Guerra total en territorios indígenas

 

Por Milda Rivarola

Prisioneros paraguayos (mujeres y niños). Foto cortesía de Milda Rivarola.
 

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Fue esa la primera guerra total en suelo americano, tanto en el sentido técnico de E. Ludendorff –una completa subordinación de la política a la guerra, en el caso paraguayo, con dos únicas alternativas, victoria o total derrota- como en el otro, de haber afectado toda la sociedad, la economía y el territorio de una nación.

Aunque se inició y culminó en territorios ancestrales indígenas, y concernió directa o indirectamente a una decena de naciones pre-colombinas, los estudios sobre la Guerra de la Triple Alianza (1864/1870) olvidaron a estos protagonistas. Sin haber tomado iniciativa bélica alguna, los “indios” terminaron como grandes perdedores de la terrible contienda.

 La llamada Guerra Grande enfrentó el pequeño Paraguay a dos potencias sudamericanas -el entonces Imperio del Brasil y la Confederación Argentina- y a otro pequeño país, el Uruguay. Empezó en diciembre de 1864, con el ataque de fuerzas paraguayas al Mato Grosso (1, en el mapa), donde había pequeñas ciudades brasileñas (Corumbá, Miranda, Albuquerque) rodeadas de poblados Kadiweu-Guaycurú, Xané-Guaná y Guato.

Y culminó en marzo de 1870 con la derrota del Paraguay en Cerro Corá, Amambay, una región selvática con centenares de aldeas Guaraní de los grupos Mbyá, Avá Guaraní y PaÏ Tavyterá (4, en el mapa). A diferencia de los pueblos matogrosenses, de esporádicas relaciones con los portugueses, estos no habían tenido contacto con la sociedad paraguaya, salvo choques con cosechadores de yerba mate (Ilex Paraguayensis) que se aventuraban allí desde inicios del siglo XIX.

Otras dos zonas en disputa, en las que apenas hubo batallas, también estaban pobladas por nativos. En la del bajo Chaco (2, en el mapa), de la ribera del Pilcomayo hasta la del río Bermejo, vivían extensos grupos Nivaklé y Toba, y hasta 1870 la zona no había sufrido ocupación criolla. Y en la ribera izquierda del Paraná, la Candelaria (3, en el mapa), estaban asentados pueblos Guaraní desde el tiempo de las Misiones Jesuíticas. 

Tras la contienda, estas dos últimas zonas quedaron bajo soberanía  argentina, y ya antes del proceso de venta de tierras públicas por el Paraguay (1880-1890) fueron privatizadas por el gobierno de Buenos Aires en beneficio de grandes industrias de azúcar, esencia de tanino y yerba mate.

¿ INDIOS ALIADOS, INDIOS PARAGUAYOS?  

En lectura anacrónica, escritores nacionalistas se preciaron de ver a “sus nativos” identificados con la “causa nacional”. Pero las escasas memorias bélicas que los citan dan otra visión. Como los incipientes Estados-naciones del Plata se consolidarían sólo después de -y en cierto modo, gracias a- esa guerra internacional;  mal podrían los distintos pueblos indígenas, perseguidos como salvajes o en frágiles treguas con autoridades locales, sentir alguna forma de patriotismo. 

En el caso paraguayo la cuestión se complicaba debido a la campaña propagandística Aliada, que presentaba al ejército enemigo –en artículos de prensa, partes de campaña, etc.- como “salvajes”, “malones de indios”, “toldería”.  Notas más eruditas explicaban la “ciega sumisión” de la tropa al Mcal. F.S. López como herencia del servilismo guaraní en las Misiones jesuíticas.

Contrarrestando ese discurso, el Paraguay no reivindicaba a los indígenas como apoyos bélicos. Algunas memorias –las de la francesa Duprat de Lasserre, del Vizconde brasileño Taunay, del paraguayo Hector F. Decoud- registran sin embargo contactos con los Guarani en la última fase de la guerra.

Los paraguayos denominaban indistintamente Cainguá a todos los Guaraní selváticos, sin contacto con el mundo criollo. Los campos de confinamiento de mujeres castigadas por el Mcal. López, como Panadero (actual Dpto. de Canindeyú) o Espadín, estaban en territorio Mbya y Avá-Guaraní. Estos Cainguá se acercaban a hacer trueque de alimentos por ropas, joyas y utensilios con estas famélicas mujeres, y a guiar a quienes escapaban de estos campos hacia los acantonamientos brasileños.

Y al mismo tiempo, mediando cuantiosos regalos, otros servían de guías (“vaqueanos”) y de espías (“pomberos”) al resto del ejército paraguayo en retirada, en senderos selváticos que los llevaban a zonas ocupadas por los Aliados. En la última parte del trayecto (selvas y cerros del actual Departamento de Amambay), el ejército paraguayo debió emplear guías Pai Tavytera, otra gran familia Guarani llamada Kaiowá en el Mato Grosso brasileño.

Algunos indios, chaqueños estos, prestaban servicio al gobierno paraguayo desde tiempo del dictador Francia: el de los Guaycurú (Qom),  ancestrales dueños del río Paraguay. En sus rápidas canoas, también sirvieron de correos entre la fortaleza de Humaitá y Asunción, en los primeros años de la contienda.

El rol de los indígenas está mejor documentado en el caso brasileño. Desde el siglo XVIII, los Mbayá-Guaycurú (Caduveo o Kadiweu) y los Chané-Guaná (Terena, Guaná) del Mato Grosso del sur hicieron la guerra a los portugueses que ocupaban el Pantanal. Pero tras la dura resistencia inicial, los Guaycurú concluyeron con ellos un Tratado de paz, a fines de la colonia.

