave en la diferencia con el este de Asia en donde como ha señalado Bruce Cumings se formaron burocracias autoritarias fuertemente orientadas a la industrialización endógena y a la promoción del sector exportador. Así, las industrias nacionales latinoamericanas fueron desarrolladas pero no pudieron ser competitivas en los mercados internacionales y casi en todos los países, la tecnología avanzada fue llevada por las empresas extranjeras a través de inversiones en plantas industriales y no se establecieron estrategias para aprender y transferir estas nuevas tecnologías a las empresas locales, como sucedió en Japón (más por medio de la adquisición de licencias y patentes de uso tecnológico) y Corea del Sur. China se encuentra desde hace décadas aprendiendo y transfiriendo nuevas tecnologías a sus empresas nacionales, lo que hoy constituye uno de los puntos de conflicto con los Estados Unidos.

Una vez que el modelo de sustitución de importaciones se agotó en América Latina, la respuesta fue el endeudamiento externo, lo que se hizo en gran escala en México, Brasil y Argentina durante la década de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado, lo que posteriormente condujo a crisis financieras y bajo crecimiento. Japón pudo realizar su crecimiento industrial con financiamiento producto de su ahorro interno, mientras que Corea del Sur se endeudó casi en los niveles de los grandes países de América Latina. La diferencia en el caso coreano es que los recursos del endeudamiento se destinaron preferentemente a sus industrias exportadoras con lo que pudieron pagarlas y mantener su crecimiento. China por su parte ha llevado a cabo su desarrollo económico con grandes y permanentes inyecciones de crédito local que provienen principalmente de su ahorro local. Las deudas de América Latina en gran parte no fueron destinadas a la promoción de industrias exportadoras, sino a industrias básicas como petróleo, electricidad y gastos gubernamentales, con la enorme posibilidad de que un gran porcentaje de esta deuda se haya ido por el canal de la corrupción, que es un mal endémico en toda la región.

Relaciones entre Asia y América Latina.

Desde el llamado Galeón de Manila que realizó comercio regular entre las dos regiones entre 1565 y 1815, y quizá los primeros migrantes de Asia en suelo mexicano, las relaciones se han mantenido latentes y muy dinámicas en las últimas décadas entre el final del siglo XX y las primeras de este siglo XXI. Las migraciones de Asia, principalmente provenientes de Japón y China se han constituido en grupos importantes en casi todos los países del continente. La población de origen japonés asentada en Brasil, por ejemplo, es la más numerosa fuera de Japón, y en muchos países los barrios chinos se destacan ahora por el respaldo que la presencia de China tiene a lo largo de la región. Grupos de migrantes coreanos y de otras naciones de Asia igualmente han llegado en los últimos tiempos a asentarse a territorios de América Latina como prueba del dinamismo que existe del intercambio entre las dos regiones.

Las inversiones y el comercio han crecido notablemente en los últimos años. Japón ha tenido una presencia económica importante desde el final de la segunda guerra mundial y China con su enorme potencial económico actual se ha convertido en un socio de primer orden para muchos países de América Latina. En la actualidad el comercio total de Asia ocupa ya el segundo lugar después de los Estados Unidos para la región de América Latina y el Caribe.

Sin embargo lo que se destaca en la relación económica de América Latina con China y su aceleración en los últimos años, así como la escala de su inversión. Lo anterior queda reflejado con algunos datos. En el año 2008 el comercio total era ya de 143 mil millones de dólares y en 2017 este fue de más de 250 mil millones de dólares. El comercio ha crecido en estos años a una tasa cercana al 15% anual y de conservarse estos niveles de crecimiento comercial, en los próximos diez años los mercados de América Latina serían de enorme importancia para el comercio mundial de China.

Además, en estos años, la penetración comercial de China fue decisiva no sólo para hacer más resistente a las economías de muchos países del sur del continente frente a la crisis económica mundial, sino que este país pasó a convertirse en un socio de primera magnitud, desplazando en muchos casos a Estado Unidos como el socio principal. Este fue el caso de Chile y de Brasil. Para Argentina, Costa Rica, Perú y Cuba, el mercado de China paso a convertirse en el segundo mercado de sus exportaciones. El problema principal, como hemos mencionado, consiste en el hecho de que todos los países de América Latina, están aumentando su comercio con China de manera desigual, basado principalmente en las ventas de materia prima y energía y recibiendo las importaciones en forma de manufacturas de China, lo que coloca al continente latinoamericano en la posibilidad de repetir un nuevo ciclo de dependencia.

 

Profesor Emérito del Tecnológico de Monterrey. Realizó sus estudios sobre China y Japón en la Universidad de Tsukuba, Japón, entre 1977 y 1979. Entre sus mayores distinciones se encuentra la conferida por el gobierno de Japón en el año 2017,“ la Orden del Sol Naciente en grado de Rayos de Oro con Collar de Listón” por sus contribuciones al estudio de la región de Asia-Pacífico. Actualmente es profesor de la Universidad Autónoma de Zacatecas. villafane16@gmail.com



 

Un éxito comercial producto de la censura: En el nombre de la alpaca

Por Patricia Castro Obando

 

Un final feliz y dibujado con caracteres chinos ha tenido la alpaca en China. Con la inauguración en diciembre del 2017 de la primera tienda oficial de la marca Alpaca de Perú en un prestigioso centro comercial de Beijing, y el despegue, un mes antes, de la tienda online con prendas de vestir y accesorios de alpaca producidos en el Perú, se hizo realidad un cuento de hadas que tuvo como protagonista a este mítico animal de los Andes. Pero lo que hoy es una historia de éxito comercial empezó como un caso de censura china.

 

Casi una década ha transcurrido desde que la alpaca saltó a la fama camuflada con el nombre de “Caballo de hierba y barro”, a inicios del 2009. Fue una batalla en las redes chinas de Internet que popularizó a la alpaca, por entonces una perfecta desconocida en el país de los dragones. Al principio se trataba de una supuesta bestia mítica que había sido creada por los internautas para desafiar, a través de juegos de homófonos que permite la lengua china, a la censura. Pronto, la criatura de ficción se convirtió en la abanderada de la libertad de expresión en China.

 

En el mágico mundo de Internet –mucho más mágico en China donde desaparecen hasta hoy expresiones que los censores califican de sediciosas- nació el “Caballo de hierba y barro”, la primera de las “Diez Criaturas Míticas de Baidu”, una especie de alpaca que habita el apacible desierto de “Gobi Mahler”. Su enemigo es el “Cangrejo de río” que porta tres relojes de pulsera y ha invadido su hábitat para devorar los pastizales. Al final del cuento chino, el “Caballo de hierba y barro” derrota al “Cangrejo de río” y lo expulsa con sus tres relojes de pulsera del desierto de “Gobi Mahler”, para siempre.

 

Lo que aparentaba ser una fábula para niños se convirtió en la mayor victoria de los internautas chinos para eludir el control y desafiar la capacidad de los censores en la difusión de mensajes codificados. Con un mágico cambio de tonos y otro giro maestro en los caracteres, “Caonima”, el nombre en lengua china de “Caballo de hierba y barro”, se transmutaba en el mayor insulto conocido en todas las lenguas a la progenitora, y el supuesto “Male Gebi”, o desierto de “Gobi Mahler”, tomaba el título del órgano sexual femenino.

 

El enemigo hacia donde apuntaban todos los dardos era ya un viejo conocido en las zonas rurales, donde se tilda de “cangrejo” al bravucón que emplea la fuerza para ganar poder, una práctica frecuente en lugares alejados de la autoridad central. Con un magistral remezón de tonos y caracteres en los nombres chinos, la parodia en el ciberespacio hizo que “los tres relojes de pulsera” o “Sangebiao” que llevaba el “Cangrejo de río” o “Hexie” aludieran a la “Triple representatividad” y la “Sociedad armoniosa”, conceptos políticos rubricados por líderes chinos.

 

Fue la “Triple representatividad” de Jiang Zemin en el 2002, el principio que abrió oficialmente las puertas del Partido Comunista de China a la nueva ola de empresarios. Dos décadas después de iniciado el proceso de reforma y apertura de los 80, se acentuó la disparidad entre la costa este y las regiones del oeste. Para aliviar las tensiones sociales de un crecimiento desequilibrado, Hu Jintao trajo de vuelta en el 2005 el tradicional concepto chino de la “armonía” exhortando la construcción de una sociedad y un mundo armoniosos.

 

Una armonía impuesta por decreto también trajo consigo un radical aumento de la represión política en el 2008, el mismo año de los Juegos Olímpicos en Beijing. Las redes chinas fueron “armonizadas”, un eufemismo para denunciar la desaparición de publicaciones que protestaban contra el sistema autoritario chino. Fue en este contexto que el “Caballo de hierba y barro” saltó la muralla de la censura, evadió los filtros de términos políticamente sensibles y se convirtió en el ícono de la resistencia ciudadana en Internet.

 

Con la complicidad de los homófonos y un aspecto de dulzura e inocencia que contrastaba con su nombre en chino, la alpaca se volvió una celebridad. Su propia gama de productos personalizados, además de fotos, videos, ilustraciones y juegos en línea inundaron los foros de internet y saltaron a las tiendas comerciales. Un video infantil con alpacas reales superó el millón de vistas en YouTube, cuando esta plataforma todavía era accesible desde China. Acariciar un muñeco de alpaca confeccionado con la fibra real del auquénido se convirtió en un pasatiempo de muchos niños.

