Los efectos políticos de una medida económica

 

Despues del gasolinazo

By Fernando Mayorga

El 26 de diciembre de 2010, el gobierno decretó un incremento en el precio de los combustibles. Una semana después, debido a múltiples protestas populares, anuló esa medida, no obstante continuaron la especulación y el aumento en los precios de alimentos y transporte. El malestar social fue creciendo y tres meses después se realizó una huelga general de trabajadores exigiendo mayores salarios. Por primera vez en cinco años, el gobierno de Evo Morales enfrentó el repudio de sectores sociales leales al Movimiento Al Socialismo (MAS).

Este evento, conocido como gasolinazo, modificó las condiciones políticas para la aplicación de la agenda gubernamental, aunque sigue intacta la disponibilidad de recursos de poder por parte del partido oficialista. Para evaluar esta situación es necesario tener en cuenta que la segunda gestión del MAS se inició con augurios positivos para el despliegue de su proyecto político. Los comicios de diciembre de 2009 dieron como resultado la reelección de Evo Morales con 64% de votos y el control oficialista del congreso. El MAS también obtuvo resultados favorables en las elecciones departamentales y municipales de abril de 2010 ganando seis de nueve gobernaciones y más de tres cuartos de los gobiernos municipales. La supremacía del MAS era innegable y su hegemonía discursiva se imponía en los diversos ámbitos del proceso político.

El gasolinazo no modificó la relación de fuerzas en el campo político pero afectó negativamente la fortaleza del gobierno y la imagen presidencial. Disminuyó la capacidad del gobierno sustentada en el lazo entre el MAS y los movimientos sociales que constituyen su base de apoyo electoral y de movilización política. Asimismo descendió la popularidad de Evo Morales cuyo liderazgo es un elemento central de la estrategia oficialista para los comicios de 2014, una estrategia que apunta a la reelección presidencial para garantizar la continuidad del proyecto político del MAS.

Respecto a la fortaleza política del gobierno el punto de partida es caracterizar el vínculo entre el MAS y los movimientos sociales como una coalición inestable y flexible. La cohesión y amplitud de esa coalición depende de los temas dominantes en el campo político y en la agenda gubernamental. Cuando se trata de un asunto o demanda de alta agregación—v.gr.nacionalización de recursos naturales, aprobación de nueva Constitución y reelección de Evo Morales—la coalición oficialista congrega a una diversidad de organizaciones sociales (campesinos, indígenas, mujeres campesinas, colonizadores, cooperativistas mineros, obreros, juntas vecinales, jubilados, entre otros) y sus miembros actúan de manera compacta bajo la conducción del partido de gobierno. Una vez satisfechas esas demandas generales surgen otro tipo de reivindicaciones, aquellas de carácter grupal o corporativo. Entonces, algunos sectores sociales se alejan de la coalición y esta pierde consistencia para actuar de manera uniforme. Precisamente, el gasolinazo provocó el predominio de intereses corporativos en los sindicatos de trabajadores asalariados y el rechazo de varios movimientos sociales a una medida que consideran antipopular y neoliberal, debilitando a la coalición oficialista que quedó circunscrita a las organizaciones campesinas afines al MAS.

Con relación a la imagen presidencial es necesario destacar que las protestas se produjeron en ciudades donde la votación por el MAS fue mayoritaria. En esas protestas surgieron inéditos estribillos de condena a Evo Morales con acusaciones de traición y sometimiento al neoliberalismo. Varias encuestas realizadas con posterioridad al gasolinazo mostraron una caída de la popularidad de Evo Morales—la cifra más baja en 60 meses al mando del gobierno—con un rechazo de 56% a nivel nacional, cuando un año antes el apoyo al presidente era de 70%. Otro aspecto novedoso es que en las ciudades donde ocurrieron las protestas actúan fuerzas políticas que no forman parte de la oposición convencional de derecha. Algunas son organizaciones políticas de izquierda, como el Movimiento Sin Miedo (MSM) que dirige la alcaldía de La Paz, sede de gobierno, y puede constituirse en rival del MAS en las elecciones de 2014.

En suma, los efectos políticos del gasolinazo tienen doble connotación porque se menoscaba el apoyo popular al partido de gobierno y se cuestiona el liderazgo de Evo Morales. En esa medida, el rechazo generalizado a las decisiones del gobierno puso en evidencia el debilitamiento de la capacidad hegemónica del MAS. Para explicar este aserto es preciso señalar que el MAS logró dominar el campo político en los últimos años mediante la articulación de nacionalismo e indigenismo como ejes discursivos que caracterizan el “proceso de cambio” impulsado por el MAS y que definen la orientación programática de la nueva Constitución Política del Estado.

El nacionalismo se expresa en el retorno del Estado como protagonista en la economía. La nacionalización de los hidrocarburos modificó la relación entre el Estado y las empresas extranjeras para responder a demandas de estabilidad y crecimiento económico a partir del control estatal de los recursos naturales y de la cadena productiva en el sector de hidrocarburos. En esa medida, el gasolinazo fue percibido como una negación de la nacionalización y este giro en la política económica ha debilitado el discurso del MAS porque su interpelación nacionalista y estatista perdió credibilidad. Por esa circunstancia surgieron críticas y cuestionamientos al gobierno desde posiciones de izquierda, tanto partidistas como sindicales. En cambio, el eje indigenista se mantiene incólume porque el MAS no tiene rivales en ese campo discursivo; no obstante algunos pueblos indígenas cuestionan el programa de industrialización promovido por el Estado denotando las contradicciones internas en el modelo de desarrollo.

Después del gasolinazo, el MAS enfrenta un doble desafío. Tiene que encarar la recomposición de la coalición entre el gobierno y los movimientos sociales y debe recuperar la popularidad de la figura presidencial. El éxito en la primera tarea depende de las medidas económicas que adopte el gobierno para restituir la confianza de los trabajadores asalariados y los movimientos sociales que critican su orientación neoliberal. Con relación al segundo tema, el gobierno adoptó una nueva estrategia respecto a la demanda marítima provocando una adhesión generalizada a su postura frente a Chile, inclusive por parte de sectores opositores. Es decir, el gobierno invocó el nacionalismo tradicional para restituir la popularidad de Evo Morales, no obstante el derrotero de esa iniciativa es incierto porque también depende del decurso de la gestión gubernamental en el ámbito económico. La incertidumbre retorna a la política boliviana después de cinco años de gobierno bajo el mando del MAS que condujo la transición hacia un nuevo modelo estatal; un Estado que enfrenta los rezagos históricos de desigualdad y pobreza que caracterizan a la sociedad boliviana a pesar de los innegables avances en la ampliación de la democracia y la ciudadanía.

 

Fernando Mayorga, un sociólogo que tiene un doctorado en ciencias políticas, es profesor y director del CESU de la Universidad Mayor de San Simón en Cochabamba.