Sentimientos compartidos inspiran nuevos centros culturales

Wayusa e incienso

Por Yuan Wang y Theodore Macdonald

Durante la tarde del 3 de enero de 2018, en el pueblo montañoso de Shicang, Provincia de Zhejiang, China,  petardos estallaban en el aire y banderas ondeaban en el viento mientras un desfile de los miembros del clan Que salía de su nuevo templo ancestral.  Detrás de ellos marchaba una banda de bateristas locales, jugadores de platillos, e intérpretes de trompeta suona tocando música folclórica de tono alto. Los encabezaba Que Guande, un miembro del clan muy respetado y jefe del pueblo. Saliendo por las puertas, marchando por los santuarios y templos locales y quemando incienso, rendían homenaje a los espíritus locales. De allí llevaron las estatuas de los espíritus al nuevo templo ancestral, así informando a los espíritus que, por la noche, las almas ancestrales del clan volverían. Hace 172 años se había inaugurado el primer templo ancestral —y hace 46 años se había clausurado.  Las caras de los marchadores eran solemnes y orgullosas. Ellos eran los dueños de un templo, donde sus almas permanecerían después de la muerte, se unirían con sus antepasados y gozarían de la adoración de sus descendientes dentro de un mundo cambiante. 

Cuatro días antes, y a unas horas del amanecer, en la comunidad amazónica ecuatoriana de Arajuno, Margarita López, profesora e hija mayor de un chamán (yachaj) famoso, y su marido, Cesar Cerda, ex presidente de la Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza (OPIP), se sentaron con sus hijos a beber té de wayusa, un rito diario que los vinculaba al mundo de los espíritus, supai. Ellos estaban al pie de Pasu Urcu, la colina que alberga a los espíritus locales, y dentro del Centro Comunal Puka Rumi, creado por ellos para ilustrar la armonía de la comunidad, la biodiversidad natural y el bosque espiritual que los rodea. No se encontraban solos. Durante los días siguientes, otros líderes de la federación étnica local, ACIA (Asociación de Comunidades Indígenas de Arajuno), transformaron el rito doméstico en un gran evento público, Wayusa Upina, invitando a gente de todas las comunidades vecinales. La celebración buscaba restaurar el Sumak Kawsay, el “Buen Vivir,” así creando lazos comunales y espirituales, y mostrando un nivel de autodeterminación política y económica, en medio de cambios rápidos ambientales y políticos.

En muchos sentidos Shicang y Arajuno no podían ser más distintas. Son literalmente mundos aparte geográficamente, culturalmente e históricamente. Pero ambos ahora comparten sentimientos fuertes sobre sus pérdidas culturales y espirituales, y así muestran un deseo de reconstruir una parte de su vida comunal ancestral mientras se adaptan a cambios económicos y políticos inevitables, a menudo positivos pero algunas veces alienantes. Las dos comunidades con sentimientos comunes no se conectaron a través de espíritus, chamanismo o algo mágico. Las similitudes eran simplemente observadas por los autores quienes han trabajado independientemente por años en una las regiones y recientemente tuvieron la suerte de poder visitar la otra. Las comparaciones eran obvias. Cada pueblo fue formado originalmente por migrantes con un fuerte sentido de comunidad y lazos espirituales. Ambos fueron posteriormente impugnados por políticas nacionales de "modernización", dejando un vacío espiritual.  Ahora ambos están restaurando activamente su historia local, su espiritualidad, y así su autodeterminación dentro de una economía nacional y global creciente. Sus nuevos centros culturales son una forma compartida de decir "Déjenos decidir parte de nuestro futuro a través del pasado, como hacíamos antes.”

 

