Un “disparatado cuaderno”: Curiosidades de la montaña de Manuel María Albis

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Por Felipe Martínez Pinzón

El siglo XIX nos siguen habitando de muchas maneras. Una de ellas son las tipologías nacionales. Vaqueros, gauchos, cosecheros o charros componen un portafolio de imágenes pintorescas que hacen el tránsito hoy, sin mayores cuestionamientos, a películas, carteles publicitarios o imágenes de la agroexportación, como la Juan Valdés. Revisitar estas tipologías es también preguntarse por qué algunas de ellas amasaron más poder simbólico que otras. El cuaderno del religioso Manuel María Albis es una incursión en un portafolio de tipologías descartadas, incómodas, que no le sirvieron a la nación —o a los forjadores del nacionalismo decimonónico— para hacer con ellas una imagen de una comunidad moderna. ¿Por qué? El cuaderno que propongo recuperar en estas pocas páginas nos trae de vuelta una comunidad que no tiene deudos: las comunidades de rochela, compuesta por desertores, comunidades indígenas y cimarrones, que existían en los pliegues o fronteras de un Estado que presionaba a sus sujetos a huir. La fascinación que este texto me produjo provino del mismo impulso por cuestionar cómo y con qué agenda se construyen los autoretratos colectivos de la nación bajo la forma de tipologías.

Curiosidades de la montaña y médico en casa (Curiosidades) por Manuel María Albis (1823-¿?)es un libro fascinante para quienes están interesados en la historia y literatura sobre la Amazonía. Sin embargo, su autor, un religioso y viajero colombiano, sigue siendo un desconocido para la historiografía latinoamericana. Gracias a la poca, pero importante bibliografía en torno a él, en este corto texto quiero reintroducir la figura de Albis, así como su único texto conocido, Curiosidades es uno de los pocos textos acerca del Caquetá en la Amazonía noroccidental colombiana en el medio siglo 19 y es de suma importancia para pensar el mundo de las rochelas [shatter zone] plurilingües sin el lente de escritores de costumbres nacionalistas o de viajeros europeos. Los “shatter zones” son espacios plurilinguísticos y pluriculturales que están caracterizados por su inaccesibilidad geográfica y su enorme diversidad de lenguas y culturas,” según John C. Scott en The Art of Not Being Governed: An Anarchist History of Upland Southeast Asia (New Haven:  Yale University Press, 2009).

Sólo existe una edición del libro de Albis. Se trata de una valiosa edición bilingüe italiano-español, preparada por Alberto Guaraldo en Turín (Italia) en 1991, en donde se encuentran los archivos de Codazzi, dentro de los cuales se encontró el cuaderno. La otra edición es parcial y está subordinada a los materiales producidos por la Comisión Corográfica. Es parte de la importante edición que hicieron Camilo Domínguez Ossa, Augusto Gómez y Guido Barona de compilar los materiales de Codazzi como líder de la Comisión Corográfica. En 1855 José María Vergara y Vergara y Evaristo Delgado produjeron, a partir de reescrituras y censuras de Curiosidades, otro texto -muy distinto al original- a partir de Curiosidades. Lo titularon Los indios del Andaquí: memorias de un viajero.

De poca educación formal, y tal vez entrenado por los jesuitas, en sus Curiosidades Albis maneja más el repertorio de escritura misionera del siglo 18 que la de los escritores de costumbres contemporáneos suyos que escribían acerca de tipologías en la prensa. Nacido en el actual departamento del Huila, Colombia, párroco de la aldea de Garzón, Albis parte hacia el Alto Río Caquetá en 1854, así como nos describe el italiano  Alberto Guaraldo en“I Lunghi Viaggi di un Manoscritto Amazzonico”. (Turín: Il Segnalibro, 1991), 8-19.) La pregunta por las razones que lo llevaron a irse a estas regiones de frontera abierta —llamadas por Silvia Benzo, "la Colombia menor" (Curiositá, “Un curioso quaderno”, 21)— no son claras. A partir de las pocas fuentes disponibles sobre su vida, es posible pensar que huyó de la disciplina eclesiástica y del reclutamiento militar. En contra de su voluntad, su superior, el obispo de la ciudad de Popayán, Manuel María Bueno, le ordenó hacerse cura de su diócesis, a lo cual “mal avenido ya con las prácticas de la civilización prefirió huir de lo que llamaba su esclavitud, y se refugió en una aldea llamada La Ceja, esperando la ocasión oportuna para internarse de nuevo en los bosques” (José María Gutiérrez de Alba, Diario ilustrado de viaje por Colombia 1871–1873. Bogotá: Villegas Editores, 2012.

