Poéticas fluviales en la Amazonia 

Desplazamiento, infraestructura y modernización

Por Javier Uriarte

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Hamacas paraguayas en un barco por el río Amazonas. Foto por Javier Uriarte

Estábamos a merced del río. 

Me habían dicho que el bote saldría de Manaos, en la Amazonia brasileña, hacia Santarém al mediodía. Terminamos saliendo a las 14hs. La llegada fue todavía más difícil de prever. La persona que me vendió el boleto me aseguró que el bote llegaría a Manaos el miércoles de mañana (salimos un lunes), pero mi compañera de barco Caroline, que vivía en Manos y a quien conocí en el viaje, me explicó que era simplemente imposible saber de antemano la hora de llegada: podía muy bien ser el miércoles de mañana, pero también de tarde, de noche, o incluso el jueves. Debo admitir que no había pensado en la posibilidad de un retraso tan largo. La organización de mi viaje, que en este punto carecía de sentido de la aventura, se vio de pronto en peligro. 

Caroline también me habló de otros efectos de ese desplazamiento que yo experimentaba por primera vez y que no acababa de entender: “Cuando llegamos a nuestro destino la sensación es muy rara, es como si uno se siguiera moviendo al mismo ritmo del bote al caminar, como si un ritmo muy particular permaneciera en nuestro cuerpo.” 

Era 2015 y yo viajaba por primera vez a la Amazonia (las fotos de este ensayo fueron tomadas en esa ocasión). Empecé a intuir entonces que las formas y los tiempos del desplazamiento en la Amazonia pueden diferir considerablemente de los más comunes en lugares considerados modernos. Sobre todo cuando se trata de los ríos, ya que todavía hoy gran parte de los traslados en la región se dan a través del inmenso delta que la conforma. ¿Cómo entonces contar las historias de los ríos? ¿Y cómo escuchar las historias que los ríos cuentan? ¿Cómo narrar el desplazamiento típico de las culturas y las regiones fluviales? El imaginario acuático es un componente esencial de los pueblos amazónicos, aunque también ha generado interés en intelectuales, viajeros y hombres de Estado que han escrito sobre la región tratando de entenderla y/o transformarla. Son estas algunas de las preguntas que recorren mi proyecto actual de investigación sobre la Amazonia, que puede resultar en un libro con el mismo título de este ensayo. 

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Llegada a Manos. Foto por Javier Uriarte

Los ríos han sido centrales en la vida cultural de la región amazónica, como el escritor brasileño Leandro Tocantins señala con tino en su ensayo de 1952 O rio comanda a vida: uma interpretação da Amazônia (El río dirige la vida. Una interpretación de la Amazonia). Han jugado un rol fundamental en las formas en que las comunidades indígenas se han alimentado, viajado, comerciado, hecho la guerra, celebrado sus ritos y establecido entre ellas varios tipos de intercambios. Al mismo tiempo, los ríos también han moldeado la vida cotidiana de los ribeirinhos (ribereños, personas mestizas que viven cerca de las orillas), quienes constituyen la mayoría de la población de la región. Por ejemplo, a lo largo de toda la cuenca amazónica, distintas comunidades han creído—y creen todavía hoy—en la existencia de seres, ciudades, mundos subfluviales (mi amiga Caroline me mencionó también los cuentos de su padre acerca de los “monstruos” y mundos que existían bajo el agua). 

El libro de Candace Slater Dance of the Dolphin estudia, entre otros elementos folklóricos, las connotaciones sexuales de los antiguos cuentos populares referidos a una importante criatura del río: el delfín rosado (o boto rosa en portugués, bufeo en español). Slater, una especialista en Brasil que es profesora en la Universidad de California en Berkeley, describe a estos seres del siguiente modo: “Los delfines en la Amazonia son con frecuencia encantados, seres sobrenaturales con forma de animales acuáticos que se transforman en hombres y mujeres con el fin de arrastrar a los objetos de su deseo hasta una ciudad submarina o Encante, de donde pocos regresan” (4). Ella recopila historias a través de entrevistas con varios habitantes de la Amazonia brasileña y explora las varias formas y connotaciones que estos seres adoptan en la cultura de la región. Esta cualidad metamórfica acaso sea la más interesante de estos seres acuáticos, ya que se relaciona con cierto elemento proteico que constituye una parte importante del imaginario fluvial y que quiero especialmente explorar. Como he sugerido, también las narrativas de comunidades indígenas incluyen una fusión entre los mundos humano y no humano, entre los cuales las transformaciones son constantes. 

