Falta oxígeno en el Amazonas

Por Fabiano Maisonnave

Fotos por Edmar Barros

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Velorio del Cacique Messias Martins Moreira de 53 años de etnia Kokama que murió víctima del Covid-19, el 14 de mayo de 2020 en la comunidad Parque das Tribos en Manaos (AM).

“Los ocho parientes murieron en 14 días. Uno tras otro, íbamos enterrando a todos. Yo ni descansaba. Cuando iba a dormir, alguien llamaba: ‘Murió tu tío.’ ‘Murió tu abuelo’. Si muere otro Kokama, ya no tendremos ni lagrimas”.

Así me relató sus días de mayo el lider Kokama Edney Samias, 38, cuando nos encontramos en la ciudad de Tabatinga. Por su decisión, el encuentro fue en la comunidad indígena Guadalupe, un caserío de palafitos a la orilla del río Amazonas. A pocos metros, separada por un caño y oculta por un pequeño bosque, está Leticia en Colombia. Desde el porche donde estábamos, se veía Santa Rosa, en Perú, en la margen opuesta del río.

Un mes después, a mediados de junio, Edney ya había perdido 17 parientes, incluyendo a su padre, Guilherme Samias, 64. Él acusa de negligencia al hospital militar, el único de Tabatinga. “Cuando yo los cuestionaba, ellos decían que es el ejercito que manda, que era un favor atender a los indígenas.”

Vivo en Manaos desde hace cuatro años. Es mi base para la cobertura de la Amazonia brasileña como reportero del diario Folha de S. Paulo. En el comienzo de la pandemia del coronavirus, muchos acá creíamos que se trataba de una enfermedad de países fríos y lejanos. Las tragedias sucesivas por las ciudades de tres países a la orilla del río Amazonas demostraron que al virus le gustan el calor húmedo y las desigualdades.

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Velorio del Cacique Messias Martins Moreira de 53 años de etnia Kokama que murió víctima del Covid-19, el 14 de mayo de 2020 en la comunidad Parque das Tribos en Manaos (AM).

Como en periodo de la Conquista, el virus importado navegó por el cauce del Amazonas. Iquitos, Santa Rosa, Leticia, Tabatinga, Coari, Tefé, Santarém, Santo Antonio do Içá, Breves, Belém y otras ciudades suman miles de muertos en medio de hospitales colapsados por falta de lechos y de oxígeno, cadáveres apilados y cementerios improvisados.

En Manaos, el número de muertos explotó 350 por ciento a finales de abril, según cálculos de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), , una institución de ciencia y tecnología en salud vinculada al Ministerio de Salud. Sin dinero para una tumba privada, los pobres enterraban a sus familiares en fosas comunes. Por falta de respiradores mecánicos, algunos pacientes respiraban dentro de grandes bolsas plásticas improvisadas. En ninguna otra ciudad del planeta afectada por el Covid-19 hubo un aumento de muertes tan rápido, según la investigación de Fiocruz.

Entre los pueblos amazónicos, los Kokama, que tienen poblaciones también en Colombia y Perú, son los que más sufren con la epidemia. Hasta mediados de junio, cuentan 56 muertos apenas del lado brasileño. Ya al principio de julio, el número ha subido a 60. Muchos de ellos murieron en el hospital militar de Tabatinga, que no cuenta con una unidad de cuidados intensivos. Este recurso solo está disponible en Manaos, a  680 millas en línea recta. En estado grave, el padre de Edney esperó el traslado por ocho días. El avión nunca llegó.

Además del coronavirus, los Kokama tienen que combatir la invisibilidad. Cuando hubo las primeras muertes, el hospital del ejército se rehusó a identificarlos como indígenas. En los formularios, los clasificaron como “pardo” (marrom), la categoría estadística mayormente utilizada en el país para afrodescendientes. No es por casualidad: desde los tiempos coloniales, es una política de Estado volver a los africanos esclavizados y los indígenas en “pobres”, una fuente laboral barata y disponible que no cuestione la unidad nacional.

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Velorio del Cacique Messias Martins Moreira de 53 años de etnia Kokama que murió víctima del Covid-19, el 14 de mayo de 2020 en la comunidad Parque das Tribos en Manaos (AM).

