Marianne Lahaie Luna: los Derechos de la Salud Menstrual en Venezuela

Marianne Lahaie Luna es una estudiante canadiense-venezolana graduada que actualmente realiza una pasantía en el departamento de Salud Ambiental en la Escuela de Salud Pública Harvard T. H. Chan.

 

Abordando la Problemática Sobre los Derechos de la Salud Menstrual en Venezuela

Por Marianne Lahaie Luna

Traducción de cortesía por Bethsy Lezama

 

“En estos tiempos de crisis, esta copa menstrual realmente me ha ayudado. Ahora puedo ahorrar dinero y dejar de preocuparme por lo que voy a usar cuando tenga mi menstruación, porque las toallas sanitarias y los tampones son muy difíciles de encontrar y cuando se encuentran son muy caros. Es tan cómodo de usar [la copa menstrual], ya nunca me preocupo de que mi ropa se manche. Esto es realmente un gran alivio, con el dinero que ahorro, ya no tengo que tomar decisiones difíciles, como elegir entre comprar un paquete de toallas sanitarias o pollo para alimentar a mi familia ".

- 44 años, Guarenas, Venezuela.

 

En febrero de 2018, co-fundé una organización no gubernamental (ONG) para ayudar a las mujeres en situaciones desfavorecidas a menstruar con dignidad. Para este proyecto formé un equipo con Véronique Lahaie Luna y Rosana Lezama, ambas en ese momento estudiantes universitarias en la Universidad de Ottawa, poseedoras de una sólida formación en desarrollo internacional y apasionadas por mejorar los derechos de las mujeres en América Latina.

 

La ONG Lahaie Luna Lezama, es una Asociación Civil para los Derechos Reproductivos de las Mujeres, cuya misión principal es la de abordar el problema en los derechos de la salud menstrual en Venezuela. La ONG ofrece a las mujeres venezolanas necesitadas productos de higiene femenina, como las copas menstruales, las cuales son económicamente sostenibles y no afectan el medio ambiente a lo largo plazo.

 

Recientemente, Venezuela ha estado en los titulares de las noticias debido a la crisis humanitaria sin precedentes. Estudios recientes muestran que hay alrededor de un 90% de escasez de suministros básicos, suministros médicos y medicamentos en hospitales y clínicas públicas en todo el país. La falta de estos suministros básicos ha resultado en un colapso de los servicios básicos fundamentales, que afectan significativamente a los hogares de bajos ingresos. Los programas de planificación familiar y atención de la salud sexual creados por el gobierno o por las ONGs cubren solamente el 22% de la población del país, lo que resulta en la falta de acceso a productos de higiene menstrual y anticonceptivos. Con una tasa de inflación de 1.62 millones por ciento, desde marzo de 2019, los productos de higiene menstrual -cuando están disponibles- a menudo cuestan lo que una persona con un salario mínimo ganaría en dos o tres meses, dejando a muchos con una difícil decisión financiera que tomar.

 

La menstruación sigue siendo un tema tabú en la mayoría de los países latinoamericanos, incluyendo a Venezuela. Esto es bastante obvio cuando se analiza qué tipo de ayuda humanitaria se proporciona a los venezolanos. A menudo, los envíos enviados como ayuda externa a Venezuela carecen de elementos esenciales para la salud menstrual y reproductiva de las mujeres, como productos de higiene menstrual, productos de higiene personal y productos anticonceptivos.

 

El no poder acceder a estos productos afecta tanto la vida personal como la profesional de las mujeres. Esto, a su vez, tiene un impacto negativo en la confianza, autoestima, dignidad y productividad de las mujeres, lo cual les impide alcanzar sus objetivos educativos y profesionales y su capacidad para contribuir a sus comunidades. La falta de acceso a los productos de higiene menstrual se ha convertido en un obstáculo para las mujeres, quienes muchas de ellas han tenido que recurrir al uso de ropa vieja, prendas de vestir e incluso cartón durante su menstruación. Estos métodos de higiene menstrual alternativos son antihigiénicos y pueden resultar en un crecimiento bacteriano que potencialmente puede ocasionar infecciones sistémicas graves.