Shicang: Antepasados y arquitectura

De los aproximadamente 6.000 aldeanos de Shicang distribuidos a lo largo del Rio Shicangxi, más de 4.000 pertenecen al Clan Que, de la etnia Hakka, que llegaron durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1636-1912). Emigraron del Cantón Shanghang de la Provincia Fujian, un sitio densamente poblado, cuando varias tierras en la provincia de Zhejiang se despoblaron debido a rebeliones, guerras, y desplazamientos poblacionales.  Inicialmente los del Clan Que se establecieron en pequeñas chozas y trabajaban como agricultores de subsistencia. Después de un tiempo, encontraron depósitos de hierro y comenzaron su minería.  Algunos fueron bastante exitosos y se volvieron industrialistas. A mediados de la dinastía Qing (1800), el cambio de estatus del Clan Que se mostró por sus más que treinta casas grandes ornamentadas de forma similar a las casas de los habitantes originales. Sin embargo, los del Clan Que conservaron la base estructural de sus casas ancestrales de Fujian. Eso era esencial. Lo más importante de los hogares domésticos era la sala de incienso, utilizada para venerar a los antepasados. Las responsabilidades y los deberes relacionados con la sala de incienso no eran simplemente tareas obligatorias; aquellos deberes y responsabilidades componían el fundamento moral de la aldea.

En 1846 Que Tiankai, un rico empresario del Clan Que, construyó el primer templo comunal ancestral. Mientras preparaban las genealogías y construían el templo, los ancianos del clan enviaron un equipo de cuatro personas a Shanghang, su ciudad natal. Allí la delegación adquirió los quemadores de incienso y las cenizas de horno de sus espíritus ancestrales. Sosteniendo los incensarios en sus manos para asegurar la quemada mientras  escalaban las numerosas montañas a lo largo de una ruta comercial, el equipo  llevó el incienso de los antepasados y sus espíritus a Shicang. Luego, todos los miembros del clan colocaron sus tabletas ancestrales, o las de aquellos recién fallecidos, dentro del templo. Vivieron cómodamente en medio de su historia por un tiempo.  Sin embargo, a medida que el comercio de hierro crecía a nivel nacional y global, los precios cayeron y la riqueza disminuyó — un cambio reflejado claramente en su historia arquitectónica. Sin fondos para construir casas nuevas, las antiguas casas grandes se abarrotaron de familias. En 2006, cuando nuestros historiadores llegaron por primera vez a Shicang, era obvio que varias generaciones de la misma familia vivían dentro de la misma casa, compartiendo el patio y las salidas. Ellos continuaban sus responsabilidades comunales en conjunto para el mantenimiento de la sala de inciensos.  Sin embargo, en 1972, el estatus del templo comunal y los aspectos relacionados de la vida espiritual cambiaron en contra de su voluntad.  Después de 1989, cuando la apertura económica de Deng fue introducida, muchos gradualmente aprovecharon las viviendas modernas. 

 

Arajuno: Espíritus y subsistencia 

Cerca de 8.000 personas viven ahora en el margen derecho del Río Arajuno en la recién establecida municipalidad de Arajuno, con parques, almacenes, banco, barras, iglesias, escuelas y varias oficinas de gobierno.  La posesión sobre sus tierras ancestrales, sin embargo, empezó en 1912 al pie de Pasu Urcu. En este tiempo, Pasu Urcu era simplemente una antigua parada de descanso sin residentes permanentes de un sendero que unía asentamientos Kichwa a través de varios ríos.  Algunas comunidades pequeñas hacían a mano tambores, violines y bolsas tejidas para el trueque  por cerbatanas, veneno para sus dardos y sal. Cada comunidad intercambiaba  habilidades chamanistas y proporcionaba  el curado ritual. 

Dos de tales viajeros, Domingo Cerda y Roque Volante Lopez, chamanes bien conocidos, salieron de su asentamiento principal en el Río Alto Napo y establecieron residencias temporales cerca de Pasu Urcu para disfrutar de la caza y pesca y para escapar peleas. En comparación con las áreas más densamente pobladas al norte, los alrededores de Pasu Urcu eran ideales. La caza y pesca eran abundantes. Al pie de Pasu Urcu, una gran parte de la llanura inundable del río adyacente, llamada la isla, proporcionaba un sitio relativamente grande y fértil para los huertos de subsistencia. Más tarde, los nuevos residentes despejaron una plaza cuyo mantenimiento obligatorio, organizado por el chamán a través del trabajo comunal, o Minga, focalizaba arquitectónicamente la comunidad en desarrollo.   