 

El nombre en chino pudo esquivar a los censores pero la suave textura que atraía a los niños, captó la atención de los comerciantes locales. A fines del 2008, y especialmente durante el 2009, la importación de pelo fino peinado de alpaca experimentó un repunte en el mercado chino. Para garantizar la mejor calidad, se apuntó al Perú, el país que posee al menos 4 millones de alpacas, la mayor población de camélidos sudamericanos del mundo. En el 2010, el 59 por ciento de las exportaciones peruanas de fibra de alpaca tuvieron como destino China.

 

LA ALPACA SUBE A LAS PASALELAS CHINAS

 

De la mano de la moda, la alpaca subió a las pasarelas en China. La Embajada del Perú en Beijing y la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (PromPerú) organizaron en el 2013, el primer desifle de prendas de alpaca con una colección de 24 prendas de la diseñadora peruana de origen chino Sumy Kujon. En los años posteriores, también se lucieron las colecciones de Mirva Trujillo (Qaytu), Henry Vela (Velavera) y José Miguel Valdivia (JMV), entre otras marcas peruanas.

 

Estos desfiles –cuatro en total hasta el 2017- pusieron sobre la alfombra roja al Perú, no solo como productor de la fibra sino por la alta calidad de sus confecciones. La alpaca peruana fue ganando terreno en el mercado del norte de China que prefiere este tipo de material por las bajas temperaturas del invierno. Otras fibras naturales de alta gama, como cachemira y mohair, corren en la misma competencia con la alpaca, disputándose a los sofisticados compradores locales. Cada vez más informado y exigente, el consumidor chino no solo demanda calidad por precio sino también diseños originales.

 

La ExpoPerú del 2014 en Beijing –el mayor evento peruano de promoción multisectorial en el exterior- consolidó la presencia del Perú como garantía de la calidad y creatividad. Ese mismo año, la cooperación de PromPerú con el Instituto Tecnológico de Moda de Beijing (BIFT) generó la firma de acuerdos que permitieron la participación de prestigiosos diseñadores chinos en Perú Moda -la más importante feria de la industria de confecciones en el país- y las pasantías para jóvenes diseñadoras peruanas a China como Silvia Paredes y Vania Tafur.

 

En los tres años siguientes, las exportaciones peruanas de fibra de alpaca continuaron escalando, impulsados por la demanda china. Este crecimiento estuvo sustentado por el aumento de los volúmenes y los precios de exportación. Entre enero y noviembre del 2017, el principal destino de las ventas peruanas fue China, que pasó de US$ 15,1 millones en el 2016 a US$ 48 millones en el 2017, registrando un incremento de 217 por ciento. El Perú es el principal exportador y productor mundial de fibra de alpaca. Produce anualmente 4.500 toneladas de fibra y destina un 60 por ciento al mercado externo.

 

LA TIENDA DE LA ALPACA EN BEIJING

 

El posicionamiento de las prendas peruanas de alpaca en China se concretó en diciembre del 2017 con la inauguración de la primera tienda multimarca a cargo de la firma china World Link y el lanzamiento oficial de un pabellón online de productos peruanos de alpaca con el gigante Jingdong (JD.com), la principal plataforma de venta directa online (E-tailer) de China. JD cuenta con 413 millones de compradores en línea y más de 198 millones de clientes activos. La expectativa de venta para las empresas peruanas a través de este proyecto es de $1.5 millones de dólares al año.

 

Así como en la tienda física, la tienda virtual tiene como paraguas la marca “Alpaca del Perú” y las prendas llevan la etiqueta con este logo, como símbolo de su autenticidad y calidad. Ambos proyectos se sostienen en el alto valor que los productos peruanos de alpaca han alcanzado en China. Durante la apertura de la tienda física, Huang Minghui, fundadora de World Link, expresó ante un centenar de líderes chinos del sector, que “se sentía muy satisfecha de traer la calidez de los Andes del Perú a China”.

 

En una ceremonia realizada horas antes de la inauguración en el histórico Hotel de Beijing, vecino de la Ciudad Prohibida, se entregó la autorización para el uso de la marca oficial “Alpaca del Perú” al grupo World Link. La primera tienda peruana multimarca situada en el emblemático Centro Comercial Wangfujing, recibió la inversión de esta empresa china que trabajó con la Oficina Comercial del Perú en Beijing (OCEX Beijing) y PromPerú para poner en la vitrina del competitivo mercado chino, prendas de vestir y accesorios de alpaca producidos en el país andino.

 

Con un desfile de moda en los exteriores de la tienda y dos alpacas vivas en un corral situado frente del local para dar la bienvenida a los consumidores de alto nivel adquisitivo, World Link empezó a comercializar los productos de seis empresas peruanas. De esta forma se lanzó el proyecto de expandir la marca “Alpaca del Perú” en China, a través de una red de contactos que incluye a centros comerciales, grupos importadores, destacados diseñadores y otros referentes chinos del sector.

 

La alpaca también ha contribuido a impulsar la relación comercial. A la fecha, China es el principal destino de las exportaciones peruanas totales con un 26 por ciento, diez puntos porcentuales más que los envíos peruanos a Estados Unidos. Así, entre enero y mayo del 2018, las exportaciones alcanzaron los US$ 5.303 millones, que además es la cifra más alta para los primeros cinco meses de un año. De acuerdo con fuentes oficiales, esto se debe al incremento de los envíos de textiles como el pelo fino de alpaca a China.

 

Pero el increíble camino ascendente de la alpaca en China ha supuesto también un cambio de identidad. En las redes quedó atascado el “Caballo de hierba y barro” mientras que en los circuitos comerciales, la alpaca brilla en todas las pasarelas con su nombre oficial en lengua china, “yangtuo”, aunque también se admite el palíndromo, “tuoyang”. En el imaginario colectivo de China, el camélido andino se parece a una cabra que es “yang” y a un camello que es “tuo”, pero nunca más a un caballo.

 

Patricia Castro Obando, periodista peruana y candidata a doctora en Antropología. Fue corresponsal del diario peruano El Comercio en Beijing. Hace 15 años reside en China. @chinaes1planeta


 

Reduciendo la brecha de infraestructura

Por Margaret Myers

Durante las últimas dos décadas, los avances de China en América Latina han llamado mucho la atención, y con razón. En el 2017, China exportó $140 mil millones de productos, gastó $17 mil millones en fusiones y adquisiciones y ofreció $9 mil millones en financiamiento estatal a la región. Además de anunciar nuevas iniciativas de inversión en Perú y Brasil durante los últimos meses, Beijing también ha reclutado dos nuevos aliados políticos—Panamá y la República Dominicana—de los escasos socios diplomáticos que todavía retiene Taiwán en la región.

Hoy en día, a medida que se incorpora América Latina a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR)—la icónica política de conectividad promovida por el presidente chino Xi Jinping—los gobiernos cada vez miran más hacia China para atender el déficit de infraestructura evidente en la región. Se espera que los bancos estatales, tales como el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportaciones e Importaciones de China, u otras plataformas financieras apoyadas por China, tales como el Fondo de la Ruta de la Seda de $40 mil millones o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), puedan proveer una porción de los $300 mil millones anuales necesarios para modernizar la infraestructura de la región durante la próxima década.

Sin embargo, si nos dejamos llevar por la historia, parece improbable que el compromiso de China con el desarrollo de infraestructura latinoamericana resulte en una serie de megaproyectos nuevos en los siguientes años. La construcción de los sectores de transporte y energía ha sido un enfoque principal del compromiso chino con América Latina por más de una década, y es una pieza central de la política china hacia la región. No obstante y a pesar de fondos relativamente abundantes y un considerable afán por correr riesgos, las empresas y los financieros chinos rara vez entregan infraestructura operativa en América Latina.

Pese a algunos ejemplares de proyectos exitosos, algunos de los cuales se completaron además en tiempo récord, los inversionistas chinos todavía se muestran cautelosos a la hora de operar en América Latina. Muchos consideran la distancia entre la región y Asia prohibitiva, y los ambientes regulatorios y procesos de licitación en algunos países resultan sumamente complejos y agotadores. Tal como indicó el catedrático de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai Zuo Pin en la revista Guoji Guancha en 2015, ya sea parte de la IFR o no, América Latina es considerada un entorno de inversión difícil.

Más aun, la frecuente falta de la diligencia debida de parte de las empresas chinas en la región ha resultado en conflictos imprevistos y, por consiguiente, en el retraso de proyectos. Debido a su preferencia por no intervenir en los asuntos nacionales de países anfitriones, muchas empresas chinas de infraestructura dependen de las evaluaciones de riesgo y estudios de viabilidad llevados a cabo en el país anfitrión, a pesar de una historia de resultados desafortunados.