 280-281). Su desatención a las órdenes de su superior podrían haberlo puesto a merced del reclutamiento militar de la guerra civil de 1854. Albis se encontraba no sólo en una región conflictiva sino con la edad conveniente para ser reclutado (más o menos 30 años). Sabemos además que había tenido fatídicas experiencias como recluta en la guerra civil de 1851 (Gutiérrez de Alba, Diario 280).

Como posible trásfuga, Albis será un desertor lo mismo que un misionero en tiempos de ataque gubernamental al sistema de las misiones, dado que la expulsión final de los jesuitas en Colombia se haría efectivo en abril de 1853. Lo encontramos en 1854, viajando a espaldas de un carguero, entre las poblaciones Inga cercanas a la cordillera occidental.

carguero 1
Albis con cargueros. “Crédito de las demás…”. Vinagre y cardenillo. En Cusiositá della foresta d”amazzonia e arte di curar senza medico. Edición, traducción y notas Alberto Guaraldo, Torino: Il Segnalibro, 1991.

 

De acuerdo con las acuarelas, libre e informes de la Comisión Corográfica (1850-1859)—el esfuerzo más importante del siglo 19 colombiano por crear un mapa y un pueblo nacionales— en su séptima expedición al Caquetá en 1857, vemos a Albis como “cura en Mocoa” tal vez sin designación oficial alguna (Agustín Codazzi, Viaje de la Comisión Corográfica por el territorio del Caquetá 1857 [Bogotá: Coama/Fondo FEN/Instituto Geográfico Agustín Codazzi, 237]).

carguero 2
“Presbítero Manuel María Albis con indios reducidos en Mocoa”. Manuel María Paz. Presbítero Manuel María Albis con indios reducidos en Mocoa. Territorio del Caquetá. 1857 Acuarela sobre Papel. Biblioteca Nacional.

 

Estas acuarelas dan cuenta de cómo Albis cubrió una gran distancia dentro la Amazonía noroccidental —del piedemonte andino a Mocoa— para un cura que debía permanecer sedentario en la aldea de su control.

Acaso su carácter nómada nos muestre la calidad tenue de sus vínculos con el obispado. Tal vez oriundo del actual departamento del Huila, Albis con seguridad conocía la historia del Caquetá como refugio con poco control gubernamental, una frontera, como otras, que constituía una tentación para escapar de las presiones fiscales, militares o laborales (Scott 30). Un conocimiento vernáculo debía mantener vivos los flujos entre la cuenca del Magdalena y del Amazonas en los siglos que mediaron entre los desplazamientos forzados de indígenas durante la conquista española, pasando por las rutas coloniales del cimarronaje hasta la fuga de desertores durante las Guerras de Independencia. Estos caminos debían estar en uso durante mediados del siglo 19 debido a las guerras civiles que ponían en evidencia que “entre más el Estado presionara a sus sujetos, menos tenía. La frontera significaba libertad popular,” como decía Scott. 

A partir de sus viajes Albis produjo Curiosidades como un cuaderno hecho de papel prensado y escrito con “sal, vinagre y cardenillo.” A la manera de la memoria misional, allí cataloga las costumbres, lenguas, animales y plantas de esta región. Sin embargo, antes que ordenar este mundo, da cuenta de su inestabilidad a través de una práctica contraria a la del sketcher. El manuscrito, sólo editado y publicado en 1991 por Alberto Guaraldo en Italia, narra fragmentariamente los varios viajes que hizo por el Caquetá. Durante ellos documentó la vida de diferentes comunidades indígenas y de afrodescendientes al tiempo que la suya propia en registros tan disímiles como el poema humorístico o elegiaco, el relato de viaje, dibujos, cuadros poblacionales y glosarios.

