Verónica Nutting: Seis Semanas y Media en Buenos Aires durante la Crisis del Coronavirus

Verónica Isabella Nutting está en su tercer año en Harvard donde estudia Informática y Gobierno. Es mitad Argentina y mitad Americana y vive en Buenos Aires, Argentina y Wheeling, West Virginia.

 

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Foto desde el balcón de cuarto piso en Buenos Aires y la vista desde el cuarto de Verónica.

 

Por Verónica Nutting

            Ante la crisis del coronavirus, el gobierno argentino ha actuado de forma severa y proactiva, por lo cual ha sido apoyado y criticado por los medios internacionales. Como yo tengo doble ciudadanía de Argentina y Estados Unidos, pude volver a Buenos Aires donde estuve en cuarentena desde el 15 de marzo hasta el 29 de abril, volviendo a EEUU con mi hermana cuando Argentina suspendió todos los vuelos hasta el 1 de septiembre. Fue una decisión muy difícil irme de Argentina y dejar a mi mama y a mi hermano que se quedaron ahí.

 

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El anochecer afuera del Paseo Alcorta en Palermo, abril 2020.

 

            Ahora voy a dar un poco de contexto demográfico, político, y económico que creo que ayuda a aclarar las acciones de la Argentina ante la crisis de corona. Argentina es un país de más de 40 millones de personas, alrededor del 32% de las cuales viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires. En el 2019, 35,5% del país vivía por debajo de la línea de pobreza. Esta figura es alta en comparación a otros países de la región. En el 2018, Brasil tenía una tasa de pobreza del 25,3% y, en el 2019, la tasa de pobreza era del 8,1% en Uruguay. Y Estados Unidos, por ejemplo, tenía una tasa de pobreza de 11,8% en el 2018. En medio de la pandemia del coronavirus, expertos estiman que la tasa de pobreza argentina ya aumentó al 45%.

            Argentina tiene una historia política turbulenta que incluye años de Peronismo y seis golpes de estado en el siglo veinte--el último que resultó en una dictadura militar del 1976 al 1983. El presidente actual, izquierdista Alberto Fernández, fue electo presidente hace unos meses en octubre del 2019. Cristina Fernández de Kirchner, quien fue ella misma presidente del 2007 al 2015 y enfrenta cargos por corrupción, es vicepresidente. Aunque este gobierno encaja en la “marea rosa,” actualmente marca una diferencia entre Argentina y sus vecinos derechistas Latinoamericanos. Recientemente, en medio de la pandemia, Argentina se ha retirado de negociaciones futuras con el bloque comercial Mercosur.

            Por último, voy a comentar brevemente sobre la economía argentina. En el 1908, Argentina tenía uno de los ingresos per cápita más altos del mundo. El país también goza de una gran riqueza de recursos naturales, especialmente en los sectores de minería, agricultura, y energía. Al mismo tiempo, ha incumplido ocho pagos de deuda y, en medio de la crisis de corona y la continuada devaluación del peso argentino, hay preocupación internacional que el país incumplirá una novena vez. Con todo esto en mente, voy a contar un poco cómo fue estar de vuelta en Buenos Aires durante las primeras semanas de la corona crisis, empezando desde el principio.

            El 10 de marzo, un martes, la universidad de Harvard anunció que las clases se reanudarían virtualmente después de las vacaciones de primavera. Hablé con mis papás y decidimos que sería mejor que yo vuelva a Buenos Aires. Ese día, Argentina anunció que viajeros que volvían de EEUU tendrían que permanecer en cuarentena domiciliaria durante un periodo de 14 días. Ya entonces sabía que volver a casa iba a ser muy diferente.

            Esa semana, entre que rendía exámenes parciales, hacía mis valijas, y me despedía de amigos, leía las noticias argentinas todos los días. El jueves 12 de marzo, ví que Argentina declaró una emergencia sanitaria por un año. Entonces, el país empezó a prepararse para el cierre de facultades, museos, restaurantes, y otros espacios públicos y fijó los precios de alcohol en gel y de barbijos.

            En ese momento, la cuarenta obligatoria se amplió para incluir no solamente a los viajeros volviendo de áreas afectadas, pero también a las personas en contacto cercano con ellas y también a casos sospechosos. Adicionalmente, el decreto suspendió todos los vuelos internacionales originando de áreas de riesgo por 30 días, con algunas excepciones para vuelos de repatriación. También se agregaron sanciones por incumplimiento de la cuarentena y otras medidas sanitarias que incluían multas y hasta dos años de prisión.

            Mis hermanos y yo no estábamos seguros como iba a ser volar desde EEUU a Buenos Aires ese fin de semana. Oficialmente, los vuelos partiendo de EEUU antes del lunes 16 de marzo iban a poder aterrizar en Ezeiza. Igual, estábamos un poco nerviosos. Me preguntaba todo el tiempo  a mi misma, ¿qué está pasando? Aún hoy sigo sin una sensación de estabilidad general. ¿Que significaba la prohibición de treinta días para mi familia esparcida por todo EEUU? ¿Y que les iba a pasar a mis amigos argentinos que estaban estudiando en Europa y Australia?