 

Nosotras, las co-fundadoras, quienes también somos mujeres nacidas en Venezuela, tuvimos la suerte de no haber sufrido dificultades para adquirir productos de higiene menstrual. Sin embargo, después de muchas investigaciones, nos sorprendió conocer sobre las condiciones actuales que muchas mujeres venezolanas afrontan durante su menstruación. Así fue como decidimos no solamente crear conciencia sobre este problema, sino también ayudar a mejorar la salud menstrual de una manera sostenible, al mismo tiempo ayudar a reducir el impacto ambiental asociado con la menstruación. Fue entonces cuando descubrimos un producto de higiene menstrual relativamente nuevo, la copa menstrual, el cual es un producto que, cuando se cuida adecuadamente, puede reutilizarse y durar hasta siete años, lo que lo convierte en una alternativa económica y ambientalmente sostenible.

 

En agosto de 2018, nos propusimos ayudar a más de cien mujeres en Venezuela a menstruar con dignidad. Para nuestro primer proyecto colaboramos con PLAFAM, organización equivalente a Planned Parenthood en Venezuela. Realizamos sesiones informativas en cuatro clínicas de PLAFAM en Caracas (ubicadas en Altagracia, Guarenas, Las Acacias y Petare), donde el personal local, un ginecólogo o una de las co-fundadoras explicaron el uso de la copa menstrual y educaron a las mujeres sobre los derechos de la menstruación. Después de estas sesiones de información, las participantes interesadas ​​recibieron una donación de una copa menstrual. También recopilamos información de las mujeres que participaron para comprender mejor su rutina menstrual, los obstáculos a los que se enfrentan y cómo el uso de esta copa podría mejorar su vida cotidiana. Para alcanzar el objetivo, todos las que recibieron una donación completaron un cuestionario de dos partes; la primera parte del cuestionario se completó ese mismo día, y la segunda parte se completó tres meses después de que las mujeres hubieran usado la copa menstrual durante algunos ciclos.

 

En enero de 2019, la ONG colaboró ​​en un segundo proyecto con una organización local llamada Centro de Justicia y Paz (CEPAZ), y trabajó en conjunto para ayudar a atender las necesidades menstruales de las mujeres migrantes venezolanas en regiones cercanas a la frontera con Colombia. Colombia es el primer destino migratorio de los venezolanos en busca de refugio; la principal puerta de entrada al territorio colombiano es a través de la frontera con el Estado Táchira. Las mujeres migrantes están más expuestas que los hombres al trabajo forzado, la explotación sexual y otras formas de violencia, y con frecuencia carecen de información y derechos para prevenir y curar las infecciones de transmisión sexual. Las mujeres migrantes tienen más probabilidades de aceptar condiciones de trabajo precarias, salarios más bajos, y a menudo por debajo del salario mínimo, debido a su estatus legal incierto en el país, entre otros. Este proyecto de colaboración también es apoyado por organizaciones de la sociedad civil que fomentan la educación sobre la salud sexual y reproductiva de las mujeres. En enero de 2019, alrededor de 400 kits ecológicos, que incluían productos de higiene menstrual, personal y sexual, fueron distribuidos a las mujeres migrantes cercanas a la frontera con Colombia.

 

Como uno podría imaginarse, la planificación y ejecución de este tipo de proyectos, tienen con sus propios desafíos y riesgos, especialmente porque se llevan a cabo en algunas ciudades muy peligrosas. A pesar de los numerosos obstáculos a los que tuvimos que enfrentarnos, todavía estamos trabajando diligentemente para ampliar el alcance de nuestro trabajo no solo para asegurarnos de que las mujeres en Venezuela puedan menstruar con dignidad, sino también para ayudar a las mujeres migrantes venezolanas que necesitan asistencia en países vecinos latinoamericano.

 

La ONG Lahaie Luna Lezama anhela reducir, y eventualmente acabar, con el estigma en torno a la salud menstrual en Venezuela y América Latina, e iniciar el diálogo sobre cómo la menstruación es un tema esencial en la salud mundial, la salud y los derechos de las mujeres. Creemos firmemente que menstruar con dignidad no es un lujo, sino un derecho humano fundamental.

 

El trabajo que realizo como pasante en la Escuela de Salud Pública de Harvard y mi participación en un equipo interdisciplinario, que lleva a cabo investigaciones innovadoras en el campo de la salud ambiental, definitivamente tendrán un impacto positivo en los proyectos futuros de la ONG Lahaie Luna Lezama. La adquisición de estas habilidades invaluables me permitirán pensar con originalidad y desarrollar soluciones creativas para los problemas difíciles que no son abordados por muchas personas.

 

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