Desde los primeros párrafos comienza por retratarse como “anti-héroe” o “pobre viajero” al tiempo que representa su texto como un “disparatado cuaderno.” Albis es consciente de la precariedad de su lengua, de su cuerpo y aún de su “misión civilizadora” para reducir —encuadrar y someter al orden— la vida múltiple de la frontera. No maneja las lenguas indígenas y no cuenta con la infraestructura de cargueros, mapas e informantes con la que contaban otros viajeros. A diferencia de muchos de ellos, nos hará participes de los miedos a las serpientes, se inquieta con las historias que escucha y es consciente de la dificultad que implica dar razón de las costumbres. La consciencia de no entender proviene de que vive el Caquetá como un lugar distinto a Colombia. Entrar en las “montañas” implica “separarse de la sosiedad de sus compatriotas”. Este espacio ajeno es uno donde la amenaza natural abunda, pero donde no se trata de ver el mundo como mero reflejo del propio. Albis le teme a “las fieras” y a los “fangos i despeñadores que se precentan al pobre viajero” (aquí sigo la edición de Guaraldo que respeta el original y transcribo del cuaderno sin alterar la ortografía usada por Albis). Sabe, porque ha oído, de la manera en que las comunidades indígenas han reaccionado frente a misioneros que lo antecedieron haciendo uso del veneno. Por ello, confiesa que siente miedo a “verse en venenado [envenenado] si lo aborrecen los indios”.

La conciencia de estar perdiendo el cuerpo, por la enfermedad, y la lengua, por la incomprensión, es una experiencia que vive como un miedo a la otredad. Escribe Albis "[e]l que no está acostumbrado a ver ni oír a los indios le da mucho miedo porque ciertamente infunden respeto sin saber qué es lo que hablan y he aquí que lo hacen pensar feo al pobre que nada les entiende” (Curiosità, 126). La incomprensión lo lleva a compilar glosarios. Sin embargo, ante la complejidad de la tarea, decide confesar su ignorancia. Al escribir un glosario de la lengua “guaque” Albis pronto se da cuenta de que las diferencias entre las palabras en esta lengua y las palabras en español son insalvables. Antes que convertirse en un traductor de la rochela para el “país civilizado” —asimilándolas—tiene una conciencia de la imposibilidad de apropiarse de la diferencia. Al no poder componer una gramática, compila tres glosarios para las lenguas de los “guaque”, “coreguaje” y “andaquí”. Estos cortos glosarios son un compendio sin ningún principio organizativo más que el abecedario español. Contienen palabras que empiezan por la letra “a”, como agua, y terminan por palabras que empiezan por “z” como závalo. Antes que proveer un método de interacción con las poblaciones, estos glosarios nos hacen conscientes de las carencias del viajero. De líquidos: agua, limón, naranja. De comida: gallina, sardina, plátano. De vestido: algodón, poncho. Inclusive de cama: hamaca.

A diferencia de la lógica lineana que siguen los escritores de costumbres al dividir los reinos animal y vegetal, ve un paisaje cultural donde hay una continuo en movimiento entre lo humano, lo vegetal y lo animal conectado por las costumbres. Albis retrata víboras, murciélagos y pájaros en movimiento. Estos dibujos van acompañados de relatos a través de los cuales estos animales movilizan prácticas humanas. Albis nos cuenta que está por creer, al igual que Miguel y Pedro Mosquera, afrodescendientes multilingües que lo guían, que los ratones se convierten en murciélagos por las noches: “El sor. Miguel Mosquera, su sa [señora] i fama [familia], me contaron que muchas veces habían visto en las cavernas de los arboles i troncos secos que los Ratones se volvían Murcielagos que los habían observado”. Tras documentar esta “curiosa novedad”, Albis la pinta. Sin escribir debajo suyo un nombre o una explicación, vemos en esta ilustración tres murciélagos, con leves cambios de tintura sobre la cabeza, representaciones del poder transformativo del ratón en murciélago. 

