ONGs en América Latina y los derechos humanos

by | Dec 29, 2003

Las ONG ofrecen mil modos de recordar la dignidad humana a los gobiernos y las sociedades. Las dos experiencias que esbozo en esta nota reflejan algunas de las estrategias asumidas por organizaciones del movimiento de derechos humanos.

El 27 de agosto de 2003, murió asesinado en Venezuela Joe Castillo, joven defensor de los derechos humanos, quien trabajó bajo el amparo de la iglesia católica acompañando los reclamos de tierras de pueblos indígenas y los refugiados.  Así se cruzó otro umbral imperdonable: por primera vez se mató en Venezuela a una voz de los que no tienen voz.

Los colegas de Joe se comunicaron con las organizaciones de derechos humanos de la capital, con las autoridades de la iglesia y con las instancias de investigación criminal del Estado.  Horas más tarde, recibí un llamado telefónico en mi oficina en Washington, DC. Así también ocurrió con otras organizaciones internacionales, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados, entre otros. Las organizaciones venezolanas se reunieron para responder al unísono repudiando el asesinato y pidiendo justicia.  Contactaron a los medios de comunicación, a varias autoridades, se reunieron con el vice-presidente, se preocuparon por poner énfasis en los mecanismos que permitirán impulsar la investigación penal de los hechos. 

El 26 de agosto fue un día negro para los que conocimos a Joe Castillo. En la tarde del 28, en un gesto de repudio a la sinrazón, la Comisión Interamericana emitió un comunicado de prensa condenando su asesinato.  Las organizaciones internacionales contactadas nos pasamos la voz, enviamos cartas, hicimos cientos de llamados para acompañar a los colegas venezolanos y compartir estrategias desde la distancia; impulsando a las gestiones de autoridades del Estado; llamando la atención del tema a los medios; y expresando nuestra solidaridad con la gente que desarrolla el trabajo en la zona de frontera. 

Ese mismo día, a miles de kilómetros, la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú presentaba su informe.  Otra nación del continente cruzaba un umbral más luminoso: el de sentar las bases de la verdad y la memoria para que los hechos trágicos del pasado que dejaron el triste saldo de más de 69.000 víctimas de violencia no vuelvan a ocurrir.  Allí también estaban representadas distintas iniciativas de defensores de derechos humanos que documentaron los hechos más atroces en épocas donde ello les podía costar la vida o la libertad: gente que creativamente consiguió sensibilizar a la opinión pública a favor de la dignidad humana; luchadores y líderes de movimientos sociales, abogados, artistas, psicólogos, sociólogos, periodistas, filósofos, que actuaron en contra de la injusticia desde su especialidad o espacio; en ese importante momento estuvieron acompañados por algunos de los que desde afuera los alentaron, apoyaron, impulsaron, escucharon en la lucha contra el horror y la infamia.

Estas historias de sombra y luz ilustran la diversidad de la comunidad de derechos humanos de América, sin agotarlas, así como la variedad de estrategias en los diferentes países, de los distintos colectivos, en diferentes circunstancias históricas.  Ellas demuestran las posibilidades y las realidades de coordinación, consulta e intercambio de experiencias a nivel regional en la construcción de alianzas y agendas.  Las organizaciones han utilizado a favor de la dignidad humana la capacidad de sorprender, de coordinarse, de refrescar, de enardecer, de convocar a la población bajo sus banderas, de usar la institucionalidad, el derecho y aún la diplomacia. 

Fall 2003Volume III, Number 1

Viviana Krsticevic es la Directora Ejecutiva del Centro por la Justicia y el Derechos Internacional (CEJIL). Abogada, Universidad de Buenos Aires. MA Stanford University. Harvard Law School, LLM’93.

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