Tomemos por ejemplo la participación de la Corporación Tres Gargantas de China y la Corporación Internacional de Agua y Electricidad de China (CWE) en la represa hidroeléctrica Rositas en Bolivia, la cual es un proyecto de prioridad para el Presidente Evo Morales. Una empresa china adicional, la Corporación Hydrochina, fue contratada para realizar estudios de viabilidad de finanza e ingeniería y para participar en el diseño del proyecto de casi mil millones de dólares. Sin embargo, ninguna de las empresas chinas involucradas tenía suficiente entendimiento—ni luce haber sido informada—de la posible oposición al proyecto procedente de la comunidad local, cuyas preocupaciones por el desplazamiento y seguridad alimentaria han retrasado indefinidamente el proyecto. Los posibles efectos sobre estas comunidades fueron tantos que el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas eventualmente se vio obligado a reconocer sus pedidos.

En otros casos, Beijing conscientemente acepta altos niveles de riesgo con la meta de fortalecer cooperación política en la región, asegurar ganancias económicas o avanzar un proyecto de alto perfil. De todos los proyectos de infraestructura en América Latina propuestos por China, el Corredor Ferroviario Bioceánico Central probablemente es el más emblemático de los principios de la IFR, particularmente la conectividad basada en la infraestructura y la facilitación del comercio. De llevarse a cabo, el megaproyecto vincularía el corazón de la soja de Brasil y la costa de Perú, así permitiendo un transporte más seguro y rápido de soja a China y conectando los frágiles segmentos de ferrocarril a través de Sudamérica. Los gobiernos tanto de Michel Temer como de Pedro Pablo Kuczynski en Brasil y Perú pospusieron el proyecto en el 2017, citando preocupaciones ambientales y de otros tipos. No obstante, Beijing continúa promoviendo el ferrocarril y favoreciendo una llamada “ruta norteña” que corre desde Ica en Perú hasta Santos en Brasil. La ruta norteña sería la más efectiva en términos de costo para China, pero es ampliamente reconocida como la más costosa ambiental y socialmente de las tres opciones propuestas. Los planes iniciales la tienen pasando por las áreas con la mayor biodiversidad, tales como la Reserva Isconahua y Vale do Rio Juruá, y por los bosques relativamente intactos en los estados de Mato Grosso, Rondônia y Acre en Brasil.

Actualmente, quizás China es el único actor que pueda llevar a cabo un proyecto de esta magnitud. Sin embargo, es difícil imaginar que cualquier entidad china pueda hacerlo sin provocar una fuerte reacción pública, menoscabo de reputación o daño a las relaciones entre China y América Latina a nivel más amplio. Las sociedades civiles y los grupos vigilantes latinoamericanos han manifestado los efectos probables de la construcción de la ruta norteña sobre las sabanas y los bosques tropicales, y sobre centenares de comunidades indígenas viviendo allí.

Claro, también hay ejemplos de empresas chinas que tomaron las precauciones necesarias y cumplieron con los procedimientos y las regulaciones locales, pero que igualmente terminaron lidiando con la incertidumbre política de varias formas en América Latina. La cancelación de una línea de tren de alta velocidad vinculando la Ciudad de México y Querétaro en el 2014 escandalizó a la Corporación de Construcción de Ferrocarriles de China, la cual había ganado la licitación para el proyecto como parte de un consorcio chino-mexicano. El acuerdo fue rescindido luego de una serie de protestas protagonizadas por legisladores mexicanos y en medio de especulación de que los proyectos de obras públicas beneficiarían a los aliados del presidente mexicano Enrique Peña Nieto y su Partido Revolucionario Institucional (PRI). Para China, la cual activamente procuraba exportar productos de alta tecnología y servicios, el cambio de conducta por parte de México fue un desarrollo incómodo, especialmente porque el acuerdo había sido altamente divulgado en los medios chinos. Los ciudadanos chinos acudieron al Internet en masa para condenar la decisión de México. Aun así, China quizá participe en una versión resucitada del proyecto que ha sido propuesta por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

Sin tomar en cuenta el por qué, los contratiempos para las empresas de infraestructura chinas representan la norma y no la excepción en la mayoría de los países latinoamericanos. Por consiguiente, aunque resulta posible un leve crecimiento en el número de licitaciones chinas por proyectos de infraestructura en la región relacionadas a la IFR, sería prudente que los latinoamericanos moderen sus expectativas. Es tan probable que China mercadee los proyectos existentes como parte de la IFRcomo ha ocurrido en otras regionescomo que persiga nuevos acuerdos de alto valor. Por ejemplo, el Corredor Económico Bangladesh-China-India-Myanmar (BCIM), una parte integral de la IFR, fue concebido en el 1999—14 años antes de que Xi Jinping mencionara la Franja y la Ruta.

Nada de esto ha impedido que los funcionarios y ejecutivos chinos expresen interés en las carreteras, los ferrocarriles, los puertos y otras formas de infraestructura en América Latina durante los últimos meses. El Ministro de Relaciones Exteriores Wang Yi exigió “una ‘gran conectividad’ por tierra y mar” durante el Foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y China (CELAC) en enero del 2018. Más recientemente, el embajador de la República Popular China en Perú, Jia Guide, anunció $10 mil millones en inversión china en dicho país durante los próximos tres años, incluso en los sectores de telecomunicación, construcción e infraestructura. Además, Panamá, Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda y Bolivia se sumaron a la lista de aproximadamente 70 signatarios que han firmado acuerdos para promover la Franja y la Ruta, mientras que el ferrocarril entre Ciudad de Panamá y David se convirtió en un proyecto de infraestructura oficial de la IFR. Se espera que más estados latinoamericanos y caribeños formalicen sus vínculos con la IFR en los meses que vienen, con la expectativa de asegurar acuerdos de infraestructura apoyados por China.

Si esto se materializa o no dependerá, entre muchos otros factores, de la medida en que los gobiernos latinoamericanos se inclinen a ejecutar la coordinación política y planificación estratégica en los años venideros. Las empresas chinas se beneficiarían considerablemente de un registro de proyectos regionales que no solo le hace mucha falta a la región, sino que además sería factible y sostenible para una variedad de partes interesadas de América Latina. La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), un esfuerzo de los gobiernos sudamericanos con la meta de crear una nueva red de infraestructura para el continente, incluyendo docenas de carreteras, canales, puertos y proyectos de energía y comunicación, es un comienzo importante. Sin embargo, según la organización no gubernamental International Rivers, hasta ahora son pocos los intentos hechos para evaluar los impactos cumulativos de los planes ambiciosos de IIRSA.

La atención por parte de China a las numerosas externalidades relacionadas a las obras públicas y otros proyectos también aumentaría su tasa de éxito. Beijing continuará asumiendo altos niveles de riesgo en el extranjero para cumplir objetivos políticos, asegurar su seguridad energética y alimenticia y promover el crecimiento económico en China. No obstante, empresas chinas individuales pueden aprender de sus tropiezos en América Latina a medida que persiguen nuevos proyectos. Muchos, como la compañía de minería MMG en Perú y State Grid en Brasil, pareceren estar haciéndolo. El éxito de China en crear una “comunidad con destino compartido” con América Latina—un marco cooperativo promovido por funcionarios chinos en los últimos meses—dependerá de la aplicación continua de las lecciones aprendidas por las empresas chinas. Hasta que las empresas mejoren sus tasas de culminación de proyecto en América Latina, se puede esperar que China solamente tenga un impacto marginal sobre el déficit de infraestructura en la región.

El proyecto “Hecho en China 2025”: impulso del Estado hacia la transformación industrial con alcance global

Por Renato Balderrama

 

Autosuficiencia china en nuevas tecnologías

 

“Made in China 2025” (MIC 2025) es una estrategia nacional anunciada por el Consejo de Estado Chino en mayo de 2015 con el objetivo central de aumentar, consolidar y balancear la industria de manufactura de China para convertir a este país en una potencia mundial con capacidad de influencia en los estándares internacionales y cadenas de suministro, así como ser líder de la innovación a nivel internacional. De igual forma, a través de la modernización de su estructura productiva, el gobierno central busca revertir los efectos de la desaceleración económica en el mediano plazo. Este plan, elaborado por el Ministerio de Industria y Tecnologías de Información (MIIT, por sus siglas en inglés), tiene objetivos muy específicos prospectados no solo hacia 2025 sino hacia 2049, año en que se cumplirá el 100 aniversario de la fundación de la República Popular China.

 

En pocos años, China no solo se convirtió en la “fabrica del mundo”, también se convertirá en el mejor ecosistema de emprendimiento e innovación a nivel global compitiendo hombro con hombro con Estados Unidos, los dos epicentros más importantes de creación de Startups y Spinoffs más valiosas del globo. Y desde nuestra geografía es importante saber ¿dónde quedará América Latina?, ¿Qué está haciendo la región para no quedar fuera de la Revolución 4.0? América Latina se desindustrializó, sobre todo países como Perú, Chile, Argentina y Colombia. Decidieron robustecer su sector primario principalmente para la exportación a Asia, sin embargo no apostarón a diseñar estrategias con el fin de hacer uso de tecnologías de punta para hacer más rentable y agregar valor a sus exportaciones.

 

Mario Castillo, jefe de la Unidad de innovación y nuevas tecnologías de la CEPAL, comenta que “la región no hizo el catching-up durante la tercera revolución, y por eso el tema hoy es debatir cuáles son las políticas públicas que deben crearse para aprovechar la nueva ola de desarrollo”. Según el último reporte de Blomberg 2018 sobre el índice global de innovación, en el ranking de las cincuenta países más innovadores del mundo no aparece ni uno sólo de América Latina, en cambio aparecen Sudáfrica, Tunez y Marruecos.