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Murciélagos. Manuel María Albis. “Murciélagos”. Vinagre y cardenillo. En Cusiositá della foresta d”amazzonia e arte di curar senza medico”. Edición, traducción y notas Alberto Guaraldo. Torino: Il Segnalibro, 1991.

Este mundo en movimiento también se ve en la ilustración que retrata al pájaro “Chamón”.

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“Chamón”. Manuel María Albis. “Chamón”. Vinagre y cardenillo. En “Curiositá della foresta d”amazzonia e arte di curar senza medico”. Edición, traducción y notas Alberto Guaraldo, Torino: Il Segnalibro, 1991.

 

Los indígenas enlazan a este pájaro y se lo regalan a Albis, quien le corta las alas. A partir de este momento, Albis empezó a “averiguarle la vida [al pájaro]” hablando con “los indios” (215). Producto de esta conversación, nos enteramos de que este pájaro, al igual que algunos hombres, deja sus huevos en los nidos de otros pájaros. Una vez estos animales —como los niños— han crecido y “están de servicio” —es decir, listos para trabajar—los padres, como el pájaro Chamón, vuelven por ellos. Con esta anécdota se nos revela cómo la historia natural es la historia de los hombres y viceversa. Al igual que los ratones/murciélagos o que las comunidades de la rochela, el Chamón está en movimiento —su pata alzada y la mirada nos interpelan— para mostrarnos que su vida tiene sentido más allá del cuadro que lo detiene.

Al leer estas creencias compartidas entre descendientes de cimarrones, prófugos e indígenas, la rochela se nos presenta como un espacio que le hace a Albis reconsiderar su repertorio de creencias —él, religioso, que debía administrarlas— para incorporar otras formas de conocimiento. Así como la lengua no es traducible, las costumbres no son apropiables. La compilación de prácticas humanas que pinta no deja ver una economía excedentaria, sino que representa prácticas de subsistencia a partir de productos no exportables: procura de gusanos, cuidado de pájaros y perros, actividades fiscalmente estériles para el estado, como observa  Scott. En lugar de mostrar, como los cuadros de costumbres de la época, la transformación de la naturaleza en capital a través del trabajo, en estas tintas aparecen prácticas donde no es discernible qué es ocio y qué es trabajo. Es el caso de pinturas vegetales como “quema de hormigas”

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Manuel María Albis. “Quema de hormigas”. Vinagre y cardenillo. En “Curiositá della foresta d”amazzonia e arte di curar senza medico”. Edición, traducción y notas Alberto Guaraldo, Torino: Il Segnalibro, 1991.
“india chupa la nariz del perro” o “india cuida los pájaros” que documentan prácticas que no crean acumulación.

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“La india cuida a los pájaros”. Vinagre y cardenillo. En Cusiositá della foresta d”amazzonia e arte di curar senza medico”. Edición, traducción y notas Alberto Guaraldo, Torino: Il Segnalibro, 1991.

 

Curiosidades muestra cómo en las rochelas se suspenden las convenciones de superioridad del viajero cuando este pasa a vivir en ellas: ni el español ni la traducción permiten un acceso directo a este mundo; así como las asociaciones entre sedentarismo, trabajo y cultura se destejen. Pero de manera más importante, el género del cuadro de costumbres —su relación con las disciplinas laborales a través de las tipologías— se nos muestra como un repertorio precario que da cuenta de una realidad que lo excede. Por último, Curiosidades es un documento que muestra la diversidad de la vida de la rochela [shatter zone] antes del boom cauchero que produciría el genocidio de muchas de estas comunidades.

 

Felipe Martínez-Pinzón es un Profesor Asistente de Estudios Hispanos en la Universidad de Brown.

 

Este texto es una versión reducida de un capítulo sobre este cuaderno que aparecerá en el libro Patricios en contienda: literatura panorámica y representación del pueblo en Colombia, Ecuador y Venezuela (1830-1880).