El gobierno militarizado de Bolsonaro no oculta el proyecto de borrar las minorías. Al contrario. En una reunión de gabinete el 23 de abril, el entonces Ministro de Educación, Abraham Weintraub, dijo, “Odio la expresión ‘pueblos indígenas’, odio esa expresión. La odio. Sólo hay un pueblo en este país. Si alguien no lo quiere así, que se vaya. Todo es pueblo brasileño, sólo puede haber un pueblo”.

Tras proponer la detención de todos los jueces de la Corte Suprema (STF), Weintraub fue demitido a mediados de junio. Irónicamente, huyó de Brasil hacia los EE. UU. para evitar la detención durante la investigación acerca de sus amenazas en contra el STF.  Simbolicamente, su último acto como ministro fue firmar la anulación de incentivos para que los negros, indígenas y discapacitados cursen postgrado.

Recordemos al padre de Edney, Guilherme Samias. Vivo, fue tratado con desprecio como indígena por el hospital militar. Muerto, se vuelve un “pardo” bajo el criterio de la misma institución, el color de la pobreza amazónica.

Hay un esfuerzo politico  por parte de los movimientos negros para atraer a los que marcan “pardo” en el censo. Es la suma de “pardo” y “preto” que pone Brasil como el segundo pais con más negros en el mundo, atras apenas de Nigeria.   

 Pero en la Amazonia, la zona menos poblada del pais y donde hubo menos esclavitud africana que en otras partes del país, la categoría pardo"  termina ocultando millones de personas que, en ese violento proceso colonizador, perdieron la conexión con las culturas originarias, frágiles puesto que, en el contacto, eran apenas orales.

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Comunidad Guadalupe en Tabatinga (AM) 19 de mayo de 2020.

Asociar pardo' exclusivamente a la negritud significa adherirse al discurso de que los pueblos indígenas fueron diezmados”, escribe la publicitaria y escritora indígena Jamille Anahata, de Manaos.

Esa reflexión es importante para entender quien está muriendo en la epidemia. El Covid mata proporcionalmente más a los pardos, incluso en comparación con otros grupos no blancos. De acuerdo con las estadísticas oficiales, en el estado brasileño de Amazonas, cuya capital es Manaos, 85.2 por ciento de los 2.579 muertos hasta el 17 de junio son pardos, 3.8 por ciento son indígenas y 1.5 por ciento negros.

En el último censo, los pardos son 69 por ciento de la población de Amazonas (poco más de 4 millones), mientras los indígenas y negros representan 4.9 y 4.1 por ciento, respectivamente.

Con poblaciones tan reducidas, la epidemia tiene un impacto desproporcional en varios pueblos, que están perdiendo los ancianos, “las bibliotecas vivas”, como dijo Alessandra Korap, del pueblo Munduruku. Entre las muchas víctimas indígenas de la epidemia está el Kayapõ Paulinho Paiakan, uno de los lideres más importantes de la historia del movimiento indígena en Brasil.

Sin embargo, entre tantas tragedias por todas partes, los que más mueren en la Amazonia son los más invisibles. Hijos y nietos de los pueblos del bosque, pero ahora encapsulados en las ciudades violentas y pobres, los “pardos” son los que llenaron las fosas comunes del cementerio de Manaos.

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Indígenas de etnia Kokama en la comunidad Guadalupe en Tabatinga (AM) 19 de mayo de 2020

Después, están los Kokama. El antropólogo Eduardo Viveiros de Castro escribió que los Barés no son “ni indios ni no indios”, puesto que están entre los que más vieron transformada su cultura por el contacto. Lo mismo aplica a los Kokama. En sus palafitos urbanos, no son ellos quienes los fotógrafos extranjeros buscan para capturar la imagen del “indígena amazónico”.

En un videopoema “Memorial Indigena de la Pandemia”,  Anahata repite “Kokama” 56 veces. Hay mucha sabiduría en la repetición. Hay que escucharla. Hay que escucharlos.

 

Fabiano Maisonnave es reportero para el diario Folha de S. Paulo en la Amazonía.. Fue Nieman Fellow en Harvard en 2016.