Paraguay y su discurso bélico–autoritario contra el COVID-19

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Por Carlos Aníbal Peris Castiglioni

Desde mis primeros estudios allá por el año 2008, me he dado cuenta que ha existido una fuerte exaltación a lo bélico y autoritario en la nación. Es decir, soy como todo científico social que describió, analizó y caracterizó al Paraguay. No importó el tema que haya ocupado el interés, la retórica fue la misma: “el enemigo”, “la necesidad de orden” o “una batalla más a pelear”.

Aquí, la pandemia actual, no ha sido la excepción en su trato.

Tengo un recuerdo vivo de ese 10 de marzo de 2020. Fue la fecha en la que el gobierno central decretó una cuarentena parcial, una que incluía la suspensión de clases y toda actividad que implique aglomeración de personas, tanto en eventos públicos y privados. Días posteriores la prohibición fue endureciéndose: cierre de fronteras, clausura de vuelos internacionales, toque de queda nocturno y mayores intervenciones por las calles y rutas.

A la luz del panorama ostentado, mis padres, dos médicos que han padecido los oscuros años del stronismo (1954-1989), deliberaban con un aire de preocupación: “ver así a la capital, Asunción, parece esas épocas que vivíamos con miedo al dictador y su cruel policía”.

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Calle Palma, una de las principales del centro histórico totalmente desolada. Fuente: diario.es

Con las medidas impuestas, iban en aumento, a su vez, las comparaciones de la situación del COVID-19 a términos de una beligerancia total. Una en la que “saldremos victoriosos moralmente como lo hicimos en la disputa contra la Triple Alianza" (Brasil, Uruguay y Argentina) (1864-1870), u "oficialmente con la Guerra del Chaco" (Bolivia) (1932-1935).

Bajo una única consigna, el 22 de marzo de 2020, tapas de los diarios impresos y digitales se sumaron a un eslogan que buscaba alentar en tiempos difíciles. Exponían en sus portadas: "La garra guaraní vencerá al coronavirus". El mensaje apelaba al carácter triunfalista de una raza, una a la que “jamás le pudieron doblegar”. Pensaba en el momento, aun hoy lo sigo haciendo, sobre la innecesaria imperiosidad de acentuar un falaz nacionalismo.

De hecho, “la garra guaraní” no fue más que un mito. Aquella que ha instalado la idea de “un pueblo épico en ofensivas” o “de una extrema inteligencia”, en el proceso de conquista, que se decidió por el cruce pacifico con el español antes que la resistencia violenta.

La antropóloga eslovena Branislava Susnik (1920-1996), científicamente, ha desmontado a tal concepto. La arenga de la “garra guaraní”, consecuentemente, sería un elemento que potenció la xenofobia y la intolerancia, valores tan usuales en un país que niega derechos fundamentales a minorías sexuales y étnicas, por ejemplo.

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"La garra guaraní vencerá al coronavirus". Fuente: paraguay.com

A lo dicho, además, se me vienen las heroificaciones acaecidas a los representantes del gobierno. El titular de la cartera de Salud, Julio Mazzoleni, fue asignado con el mote de “el Comandante”, uno que a su cargo tendría a los médicos, “soldados en la primera línea de acción”. Euclides Acevedo o el “Implacable”, cabeza visible del Ministerio del Interior, quien ha sido el que pidió el acatamiento a la población de las medidas restrictivas. “En el caso que alguien violare la cuarentena”, lo advertía enfáticamente, “los agentes del orden someterán a los inadaptados”.

Aparece la imagen de mi mentor en Historia del Paraguay, Antonio Galeano. Eran las mañanas de 2005 y me encontraba muy lejos de seguir sociología. Para ser sincero, estaba en las aulas de Ingeniería Electrónica pero fue él, y su perspectiva crítica de la realidad, los que me hicieron cambiar radicalmente la elección de mi futura profesión.

Galeano hablaba entonces del “mesianismo” y el “maniqueísmo”. El trascurso del tiempo, en el paraguayo, fue una muestra explicita que todo se ha visto en bueno o malo y, obligadamente, pareciera necesario hallar un máximo líder que dirija los designios de la nación.

En el imaginario colectivo lo fue, solo por citar, Gaspar Rodríguez de Francia (1813-1840) o el Mariscal Francisco Solano López (1862-1870). Hoy se vislumbraría que el fenómeno ha tomado forma en las figuras de Mazzoleni, Acevedo o del presidente de la Republica, Mario Abdo Benítez. El mandatario que aseguraba “el paraguayo se ha caracterizado por ser guerrero”.

Jornadas atrás, como último punto a resaltar, observaba con preocupación el accionar de la policía motorizada denominada LINCE. Aparecían en noticias en las cuales se les exhibía sometiendo a ciudadanos que no cumplieron con la cuarentena. Las víctimaseran compatriotas, de escasos recursos, muchos ellos que vivían en las calles, que fueron obligados a hacer ejercicios o amenazados con Táser o a ir a la cárcel, por no respetar la norma estipulada.

Ante los funestos actos, algunos medios de comunicación realizaban alabanzas a los oficiales. “Es lo que se necesita en el país”, aseguraban. En las redes sociales, espacio impersonal en el cual la ciudadanía se expresa, ciertos lectores añoraban el orden y rectitud que caracterizó al dictador Alfredo Stroessner (1912-2006).

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“¡Nunca más voy a salir! Linces corren a joven que violo la cuarentena”. Fuente: Telefuturo-Py

Pasan las semanas en el Paraguay, ya van 40 días. Los especialistas afirman que en la tercera semana de mayo se alcanzará el pico de la enfermedad. Mientras que los nostálgicos de gestas heroicas o tiempos tiránicos piden el regreso a esas épocas, la nación se encuentra frente a un inminente peligro de colapso general. Con un poco más de 200 camas de terapia intensiva, sin un sistema de protección por desempleo o un alto grado de gasto estatal, la preocupación pareciera estar en otro lado, uno discursivo, de batalla campal contra la nueva epidemia.

Son las 9 a.m., escribo las líneas finales, escucho en lo lejos la música “13 Tuyutí” interpretada por Francisco Russo.“Una canción bien de guerra, de resistencia, especial para alzar el ánimo de los paraguayos”, afirmaba el presentador del programa matutino. Medito, por mi parte, que después de la pandemia nada será igual pero quizás, y lastimosamente, aun haya quedado en el pensar esa cultura bélica y represiva que tanto daño nos ha hecho.

Clic aquí (vid-20200421-wa0098.mp4para ver muestra de propaganda del estado paraguayo frente a la amenaza del coronavirus.

 

Carlos Aníbal Peris Castiglioni, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Asunción – Paraguay. Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica del Paraguay. Ex director de la Dirección de Postgrado del Rectorado de la Universidad Nacional de Asunción (2016-2019).