 

La mayoría de los países de América Latina, en especial su sector privado, sigue viendo a China como un mercado para exportar materias primas y, quizás en algunos casos, atraer inversión para desarrollo de infraestructura, sin embargo ningún país está diseñando estrategias para aprovechar los ecosistemas de emprendimiento que se han desarrollado en ciudades como Beijing, Shanghai y Hangzhou, donde se encuentra no sólo gran parte del talento humano global, sino un gran porcentaje de los emprendedores más exitosos del orbe. Lo que está perdiendo hoy América Latina al no saber ni enteder el MIC 2015 es el costo de oportunidad de no estar aprovechando la tecnología y el capital para emprendimiento de la cual China dispone y que, como lo explicaremos, es su prioridad para las próximas décadas. Ya no se trata de ver cómo exportamos a China, sino como diseñamos patentes en China para después manufacturar en el Sudeste y Sur de Asia a través de las redes chinas de negocios y de ahí vender para todo el mundo.

 

Si bien se ha considerado que el plan MIC 2025 es una iniciativa inspirada por el plan lanzado en Alemania de “Industria 4.0”, la visión china es más amplia en el sentido que se enfoca en temas de calidad, consistencia en los productos terminados, seguridad, protección al medio ambiente, entre otros, que son considerados retos estratégicos para el desarrollo del país. El plan MIC 2025 no es un esfuerzo aislado, sino que pertenece a una serie de políticas interconectadas que buscan incrementar la innovación local a través de las denominadas “industrias estratégicas emergentes” que se incluyen en el 13º Plan Quinquenal (2016 – 2020), un nuevo Plan de Ciencia y Tecnología, y diversos planes de desarrollo regionales.

 

El MIC 2025 contiene nueve tareas estratégicas: alentar la innovación; promover el uso de manufacturas integradas, digital y centrada en alta tecnología; fortalecer la base industrial general; mejorar la calidad de los productos y crear marcas globales chinas; enfocar los esfuerzos en la aplicación de métodos de fabricación ecológicos; reestructurar las industrias para mejorar la eficiencia y la producción; mejorar las industrias de servicios de manufactura y fabricación orientadas a los servicios; globalizar las industrias manufactureras chinas; y realizar innovaciones tecnológicas en 10 sectores considerados prioritarios y de alto valor agregado.

 

Los diez sectores que se designaron como prioritarios para desarrollar son: equipo marino avanzado y buques de alta tecnología; trenes y equipos avanzados; maquinaria agrícola y tecnología; equipo de aviación y aeroespacial; productos biofarmacéuticos y equipo médico de alta gama; circuitos integrados y nuevas tecnologías de información; equipo electrónico de alta gama; maquinaria de control de fabricación de alta gama y robótica; vehículos de energías nuevas; materiales nuevos y avanzados.

 

La propuesta del MIC 2025 es una de las iniciativas del gobierno central para incentivar la creación de innovación indígena (local) y autosuficiencia en sectores considerados como estratégicos para el desarrollo y liderazgo del país a nivel internacional. De forma general, se puede considerar que el plan MIC 2025 busca dos objetivos: primero, la sustitución gradual de tecnología extranjera en la industria nacional; segundo, la decisiva presencia de tecnología de origen chino a nivel internacional. Por ejemplo, una de las metas principales es incrementar la participación de proveedores chinos en el mercado doméstico para “componentes centrales básicos, así como materiales básicos importantes” en 40 por ciento para el 2020 y hasta 70 por ciento para 2025. De igual forma, se detallan metas concretas para ciertos segmentos: 40 por ciento de los procesadores para teléfonos inteligentes en el mercado chino tendrán que ser producidos por firmas locales para 2025, así como 70 por ciento de los robots industriales y 80 por ciento de equipo relacionado con la generación de energías renovables. Ahora bien, los recursos económicos destinados para la implementación del MIC 2025 también son importantes: el Fondo de Manufactura Avanzada es de alrededor de CNY 20 mil millones (EUR 2.7 mil millones) y el Fondo Nacional de Circuitos Integrados recibió CNY 139 mil millones (EUR 19 mil millones). Además de estos fondos centrales, los gobiernos provinciales cuentan con diversos mecanismos financieros orientados hacia la capitalización de estas industrias. Para dar una idea de la comparación en términos de financiamiento federal que el gobierno alemán destinó al programa de Industria 4.0, es de EUR 200 millones. Tan sólo a nivel federal, los recursos financieros del gobierno chino sobrepasan de forma significativa la iniciativa alemana de manufactura inteligente.

 

Los fondos se han destinado para coordinar el apoyo financiero para las empresas nacionales para innovar, generalmente en forma de préstamos y subsidios para investigación y desarrollo; para establecer 40 centros de innovación hacia 2025 para desarrollar la Integración de tecnologías de información en la manufactura; para construir 1,000 fábricas verdes hacia 2020 para mostrar mejores prácticas de emisiones; para alentar la autosuficiencia mediante la importación de no más del 20% de los insumos en 2025; y para promover la investigación y desarrollo indígena en sectores tales como aeronaves, vehículos de nuevas energías y equipos médicos.


Disrupción industrial a nivel internacional

 

Si bien el MIC 2025 tiene un enfoque altamente interno en el sentido de fortalecer la capacidad de modernización e innovación de las industrias nacionales, a través de la proclamación del fomento de la denominada innovación indígena, el objetivo paralelo de China es la expansión internacional en dos dimensiones.

 

Primero, a través de la adquisición acelerada de tecnología de punta mediante la compra y/o fusión, así como la inversión en empresas extranjeras, principalmente en Europa y Estados Unidos. Dichas operaciones vienen tanto de empresas para-estatales como de empresas privadas chinas que buscan tener acceso a soluciones tecnológicas que les llevarían décadas producir por sí mismos. Algunos analistas sostienen que, de seguir esta tendencia, en el largo plazo, China podría obtener el control sobre la mayoría de los segmentos rentables de las cadenas de suministro globales y redes de producción. Lo anterior, puede producir tensiones entre los países altamente desarrollados en materia tecnológica con China derivado de la necesidad de proteger sus industrias nacionales de fusiones y/o adquisiciones que consideren estratégicas para cada país, como se ha visto reflejado en la creciente tensión entre China y Estados Unidos ante posibles adquisiciones de empresas estadounidenses dedicadas a la producción de micro-procesadores y/o equipo de infraestructura de redes por capital de origen chino.

 

Segundo, a través del esfuerzo que hace el gobierno central para apoyar a que sus grandes conglomerados tecnológicos tengan una presencia importante a nivel global como proveedores de bienes y servicios, compitiendo con otras empresas globales y/o regionales. Este esfuerzo no es nuevo, dado que, desde finales de la década pasada, el gobierno chino ha tenido una actitud propositiva para la internacionalización de sus empresas. Lo que sí es diferente en esta ocasión es la capacidad de movilización tanto de recursos financieros como de crecimiento exponencial que las empresas de tecnología chinas puedan tener como agentes de cambio, e incluso, disruptores, en otras latitudes.

 

Ambos factores han propiciado inquietudes de diversos países y empresas globales que buscan tener mayor acceso al mercado chino como proveedores de productos y servicios en las industrias enunciadas en el MIC 2025, además de reservas a las cláusulas de transferencia de tecnología a empresas locales que buscan establecer operaciones en ese país. El argumento central de las Cámaras de Comercio de Estados Unidos y la Unión Europea en China, entre otros actores internacionales, es que este plan podría tener ciertas connotaciones proteccionistas que generen obstáculos a las normas del comercio internacional y les impida incursionar y/o crecer de forma justa y competitiva en el mercado chino. Estados Unidos ha sido uno de los primeros países en reaccionar de forma frontal ante este hecho. La administración del Presidente Donald Trump anunció hace unos meses una serie de barreras arancelarias en productos e inversiones de origen chino en empresas relacionadas con sectores estipulados en el plan “Hecho en China 2025” bajo argumentos de seguridad nacional, reciprocidad comercial, entre otros. La respuesta del gobierno de China no se hizo esperar y, según la mayoría de los analistas, estas acciones pueden propiciar una guerra comercial con implicaciones globales. Las repercusiones en las cadenas productivas y flujos de capital están por verse, pero es una realidad que las industrias de alta tecnología tendrán grandes retos regulatorios crecientes a nivel internacional.


Con la implementación del MIC 2025 no queda la menor duda de que China ha puesto en el centro de su desarrollo económico futuro a la economía del conocimiento que genere alto valor agregado y alta competitividad. El papel que juega el gobierno central como motor para la generación de ecosistemas de innovación a través de la planeación y el financiamiento del MIC 2025 ha tenido efectos paralelos en la creación de diversos clústeres de innovación regionales en áreas complementarias de la nueva economía: FinTech, Inteligencia Artificial, Movilidad Autónoma, Big Data, Internet de las Cosas, Ciudades Inteligentes, entre otras. Los polos de desarrollo tecnológico se han concentrado, como en la primera ola de industrialización y apertura económica de China hace casi 40 años, en las zonas costeras: Shenzhen, Hangzhou, Shanghai, Wuxi, Nanjing, y en la capital, Beijing. Sin embargo, también se han generado iniciativas y políticas regionales de innovación importantes en el oeste (Chengdu y Chongqing) y en el sur (Hainan) de China. No es atrevido considerar que el MIC 2025 busca la autosuficiencia en materia de nuevas tecnologías derivado de su importancia estratégica en el siglo XXI.

