Centroamerica

Mas alla de la democracia electoral

by | Dec 17, 2004

Cuando Pedro Pirir, fue despedido del taller mecánico donde trabajaba desde hacía muchos años, experimentó una sensación de injusticia y pena que luego se transformó en una voluntad de queja ante las autoridades. Algo había oído entre compañeros sobre la nueva época que llamaban democrática. Algo podía hacerse, protestar, en estos nuevos tiempos en que la gente hablaba de derechos e igualdades. Pero cuando días después salió por el portón del Juzgado Laboral de Coatepeque, en el suroccidente de Guatemala, pensó de manera elemental que la democracia no sirve para nada. Siendo un buen trabajador no supo nunca por qué el patrón lo había echado del puesto que tenía hacia mucho tiempo y por qué en el Juzgado Laboral no quisieron atender su queja. No tuvo abogado y la razón que le dieron fue que no pudo identificarse; le hacía falta su cédula de identidad, que el dueño del taller había retenido abusivamente.

Numerosas encuestas hechas en los últimos años en Centroamérica han puesto en evidencia que la gente tiene de la democracia una idea primaria pero precisa: la asocian con una noción de justicia e igualdad como resultado de la nueva legalidad existente. ¿Para que sirve la democracia? es la respuesta elemental que el nuevo ciudadano necesita saber cuando enfrenta situaciones donde se ponen a prueba los derechos civiles y políticos, tal como le aconteció a Pedro Pirir.

Los activistas de los derechos humanos y de las numerosas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que funcionan en Guatemala, vienen haciendo una activa divulgación de los derechos y obligaciones que establecen las nuevas Constituciones promulgadas en casi todos los países de la América Central. Se habla de derechos civiles, sociales y políticos inherentes al ciudadano en la nueva época postautoritaria, pero sobre todo con ocasión de los procesos electorales, que ocurren periódicamente.

 

ELECCIONES LIBRES Y LIMPIAS

En los países de América Central las elecciones no son un fenómeno nuevo. Durante los 44 años de la dictadura familiar de los Somoza, en Nicaragua, hubo mas de ocho elecciones presidenciales, ninguna de las cuales fue libre o limpia. En El Salvador, los militares estuvieron en el gobierno, con el control directo del poder ejecutivo, desde 1932 hasta 1979 y durante ese largo período histórico hubo muchos eventos electorales, pero ninguno puede calificarse como democrático pues nunca dejaron el gobierno. Y en Guatemala durante casi un cuarto de siglo, hasta 1985, hubo elecciones periódicas pero que siempre ganaron los militares, porque la mayor parte de las veces fueron elecciones fraudulentas. En Honduras ha sido menor el control militar, pero sólo hasta 1980 se reconstituyó el bipartidismo tradicional. Sólo en Costa Rica a partir de 1948, las elecciones fueron libres y limpias, fecha que en ese país se considera como el inicio de la democracia moderna.

Con esta tradición de elecciones fraudulentas y amañadas, bajo control militar, es natural que cuando ellas dejan de ser así y se convierten en procesos competitivos, abiertos, plurales, se considera que algo fundamental ha cambiado en la vida política, que la democracia ha llegado. Los centroamericanos saben por experiencia directa que se ha abierto así un nuevo período en la historia nacional de cada país.

Una nueva época histórica que empezó en la década de los ochenta y se ha mantenido hasta el presente. Y realmente distinta porque en la década de los noventa se pone fin a los conflictos armados, a la guerra civil que hubo en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. En el ambiente de paz que así se crea y con proyectos de reconstrucción nacional que acompañaron a los Acuerdos de Paz, se da un impulso importante a los desarrollos democráticos.

La democracia es electoral y así se le califica, puesto que el acto de elegir presidente y autoridades parlamentarias o municipales constituye la principal sino la única actividad ciudadana. Y quien vota lo hace en un ambiente de relativa libertad, sin los temores o el terror del pasado autoritario, pudiendo escoger entre diversas ofertas partidarias, por cierto, todas muy parecidas. Pero lo mas importante es que la gente tiene la certeza general, a veces imprecisa pero cierta, de que quienes cuentan los votos lo hacen con honradez y prontitud. El voto es libre y el sufragio es honesto.