A diferencia de Clan Que los habitantes originales de Pasu Urcu, no provenían de un sólo linaje. Familias de varias partes se instalaron en casas cercanas, se hicieron amigas y más tarde muchos de sus miembros se casaron, produciendo un grupo de residencia y parentesco conocido como muntun. No es que, para ellos, los antepasados y linajes no importaban; al contrario, el parentesco, así como el lugar, formaba el sentido de comunidad, identidad y relaciones.  Pero grupos grandes de parientes y sus asentamientos a menudo se quebrantabanpor enfermedades repentinas y fatales, muchas veces atribuidas a peleas entre chamanes. Algunas familias grandes fueron separadas también por la demanda abusiva de labor para proyectos como la construcción de obras públicas y la recolección de caucho o por  la servidumbre por deudas, todas bajo la demanda de algunos funcionarios del gobierno o patrones locales.

Las enemistades, aunque conflictivas entre grupos, sin embargo, establecían relaciones estrechas dentro del muntun, donde los lazos entre los yachaj y los espíritus, supai, se entendía como una forma de aislamiento y protección para los de su muntun. Mientras algunos en las cabeceras del Rio Napo fueron acarreados hasta Perú para recolectar caucho u obligados a trabajar en granjas y ranchos locales, la mayoría de los que se establecieron en Arajuno fueron lo suficientemente afortunados como para obtener objetos fabricados esenciales (herramientas y tela) y pagar las deudas a los patrones del Alto Napo por lavar oro en las orillas de los ríos cercanos. Aunque la economía patrón-cliente era verdaderamente explotadora, los de Arajuno pudieron cazar y pescar localmente. Para poder hacerlo exitosamente, los yachaj locales tuvieron que establecer lazos estrechos con los supai de Pasu Urcu, quiénes se entendían como los dueños que proporcionarían acceso a estos recursos esenciales. A medida que los lazos espirituales aumentaron y las relaciones mutuas se intensificaron, el sentido Kichwa de su territorio se convirtió en algo paralelo e íntimo  al control de los supai sobre los recursos. Un acuerdo territorial se desarrolló, que ató a los miembros del muntun a su tierra y consecuentemente un miembro  al otro, a través de los espíritus. Los habitantes de Arajuno, aunque menos centrados en sus genealogías y su veneración ancestral  que los de Shicang, no obstante, desarrollaron un fuerte sentido de comunidad y auto-identidad basada en las relaciones de parentesco entre ellos y los enlaces espirituales con los supai.

Pero en los años setenta, los lazos espirituales y enlaces comunitarios tanto en Shicang como en Arajuno fueron desafiados por nuevas políticas gubernamentales. Los gobiernos chinos y ecuatorianos, por coincidencia y por razones radicalmente diferentes, obligaron cambios que produjeron rupturas en  la comunidad y en su mundo espiritual.

 

Materializando la vida: Políticas y policías estatales nuevas

Hoy En Shicang, como en muchas aldeas chinas, los adultos jóvenes salen a trabajar en las ciudades y envían dinero a sus padres y niños quienes permanecen en el pueblo. Han surgido con el apoyo del gobierno edificios nuevos de ladrillo rojo y con comodidades modernas. El gobierno local también ha construido un estacionamiento, una estación de autobuses y baños públicos. Se ha ampliado la carretera, permitiendo el ir y venir diario de buses entre el municipio cantonal y el pueblo. La vida material ha mejorado.  Algunas fincas viejas en deterioro  están siendo convertidas en museos y atracciones turísticas, con guías turísticos entrenados.

Las prioridades del Clan Que fueron ilustradas durante una de nuestras visitas.  Un ministerio regional había dejado planes para convertir las fincas viejas en atracciones turísticas, basados en diseños atractivos más no auténticos redactados por un arquitecto externo. Para los residentes de Shicang, faltaba algo... los vínculos espirituales y morales con sus antepasados. Los líderes de la comunidad hablaron con el autor, un historiador de la arquitectura, que entonces se reunió con los funcionarios regionales para expresar su desacuerdo con el diseño ajeno.  Afortunadamente, por razones presupuestarias, los planes no se realizaron.

Otra preocupación más seria era política. En 1972, el templo antiguo de los antepasados del Clan Que en Shicang fue demolido y sustituido por una escuela primaria. Aunque no fue explícitamente anunciado, fue bastante obvio para los miembros de la comunidad que la demolición reflejaba la Revolución Cultural Maoísta (1966 a 1976) … opuesta a la religión organizada.  Las inquietudes espirituales comunales persistieron cuando, en 2004, aquella escuela primaria se declaró estructuralmente peligrosa. La escuela fue temporalmente reubicada.  El Clan Que reaccionó gradualmente.

