Las políticas postneoliberales y la tradición populista (Spanish version)

El presidente indígena

By Juan Antonio Morales

Los dos actos de posesión en la presidencia de Bolivia de Evo Morales, el 2006 y el 2009, en el sitio arqueológico de Tiwanacu llamaron poderosamente la atención, no sólo en Bolivia sino también fuera. Esos actos hicieron la delicia de los turistas. No eran solamente actos de inauguración de las presidencias del primer presidente indio de Bolivia sino su coronación como líder espiritual de los indígenas de todas las Américas. Se emplearon rituales, vestuarios y amautas (sacerdotes) en una recreación que hicieron los antropólogos bolivianos de lo que podían haber sido las ceremonias precolombinas y aún preincaicas. Se dijo sarcásticamente que el espectáculo fue digno de “Tintín en el Templo del Sol.”

No cabe duda que la entronización de Evo Morales marcaba un hito en la historia de Bolivia, cerraba el paréntesis de veinte años de democracia representativa y de políticas de apertura de los mercados, pero no marcaba una ruptura. Morales y la coalición de movimientos sociales agrupados en el Movimiento al Socialismo (MAS) se reengancharon a la tradición del nacionalismo y el sindicalismo revolucionario, que provenían de la revolución nacional boliviana de 1952, si bien han incorporado nuevas corrientes de pensamiento. Se ha estudiado profusamente, en Bolivia y fuera de Bolivia, esa revolución y se ha comparado con la revolución mexicana de 1910. Muchos han encontrado también similitudes con los objetivos y las maneras de hacer política de los grandes movimientos populistas del siglo pasado. Se ha de entender populismo en el sentido latinoamericano, con sus muy recurrentes invocaciones al pueblo, su ultranacionalismo, su estatismo, su maniqueísmo y su caudillismo. Es también un legado de la revolución nacional y del populismo, la política en las calles y un desdén por los canales tradicionales de representación política como los parlamentos.

Morales viene personalmente del sindicalismo, aunque de un sindicalismo sui generis, el de campesinos productores de hojas de coca. Los sindicatos campesinos son tan politizados como lo fueran en su tiempo los sindicatos obreros, pero sus métodos de lucha son diferentes. En vez de huelgas usan más bien bloqueos de caminos para introducir sus demandas y hacerse sentir. Morales, como opositor había liderado en los años que precedieron su ascensión al poder, numerosas manifestaciones, a menudo violentas, contra los gobiernos que calificaba de neoliberales.

El resultado electoral de fines de 2005, cuando el MAS ganó con amplia mayoría, sorprendió por su contundencia a los observadores pero no era del todo inesperado. El MAS aprovechó electoralmente el gran descontento de la población, especialmente de los más pobres, con la situación económica, marcada por la prolongación de la crisis regional que comenzó con la devaluación brasileña de fines del siglo pasado. El empeoramiento de la distribución del ingreso de la década de los noventa, aún si la pobreza, medida con indicadores de satisfacción de necesidades básicas, había bajado, fue una causa mayor del malestar popular. Por otra parte, los partidos tradicionales sufrían de un gran desprestigio por sus pactos y coaliciones, basados más bien en oportunismos que en criterios programáticos. Había además muchas alegaciones, generalmente no comprobadas, de corrupción.

En las elecciones de diciembre 2009, Morales obtuvo casi dos tercios de los votos. Esa elección coronaba una serie de triunfos electorales anteriores. No cabe duda que el discurso oficial había calado hondo en el electorado. Además la economía había tomado impulso y la inflación, a pesar de algunos rebrotes de corta duración, se mantenía bajo control. Es de hacer notar también que Bolivia había sorteado bien los embates de la crisis financiera internacional del 2007-2009. La política social del MAS de transferencias condicionadas de dinero era inmensamente popular.