 

Ante este escenario de abundancia de capital, tecnología y talento del lado chino, ¿cuál será la estrategia tanto de las economías desarrolladas como de las economías emergentes para generar políticas públicas orientadas a reforzar la ciencia y la tecnología nacionales, evitar el aumento de la brecha digital y por ende, el rezago en términos de desarrollo económico y competitividad en el futuro cercano?



 

De vendedores a diseñadores de moda; Inmigrantes coreanos en la industria de textiles sudamericanas

Por Kyeyoung Park

Los inmigrantes coreanos en América Latina están moldeando y desarrollando las economías de la moda allí. A sus llegadas, los inmigrantes coreanos a Argentina y Brasil pueden haber sido solitarios, aislados y confundidos, sufriendo por la distancia física y cultural de su patria. Pero, la industria textil muy rápidamente se convirtió en una parte vital de la identidad y pertenencia de la diáspora coreana.

Desde 1963, a cerca de 200 mil coreanos han migrado a los países latinoamericanos. Estos inmigrantes fueron de la clase media, que salieron de Corea por la inestabilidad política y económica tras la guerra de Corea. Corea mandó su primer grupo de emigrantes a Brasil en 1962, a Bolivia en 1964, y a Argentina y Paraguay en 1965, para abordar su explosión de populación y el alto índice de desempleo y pobreza del país, y para obtener un intercambio extranjero.

Corea estaba produciendo más profesionales, gerentes, y empresarios de que pudo absorber en su país por el límite de espacios y falta de recursos naturales, y presionó al gobierno a trasladar su populación excedente a Brasil y Argentina, donde les dieron la bienvenida a los inmigrantes como el “grupo de asentamiento” agrícola. Pero, este “grupo de asentamiento” no fue exitoso, y los inmigrantes comenzaron a concentrarse en las ciudades grandes como São Paulo y Buenos Aires. Allí, ellos primero vendieron puerta a puerta lo que trajeron de su país, vendiendo los bienes comprados en cada puerto donde los buques habían fondeado. Luego, una vez que habían agotado de bienes para vender, ellos comenzaron a producir ropas, desarmando y usando las ropas nuevas como plantillas para aprender sobre las estéticas y los diseños locales. Esta actividad se desarrolló en pequeñas tiendas de costura y fabricación de ropas.

Tras esta tendencia, los inmigrantes coreanos de los 1970 y 1980 trajeron capitales, las máquinas de coser y tejer, los conocimientos, las experiencias, y los dotes para la fabricación de prendas, y sus redes crecieron en su país natal, conectándose a los sastres expertos, los dueños de ropas y telas, y de las fábricas de ropas. La integración vertical y horizontal en la industria textil coreana, en Argentina y Brasil, ayudó a los fabricantes coreanos de ropas a ser competitivos. Poco a poco, los coreanos en Brasil y Argentina reemplazaron a los inmigrantes judíos, quienes inicialmente habían subcontratado sus trabajos de coser a los inmigrantes coreanos. En 2001, a cerca de nueve de cada diez coreanos que vivían en Brasil trabajaron en alguna parte de la industria de prendas.

Los coreanos controlaron a cerca de 60 por ciento de la industria de prendas y ocuparon 17 por ciento de la industria textil en Brasil como comerciantes minoristas y mayoristas, y fabricantes. Para el 2004, los comerciantes coreanos guiaron la industria de prendas en Brasil, y representaron el 40 por ciento de la producción de ropas. En 2001, en Argentina, más de 80 por ciento de los coreanos se involucraron en la fábrica de ropas, compuesto de un poco menos de la mitad de la industria entera de ropas, o la mitad de los bienes de mercado.

La industria textil ha tenido un rol importante en el desarrollo moderno en muchos países, incluyendo Corea, hasta que fue complementado por la electrónica y luego por los sectores de servicios y post-industriales. Hasta los años 80, Corea fue uno de los países asiáticos con mayores exportaciones de textil a los Estados Unidos. La participación de la diáspora en estas industrias fue un ajuste natural.


Brasil
Cuando los coreanos llegaron a Brasil, ellos vivieron con el dinero que trajeron con ellos. Cuando se mudaron a São Paulo, unos se hicieron vendedores de ropas o reparadores de zapatos. Vende (abreviación de vendedor) cubre muchas clases de trabajos, de vender ropas puerta a puerta a demonstrar muestras a los comerciantes mayoristas y minoristas. La venta de ropas coreanas aumentó por su calidad buena y precios razonables, aunque las ropas coreanas en Brasil fueron casi diez veces más baratas que en Corea. Hacia el 1968, los coreanos comenzaron a fabricar ropas de mujeres.

Los primeros inmigrantes coreanos ya incluyeron las fábricas de prendas. Su-san Kim, un empresario norcoreano quien inmigró a Brasil en 1964 sabiendo la demanda por la fábrica de ropas. Él trajo los equipos de Corea y diseñó un tipo de chaquetas de nilón, cual fue un gran éxito entre los brasileños. El comercio de Kim fue el comienzo de la industria manufactureras de prendas en Brasil.

Hacia principios de los años 70, la mayoría de los coreanos se había mudado a São Paulo, alrededor del Glicerio y Conde de Sarzedas. Aunque esta zona tenía alquileres baratos y transportaciones accesibles, con negocios de productos asiáticos, el barrio muy pronto se hizo un gueto. Para 1972, mejores condiciones económicas permitieron a los coreanos a reubicar sus residencias al Alclimação y establecer nuevos negocios en Mooca, Bras, y luego en Bom Retiro—el centro del distrito de prendas de Brasil que sigue siendo conocido como el barrio] coreano.

En el estudio de Kathryne Cho sobre los inmigrantes coreanos de Brasil, Wongyu Lee, el dueño de Nabirang (ahora Collins) Confecção recuerda, “mi esposa y yo trabajamos en casa…por cinco a seis meses; ni fuimos al mercado. Apenas comimos. La mayoría de los tiempos, trabajamos como un grupo con otras familias y ellos nos dieron de comer. Trabajamos por más de diecisiete horas al día… incluyendo los sábados” (The Korean Brazilians, 1999: 21). Lee fue de coser dos o tres ropas a la vez a producir 50 a 70 mil en un mes, a cerca de 2 mil ropas al día. Vendiendo hasta 150 ropas al día, por cinco a diez dólares por ropa, en 1999, él construyó una empresa exitosa que generaba 6 millones de dólares americanos al año, del cual a cerca de 10 a 15 por ciento fue la ganancia neta. A partir del 2012, sus hijos—uno un diseñador de moda y otro un abogado de comercio—se hicieron cargo de su comercio, abriendo su centésimo negocio minorista y su primer comercio mayorista.

A cerca de 2.000 establecimientos de comercios coreanos prosperan en los distritos del Bom Retiro y Bras en Brasil. Bom Retiro crea las tendencias de moda en el mercado de alta moda en América Latina. Bras es tres veces más grande que Bom Retiro pero se venden ropas de
bajo precio en alta cantidad. Según la periodista y escritora Yoo Na Kim, a quien conocí en la churrascaria (asado en Portugués) en Higienópolis, a partir del 2008, uno de cada siete negocios en Bom Retiro pertenece a los coreanos. Existen 1.200 negocios en este barrio: 1.000 son fabricantes y 840 son controlados por las familias coreanas quienes ofrecen servicios con más profesionalismo y alta calidad comparado a dos décadas anteriores. Los coreanos en el barrio residencial de Bom Retiro suministrando negocios por todo el Brasil son líderes en la industria de ropas mayoristas, produciendo a cerca de 30 mil trabajos directos y 20 mil indirectos. En general, cada marca crea seis estilos nuevos al día, cada fabricante produciendo 20 mil trozos de ropas al mes. Aparte de detectar las modas globales, los estilistas y diseñadores coreanos/brasileños tienen que “tropicalizar” para satisfacer las demandas brasileñas. A partir del 2008, una de cada tres prendas producidas en Brasil ha cruzado por las manos de los inmigrantes
coreanos.

Argentina
Tras sus llegadas a Argentina, los inmigrantes coreanos inicialmente se alojaron en los albergues de los refugiados de emergencia. Muchos coreanos también vivieron en un barrio llamado “Pequeño Seoul,” o “Villa No. 109” (paekkucho’n), un barrio en Flores que ofrecía viviendas de bajo costo y empleaba labores inmigrantes baratos. Allí ellos se especializaron en costura en escala pequeña, venta de ropas y otros comercios, muy parecido a los inmigrantes judíos que estuvieron allí antes de los coreanos.

Como en Brasil, los primeros inmigrantes incluyeron fabricantes de ropas. Hwa-sun Cho fue la primera en traer las máquinas de tejer y coser en 1965. Cho y su esposo comenzaron un negocio de tejido en 1967. Cho aprendió las técnicas básicas de tejer y luego enseñó la costura básica y las técnicas de hacer ropas más complejas.