 A finales de la primavera del 2013, después de pasar unas cinco horas en coche desde Shanghái, el autor regresó a Shicang, todavía impresionado por las antiguas casas residenciales con sus muros de tierra apisonada y azulejos negros, un paisaje rural distinto del "mundo moderno". Más tarde asistió a una reunión celebrada por el Comité del Clan Que para conversar sobre la reconstrucción ancestral del templo y para discutir la interpretación del autor y sus dibujos arquitectónicos para un plan ancestral basado en los recuerdos de los aldeanos más viejos. El Clan Que le gustó el plan, y luego silenciosamente avanzó la recreación del salón de los ancestros, llamándolo temporalmente un "centro cultural".  

En enero del 2016, Que Longxing, el organizador del proyecto del templo de los antepasados, le mostró al autor un folleto “Registros de la Reconstrucción del Templo Ancestral Weizeng Tang” preparado por los aldeanos.  Muchos miembros del clan también le escribieron a los funcionarios del gobierno. Dos cartas fueron enviados directamente al primer ministro nacional. No respondió ningún oficial del gobierno. Entonces unos miembros del Clan Que movieron una enorme hornilla de incienso de hierro al lote vacío para demostrar el derecho de ocupación. Los aldeanos llamaron todas estas acciones la "Campaña Baoji (Proteja la Base)".  Algunos fueron arrestados y detenidos por una noche. El secretario local del Partido Comunista (también miembro de la familia Que) fue más tarde despedido por no prevenir la protesta. Sin embargo, bajo la presión de las acciones del Clan Que, el gobierno local decidió dejar el sitio disputado  en manos del pueblo. La  protesta pacífica y la movilización comunitaria triunfaron políticamente. El salón ancestral  comenzó a llenar el vacío espiritual, que muchos sienten en la China contemporánea.    

 

Arajuno

A partir de los años sesenta, como parte de la reforma agraria que tuvo lugar en toda América Latina, el gobierno ecuatoriano alentó la colonización de las tierras amazónicas. Quizás  inconscientes de las percepciones indígenas de su territorio, varios funcionarios del gobierno calificaron las áreas boscosas alrededor de pueblos como Arajuno como tierras baldías, y así se veían disponible para los colonos. La iniciativa de colonización permitió que unos pocos colonos se trasladara a lotes de 50 hectáreas otorgados por el gobierno. Algunos residentes indígenas también solicitaron y recibieron parcelas familiares. Pero inicialmente hubo poco impacto al sentido ancestral de territorio y comunidad. Los espíritus estaban todavía vivos y bien.

Sin embargo, una reforma agraria más agresiva a nivel nacional se puso en marcha después de 1972, cuando empezó la producción petrolera en la Amazonia, y las parcelas familiares aumentaron en Arajuno. En 1974, ya terratenientes , los Kichwa de Arajuno fueron obligados a mostrar visualmente su uso del terreno y así justificar su tenencia de las tierras. El gobierno recomendó que era mejor (i.e., altamente visible) criar ganado, y se proporcionó el crédito bancario para hacerlo. Por consiguiente los patrones de uso de la tierra en Arajuno cambiaron radicalmente. En 1975 porciones de cada parcela de 50 hectáreas fueron convertidas a pasto. Aunque  el sentido amplio del territorio y de los lazos espirituales no desapareció, la propiedad privada se convirtió en la preocupación principal, desafiando el sentido anterior de territorio comunal.

La privatización inducida creó relaciones sociales y políticas tensas con los colonos blancos y entre los mismos Kichwa también, confundiendo las sensibilidades y prioridades que habían formado la comunidad original. Para ilustrar, en 1975, mientras topógrafos del Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria (IERAC) medía terrenos en Arajuno, algunos miembros de la comunidad se enojaron con el yachaj principal por sus esfuerzos de adquirir más tierra en la zona agrícola llamada “la isla.”  Ellos sugerían que una sección grande de esa tierra comunal se dividiera por la mitad—una sección, incluyendo la Plaza, le pertenecería  al yachaj y su familia, mientras que la otra sección permanecería para el uso comunal agrícola. Aunque la división le daría  al yachaj un gran lote, él reaccionó violentamente, argumentando que miembros de la muntun deben realizar su obligación de mantener la plaza, una zona que reflejaba la organización del muntun, donde él figuraba como la autoridad principal interna.