 

LOS PROBLEMAS DE LA DEMOCRACIA ELECTORAL

Sin embargo, los problemas de la democracia electoral son varios y algunos, difíciles. La experiencia de Pedro Pirir, que sintió rabia y desaliento al perder el trabajo y no obtener protección jurídica en el nuevo clima de la democracia, es porque al igual de decenas de miles de hombres y mujeres que viven en condiciones de pobreza, también se preguntan como él ¿qué es la democracia y para que sirve?

La democracia que se empieza a vivir en esta etapa de transición en América Central, cumple con un conjunto de formalidades y de procedimientos mínimos, indispensables. Por ejemplo, incorpora a la vieja experiencia electoral la novedad de que hay competencia entre partidos y que no se sabe, ex ante, quien va a ganar. Por ello gana crédito la noción de que la democracia es un sistema para escoger libremente a quienes van a gobernar, en que también se puede perder.

Sin embargo, hasta el día de hoy y después de dieciocho actos electorales generales, sólo han ganado candidatos y partidos conservadores, fuerzas políticas que representan a los grandes empresarios, a los sectores económicos dominantes. Así ocurre con las tres victorias sucesivas de ARENA, en El Salvador o con las igualmente tres derrotas sucesivas del Frente Sandinista en Nicaragua. Y, por supuesto, con los éxitos electorales de los diversos partidos de derecha, en Guatemala. El pluralismo ideológico es de corto alcance pero existe, aun cuando las fuerzas conservadoras aún no experimentan una derrota a manos de las izquierdas. Por ello se dice que la prueba de fuego de la democracia aún está pendiente.

No hay que olvidar que la instauración de la democracia ocurre en sociedades como las centroamericanas donde la mayoría de la población padece de una grave situación de pobreza, vive en el medio rural y un porcentaje aun importante es analfabeto. Es decir, en un medio socioeconómico donde no se dan las condiciones favorables para que surjan importantes sectores de clase media, que es la condición que la sociología de la modernización siempre argumentó a favor de la democracia. O en otras palabras, la democracia electoral se está practicando, a contrapelo de la teoría, en un medio social adverso. Donde el ciudadano apenas empieza a conocer y practicar sus derechos y donde los Pedro Pirir son una inmensa mayoría.

 

¿QUÉ SE ESPERA DE LA DEMOCRACIA?

Cuando la democracia que se practica en estos países se agota en un conjunto de procedimientos legales y técnicos para elegir cada cuatro o cinco años a políticos que sólo se conocen en las pantallas de la TV, la gente se siente crecientemente desilusionada. ¿Cuál es la razón para perder la confianza en la democracia y en la vida política? Hay varias razones que todas las encuestas e investigaciones practicadas en estos años lo comprueban. La primera y talvez la mas importante es que se tiene de la democracia una visión ideal e ingenua, probablemente incompleta o talvez directamente falsa.

De la democracia la gente espera todo de lo que carece. Después de una larga historia de dictaduras militares, que nada hicieron por mejorar las condiciones de vida de las mayorías, es inevitable el razonamiento elemental de que con la democracia todo va a cambiar. Con la democracia habrá mas trabajo, mejores salarios y servicios públicos efectivos, justicia social. Cuando la gente vota por un candidato que no conoce, o por un partido del que nada sabe, está apostando por su futuro personal. Los Pedro Pirir están ejerciendo un acto de participación política, ciertamente, pero es una participación personal mivilizado por sus propios intereses.

Contribuye a formar esta noción individualista y extrapolítica de la democracia no solo la percepción de que el régimen democrático favorece mas fácilmente el desarrollo económico, sino también la naturaleza de la oferta electoral, por lo general llena de promesas de cambio y ofrecimientos de solución de todos los problemas que agobian al ciudadano común. El expresidente Alemán, en Nicaragua y el actual partido de gobierno, en Guatemala, ofrecieron acabar con la desocupación en los primeros 120 días sabiendo que los índices de gente sin trabajo asciende al 45%.

