Historia y mito

 

Nikolau Sevcenko, in memoriam

Nicolau Sevcenko, Orfeu extático na metrópole. São Paulo, sociedade e cultura nos frementes anos 20, São Paulo, Companhia das Letras, 1992. Fragmentos del capítulo 4 “Da história ao mito e vice-versa duas vezes”.

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Como se sabe, Blaise Cendrars también sería el pivote involuntario del “redescubrimiento-del-Brasil”. Con el objeto de hacerle conocer Río de Janeiro y las ciudades históricas de Minas Gerais, Olívia Penteado formó un grupo del que participaron Mário de Andrade, Oswald de Andrade, Tarsila do Amaral, René Thiollier y Godofredo da Silva Telles. En Río, Cendrars frecuentó por su cuenta el morro de la Favela, se hizo amigo de Donga, Manuel Bandeira y de la muchachada del “Cinema Poeira”, “un club de negros selectos”. En Tiradentes, Minas Gerais, conoció en la cárcel pública a un detenido acusado de asesinato seguido de antropofagia, cuya historia, que incluía consideraciones sobre los sentidos del ritual antropofágico en comunidades tribales, él narraría en su Elogio de la vida peligrosa, de 1926. Para los poetas presentes en la excursión y para Tarsila, el itinerario debería revelar las raíces históricas, étnicas y culturales que ellos buscaban con avidez para dar sustancia a su acento modernista. De esos viajes derivarían las impresiones, los estímulos y las imágenes que motivaron la búsqueda de una fusión entre los lenguajes modernos y la temática nacional, a la que Oswald de Andrade llamó Movimiento Pau-brasil.[1] El modo en que se generó todo este proceso ha sido resumido de manera cristalina por Paulo Prado, que lo siguió de cerca y por completo. Dice en el Prefacio al libro de poemas Pau-brasil, de Oswald de Andrade, que precisamente está dedicado “a Blaise Cendrars, en ocasión del descubrimiento del Brasil”:

La poesía “pau-brasil” es el huevo de Colón, ese huevo [...] en el que nadie creía y que acabó haciendo rico al genovés. Oswald de Andrade, en un viaje a París, desde lo alto de un atelier de la Place de Clichy –ombligo del mundo– descubrió, deslumbrado, su propia tierra. La vuelta a la patria confirmó, en el encantamiento de los descubrimientos manuelinos, la revelación sorprendente de que el Brasil existía. Ese hecho, que algunos ya sospechaban, abrió sus ojos a la visión radiante de un mundo nuevo, inexplorado y misterioso. Había sido creada la poesía “pau-brasil.(Paulo Prado, “Poesia pau-brasil”, in Oswald de Andrade, preface to Pau-brasil, São Paulo, Globo, 1990, p. 57.)

El libro fue publicado en 1925, en París, por la editorial Au Sans Pareil, que dirigía Cendrars.[3] Pero ya el año anterior, Oswald de Andrade había elaborado un “Manifiesto de la poesía pau-brasil”, que editó el Correio da Manhã, poco después de las excursiones del “descubrimiento”. El tono era grandilocuente y axiomático, como era habitual en el género “manifiesto”. La idea era forjar una síntesis compuesta de símbolos históricos, modernos, étnicos, tropicales, nacionales, que produjesen un efecto conjunto final de “brasileñidad”. De ahí los truncamientos de elementos aislados, que se ligan por yuxtaposición, y los énfasis puestos en las manifestaciones de fuerte sugestión aglutinante, la música, la danza, la fiesta, los manjares, el sexo y la religión: instinto, emoción y mito.

La poesía existe en los hechos. Los tugurios de azafrán y de ocre en los verdes de la Favela, bajo el azul cabralino, son hechos estéticos.

El Carnaval de Río es el acontecimiento religioso de la raza. Pau-brasil. Wagner sucumbe ante las escuelas de samba de Botafogo. Bárbaro y nuestro. La formación étnica rica. Riqueza vegetal. El mineral. La cocina. El vatapá. El oro y la danza.

Obuses de elevadores, cubos de rascacielos y la resarcida pereza solar. La rezada. El Carnaval. La energía íntima. El sabiá. La hospitalidad un poco sensual, amorosa. La nostalgia de los hierve-hierbas y los campos de aviación militar. Pau-brasil. 

Bárbaros crédulos pintorescos y tiernos. Lectores de diarios. Pau-brasil. La selva y la escuela. El Museo Nacional. La cocina, el mineral, la danza. La vegetación. Pau-brasil.[4] 

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Mário de Andrade, en el Clã do jabuti, publicado en 1927, pero que reúne poesías de 1924, compone de manera aun más manifiesta símbolos y representaciones nacionales, que se ven fortalecidos por el atractivo sentido rítmico y la musicalidad vernácula de los versos. En el largo y complejo poema “Noturno de Belo Horizonte”, escrito poco después de las excursiones del “descubrimiento”, se puede apreciar en especial la construcción de una imagen mítica de Minas Gerais, concebida como el epítome simbólico de la nación. Explorada y poblada por paulistas, espacio cosmogónico de la epopeya histórica de los bandeirantes, de la lucha contra la codicia espuria del invasor extranjero, como se vio en O contratador, lejos del litoral e incrustada en el sertón, sólidamente asociada a las piedras, los minerales, las montañas, a las elevaciones, las iglesias y las torres, representa al mismo tiempo una San Pablo de la pureza de los viejos tiempos y algo más que ya no es San Pablo, sino su incorporación y asociación con el núcleo del cuerpo de la nacionalidad, en el centro de los sertones interiores, irradiando el espíritu autóctono puro y filtrando las interferencias y las contaminaciones alienígenas. Es particularmente fuerte la culminación del poema con el símbolo litúrgico del agua emanando de las rocas altas, de una reverberación mítica ilimitada.
[...]
Mas não há nada como histórias para reunir na mesma casa...
Na Arábia por saber contar histórias
U’a mulher se salvou...
A Espanha estilhaçou-se numa poeira de nações americanas
Mas sobre o tronco sonoro da língua do ão
Portugal reuniu 22 orquídeas desiguais.
Nós somos na Terra o grande milagre do amor.