Dos Revoluciones

Por lo menos en el discurso Evo Morales hace flamear de nuevo, como en la revolución de 1952, el nacionalismo extremo, la oposición frontal a las empresas transnacionales que según él saquean los recursos naturales de las naciones y la lucha sin cuartel contra las oligarquías nacionales aliadas al capital extranjero. Asimismo propone una participación creciente del estado en la economía y una política económica con énfasis en la distribución del ingreso y de la riqueza. Se convoca permanentemente al pueblo y se toman decisiones en su nombre. La simbología tenía un papel importante para los protagonistas de la revolución nacional y lo tiene también para el MAS. Frecuentemente las palabras y la agresividad del discurso van mucho más allá de los hechos.

Un objetivo central de la revolución nacional era destruir el anterior orden existente. El MAS tiene también como objetivo central desmantelar lo que llama el estado neoliberal y poner candados para que los partidos y las políticas neoliberales no retornen nunca más. Un leitmotif es también la descolonización, aunque nadie sabe muy bien en qué consiste. Un punto principal del programa de gobierno del MAS es la derogación de las reformas estructurales más importantes de la era neoliberal, aunque no de todas. Es así que se han revertido las privatizaciones/ capitalizaciones, se ha contra—reformado la reforma de pensiones y la reforma educativa, y se ha recortado significativamente la independencia legal del Banco Central.

La estrategia de poder del MAS es también envolvente, como lo fuera la de la revolución nacional. No sólo controla el poder legislativo, con amplias mayorías en las dos cámaras sino que controla también casi todos los gobiernos departamentales y municipales, así como el poder judicial. La oposición tiene una muy reducida participación, meramente testimonial, en el congreso. En los hechos se tiene un gobierno de partido único. La alternancia en el gobierno está también cuestionada por las posibilidades de múltiples reelecciones contempladas en la nueva constitución política del estado.

Similitudes pero También Diferencias

Esas son las grandes similitudes pero también hay grandes diferencias entre la experiencia reciente y los años de la revolución nacional. En primer lugar los actores son diferentes. Mientras que los líderes de la revolución nacional provenían de la pequeña burguesía y de partidos políticos establecidos, el liderazgo del MAS es más campesino, en extraña alianza con organizaciones no gubernamentales (ONGs), muchas de ellas con financiamiento foráneo. Las ONGs le han provisto al MAS una plataforma con temas de la izquierda internacional moderna, como lucha contra el capitalismo salvaje, contra el consumerismo, por la preservación del medioambiente y por una sociedad más justa, menos basada en el lucro y más en la solidaridad. También antiguos dirigentes del partido comunista y de partidos de la ultraizquierda así como ex-guerrilleros de los años sesenta y setenta han encontrado cobijo en el MAS.

La revolución nacional insistía en la asimilación de las poblaciones indígenas, por otra parte mayoritarias en el país, en un proyecto nacional, mientras que el gobierno de Evo Morales pone el acento más bien en las identidades étnicas. La nueva constitución, propuesta y aprobada durante el gobierno del MAS, refleja muy bien esta posición de definir a Bolivia como un estado plurinacional, constituido por treinta y seis naciones diferentes. En correspondencia con lo anterior, aunque también nutriéndose de vertientes diferentes, la nueva Constitución Política prevé un país más descentralizado, con más poder para los gobiernos departamentales y municipales que el que tenían bajo el modelo híper-centralista heredado de la revolución nacional.

El discurso del MAS, en coincidencia con otros movimientos populistas de América Latina, pero no en la oratoria de la revolución nacional boliviana, proclama su fuerte compromiso de lucha contra la corrupción. En su visión maniquea, que es también típica de los populismos latinoamericanos, oponen el pueblo a las oligarquías corruptas, que están además al servicio de intereses extra-nacionales. El MAS califica de corruptos a todos los gobiernos de la era neoliberal. La acusación de corrupción, a veces por causas baladíes o inventadas, le ha sido conveniente para deshacerse de la oposición política.

A pesar del discurso anti-neoliberal se han mantenido tanto la política de aranceles bajos como la eliminación de cuotas, prohibiciones y otras restricciones cuantitativas a las importaciones y a las exportaciones, salvo algunas excepciones. La política fiscal es algo menos dispendiosa que la que solía ser la norma para el tipo de regímenes como el actual. EL MAS ha ejercitado una cierta prudencia fiscal y no se han sufrido los desastres fiscales que eran tan característicos de otras experiencias populistas latinoamericanas. También el gobierno le ha prestado atención al control de la inflación y la política monetaria ha sido bastante convencional, aún si ha recortado muy fuertemente la independencia del banco central.