Pero no sólo los nativos de la Amazonia han tenido relaciones estrechas con los ritmos fluviales, con las formas de entender los espacios y los tiempos típicos de la vida ribereña. Estas “poéticas fluviales,” así como su rol en la vida diaria de los habitantes de la región, han sido también centrales en los proyectos infraestructurales y modernizadores estatales dirigidos a la producción y explotación del suelo que han intentado imponer nuevas formas de entender el viaje (y, en términos generales, el desplazamiento) al buscar “leer” los ríos de maneras nuevas. Me interesa entonces estudiar la presencia, los roles y las connotaciones de los ríos en los escritos de varios intelectuales durante las primeras décadas del siglo XX, comparándolos con las historias indígenas (sobre todo de los pueblos Taulipang y Arekuna) recogidas, aproximadamente en los mismos años, por el antropólogo alemán Theodor Koch-Grünberg (1872-1924) en su libro de 1917 Del Roraima al Orinoco.    

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Igarapé cerca de Alter do Chão, en el río Tapajós. Foto por Javier Uriarte

Así, presto particular atención a los momentos en que los ríos—sus ritmos, sus lógicas—adoptan mayor visibilidad en estas escrituras. El corpus con que trabajo incluye una variedad de textos, desde novelas a libros de viajes, desde diarios privados a ensayos, desde informes oficiales a cuentos. Esta perspectiva comparada contribuirá a mostrar no solo cuándo y cómo estas diferentes obras se citan intensamente unas a otras, sino que ellas comparten obsesiones y perspectivas sobre la Amazonia como una frontera moderna y sobre su lugar en formas de entender el Estado, la naturaleza y las relaciones entre lo local y lo global. Al analizar un corpus heterogéneo, cuestiono algunos de los lugares comunes sobre la Amazonia, como su carácter de espacio abandonado, desierto o “salvaje” haciendo visible una intensa y productiva red de contactos intelectuales, materiales y culturales que constituye uno de los rasgos principales de la región.   

Las obras estudiadas se publicaron entre 1907 y 1917, los años más activos—y finales—del período conocido como el boom del caucho. Luego de que Charles Goodyear consiguiera la vulcanización del caucho en 1839, volviéndolo después más adecuado para la producción de automóviles, la Amazonia se volvió una frontera cosmopolita y el principal productor mundial de caucho. Esta nueva economía de exportación produjo un nuevo crecimiento comercial y demográfico en la región, volviéndola el núcleo económico de varios países. 

Algunas ciudades de la Amazonia, como Manaos, Belém o Iquitos, sufrieron transformaciones urbanísticas y sociales significativas. Pero también, en algunas partes de la enorme cuenca con más intensidad que en otras (principalmente en la región del Putumayo, cerca de la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil), esta explotación salvaje de los recursos naturales produjo consecuencias devastadoras para algunas comunidades indígenas que sufrieron torturas y esclavitud sistemáticas a manos de los empresarios del caucho y sus capataces. Esta penetración sin precedentes del capital global en la región transformó los usos y los significados de varios ríos que se volvieron las arterias clave para el comercio y el desplazamiento de trabajadores y mercancía. Esta nueva lógica asociada al agua hizo más complejas las formas en que las narrativas paralelas sobre los ríos se fueron desarrollando en la región. Me interesa entonces explorar las intersecciones y préstamos entre estas distintas poéticas fluviales en los primeros años del siglo pasado.  

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Canoa por el río Roosevelt, Mato Grosso, Brasil. Foto cortesía de American Museum of Natural History Library

Algunos de los intelectuales que estudio, como los brasileños Euclides da Cunha y Alberto Rangel (autores de À margem da história [Al margen de la historia, 1909] y Inferno verde [Infierno verde, 1908] respectivamente) o el colombiano Miguel Triana (autor de Por el sur de Colombia, 1907) eran ingenieros que trabajaban para el Estado e imaginaron la transformación de la Amazonia como resultado de proyectos infraestructurales como la construcción de carreteras, puentes o ferrovías. Gigantescos proyectos de este tipo, como la recientemente terminada represa de Belo Monte, siguen hoy transformando dramáticamente la región, su medio ambiente y sus dinámicas culturales, económicas y sociales. Estos proyectos—con frecuencia de una grandiosidad casi fantástica—han caracterizado los imaginarios estatales y letrados relacionados con formas de apropiar la región y han implicado una reconsideración de los usos y ritmos de sus ríos. 

En términos generales, los proyectos infraestructurales tienen importantes consecuencias medioambientales al tiempo que nos ofrecen perspectivas interesantes para repensar las relaciones entre los humanos y el mundo no-humano. Mirar la naturaleza y a las personas desde la perspectiva de la infraestructura, leer su “lenguaje”, las huellas que los humanos dejan en ella nos puede ayudar a entender de maneras nuevas cuestiones de modernización y exclusión, de políticas y crisis medioambientales, de trabajo, y desarrollo desigual, así como cuestiones que tienen que ver con formas de conceptualizar y transformar el paisaje.   

