Mujeres haciendo paz

Una initiativa de sociedad civil

Por Martha Quintero, Rocío Pinedo, Rosa E. Salamanca, Martha E. Segura, Nancy Tapias, y Pilar Hernández

Colombia es un país con una historia de violencia política y social que se remonta aproximadamente 50 años atrás. En especial la insurgencia empieza un fuerte proceso de expansión a partir de 1979 en las diversas regiones del país. Estos hechos coinciden con la incapacidad creciente del Estado para garantizar el cumplimiento de sus obligaciones frente a sus ciudadanos, en todo el territorio nacional. El escenario del conflicto se ha vuelto cada vez más complejo por la participación de diferentes actores armados como la guerrilla y los paramilitares, y por el uso que estos actores del conflicto hacen del secuestro, la extorsión y el narcotráfico, como soportes básicos de sus actividades bélicas.

Todo esto ha implicado, además de inmensos costos humanos y éticos, el debilitamiento de las instituciones, y por ende un estado incapaz de controlar la violencia y subversión como lo indican los altos índices de impunidad y la frecuencia en la ocurrencia de delitos no conexos con el mismo.

En el conflicto armado interno ha muerto aproximadamente el 4% de los Colombianos, y donde los costos económicos asumidos por la sociedad son incalculables.

Cada día existe una mayor necesidad de encontrar salidas políticas a nuestro conflicto. Colombia ha intentado desde 1982 la negociación política para terminar el conflicto armado interno sin llegar a mayores resultados.

La solución a un problema de más de 50 años, tan intenso y degradado es difícil, lenta y compleja. La definición de un nuevo modelo de Estado aceptable y respetable para todos, además de tiempo implica sacrificios y concesiones entre las partes. Es por consiguiente indispensable que las partes vayan ganando confianza con gestos de paz que generen credibilidad y expectativas futuras de una solución negociada del conflicto armado.

Habrá que superar la desconfianza, la impaciencia y la falta de solidaridad y compromiso de la sociedad civil hacia la búsqueda de un consenso político y social, que superando los diferentes intereses individuales y corporativos, se establezcan reglas basadas en algo así como La Justicia como Equidad, para resaltar la expresión de John Rawls; que sea lo suficientemente amplio para incluir los diferentes intereses sociales de los grupos de interés, y a la vez sea lo suficientemente preciso en el sentido de superar los efectos devastadores de la violencia, el narcotráfico y la subversión, mediante la construcción de un Estado de bienestar basado en la responsabilidad pública.

Como una de las principales preocupaciones de los movimientos de Paz y entre ellos el movimiento de mujeres, está la sensación de indefensión, frente a la degradación y de incertidumbre ante el recrudecimiento y nuevas manifestaciones en la actual etapa del conflicto en Colombia. El avance de posturas con opciones fundamentalmente bélicistas han ganado terreno entre todos los actores armados, incrementándo las violaciones a todos los civiles en hechos catalogados como crímenes de lesa humanidad.

Esta situación tiene repercusiones de distinto orden. El gravísimo problema del desplazamiento forzado es ya de tal dimensión que debe dársele un tratamiento de emergencia nacional y el traslado de la violencia política a las ciudades es estratégicamente un paso que lentamente se viene consolidando. Esta situación de conflicto armado en unas condiciones socioeconómicas muy difíciles, y con niveles de desempleo crecientes, repercute en toda la situación de agudización de la conflictividad multipolar que aqueja nuestro país.

Entre otras muchas iniciativas de la sociedad civil, las diferentes mujeres colombianas que son parte de Women Waging Peace vienen trabajando en la construcción de capital social, espacios de concertación y apoyo a los desfavorecidos especialmente a las mujeres víctimas del conflicto, tanto a nivel regional, nacional como internacional, desde distintos escenarios como son la Academia, Fundaciones, ONGs y entidades del Estado.

Que decimos entonces las mujeres colombianas que nos resistimos a ver y vivir pasivamente esta situación?

Decimos y hacemos muchas acciones con el objetivo de impedir la continuidad de esta guerra y en la búsqueda de salidas justas que sean integrales a esta conflictividad multipolar que vivimos. Las mujeres venimos desde distintas vertientes, pues el movimiento no es homogéneo ni pretende serlo, hemos realizado manifestaciones pidiendo el cese a las hostilidades y un diálogo constructivo hacia la Paz.

  • El respeto al DIH por parte de los actores en conflicto.
  • No al reclutamiento forzado de nuestros hijos e hijas.
  • Sí al respeto a la mujeres indígenas, a sus tradiciones y autonomía.
  • Sí al respeto por las mujeres afrodescendientes donde en sus territorios se libran batallas por el control territorial.
  • No a la violencia intra familiar y menos aún, al incremento que se ve en estos hechos a causa del conflicto y del uso de las mujeres como botín de guerra.

En el caso específico de las mujeres indígenas la situación no ha logrado ser suficientemente documentada. Las razones principales para este desconocimiento son:

  • Generalmente Los Pueblos Indígenas se encuentran en lugares apartados, de difícil acceso y no son las mujeres quienes tienen más acceso a salir a los centros de información.
  • Existen igualmente problemas de orden cultural para su aproximación, lengua, costumbres entre otras.
  • Los ordenamientos internos de los pueblos indígenas no siempre permiten que las mujeres puedan encontrar los espacios para las denuncias correspondientes. Sin embargo el tipo de violaciones que se han encontrado hasta el momento según las investigaciones y los testimonios muestran que las más frecuentes son, La persecución de madres por tener hijos en las filas de uno de los actores armados o de la Fuerza Pública. El Reclutamiento forzado y utilización de niñas humildes como mensajeras y vigilantes. Desplazamiento Forzado, Violencia sexual. Viudez, Violencia Intrafamiliar y aumento del alcoholismo. Daños en los trabajos de las mujeres y exacerbación de las necesidades económicas.

Nos sentimos limitadas, y no hay libertad. No podemos hacer nuestros trabajos tradicionales en las noches porque si ven a un grupo reunido piensan que se está planeando algo contra ellos. Llega cualquier grupo a pedir comida o agua, y el grupo contrario las acusa de ser “colaboradores”. Toda esta situación nos causa mucho dolor y mucha pérdida. Nosotras y nuestros pueblos queremos vivir en armonía con la naturaleza y hacer nuestros trabajos tradicionales a nuestros padres y a nuestras madres. Queremos que se nos respete. No queremos esta guerra. Muchas mujeres ni siquiera entendemos bien que es lo que pasa y porque viene personas extrañas a nuestra tierra a mandarnos. Qué les estamos debiendo. Es como una nueva conquista. Cuántas personas más nos va a costar hacernos respetar? Ya somos poquitos/as, es que no quieren ver ni a una persona india en este país?

Aprovechamos este espacio para pedir a la opinión pública internacional que se den cuenta que la tragedia colombiana no es un simple problema de narcotráfico, o de violencia, es una guerra de profundas raíces de discriminación e inequidad, que es vital para todos y todas parar desde la perspectiva de la negociación. Eso pensamos nosotras las mujeres que no queremos ni un hijo, ni una hija mas para la guerra!!! A la vez que clamamos por la libertad de todos los secuestrados.

 

Martha Quintero, Rocío Pinedo, Rosa E. Salamanca, Martha E. Segura, Nancy Tapias, and Pilar Hernández are members of Women Waging Peace in Colombia.