La suerte de Rubén Darío en el inglés

Por Carlos F. Grigsby

Fotos por la juventud de Solentiname, guiada por Tiago Genoveze (excepto aquella de Rubén Darío)

El escritor argentino Enrique Anderson Imbert (1910–2000) —quien fue el primer docente en obtener el profesorado Victor S. Thomas en Literatura Hispánica en la Universidad de Harvard— escribió que Rubén Darío divide a la historia de la literatura en español en un antes y un después. Oriundo de la pequeña ciudad de Metapa (hoy Ciudad Darío), Rubén Darío (1867–1916) es considerado uno de los escritores más influyentes en la historia de la literatura hispanoamericana. Si el valor de su obra fue durante décadas razón de disputa (se le imputaba ser escapista y preciosista), hoy se le considera unánimemente un parteaguas. Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Octavio Paz, César Vallejo, entre otros, han reconocido su deuda con Darío. Y, sin embargo, su obra permanece a oscuras en el mundo anglófono.

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La World Literature, en tanto que rubro ideado en inglés, abunda en ironías semejantes. Lo que a menudo encontramos en antologías hechas en inglés de literaturas de diversas partes del mundo no siempre corresponde con lo que aquellas literaturas dicen de sí mismas en sus propias lenguas. En mi caso, la específica ironía del desconocimiento de Darío en lengua inglesa es lo que me dio el tema de mi tesis de doctorado, cuya escritura debo concluir en el próximo par de meses. A lo largo de los últimos tres años, he pasado largas tardes sondeando libros de los siglos XIX y XX, en búsqueda de una respuesta a la pregunta de cómo y por qué un poeta de tan enorme importancia en una lengua puede ser casi completamente desconocido en otra. Mi hipótesis inicial era sencilla: tienen que ser las traducciones. Es un desafío traducir a Darío. Su lenguaje es tan melódico que sus poemas más conocidos adquieren una cualidad mnemónica gracias a su ritmo y a sus rimas. No obstante, la mayoría de las traducciones al inglés han sido vertidas, o bien de forma académica y palabra por palabra, o bien de forma literal y en verso libre. Cuando ése no ha sido el caso, algunos traductores han sido exitosos al verter sus rimas, pero usualmente a expensas de casi todo lo demás en los poemas. La inicial aversión visceral que sentí al leer esas traducciones al inglés es lo que me llevó a mi hipótesis mencionada anteriormente, que resultó ser simplista.

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Después de un año de mi doctorado, una vez leído cuanto pude de lo escrito por o sobre Darío, empecé a leer sobre traducción. Me di cuenta de que otros poetas en español (como Neruda o Lorca) también habían sido traducidos de forma deficiente al inglés, y que a pesar de ello eran conocidos por lectores anglófonos de poesía. Caí en cuenta de que la traducción literaria es apenas un asunto lingüístico; las diferencias históricas y culturales entre culturas literarias pesan más. Para poder responder a la pregunta sobre la oscuridad de Darío, hace faltar ir a la historia de la literatura hispanoamericana y su traducción al inglés.

El llamado ‘boom’ de la literatura hispanoamericana en inglés empezó a descollar en los años 60 y alcanzó su cumbre en 1970 con la traducción al inglés de Cien años de soledad (1967), llevada a cabo por el traductor Gregory Rabassa. Darío, sin embargo, vivió mucho antes de esas décadas dadivosas. Si uno trazara una cronología del paisaje cambiante de las traducciones al inglés de la literatura latinoamericana antes del ‘boom’, se encontraría ante un páramo. Antes de 1890, el Facundo de Sarmiento era la única obra de literatura hispanoamericana traducida al inglés. Y antes de la década de 1930, cuando la influyente Harriet de Onís empezó a traducir del portugués y español, muy pocas obras latinoamericanas eran traducidas al inglés del todo. No fue sino hasta que estalló la revolución cubana en 1959 que los lectores empezaron a interesarse en la región, dando como resultado una lluvia de traducciones.

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A pesar de estas circunstancias, Darío no tendría que esperar hasta los años 60 para que se le tradujera al inglés. La primera traducción en formato de libro —aunque más un folleto que un libro— fue Eleven Poems (1916) traducido por Salomón de la Selva y Thomas Walsh, y publicado por la Hispanic Society of America el año de la muerte de Darío. Seis años después, el traductor Charles McMichael publicaría sus propias versiones bajo el título Prosas profanas and other poems (1922), también más folleto que libro (nueve poemas en total). A pesar del título, McMichael incluyó una pequeña selección de poemas tomados no solo de Prosas profanas (1898), sino de Azul… (1888) y El canto errante (1907). Estas traducciones resultaron ser métricamente desiguales y de idioma trastabillado, de manera que cuando serían leídas junto al Cathay (1915) de Ezra Pound o The Waste Land (1922) de T.S. Eliot, en los años en que el modernism estaba en auge, debieron parecer —a aquellos lectores que no sabían nada o casi nada sobre Hispanoamérica—una curiosidad algo rara y anticuada. No obstante, dada la celebridad de Darío en el mundo hispano de la época, además de la gira que parcialmente realizó a lo ancho de Estados Unidos por invitación de la Hispanic Society, la publicación de estos folletos no debería sorprendernos. Lo que sí es sorprendente es su fracaso en producir algún interés en la escritura del nicaragüense, ya que otro libro de traducción no sería publicado sino hasta 1965.