La Inefable Hostilidad a la Inversión Privada

La temeridad del MAS se ha presentado sobre todo en sus nacionalizaciones y otras medidas que debilitan significativamente los derechos de propiedad. Si bien la nueva constitución reconoce el derecho a la propiedad privada, le pone empero una gran cantidad de servidumbres y limitaciones. Por otra parte, otorga primacía a la propiedad estatal y a las formas comunitarias de producción, aunque los alcances de propiedad comunitaria no están bien precisados. De paso hay que señalar que la constitución está llena de imprecisiones. Es un texto voluminoso que contempla un amplio espectro de derechos, más bien de aspiraciones, cuyo cumplimiento es de difícil verificación.

La revolución nacional terminó en una catástrofe económica, que tuvo que ser contenida en 1957 con un programa de estabilización muy ortodoxo. En cambio, en los cinco años de gobierno del MAS, el país se ha beneficiado de un extraordinario contexto económico, caracterizado por precios sostenidamente altos para sus exportaciones de hidrocarburos y de metales. El favorable contexto externo ha tenido implicaciones fiscales directas, que han hecho que el gobierno tenga superávit fiscales todos los años del 2006 al 2010. Aún la crisis financiera internacional de 2007-2009 no hizo mella en las cuentas fiscales.

A pesar del contexto general muy favorable, que ha representado entre otros aspectos un ingreso adicional de 17 mil millones de dólares para el gobierno en los últimos cinco años, el crecimiento de la economía ha sido modesto, comparado con el de los países vecinos o aún con algunos años de la era neoliberal. Las tasas de inversión han sido bajas, muy por debajo del promedio latinoamericano. Las tasas de inversión privada han sido especialmente bajas. No cabe duda que el agresivo discurso anti-empresarial, las nacionalizaciones y las ambigüedades de la nueva Constitución Política con relación a los derechos de propiedad han creado un clima adverso para la inversión. Es típico de los países con políticas populistas que la variable que primero se resiente sea la inversión.

La política social ha consistido esencialmente en la otorgación de transferencias condicionadas a las familias con niños en edad escolar, a los ancianos y a las mujeres gestantes o con niños de corta edad. Estas transferencias van en la dirección correcta y se inscriben más bien en políticas neoliberales. En cambio, casi no ha habido mejoría en la calidad de las escuelas ni en la atención de los servicios estatales de salud.

La Sostenibilidad Del Experimento

Mirando hacia delante se puede hacer la pregunta de cuán sostenible en el tiempo es el experimento del gobierno de Evo Morales. La baja inversión y el casi nulo crecimiento de la productividad hacen pensar que se regresará a las bajas tasas de crecimiento. Tampoco el país habrá cambiado mucho, a pesar del extraordinariamente favorable contexto internacional. La calidad de las políticas públicas y especialmente de las políticas económicas, sufre con un gobierno, que si bien ha sido elegido democráticamente, no gobierna con los cánones convencionales de una democracia.Muchos observadores bolivianos tienen la impresión de que se ha desaprovechado una gran ocasión para darle impulso a la economía boliviana. Morales no sólo contó con un contexto internacional que le sonreía sino que gozaba de amplios apoyos internos e internacionales. Como ha pasado con otras experiencias de la región y la nuestra de 1952, las cosas parecen ir bien al principio y por un tiempo, pero a un poco más largo plazo aparecen las fisuras que llevan al fracaso a los ensayos populistas. La historia se repite.

Juan Antonio Morales es profesor de economía en la Universidad Católica de Bolivia. Se desempeñó como presidente del Banco Central de Bolivia por más de diez años, hasta mayo de 2006. Ha dado conferencias, como profesor visitante en universidades de América Latina, los Estados Unidos y Europa, y ha escrito extensamente sobre el desarrollo económico de Bolivia y otros países.