De hecho, estudios recientes de los mas conocidos organismos financieros internacionales comprueban que los espacios de la pobreza en Centroamérica no han disminuido. Pero cuando no ocurren los cambios esperados y se vota por candidatos que ofrecen mucho y no cumplen, una y otra vez, la respuesta es la crítica y el retraimiento de la vida pública. Se abstienen de votar y de participar y pasan a formar un público apolítico, una audiencia que se alimenta de la crítica a la política, de la que entienden poco, de un rechazo a los políticos, de los que desconfían y que siempre perciben a la distancia.

 

LAS TAREAS DEMOCRÁTICAS PENDIENTES

La democracia, ciertamente, no solo es un procedimiento regular para elegir gobernantes. También es una estructura de derechos y obligaciones inherentes a la condición ciudadana y que pueden ser útiles -de hecho lo son- para organizar la defensa de los intereses de los trabajadores, para mejorar las condiciones de trabajo y vida. Y también para que haya justicia en los Tribunales, seguridad en las calles, confianza en las autoridades.

La democracia no solo tiene virtudes electorales. Para que se consolide como régimen político tiene que reforzar las instituciones que la componen. Así, es importante que se modernice el sistema judicial como un poder independiente y eficaz. La peor herencia de la dictadura en esta región se encuentra en un poder judicial débil, corrupto e incompetente. La reforma del sistema de justicia está muy atrasado estos países, pero mas en Guatemala y Nicaragua También es importante la consolidación de los partidos políticos y el tribunal nacional electoral; los partidos ayudan a la participación ciudadana, y a constituir un poder legislativo también independiente y capaz. El régimen de partidos sigue siendo muy volátil en Guatemala y parcialmente en Nicaragua. Empieza a tener problemas en Costa Rica.

El régimen democrático debe resolver el dilema de las fuerzas de seguridad (ejército, policía, servicios de inteligencia) volviéndolas cuerpos técnicos y profesionales bajo control del poder civil. El orden interno es competencia de una policía nacional civil y de los cuerpos de inteligencia que debe ser parte del orden político y no militar. Las relaciones civil/militares aún no encuentran su efectivo acomodo democrático en estas sociedades donde los militares (con excepción de Nicaragua y Costa Rica) aún constituyen un poderoso actor político. La seguridad es un derecho y una oportunidad que la democracia fortalece y que aún no se garantiza.

También resulta decisiva la existencia de una prensa oral y escrita que sea libre e independiente del Estado y de las grandes corporaciones empresariales. Los medios de comunicación social pueden o no, dar una extraordinaria contribución a regenerar la vida publica, a instaurar el debate plural y tolerante, a convertirse en una fuerza de control de las acciones del sector público. Con el advenimiento de la democracia, los medios en Centroamérica se han empezado a modernizar y los periodistas, a profesionalizarse cada vez mas. Es a través de los medios que se puede ejercer una necesaria “accountability”. La investigación periodística ha servido en estos últimos años para realizar una denuncia permanente de los actos de corrupción de los funcionarios públicos. Las funciones de control y monitoreo de la gestión gubernamental no solo deben ser realizadas por los medios de prensa. El Estado tiene instituciones especializadas para ejercer este control. El poder legislativo debe vigilar las actuaciones del ejecutivo; la Corte de Constitucionalidad, la Contraloría Nacional de Cuentas, el Procurador de los Derechos Humanos son otras tantas instancias de inspección permanente. Y por supuesto, también debe ejercerse el control horizontal, que ejercen los Partidos y los ciudadanos que, como electores, votan en contra del gobierno que no hace bien y honradamente las cosas.

La democracia en Centroamérica tiene aún muchas fallas institucionales y culturales. Debe ser algo mas que un mecanismo electoral, por supuesto y algo mas que un régimen político. La democracia es una condición social nacional, es una forma de organizar la sociedad. Cuando así sea, Pedro Pirir tendrá menos sensaciones de impotencia, mas confianza en la democracia y estara satisfecho su derecho a la justicia laboral.

Winter 2004, Volume III, Number 2

Edelberto Torres Rivas es un sociólogo guatemalteco reconocido por sus estudios latinoamericanos de sociología política referente a las estructuras sociales, formación de Estados, cambios sociales y especialmente procesos democráticos en Guatemala. Fue Investigador Visitante en el David Rockefeller Center for Latin American Studies en 1999-2000.

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