En 1966, Jong-oh Lee, un industrialista textil adinerado de Corea del Sur quien volvió a inmigrar del Paraguay, trajo el Jacquard telar (un telar mecánico que simplificó el proceso de fabricar telas con estampados complejos como brocado, damasco, y matelassé), la máquina de coser yoko (“horizontalmente” en japonés), máquina overlock, y otros tipos de máquinas de coser, además de varios técnicos, operadores de la máquina yoko. Él primero comenzó a usar la máquina de coser yoko para acabar los trabajos (삯일) que recibía de una fábrica judía, y en 1968, comenzó el trabajo de costura (봉제).

En 1972, Sang-lok Chae con éxito produjo y vendió trajes de baño bajo su propia marca de fábrica. El próximo año, Duk-yu Hong, un gerente de ventas que anteriormente trabajaba en una fábrica de pulóver judía, produjo y vendió pulóveres bajo su propia marca de fábrica. Otros inmigrantes luego siguieron estos ejemplos. En 1976, algunos comerciantes coreanos comenzaron a aventurarse en la calle Once (la zona de comercio textil de la ciudad), comprando hilos de los judíos e italianos y vendiendo los trozos terminados a los negocios judíos. Desde 1978, varios inmigrantes coreanos fabricaron y vendieron ropas, inicialmente a los minoristas pequeños en el margen de Buenos Aires.

En 1982, cada vez más inmigrantes coreanos se aventuraron afuera de la capital para abrir negocios de ropas minoristas en las provincias cercanas. Ellos pudieron comprar las ropas de mujeres sobre todo, de sus compatriotas coreanas en Once; sin embargo, la calidad de esas ropas fueron un poco debajo del promedio y sólo vendieron por la mitad o por dos tercios del precio. Un creciente número de fabricantes coreanos también se trasladaron a Avellaneda, el centro de ropas de alta calidad—un barrio residencial de judíos anteriormente que se había convertido en un distrito mayorista de ropas. El número creció visiblemente desde 1986 a 1987, a medida que los fabricantes coreanos se transformaron de proveedores de marcas a creadores de marcas y dueños de sus propios negocios. Estos fabricantes se organizaron como la Asociación de Comerciantes Coreanos del Once en 1983 y como la Cámara de Comercio Coreano en 1985.

Hacia 2001, Argentina alojó 3 mil establecimientos de comercios coreanos. Solo en Buenos Aires, existen 600 mayoristas coreanas en Avellaneda; 380 negocios minoristas y mayoristas especializadas en ropas de mujeres, remeras de algodón, vaqueros, y pulóveres en Once; 600 negocios minoristas en Flores; y 800 negocios en otras provincias como Córdoba, Santa Fe, Tucumán, Jujuy and Mendoza—cada ciudad tenía negocios minoristas coreanas, quienes compraban los artículos de Buenos Aires.

Hak-jae Lee, el presidente de la Asociación de los Fabricantes Coreanos de Ropas en Avellaneda, inmigró a Argentina en 1975. Me encontré con el señor Lee en una fiesta de asado organizada por su asociación. Lee indicó que, a partir de 2001, casi uno de cada diez coreanos gana más de 1 millón de dólares estadounidenses. Existen varias compañías de tintura y otras empresas con especialidades que participan en la producción de carteras, cierres, botones, y etiquetas; otros en la producción y venta de telas, hilos, bordados e impresiones, sin mencionar la fabricación de ropas. Según Lee, “los coreanos revolucionaron la industria de ropas a medida que los precios bajaban y las calidades mejoraban… los coreanos trajeron máquinas importantes y produjeron a bajo precio... Ahora, gracias a nosotros los coreanos, las cosas son baratas.”

El gobierno argentino comenzó a incentivar la inversión de capital y permitió a los coreanos a inmigrar con la condición de que cada persona deposite 30 mil dólares estadounidenses (luego creció a cien mil dólares) en el Banco de la Nación Argentina. Como Kyung soo Chun escribió, después del contrato oficial sobre la inmigración entre los gobiernos argentinos y coreanos, el Acto de Procedimiento 1985, los inmigrantes coreanos fluyeron, alcanzando aproximadamente 20 mil entre 1984 y 1986 (Discourse on Korean Culture V4, 1990).

Los inmigrantes coreanos se tropezaron en el trabajo de coser para adaptarse a sus nuevos ambientes en Sudamérica, y este trabajo les guio al comercio y trabajo en la industria textil—con muchos coreanos en toda Latinoamérica, ahora en ventas minoristas y mayoristas de ropas. A medida que ellos aseguraron sus lugares en la clase media en São Paulo y Buenos Aires, fueron cada vez más celebrados como los “nouveau riche” inmigrantes.

Aunque se dedicaron en el espectro entero de la industria textil—importación/exportación de comercio, ventas al por mayor y menor, diseños, marketing, y producción de ropas—los inmigrantes coreanos observan las tendencias de la moda global viajando extensamente a los países europeos y los Estados Unidos (y ahora a Corea del Sur y China) para las ferias de telas y comercios.

Los miembros de las familias coreanas son integrados en los negocios de sus familias. Muchos trabajan en la industria de moda o en los comercios relacionados al diseño de moda y marketing, mientras que otros atienden en una de las mejores escuelas de diseño de moda en París, Londres, Milán, Los Ángeles y Nueva York. Christina Moon, una profesora en la Parsons New School for Design en Nueva York, observó que, en 2000, 40 por ciento de su escuela fueron estudiantes de Asia, la gran mayoría fueron de Corea del Sur, incluyendo algunos que vinieron de los países sudamericanos (Critical Sociology, 2014). Claudia, una licenciada del Fashion Institute of Design and Mechandising (FIDM), a quien entrevisté en Los Ángeles, tiene 25 años,
casada, y su marido dirige un estudio de Taekwondo en Encino. Ella salió de Corea y fue a Brasil a los 3 años de edad y ahora maneja uno de los negocios al por mayor de sus padres que emplea 25 a 30 personas, ambos latinos y coreanos, en posiciones directivas y de diseñadores, dividido igualmente entre hombres y mujeres. Su lengua preferida es el portugués, pero ella habla ambos inglés y coreano en su hogar: con su marido habla inglés, con su padres, coreano, con sus hermanos, portugués, y la combinación de los tres con sus amigos. Como la familia de Claudia, han habido varios fabricantes de ropas coreanos quienes volvieron a migrar de Sudamérica desde los años 90, por los graves problemas económicos y políticos que prevalecieron en los países sudamericanos. En términos de la diáspora global de los coreanos, gracias a la industria de fabricación de prendas, las comunidades de los inmigrantes coreanos se desarrollaron a través de las Américas.

Kyeyoung Park es una profesora asociada de antropología y los estudios asiático-americanos en la Universidad de California, Los Ángeles. Ella es la autora del libro galardonado The Korean American Dream: Immigrants and Small Business in New York City [El sueño coreano-americano: inmigrantes y comercios pequeños en la ciudad de Nueva York] (Cornell University Press, 1997).

 

Sentimientos compartidos inspiran nuevos centros culturales

Wayusa e incienso

Por Yuan Wang y Theodore Macdonald

Durante la tarde del 3 de enero de 2018, en el pueblo montañoso de Shicang, Provincia de Zhejiang, China,  petardos estallaban en el aire y banderas ondeaban en el viento mientras un desfile de los miembros del clan Que salía de su nuevo templo ancestral.  Detrás de ellos marchaba una banda de bateristas locales, jugadores de platillos, e intérpretes de trompeta suona tocando música folclórica de tono alto. Los encabezaba Que Guande, un miembro del clan muy respetado y jefe del pueblo. Saliendo por las puertas, marchando por los santuarios y templos locales y quemando incienso, rendían homenaje a los espíritus locales. De allí llevaron las estatuas de los espíritus al nuevo templo ancestral, así informando a los espíritus que, por la noche, las almas ancestrales del clan volverían. Hace 172 años se había inaugurado el primer templo ancestral —y hace 46 años se había clausurado.  Las caras de los marchadores eran solemnes y orgullosas. Ellos eran los dueños de un templo, donde sus almas permanecerían después de la muerte, se unirían con sus antepasados y gozarían de la adoración de sus descendientes dentro de un mundo cambiante. 

Cuatro días antes, y a unas horas del amanecer, en la comunidad amazónica ecuatoriana de Arajuno, Margarita López, profesora e hija mayor de un chamán (yachaj) famoso, y su marido, Cesar Cerda, ex presidente de la Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza (OPIP), se sentaron con sus hijos a beber té de wayusa, un rito diario que los vinculaba al mundo de los espíritus, supai. Ellos estaban al pie de Pasu Urcu, la colina que alberga a los espíritus locales, y dentro del Centro Comunal Puka Rumi, creado por ellos para ilustrar la armonía de la comunidad, la biodiversidad natural y el bosque espiritual que los rodea. No se encontraban solos. Durante los días siguientes, otros líderes de la federación étnica local, ACIA (Asociación de Comunidades Indígenas de Arajuno), transformaron el rito doméstico en un gran evento público, Wayusa Upina, invitando a gente de todas las comunidades vecinales. La celebración buscaba restaurar el Sumak Kawsay, el “Buen Vivir,” así creando lazos comunales y espirituales, y mostrando un nivel de autodeterminación política y económica, en medio de cambios rápidos ambientales y políticos.