En el momento me pareció irónico, pero comprensible, que este líder espiritual, quién diariamente vacilaba entre la horticultura de subsistencia y la producción para el mercado, la propiedad privada y la tierra comunal, intereses del muntun y del gobierno nacional, se enojara por las acciones que  perjudicaban los símbolos de su autoridad y estatus, mientras su propio comportamiento  alentaba esas iniciativas. Fue atrapado entre deseos contradictorios para mantener su papel anterior y su prestigio, intentando maximizar su condición económica personal.  Muchos de Arajuno compartieron esa confusión y empezaron a experimentar con la idea de la independencia social y económica, alejándose de la vida espiritual y comunal.

Afortunadamente, las percepciones cambiaron en 1979, cuando los líderes jóvenes establecieron la Asociación de Comunidades Indígenas de Arajuno (ACIA), una organización inspirada por otras federaciones indígenas que se formaron mientras crecía la producción de petróleo y la agroindustria, así como la expansión de la colonización, resultando en amenazas a territorios indígenas. En 1992 los residentes de Arajuno participaron en una  “Marcha” masiva de varios días desde la capital provincial de Puyo a la capital nacional, Quito. Poco después, el Gobierno Nacional formalmente reconoció los derechos de los indígenas  grandes territorios, incluyendo Arajuno. Gradualmente la presencia de los colonos y el ganado disminuyeron y las tierras comunales volvieron a aparecer. Como en Shicang, la protesta pacífica redirigió las acciones del gobierno y resucitó la vida espiritual. 

 

Fundamentando el futuro

Estos cambios no son parte de un movimiento hacia atrás en la historia.  Como el incienso flotando en la sala ancestral de Shicang, las ceremonias de Guayusa Upina y la formación del Centro Cultual Puka Rumi, no son simples respuestas folklóricas o aspiraciones utópicas a las necesidades actuales y futuras. A lo largo de China la adoración de los antepasados esta aumentando, mas no como oposición a cualquier desarrollo económico o plan gubernamental, sino simplemente para llenar una brecha percibida en las vidas individuales. En las comunidades amazónicas el nuevo lenguaje de Sumak Kawsay, el Buen Vivir, también expresa una necesidad reconocida por parte de las comunidades para retener más control sobre su desarrollo económico. El Buen Vivir sugiere una pausa, un tiempo y espacio para pensar y realizar discusiones comunales al enfrentar los petroleros y madereros ya asentados en los bordes del territorio. Miembros de ACIA, por consiguiente, están pidiendo al Gobierno que reconozca su territorio como CTI, Circunscripción Territorial Indígena, un espacio para el ejercicio de la autodeterminación. Y en casa, ellos se reconectan ceremoniosamente al pasado, como cuando los yachaj fundadores primero se vincularon con los supai de Pasu Urcu en 1912. 

Tanto en Shicang como en Arajuno, los nuevos centros culturales ligan los sentimientos culturales antiguos  a los de un mundo cambiante. Lo hacen de manera positiva, proporcionando un sentido de orden y cultura que, según las comunidades, a menudo ellas carecen a medida que los Estados se apresuran a modernizar, o incluso revolucionan las economías y las sociedades. Las dos comunidades no son únicas para China o Latinoamérica. Fueron observadas por coincidencia, y los sentimientos subyacentes invitan a futuras comparaciones culturales mientras la presencia de China en América Latina crece.

 

 

Yuan Wang, historiadora de la arquitectura, fue  Profesora Visitante en el 2011 del Instituto Harvard-Yenching y es una profesora en el departamento de Historia, Universidad Shanghái Jiao Tong, China.

 

Theodore Macdonald, un antropólogo, es catedrático en Estudios Sociales y Profesor Afiliado de DRCLAS, Harvard.  Aunque había comenzado a trabajar en Arajuno a mediados de los años setenta, sus intereses actuales se reanimaron cuando su estudiante de tesis en Estudios Sociales, Megan Monteleone (ahora socia de la División Latinoamericana de Human Rights Watch) investigaba su tesis, Guayusa Upina, ganadora del Premio Hammond DRCLAS en 2016.