[...]
Nós sonos na Terra o grande milagre do amor!
E embora tão diversa a nossa vida
Dançamos juntos no carnaval das gentes,
Bloco pachola do “Custa mas vai!”
E abre alas que Eu quero passar!
Nós somos os brasileiros auriverdes!
As esmeraldas das araras
Os rubis dos colibris
Os abacaxis as mangas os cajus
Atravessam amorosamente
A fremente celebração do Universal!

[...]
O bloco fantasiado de histórias mineiras
Move-se na avenida de seis renques de árvores...
[...]
É o delírio noturno de Belo Horizonte 

[...]
Dorme Belo Horizonte
Seu corpo respira de leve[...]
[...]
O ar da terra elevada
Ar arejado batido nas pedras dos morros
Varado através da água trançada das cachoeiras,
Ar que brota nas fontes com as águas
Por toda parte de Minas Gerais.
(Mário de Andrade, Poesias completas, São Paulo, Circulo do Livro, 1976, pp. 162-165.) 

Al año siguiente del lanzamiento del Clã do jabuti, de Mário de Andrade, fue el turno de Oswald de Andrade de volver a la carga con un texto que radicalizaba las posiciones anteriores: el “Manifiesto antropófago”. La temática y la técnica son semejantes a las del primer manifiesto; lo que se percibe ahora, sin embargo, es una exacerbación de la actitud militante, que pasa del tono axiomático al categórico y de la actitud decidida a una intransigente. El nacionalismo adquiere tonalidades de xenofobia. “Tupi or not tupi, that is the question.” “Pero no fueron cruzados los que vinieron. Fueron fugitivos de una civilización que estamos comiendo, porque somos fuertes y vengativos como el Jabutí.” Por otro lado se acentúan los llamados a la celebración del instinto, de una sensualidad eufórica y de una identidad mítica. “Una conciencia participante, una rítmica religiosa.” “Contra todos los importadores de conciencia enlatada. La existencia palpable de la vida. Y la mentalidad prelógica para que el Sr. Lévy-Bruhl la estudie.” “Pero nunca admitimos el nacimiento de la lógica entre nosotros.” “Solo podemos atender al mundo orecular”. “El instinto Caribe.” “Nunca fuimos catequizados. Lo que hicimos fue Carnaval.” “La magia y la vida.” “Antes de que los portugueses descubrieran al Brasil, Brasil ya había descubierto la felicidad.” “La alegría es la prueba de los nueves.” “En el matriarcado de Pindorama.”

El tono era tan claro y tan preocupantemente jacobino, pues evocaba las campañas xenófobas de desestabilización política del comienzo crítico del período republicano, en ese momento delicado en que ya se percibía la crisis de la economía cafetalera, que las autoridades contraatacaron movilizando a los escritores vinculados a los cuadros y los periódicos del prt, lo que dio lugar a una auténtica batalla de manifiestos. A esa altura, era tal la fuerza de la agitación nacionalista, movilizada e inflamada por ambos lados, que ya no se trataba de enfrentar el nacionalismo con el cosmopolitismo, como en el período de consolidación del régimen, sino de entablar una lucha entre un nacionalismo de matiz asimilacionista y otro intransigente. El texto que con más claridad asumía la vertiente oficial era el manifiesto del “verde-amarelismo” o de la “Escola da anta” (Escuela del tapir), llamado “Nhengaçu verde-amarelo” (1929), detrás del cual estaban Cassiano Ricardo, Guilherme de Almeida, Menotti del Picchia y Plínio Salgado. El manifiesto pone en evidencia el maniqueísmo que había asumido el debate nacionalista, al identificar a los adversarios “intolerantes” con el modelo negativo del indio tapuia inasimilable y representarse a sí mismos con la figura amistosa, abierta a los cruces e influencias de los tupí. En esa línea, el grupo “da anta” estableció el mito de un mestizaje integrador, cuya base ideológica sería buscada en el mismo José Vasconcelos que había articulado el movimiento del muralismo mexicano y en su visión del surgimiento de la “quinta raza”, la “raza cósmica”, como cumplimiento del destino manifiesto de América Latina. Solo que ahora, curiosamente, esa raza sería exclusivamente brasileña, se habría desarrollado entre las cuencas del Amazonas y del Plata y debería realizar la concordia universal “por medio de la fuerza centrípeta del elemento tupí”.

 

 

La poesía brasileña se ha dejado en el original como recuerdo del idioma que nuestro amigo Nicolau Sevcenko enseñaba y apreciaba tanto. Descanse en paz.