En muchos sentidos Shicang y Arajuno no podían ser más distintas. Son literalmente mundos aparte geográficamente, culturalmente e históricamente. Pero ambos ahora comparten sentimientos fuertes sobre sus pérdidas culturales y espirituales, y así muestran un deseo de reconstruir una parte de su vida comunal ancestral mientras se adaptan a cambios económicos y políticos inevitables, a menudo positivos pero algunas veces alienantes. Las dos comunidades con sentimientos comunes no se conectaron a través de espíritus, chamanismo o algo mágico. Las similitudes eran simplemente observadas por los autores quienes han trabajado independientemente por años en una las regiones y recientemente tuvieron la suerte de poder visitar la otra. Las comparaciones eran obvias. Cada pueblo fue formado originalmente por migrantes con un fuerte sentido de comunidad y lazos espirituales. Ambos fueron posteriormente impugnados por políticas nacionales de "modernización", dejando un vacío espiritual.  Ahora ambos están restaurando activamente su historia local, su espiritualidad, y así su autodeterminación dentro de una economía nacional y global creciente. Sus nuevos centros culturales son una forma compartida de decir "Déjenos decidir parte de nuestro futuro a través del pasado, como hacíamos antes.”

 

Shicang: Antepasados y arquitectura

De los aproximadamente 6.000 aldeanos de Shicang distribuidos a lo largo del Rio Shicangxi, más de 4.000 pertenecen al Clan Que, de la etnia Hakka, que llegaron durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1636-1912). Emigraron del Cantón Shanghang de la Provincia Fujian, un sitio densamente poblado, cuando varias tierras en la provincia de Zhejiang se despoblaron debido a rebeliones, guerras, y desplazamientos poblacionales.  Inicialmente los del Clan Que se establecieron en pequeñas chozas y trabajaban como agricultores de subsistencia. Después de un tiempo, encontraron depósitos de hierro y comenzaron su minería.  Algunos fueron bastante exitosos y se volvieron industrialistas. A mediados de la dinastía Qing (1800), el cambio de estatus del Clan Que se mostró por sus más que treinta casas grandes ornamentadas de forma similar a las casas de los habitantes originales. Sin embargo, los del Clan Que conservaron la base estructural de sus casas ancestrales de Fujian. Eso era esencial. Lo más importante de los hogares domésticos era la sala de incienso, utilizada para venerar a los antepasados. Las responsabilidades y los deberes relacionados con la sala de incienso no eran simplemente tareas obligatorias; aquellos deberes y responsabilidades componían el fundamento moral de la aldea.

En 1846 Que Tiankai, un rico empresario del Clan Que, construyó el primer templo comunal ancestral. Mientras preparaban las genealogías y construían el templo, los ancianos del clan enviaron un equipo de cuatro personas a Shanghang, su ciudad natal. Allí la delegación adquirió los quemadores de incienso y las cenizas de horno de sus espíritus ancestrales. Sosteniendo los incensarios en sus manos para asegurar la quemada mientras  escalaban las numerosas montañas a lo largo de una ruta comercial, el equipo  llevó el incienso de los antepasados y sus espíritus a Shicang. Luego, todos los miembros del clan colocaron sus tabletas ancestrales, o las de aquellos recién fallecidos, dentro del templo. Vivieron cómodamente en medio de su historia por un tiempo.  Sin embargo, a medida que el comercio de hierro crecía a nivel nacional y global, los precios cayeron y la riqueza disminuyó — un cambio reflejado claramente en su historia arquitectónica. Sin fondos para construir casas nuevas, las antiguas casas grandes se abarrotaron de familias. En 2006, cuando nuestros historiadores llegaron por primera vez a Shicang, era obvio que varias generaciones de la misma familia vivían dentro de la misma casa, compartiendo el patio y las salidas. Ellos continuaban sus responsabilidades comunales en conjunto para el mantenimiento de la sala de inciensos.  Sin embargo, en 1972, el estatus del templo comunal y los aspectos relacionados de la vida espiritual cambiaron en contra de su voluntad.  Después de 1989, cuando la apertura económica de Deng fue introducida, muchos gradualmente aprovecharon las viviendas modernas. 

 

Arajuno: Espíritus y subsistencia 

Cerca de 8.000 personas viven ahora en el margen derecho del Río Arajuno en la recién establecida municipalidad de Arajuno, con parques, almacenes, banco, barras, iglesias, escuelas y varias oficinas de gobierno.  La posesión sobre sus tierras ancestrales, sin embargo, empezó en 1912 al pie de Pasu Urcu. En este tiempo, Pasu Urcu era simplemente una antigua parada de descanso sin residentes permanentes de un sendero que unía asentamientos Kichwa a través de varios ríos.  Algunas comunidades pequeñas hacían a mano tambores, violines y bolsas tejidas para el trueque  por cerbatanas, veneno para sus dardos y sal. Cada comunidad intercambiaba  habilidades chamanistas y proporcionaba  el curado ritual. 

Dos de tales viajeros, Domingo Cerda y Roque Volante Lopez, chamanes bien conocidos, salieron de su asentamiento principal en el Río Alto Napo y establecieron residencias temporales cerca de Pasu Urcu para disfrutar de la caza y pesca y para escapar peleas. En comparación con las áreas más densamente pobladas al norte, los alrededores de Pasu Urcu eran ideales. La caza y pesca eran abundantes. Al pie de Pasu Urcu, una gran parte de la llanura inundable del río adyacente, llamada la isla, proporcionaba un sitio relativamente grande y fértil para los huertos de subsistencia. Más tarde, los nuevos residentes despejaron una plaza cuyo mantenimiento obligatorio, organizado por el chamán a través del trabajo comunal, o Minga, focalizaba arquitectónicamente la comunidad en desarrollo.   

A diferencia de Clan Que los habitantes originales de Pasu Urcu, no provenían de un sólo linaje. Familias de varias partes se instalaron en casas cercanas, se hicieron amigas y más tarde muchos de sus miembros se casaron, produciendo un grupo de residencia y parentesco conocido como muntun. No es que, para ellos, los antepasados y linajes no importaban; al contrario, el parentesco, así como el lugar, formaba el sentido de comunidad, identidad y relaciones.  Pero grupos grandes de parientes y sus asentamientos a menudo se quebrantabanpor enfermedades repentinas y fatales, muchas veces atribuidas a peleas entre chamanes. Algunas familias grandes fueron separadas también por la demanda abusiva de labor para proyectos como la construcción de obras públicas y la recolección de caucho o por  la servidumbre por deudas, todas bajo la demanda de algunos funcionarios del gobierno o patrones locales.

Las enemistades, aunque conflictivas entre grupos, sin embargo, establecían relaciones estrechas dentro del muntun, donde los lazos entre los yachaj y los espíritus, supai, se entendía como una forma de aislamiento y protección para los de su muntun. Mientras algunos en las cabeceras del Rio Napo fueron acarreados hasta Perú para recolectar caucho u obligados a trabajar en granjas y ranchos locales, la mayoría de los que se establecieron en Arajuno fueron lo suficientemente afortunados como para obtener objetos fabricados esenciales (herramientas y tela) y pagar las deudas a los patrones del Alto Napo por lavar oro en las orillas de los ríos cercanos. Aunque la economía patrón-cliente era verdaderamente explotadora, los de Arajuno pudieron cazar y pescar localmente. Para poder hacerlo exitosamente, los yachaj locales tuvieron que establecer lazos estrechos con los supai de Pasu Urcu, quiénes se entendían como los dueños que proporcionarían acceso a estos recursos esenciales. A medida que los lazos espirituales aumentaron y las relaciones mutuas se intensificaron, el sentido Kichwa de su territorio se convirtió en algo paralelo e íntimo  al control de los supai sobre los recursos. Un acuerdo territorial se desarrolló, que ató a los miembros del muntun a su tierra y consecuentemente un miembro  al otro, a través de los espíritus. Los habitantes de Arajuno, aunque menos centrados en sus genealogías y su veneración ancestral  que los de Shicang, no obstante, desarrollaron un fuerte sentido de comunidad y auto-identidad basada en las relaciones de parentesco entre ellos y los enlaces espirituales con los supai.

Pero en los años setenta, los lazos espirituales y enlaces comunitarios tanto en Shicang como en Arajuno fueron desafiados por nuevas políticas gubernamentales. Los gobiernos chinos y ecuatorianos, por coincidencia y por razones radicalmente diferentes, obligaron cambios que produjeron rupturas en  la comunidad y en su mundo espiritual.

 

Materializando la vida: Políticas y policías estatales nuevas

Hoy En Shicang, como en muchas aldeas chinas, los adultos jóvenes salen a trabajar en las ciudades y envían dinero a sus padres y niños quienes permanecen en el pueblo. Han surgido con el apoyo del gobierno edificios nuevos de ladrillo rojo y con comodidades modernas. El gobierno local también ha construido un estacionamiento, una estación de autobuses y baños públicos. Se ha ampliado la carretera, permitiendo el ir y venir diario de buses entre el municipio cantonal y el pueblo. La vida material ha mejorado.  Algunas fincas viejas en deterioro  están siendo convertidas en museos y atracciones turísticas, con guías turísticos entrenados.