            El sábado 14 de marzo, volé de Boston a Houston. Me encontré en el aeropuerto con mi hermano y mi papa. Mientras abordábamos nuestro vuelo a Buenos Aires, como habíamos hecho tantas veces antes, todo parecía normal. ¿Por ahí realmente no había cambiado nada? Después de todo, mi hermana, quien había viajado a Argentina la noche anterior, no había tenido ningún problema al entrar al país.

            Sin embargo, algunos minutos después, los agentes de puerta frenaron el embarque, anunciando que acababan de escuchar que solo ciudadanos argentinos y residentes serían aceptados en Buenos Aires y que otros pasajeros no podían viajar. Nosotros y casi mitad de los otros pasajeros ya estábamos sentados en el avión, entonces los azafatos pasaron y nos chequearon los pasaportes uno por uno. Terminaron teniendo que sacar a algunos pasajeros del avión.

            Un poco más de doce horas más tarde, mi papá, mi hermano, y yo estábamos en camino a nuestro apartamento en Capital. Mi mamá ya había preparado todo para que podamos cumplir nuestras cuarentenas desde los confines de nuestra casa. Nos sentíamos aliviados de haber llegado bien a casa y teníamos ganas de instalarnos en nuestras vidas aisladas.

            Unos días después, el país entró en cuarentena obligatoria nacional para todos los argentinos, del 20 al 31 de marzo. Esto nos sorprendió un poco, pero la verdad es que en ese momento no nos imaginábamos cuánto se iba a terminar extendiendo la cuarentena. Ahora, retrospectivamente, me doy cuenta que en realidad tiene mucho más sentido pensar del fin de la cuarentena en términos de etapas y no fechas exactas. La cuarentena nacional se extendería hasta el 12 de abril, el 26 de abril, y el 10 de mayo, con relajaciones y aperturas limitadas. Actualmente, se espera que la cuarentena durará hasta a lo menos principios de junio

 

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Calles vacías de Palermo durante la crisis de corona.

 

            En total, pase 45 días bajo cuarentena domiciliaria estricta. Académicamente, la primera semana correspondió a mis vacaciones de primavera mientras que las últimas cinco y medias correspondieron a la segunda mitad del semestre. Durante esos 45 días, salí de mi casa cinco veces. El 31 de marzo, fui a la farmacia. El 10 de abril, salí a comprar budín de zanahoria. El 14 de abril, fuí a la casa de mi abuela a dejarle algunas cosas. El 21 de abril, fuí al supermercado. Y, por último, el 27 de abril, fuí a una clínica a hacerme un estudio médico.

            Durante estos viajecitos afuera, ví muy pocas otras personas en las calles de Palermo, el barrio donde vivo. Esto me sorprendió muchísimo porque no tenía idea si otras personas estaban cumpliendo la cuarentena. Aunque en mi familia lo estábamos tomando muy en serio, todo el tiempo aparecían escándalos en los medios sobre personas que violaban la cuarentena e infectaban a otros.

 

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Calles vacías de Palermo durante la crisis de corona.

 

            Sin embargo, me pareció que la mayoría de las personas alrededor mío sí se estaban quedando en sus casas. De hecho, muchos argentinos encuestados en abril apoyaban las medidas preventivas como la cuarentena, a pesar del desastre que eran para la economía y  para los argentinos más vulnerables. Efectivamente, una proporción grande de las personas que vi en mis viajecitos afuera estaban en situación de calle, destacando cómo la crisis de corona estaba exacerbando desigualdad socioeconómica en el país.

            Las únicas otras personas que ví afuera eran policías, repartidores en bicis y motos, personas con barbijos y a veces guantes con bolsas reutilizables, y personas paseando perros. Note que cada vez que salía, veía menos y menos personas totales afuera. Adicionalmente, vi un aumento general en medidas sanitarias, con más puestos de alcohol en gel y chequeos de temperatura en las entradas de farmacias y supermercados.

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Distanciamiento social y otros protocolos nuevos en el supermercado Carrefour.

 

            En general, apreciaba muchísimo mis mini-viajes afuera. Me ayudaban a sentirme menos atrapada en casa. Al mismo tiempo, hice todo lo posible para disfrutar de mi tiempo adentro. Aunque pasaba muchas horas todos los días en clases virtuales, también me mantenía ocupada con hobbies y otros proyectos. Me anoté en el programa voluntario “Mayores Cuidados” organizado por el gobierno de la Ciudad, pero nunca me emparejaron con nadie. En los días cuando me sentía muy encerrada, que eran casi todos los días, iba al balcón y leía o intentaba hacer yoga. Veía muchos de mis vecinos en sus propios balcones. Algunas noches, volvíamos todos afuera para aplaudir a los médicos, enfermeros, y otros trabajadores de salud. Otras noches, se escuchaba los ecos de cacerolazos en los cuales personas protestaban la excarcelación de presos, reclamaban que los políticos se bajen los sueldos, o por otras razones.

Mientras que Estados Unidos supera 1 millón de casos confirmados de coronavirus, Argentina tiene menos de cinco mil casos hasta el momento. Con el tiempo, se me hace menos y menos claro si tomé la decisión correcta al irme del país. Y en estos momentos en los cuales estoy leyendo las noticias más que nunca, me siento simultáneamente muy conectada y muy desconectada del resto del mundo.

 

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Calles vacías de Palermo durante la crisis de corona.