Y marane’ÿ rekávo

 

En busca del agua sin males

Por Bartomeu Melià, S.J.

Una vista aérea de la central hidroeléctrica; los guaraníes se preocupan por las aguas malas. Foto cortesía de Oscar Thomas.

No solo la tierra ya se llenó de males. También el agua. Las aguas muertas se extienden por la tierra y no solo por su superficie; a manera de venas colesterolizadas, circulan con dificultad bajo la piel del mundo.

La busca del agua será en este siglo XXI el gran afán de muchos, sino de todos. ¿Dónde hallar este bien claro y cristalino, esas aguas de vida en el desierto, ese líquido alegre y poderoso que canta en el arroyo, ruge en la catarata y tiene su brillo de diamante escondido en el seno de la tierra?

OBERTURA MÍTICA

Los Guaraníes, instalados desde hace siglos en lo porvenir, hicieron del agua el lugar de su origen, el centro de su tierra. Recordemos el relato mítico de los Mbyá, tal como lo trae León Cadogan, en el libroYwyra ñe’ery: fluye del ábol la palabra (Asunción, CEADUC, 1971, págs. 57-58).

 Todo esto sucedió en el lugar
donde vivía Nuestra Abuela,
en el Agua Genuina.
Esto fue en nuestra tierra
antiguamente.
Esto fue antes de que la tierra
se deshiciera.

(Pues esta tierra de ahora es un simulacro
de aquella tierra).
Y Nuestra Abuela vivía en el fururo centro de la tierra.
Tenía una vara insignia en la mano,
en nuestra futura tierra ella vivió.
Tenía un hijo, pero ella
no tenía padre no tenía madre.
Por sí misma se dió cuerpo.

El centro de la tierra es pues el agua, el Y Ete, el agua auténtica, la genuina, la verdadera. El agua, el centro de la tierra. Ahí es donde comienza la vida. La vida de la tierra es el agua. Ahora bien, esta profecía guaraní hoy se convierte en objeto de planes aparentemente más prosaicos, pero igualmente vitales para el futuro, no solo de los países del Mercosur, sino de todo el mundo.

DE LA MITOLOGIÍA AL INFORME TÉCNICO

Todavía no ha trascendido al gran público en el Paraguay, pero los especialistas lo conocen bien desde la década del 70 y los geopolíticos probablemente ya llevan tiempo negociándolo. En la tierra guaraní está el que se considera el mayor acuífero del planeta. Yo lo he llegado a conocer muy tardíamente, hace poco y por extraño que parezca, precisamente a través de los indios Guaraníes del Brasil, que están preocupados con lo que va a ser de su agua, y si no tendrá el mismo triste destino que ya tuvo su tierra.

Copio de una nota técnica: “El Aquífero Guaraní es ciertamente uno de los mayores reservorios de agua subterránea dulce del mundo, cuyo volumen acumulado se estima en 45.000 km3”.

Lo interesante de esa enorme riqueza es que tiene casi los mismos límites geográficos y ecológicos que tuvo la ocupación prehistórica del pueblo guaraní. Es realmente de justicia que se le denomine como Acuífero Guaraní. Transfronterizo, como lo fue el territorio guaraní originario, tiene una extensión actual de unos 840.000 km2 en el Brasil, 225.000 km2  en Argentina, 71.000 km2  en el Paraguay y 58.000 km2  en el Uruguay. Es decir, un enorme cuerpo cuyas venas se ramifican por una extensión de 1,2 millones de kilómetros cuadrados.

Y son aguas tan puras que pueden ser consumidas sin necesidad de ser tratadas previamente, dados los mecanismo de filtración y autodepuración bio-geoquímica que se dan en el mismo subsuelo.

Mis queridos lectores se habrán dado perfecta cuenta que estoy copiando lo que encuentro en la nota técnica que me facilitaron mis amigos guaraníes y que es de la autoría de un gran especialista en la cuestión, Aldo da C. Rebouças, quien cuenta con numerosos estudios sobre el tema.

La busca de esa agua sin mal, ese Y Marane’ÿ, en realidad nos llena de admiración pero nos deja aprehensivos. ¿Quien se hará dueño de esa Agua Genuina, de ese Y Ete, del lugar de Nuestra Abuela, que es como decir la Madre Agua?

Los conquistadores de siempre la buscarán como el último El Dorado que se sitúa, no en el horizonte, sino debajo de nuestros pies. Lo curioso es que el descubrimiento de ese gran acuífero se debió en gran parte a una decepción; se buscaba petróleo y sólo se encontró agua. Ahora resulta que el líquido del futuro más estimable, es esa pura agua, agua pura.

EL AGUA MALA

Ahí es donde los Guaraníes también hacen escuchar su preocupado llanto y sus endechas. Si la tierra ya fue destruida, ¿no será destruida también el agua? Los riesgos en el mal uso de las aguas subterráneas ya se avizora. Se excavan pozos, más o menos profundos, sin tecnología adecuada, con una explotación inmediatista, un aprovechamiento interesado y exclusivo que chupa cantidades enormes de esa hermana agua para disfrazarla de gaseosa o cerveza, y venderla. Y la polución de acuíferos superiores, ya bastante afectados, podrá fácilmente repercutir en la contaminación de los más profundos.

La renovación de las aguas del Acuífero Guaraní por ahora es bastante buena y satisfactoria, pero, ¿hasta cuándo? Especuladores y negociantes pueden instaurar un aguatráfico que será la muerte de la vida que viene del Agua Genuina, del Y Ete de los Guaraníes.

El Acuífero Guaraní es un verdadero banco de agua de valor incalculable que ni se puede desperdiciar ni debe ser dejado en manos de agentes inescrupulosos. Es un banco de altísimo valor que debe ser protegido y administrado éticamente.

“El depósito de resíduos urbanos y/o industriales sin tecnología adecuada, así como la utilización descontrolada y creciente de insumos químicos modernos en la agricultura, son fuentes potenciales de contaminación de las aguas subterráneas en general. Hay que recordar que la polución que alcanza las aguas subterráneas rasas o freáticas, podrá ser llevada a los acuíferos profundos o confinados en la medida en que los pozos profundos continúen siendo construidos, operados o abandonados sin tecnología adecuada”, nos advierte Aldo da C. Rebouças.

Hay un aspecto ético y político que no puede ser dejado de lado. El agua ahora ya no es solo un bien libre del cual cada uno puede disponer arbitrariamente; es un recurso natural de valor social y económico. y el agua subterránea todavía más que las aguas superficiales.

Buscando una tierra sin mal, los Guaraníes encontraron también ese Y marane’ÿ, un bien recóndito, profundo, trasparente, que nos legaron como lugar de vida, de claridad y de bien, siempre y cuando continúe siendo y sakä (agua transparente), y satï (agua clara), y porä (agua buena), y ete (agua verdadera y genuina).

Este lugar de las aguas surgentes se llama, y con razón, Acuífero Guaraní. Su nombre brillante y apropiado no debe ser manchado con los males de la polución capitalista e interesada.

 

Bartomeu Melià, S.J., es sacerdote jesuita, antropólogo y lingüista que se enfoca en los Guaranies. Su trabajo incluye el estudio y la protección del lenguaje Guarani.