Rangel y da Cunha, por ejemplo, asocian los ríos con el desorden, el caos y la barbarie. Rangel, específicamente, vincula en sus cuentos la volubilidad de los ríos con el comportamiento sexual descontrolado y violento de algunos hombres que provienen de fuera de la Amazonia e intentan aprovecharse de sus riquezas (el contexto del boom del caucho es central en sus narraciones). Esto aparece representado como una violencia sexual, recurrente en sus textos, contra las mujeres locales. Da Cunha, describiendo lo que ve como un comportamiento nómade de los ríos—los cuales según él no pueden mirarse adecuadamente desde un punto de vista letrado—también expresa una profunda inquietud respecto del movimiento descontrolado e impredecible de los ríos en la región mientras propone formas de controlarlos y “domesticarlos”, de hacerlos “legibles” desde la perspectiva del Estado. Para conseguir esto emplea una retórica de la infraestructura que imagina la construcción de puentes y represas al tiempo que considera los efectos que la construcción de caminos o vías férreas tendrían en las comunicaciones, la seguridad nacional y las relaciones internacionales. Como sugerí arriba, esta sección del libro establecerá un diálogo estrecho con el campo emergente de los estudios infraestructurales, centrándose en la relación entre infraestructura y agua.  

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Campamento Rio Duvida, en el Río Roosevelt, 1913-1914. Foto cortesía de American Museum of Natural History Library

Un curioso tercer ejemplo lo constituye el viaje de Theodore Roosevelt a la Amazonia, narrado en su libro de 1914 Through the Brazilian Wilderness (A través del desierto brasileño), donde el autor navega por primera vez un afluente del río Aripuanã. Dicho afluente era conocido por entonces como “Río de la duda” (después de este viaje será bautizado como Río Roosevelt) ya que no figuraba en los mapas. Se trataba de un río de trayectoria desconocida que atravesaba territorios inexplorados (desde el punto de vista del hombre blanco, claro está). Aquí, el “descubrimiento” del río debe leerse en el contexto de las ideas de Roosevelt sobre la frontera, noción central al imaginario nacional estadounidense. Cuando ya la expansión en este país había conquistado la frontera, el expresidente decidió llevar su lógica hipermasculina de la aventura, similar a una lógica guerrera (otra presencia importante en su pensamiento) a la mayor cuenca del mundo. En este viaje el río se vuelve un obstáculo a ser superado, lo cual a su vez coloca en primer plano la fuerza física necesaria para realizar lo que era para Roosevelt una proeza nunca conseguida. Hay por ejemplo numerosas escenas de transporte de carga, de construcción de canoas y de navegación por aguas desconocidas y peligrosas. En varias fotografías incluidas en el libro el cuerpo del viajero (en pose luego de haber cazado o navegando) se vuelve una presencia inevitable.     

Estas diferentes lógicas de dominación de las aguas constituyen un fuerte contraste con las historias indígenas que muestran una continuidad entre los mundos del agua, de los cielos y de la tierra, entre los cuales los personajes se mueven sin aparentes dificultades. No hay tampoco una distinción clara entre humanos y no humanos, dado que las interacciones entre—por ejemplo—hombres y peces se describen como carentes de toda distancia relevante: los peces les hablan a las personas y a veces las ayudan o luchan contra ellas de igual a igual. Las plantas y animales de los ríos adoptan papeles cruciales en varias historias sobre el origen de elementos primordiales o vinculados con la vida diaria. 

En estas historias se puede encontrar numerosos ejemplos: los peces toman una poción especial para ser más valientes, del mismo modo que los indígenas antes del combate; las rayas se crearon de una planta acuática; Pílumog, la gran libélula, tiene el hábito de volar sobre los recipientes de agua y lanzar esta afuera echando su cuerpo hacia adelante, y así es que vacía un gran lago en el cielo; “Moto,” la lombriz de tierra, que taladra la arena de las riberas de los ríos, se introduce en una roca. Además, estas historias a veces cuentan que los humanos, al caerse en los ríos, se transforman en animales. Finalmente, del mismo modo que muchas narrativas de personas ajenas a la Amazonia (el caso de los cuentos de Rangel acaso sea el más claro en mi corpus), estas historias sobre orígenes vinculados a los ríos tienen un contenido fuertemente sexual y hacen del cuerpo—de sus transformaciones, sus instintos, sus fluidos—uno de sus componentes más visibles. Este elemento corporal vinculado a los ríos constituye un aspecto más que procuro explorar.      

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Río Roosevelt desde una colina. Foto cortesía de American Museum of Natural History Library

Los usos y los significados de los ríos tienen puntos de contacto oblicuos aunque potencialmente productivos en estas formas tan distintas de contar historias acuáticas, de concebir la navegación, lo fluido y el desplazamiento. En mi viaje empecé a intuir la idea de que la Amazonia es un frágil coro de confusas o disonantes voces que hablan a través de sus caudalosos ríos. Aprender a escuchar con atención para encontrar sentidos y poéticas—y sumergirme en ellos—es uno de los objetivos del libro que imagino.  

 

Javier Uriarte es Profesor Asociado en el Departamento de lenguas y literaturas hispánicas de Stony Brook University. Es autor de The Desertmakers: Travel, War, and the State in Latin America (Routledge 2020), y co-editor (junto con Felipe Martínez-Pinzón) de Intimate Frontiers: A Literary Geography of the Amazon (Liverpool U. Press, 2019).