Pero sus ataques a criollos paraguayos y a indios Guaraní no tuvieron tregua. Señores de la guerra y temibles jinetes, guerreaban regularmente contra los poblados del Paraguay, arreando ganado y haciendo esclavos. La misma toponimia del norte (Apa, Aquidabán, Agaguigó) recuerda su ancestral soberanía (Ma. Fátima Costa, 2006). La enemistad se agravó con la persecución que les hizo el dictador Rodríguez de Francia, y por el apoyo de brasileños que les daban armas de fuego y compraban su botín (ganado, caballada, etc.).

La débil resistencia a la invasión paraguaya de 1864 a Coimbra se hizo con indios Guaycurú –los hombres del “capitán Lapagate”. Un grupo de Guana, de la Misión del Bom Conselho, había sido llevado prisionero –junto a pobladores brasileños y esclavos- al Paraguay, donde pocos sobrevivieron al final de la guerra. También este pueblo empezó a emboscar tropas y atacar caravanas paraguayas, a quienes robaban caballos, armas y alimentos.

Los Guaná y Guaikurú hostilizaron al nuevo invasor: en dos refriegas de 1865, los Terena causaron once bajas a los paraguayos y quedaron con su ganado. Ese mismo año un grupo armado de Kadiwéo-Guaycurú, comandando por un oficial brasileño, saqueó San Salvador llevándo armas, municiones y mujeres. El saqueo no era -como lo notan cronistas militares- el menor de los alicientes para el fervor bélico indígena.

Además guiaron a los pobladores fugitivos de Miranda, Coimbra y Albuquerque hasta las sierras, ayudándolos hasta que la zona fue retomada por el ejército imperial. Hicieron de guías y de patrullas de avanzada a los militares brasileños en una zona poco cartografiada, sus vigías informaban del movimiento de tropas paraguayas, y hacían las tareas más duras (cavado de trincheras y tumbas, apertura de picadas, carga de materiales de guerra, etc.).

Al final de la guerra, los Kadiweo –provistos de modernas armas por el Imperio -  protegieron incluso la zona del río Blanco (al sur de Coimbra) y Villa de Miranda, y fueron encargados de vigilar la ribera del Alto Paraguay, ante el temor que el resto del ejército paraguayo pasara al Mato Grosso.

LOS DESASTRES DE LA GUERRA

Algunos efectos sobre los indígenas fueron sentidos durante la misma contienda, y otros, de carácter definitivo, pocos años después. La viruela atacó a las tropas brasileñas en el Mato Grosso, y pronto se dio contagio masivo entre sus aliados Terena y Guaycurú, fisiológicamente indefensos ante ella. La mortandad –sumada a las bajas normales de combates- fue por ende mucho más alta en estas comunidades, y quienes aterrorizados escapaban de las filas, trasladaban la epidemia a sus aldeas.

Dos años después del fin de la guerra, informes brasileños hablan de “restos” de la gran nación Guaycurú en la margen izquierda del alto Paraguay, de la Chamacoco en la margen opuesta, y de pocos sobrevivientes Guato en la ribera de San Lorenzo. Y dicen restos “porque ambas naciones fueron cruelmente diezmadas por la epidemia de viruela”.

En la memoria de los indígenas mato grossenses, la Guerra del Paraguay es una divisoria de aguas. Su extenso territorio fue después colonizado por criollos brasileños, en una avanzada constituida por los ex combatientes de esa misma guerra. Los ancestrales territorios Mbayá-Guaycurú y Chané-Guaná se privatizaron, y estos pueblos itinerantes fueron aldeanizados y sometidos al trabajo semi-servil  (“cativerio” o enganche por deuda) en las estancias ganadera, apertura de líneas ferroviarias o cosecha de caucho o yerba mate.

En la irónica expresión de un viejo líder Terena, por defender las fronteras del Brasil ellos recibieron en premio “Tres botines, duas no pé e uma na bunda” (Tres botas, dos para los pies, y la tercera, en el trasero) (Eremites de Oliveira & Marques Pereira, 2007)

En el Paraguay, la guerra continuó la obra del presidente Don Carlos A. López, quien dos décadas antes abía desapropiado por decreto a los 21 Pueblos de Indios –Guaraní en su casi totalidad- de todas sus tierras y ganados comunitarios. Los Cainguá, Guaraní selváticos sin mayores contactos hasta entonces, también sufrieron la pérdida definitiva de sus territorios. Los gobiernos de pos-guerra hicieron su cruel tarea “civilizadora”, al privatizar desde 1885 ese extenso territorio a favor de la Industrial Paraguaya, la Mate Larangeira y otras empresas extractoras de yerba mate y productoras de ganado.

Recién un siglo más tarde el Estado paraguayo crearía una oficina indigenista (INDI) asegurando pequeñas fracciones de tierra a aldeas Mbyá, Paï Tavyterá y Avá Guaraní, dentro de su extensísimo y perdido territorio. En las cercanías del lugar donde culminó la guerra (Yasuka Venda, a unos 80 km. De Cerro Corá) se levanta hoy el Sitio Sagrado de los Pai Tavyterá. Según la cosmogonía Guaraní, fue en ese cerro donde el Padre Creador Ñanderuvusú, en tiempos inmemoriales, había dado origen al mundo, ahora perdido para ellos.

 

Milda Rivarola es historiadora paraguaya y analista político. Es autora de varios libros, incluyendo Obreros, Utopías & Revoluciones, La Contestación al Orden Liberal, La Polémica Francesa sobre la Guerra Grande Vagos, Pobres y Soldados.