Las prioridades del Clan Que fueron ilustradas durante una de nuestras visitas.  Un ministerio regional había dejado planes para convertir las fincas viejas en atracciones turísticas, basados en diseños atractivos más no auténticos redactados por un arquitecto externo. Para los residentes de Shicang, faltaba algo... los vínculos espirituales y morales con sus antepasados. Los líderes de la comunidad hablaron con el autor, un historiador de la arquitectura, que entonces se reunió con los funcionarios regionales para expresar su desacuerdo con el diseño ajeno.  Afortunadamente, por razones presupuestarias, los planes no se realizaron.

Otra preocupación más seria era política. En 1972, el templo antiguo de los antepasados del Clan Que en Shicang fue demolido y sustituido por una escuela primaria. Aunque no fue explícitamente anunciado, fue bastante obvio para los miembros de la comunidad que la demolición reflejaba la Revolución Cultural Maoísta (1966 a 1976) … opuesta a la religión organizada.  Las inquietudes espirituales comunales persistieron cuando, en 2004, aquella escuela primaria se declaró estructuralmente peligrosa. La escuela fue temporalmente reubicada.  El Clan Que reaccionó gradualmente.

 A finales de la primavera del 2013, después de pasar unas cinco horas en coche desde Shanghái, el autor regresó a Shicang, todavía impresionado por las antiguas casas residenciales con sus muros de tierra apisonada y azulejos negros, un paisaje rural distinto del "mundo moderno". Más tarde asistió a una reunión celebrada por el Comité del Clan Que para conversar sobre la reconstrucción ancestral del templo y para discutir la interpretación del autor y sus dibujos arquitectónicos para un plan ancestral basado en los recuerdos de los aldeanos más viejos. El Clan Que le gustó el plan, y luego silenciosamente avanzó la recreación del salón de los ancestros, llamándolo temporalmente un "centro cultural".  

En enero del 2016, Que Longxing, el organizador del proyecto del templo de los antepasados, le mostró al autor un folleto “Registros de la Reconstrucción del Templo Ancestral Weizeng Tang” preparado por los aldeanos.  Muchos miembros del clan también le escribieron a los funcionarios del gobierno. Dos cartas fueron enviados directamente al primer ministro nacional. No respondió ningún oficial del gobierno. Entonces unos miembros del Clan Que movieron una enorme hornilla de incienso de hierro al lote vacío para demostrar el derecho de ocupación. Los aldeanos llamaron todas estas acciones la "Campaña Baoji (Proteja la Base)".  Algunos fueron arrestados y detenidos por una noche. El secretario local del Partido Comunista (también miembro de la familia Que) fue más tarde despedido por no prevenir la protesta. Sin embargo, bajo la presión de las acciones del Clan Que, el gobierno local decidió dejar el sitio disputado  en manos del pueblo. La  protesta pacífica y la movilización comunitaria triunfaron políticamente. El salón ancestral  comenzó a llenar el vacío espiritual, que muchos sienten en la China contemporánea.    

 

Arajuno

A partir de los años sesenta, como parte de la reforma agraria que tuvo lugar en toda América Latina, el gobierno ecuatoriano alentó la colonización de las tierras amazónicas. Quizás  inconscientes de las percepciones indígenas de su territorio, varios funcionarios del gobierno calificaron las áreas boscosas alrededor de pueblos como Arajuno como tierras baldías, y así se veían disponible para los colonos. La iniciativa de colonización permitió que unos pocos colonos se trasladara a lotes de 50 hectáreas otorgados por el gobierno. Algunos residentes indígenas también solicitaron y recibieron parcelas familiares. Pero inicialmente hubo poco impacto al sentido ancestral de territorio y comunidad. Los espíritus estaban todavía vivos y bien.

Sin embargo, una reforma agraria más agresiva a nivel nacional se puso en marcha después de 1972, cuando empezó la producción petrolera en la Amazonia, y las parcelas familiares aumentaron en Arajuno. En 1974, ya terratenientes , los Kichwa de Arajuno fueron obligados a mostrar visualmente su uso del terreno y así justificar su tenencia de las tierras. El gobierno recomendó que era mejor (i.e., altamente visible) criar ganado, y se proporcionó el crédito bancario para hacerlo. Por consiguiente los patrones de uso de la tierra en Arajuno cambiaron radicalmente. En 1975 porciones de cada parcela de 50 hectáreas fueron convertidas a pasto. Aunque  el sentido amplio del territorio y de los lazos espirituales no desapareció, la propiedad privada se convirtió en la preocupación principal, desafiando el sentido anterior de territorio comunal.

La privatización inducida creó relaciones sociales y políticas tensas con los colonos blancos y entre los mismos Kichwa también, confundiendo las sensibilidades y prioridades que habían formado la comunidad original. Para ilustrar, en 1975, mientras topógrafos del Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria (IERAC) medía terrenos en Arajuno, algunos miembros de la comunidad se enojaron con el yachaj principal por sus esfuerzos de adquirir más tierra en la zona agrícola llamada “la isla.”  Ellos sugerían que una sección grande de esa tierra comunal se dividiera por la mitad—una sección, incluyendo la Plaza, le pertenecería  al yachaj y su familia, mientras que la otra sección permanecería para el uso comunal agrícola. Aunque la división le daría  al yachaj un gran lote, él reaccionó violentamente, argumentando que miembros de la muntun deben realizar su obligación de mantener la plaza, una zona que reflejaba la organización del muntun, donde él figuraba como la autoridad principal interna.

En el momento me pareció irónico, pero comprensible, que este líder espiritual, quién diariamente vacilaba entre la horticultura de subsistencia y la producción para el mercado, la propiedad privada y la tierra comunal, intereses del muntun y del gobierno nacional, se enojara por las acciones que  perjudicaban los símbolos de su autoridad y estatus, mientras su propio comportamiento  alentaba esas iniciativas. Fue atrapado entre deseos contradictorios para mantener su papel anterior y su prestigio, intentando maximizar su condición económica personal.  Muchos de Arajuno compartieron esa confusión y empezaron a experimentar con la idea de la independencia social y económica, alejándose de la vida espiritual y comunal.

Afortunadamente, las percepciones cambiaron en 1979, cuando los líderes jóvenes establecieron la Asociación de Comunidades Indígenas de Arajuno (ACIA), una organización inspirada por otras federaciones indígenas que se formaron mientras crecía la producción de petróleo y la agroindustria, así como la expansión de la colonización, resultando en amenazas a territorios indígenas. En 1992 los residentes de Arajuno participaron en una  “Marcha” masiva de varios días desde la capital provincial de Puyo a la capital nacional, Quito. Poco después, el Gobierno Nacional formalmente reconoció los derechos de los indígenas  grandes territorios, incluyendo Arajuno. Gradualmente la presencia de los colonos y el ganado disminuyeron y las tierras comunales volvieron a aparecer. Como en Shicang, la protesta pacífica redirigió las acciones del gobierno y resucitó la vida espiritual. 

 

Fundamentando el futuro

Estos cambios no son parte de un movimiento hacia atrás en la historia.  Como el incienso flotando en la sala ancestral de Shicang, las ceremonias de Guayusa Upina y la formación del Centro Cultual Puka Rumi, no son simples respuestas folklóricas o aspiraciones utópicas a las necesidades actuales y futuras. A lo largo de China la adoración de los antepasados esta aumentando, mas no como oposición a cualquier desarrollo económico o plan gubernamental, sino simplemente para llenar una brecha percibida en las vidas individuales. En las comunidades amazónicas el nuevo lenguaje de Sumak Kawsay, el Buen Vivir, también expresa una necesidad reconocida por parte de las comunidades para retener más control sobre su desarrollo económico. El Buen Vivir sugiere una pausa, un tiempo y espacio para pensar y realizar discusiones comunales al enfrentar los petroleros y madereros ya asentados en los bordes del territorio. Miembros de ACIA, por consiguiente, están pidiendo al Gobierno que reconozca su territorio como CTI, Circunscripción Territorial Indígena, un espacio para el ejercicio de la autodeterminación. Y en casa, ellos se reconectan ceremoniosamente al pasado, como cuando los yachaj fundadores primero se vincularon con los supai de Pasu Urcu en 1912. 

Tanto en Shicang como en Arajuno, los nuevos centros culturales ligan los sentimientos culturales antiguos  a los de un mundo cambiante. Lo hacen de manera positiva, proporcionando un sentido de orden y cultura que, según las comunidades, a menudo ellas carecen a medida que los Estados se apresuran a modernizar, o incluso revolucionan las economías y las sociedades. Las dos comunidades no son únicas para China o Latinoamérica. Fueron observadas por coincidencia, y los sentimientos subyacentes invitan a futuras comparaciones culturales mientras la presencia de China en América Latina crece.

 

 

Yuan Wang, historiadora de la arquitectura, fue  Profesora Visitante en el 2011 del Instituto Harvard-Yenching y es una profesora en el departamento de Historia, Universidad Shanghái Jiao Tong, China.

 

Theodore Macdonald, un antropólogo, es catedrático en Estudios Sociales y Profesor Afiliado de DRCLAS, Harvard.  Aunque había comenzado a trabajar en Arajuno a mediados de los años setenta, sus intereses actuales se reanimaron cuando su estudiante de tesis en Estudios Sociales, Megan Monteleone (ahora socia de la División Latinoamericana de Human Rights Watch) investigaba su tesis, Guayusa Upina, ganadora del Premio Hammond DRCLAS en 2016.