Ese año, el traductor Lysander Kemp —también traductor de Octavio Paz y Juan Rulfo— publicó Selected Poems of Rubén Darío (1965) a través de la imprenta de la Universidad de Texas. El ‘boom’ de la literatura hispanoamericana en traducción finalmente había llegado a Darío, aunque fuera por su vía menos difundida: las imprentas universitarias. El verso libre ya se había impuesto como el idioma poético convencional y las obras traducidas ahora se leían como obras literarias en sí mismas. Estos dos cambios en la cultura literaria de E.E.U.U. pueden encontrarse en el libro de Kemp, y no deberían sorprendernos. Lo que sí es sorprendente, en cambio, es el fracaso de esta traducción en producir mayor interés en la escritura de Darío, dado que otro libro de traducción no sería publicado sino hasta el 2001, casi 40 años después. 

¿Por qué no hubo un interés renovado en uno de los mayores poetas del idioma, una vez que se dispone de una nueva traducción cincuenta años después de su muerte? Desprovisto de su ritmo y sus rimas, el estilo finisecular de Darío suena anticuado en inglés, incluso en la versión más idiomática de Kemp, algo que debió haber desencantado a lectores que leían la literatura hispanoamericana a través del prisma del modernism. Además, el estrecho público académico al que la edición estaba destinada solo podía subrayar la distancia entre la escritura de Darío y las expectativas literarias de los lectores angloamericanos de posguerra. Había también una expectativa de exotismo cuando se trataba de obras latinoamericanas —que surgió con el éxito del realismo mágico y que continúa, sin lugar a duda, hasta el día de hoy. Si consideramos el ambiente parisino de sus escritos, así como los motivos que abundan en ellos —las fuentes, los cisnes, los mitos griegos, entre otros— resulta fácil ver cómo la obra del nicaragüense no hubiera encajado con esas expectativas.

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Como mencioné arriba, faltarían casi 40 años para la siguiente publicación de un libro de traducción de Darío al inglés, cuando los académicos Will Derusha y Alberto Acereda publicaron sus versiones de una amplia selección de poemas bajo el título Selected Poems of Rubén Darío: A Bilingual Anthology (2001). Luego, durante la primera década de los 2000, las traducciones repentinamente se multiplicaron: un año después Stanley Appelbaum publicó Stories and Poems/Cuentos y Poesías: A Dual-Language Book (2002); después Derusha y Acereda publicaron su traducción de Cantos de vida y esperanza, traducido como Songs of Life and Hope (2004); finalmente, Penguin Classics publicó una selección de la obra del nicaragüense llamada Rubén Darío: Selected Writings (2006). Entre las razones por este súbito despuntar de traducciones, dos parecen estar fuera de duda: el crecimiento del mercado editorial académico como un mercado global que incluye tanto a la Literatura Hispanoamericana como a los Estudios de Traducción, en tanto que disciplinas plenamente desarrolladas, llevó al involucramiento de más académicos como traductores de Darío; por otro lado, el crecimiento de la comunidad latina en los Estados Unidos, así como la consolidación de la literatura latinx y chicana, implica que figuras públicas como Illan Stavans —quien en su introducción a la edición de Penguin habla de la posibilidad de oír a Darío en inglés como uno de sus entrañados sueños como inmigrante— son hoy por hoy capaces de acumular suficiente credibilidad y prestigio como para que las editoriales crean en la existencia de un público para autores como Darío.

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Sin embargo, aunque haya más traducciones de Darío, la situación no ha mejorado tanto como uno esperaría. Tres de las cuatro traducciones son, como sus antecesores, pensadas principalmente para lectores académicos —es decir, estudiantes de español— para los cuales más de una traducción de Darío, aunque fuera de calidad controvertida, ya existía. Si por un lado esto es algo positivo para el continuo estudio de la obra dariana, por otro implica que estas nuevas traducciones no pueden ser leídas como poemas en sí mismos. Es decir, los lectores anglófonos aún no tienen un Darío en inglés que pueda darles una idea de la calidad literaria de los escritos del nicaragüense. A su vez, la única traducción que estaba pensada para un público más amplio, que es la publicada por Penguin, ha sido duramente criticada desde que su publicación. En un artículo publicado en The Nation en el 2006, el profesor de literatura hispánica y comparada de la Universidad de Yale, Roberto González Echevarría, señalaba varios errores básicos en la antología y llamaba a una de las traducciones incluidas ‘appalling’ (desastrosa). La edición ciertamente parece haber sido terminada con apuro; y los cotraductores de la sección de poesía para la edición, Greg Simon y Steven White, a menudo malinterpretan a Darío, distorsionan el tono así como el registro de los poemas y llenan los versos de ripios para poder completar las rimas. Como dije antes, traducir a Darío es un desafío, no solo por la distancia histórica que nos separa de sus escritos, sino porque su obra está basada en una renovación y expansión de las posibilidades expresivas del español a través del ritmo y la rima. Si un traductor al inglés quiere producir una traducción que tenga un efecto similar al del original, debe ser capaz de decir algo parecido a lo que dice Darío en español, a la vez que produce un texto que seduzca al lector a través del ritmo y le ofrezca rimas tan sonoras como originales.

A pesar de ello, hay razones para ser optimistas. La parte más temeraria de mi tesis doctoral incluye la producción de una nueva traducción de Darío, en la que aplique lo que he logrado espigar de los aciertos y los fallos de previos traductores. Adam Feinstein, biógrafo de Neruda, también está trabajando en traducciones rimadas de Darío. Y el próximo libro del poeta y traductor latino estadounidense Francisco Aragón, After Rubén (2020), incluirá varias versiones de Darío, como lo indica su título. A lo mejor ya le llegó la hora a Darío en inglés.

 

Carlos F. Grigsby (Managua, Nicaragua, 1988) es poeta, crítico y traductor. Actualmente realiza un doctorado en literatura hispanoamericana y traducción en la Universidad de Oxford. Ha ganado el Premio Fundación Loewe Creación Joven 2007 por la colección Una oscuridad brillando en la claridad que la claridad no logra comprender (Visor, 2008)